lunes, 3 de junio de 2024

Castas, fisuras y colonialismo LO QUE PASA EN LA CAMA PASA EN LA PLAZA


Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca,
Y gris, verde, y rubia,
y morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!…
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda!… O no me quieras

: Dulce María Loynaz




No tengo los datos, pero estoy segura que incluso las clases medias altas, enojadas con López Obrador, votaron por Sheinbaum. En la CDMX, cuando hablaban del voto cruzado, allende los senadores y diputados, pensaban en un voto para Claudia y otro para Taboada.
 Xóchilt Gálvez y su chicle no las representan.




LO QUE PASA EN LA CAMA PASA EN LA PLAZA
Castas, fisuras y colonialismo

 

Hoy es 3 de junio, la mañana siguiente después de las elecciones. Ayer, los mexicanos multidiversos salimos a votar en masa y triunfamos. Esta madrugada se confirmó una fisura en la estructura colonial. Hace 70 años las mujeres no votábamos. No teníamos derecho a votar, porque el sistema democrático y patriarcal venido de Europa ha considerado históricamente a las mujeres tontas y a las mujeres fuertes brujas. Pero hoy, es un día histórico para la República en el que la misoginia capitalista heredada de occidente se fisura al votar por una mujer científica para la presidencia, la primera en 200 años. La CDMX no se queda atrás, una mujer proveniente de las luchas sociales, Clara Brugada, ganó los votos para gobernas la ciudad de México. Dos mujeres muy diferentes, una madre y abuela, otra devota de lo social; venidas de castas y luchas distintas. No les será fácil, enfrentarán una oposición encolerizada y las fantasmagorías machistas de todos los rumbos: —"No nos vamos a someter a esa señora", hace seis meses gritaba Marcelo Ebrard y ayer frente al Hilton era recibido ambiguamente por la porra. Es cierto que el ejercicio del poder nos erosiona y expone las contradicciones humanas, aún así estoy esperanzada.

Es curioso como el proceso colonial nos hizo más heterogéneos de lo que ya éramos antes de la llegada de Cortés. Acá las familias de clases medias y bajas, cuando nos sentamos en la mesa grande a compartir la comida, somos de todos los colores y, a veces, de varias religiones. En cambio, las clases medias altas y altas son más homogéneas. Vernos tan diferentes en la mesa del domingo familiar con mi abuela, me angustiaba cuando era niña. Hoy entendió que es fuente de mi riqueza, que somos como una gran ahuehuete de muchas ramas, pero abrevando del mismo río. Pero de niña me angustiaba, al compararme con las imágenes televisivas, donde todos eran del mismo color de piel. A finales de los 70 y principios de los 80, había un mandato monolítico en el discurso y los medios: sólo había un camino de vida, todos los demás estaban equivocados.

Acá, en este país, que cada día amo más, somos negros, blancos y amerindios, y estas tres palabras no explican las muchas raíces que nos conforman. Acá, el español no es lengua oficial, convive con 70 otras lenguas, que desgraciadamente desaparecen por la mentalidad colonial. Pienso en mi abuela que no transmitió el púrepecha. Era una mujer inteligente y pragmática, que se casó con el blanco de Pátzcuaro porque no quería que sus hijos fueran de su color. Tenía la mente colonizada, a pesar de su gran inteligencia. Mi bisabuelo era pintor, pero mi abuela quería más y blanquearse era el camino. Ella no sabía que la idea de progreso, que heredó a todos sus hijos, es una estructura mesiánica. Forma parte del colonialismo y se enreda como trenza con las ideas de belleza y aceptación. Había que mejorar, blanquearse y progresar. El colonialismo, que los europeos, en general, han olvidado o ejercen, en particular, para apoyar un genocidio, sigue siendo una herida abierta en América Latina, y AMLO lo entendió hace mucho.

Hoy, día de elecciones AMLO se convierte en el presidente saliente mexicano con mayor aprobación. Seis años de ejercer el poder, de equivocarse, de contradecirse y sin embargo tiene el 80% de aceptación. Muchas son las razones, económicas, políticas, sociales... no me detendré en  ellas. Sólo diré que fisuró la estructura colonial y nos regaló esperanza, que no es poca cosa. La esperanza es el lugar donde nace la vida. AMLO no destruyó la estructura colonial, al fin y al cabo es un desarrollista, y la moral colonial del supremacismo blanco, que cree en el progreso y la meritocracia, está vinculada al sistema económico capitalista. Habría que cambiar a fondo la mentalidad para quebrarla. Pero AMLO entendió que había que fisurar por lo menos el discurso. Ese que se ha elaborado los últimos 500 años y ha desembocado en una sociedad de castas a la mexicana.  

No somos rígidos, por fortuna nos mezclamos, pero la estructura colonial pervive y con mayor fuerza en la ciudad de México. De hecho, las estructuras coloniales y el centralismo se reavivaron los últimos 30 años con el neoliberalismo y la guerra contra el narco. La ciudad y sus élites estaban protegidas, el país incendiado. Los desaparecidos eran hombres y mujeres de piel morena, los feminicidios, en su mayoría, también. AMLO no pudo con la violencia que pervive, ni con los militares que desacatan el poder ejecutivo, Ayotzinapa. Pero, extrañamente, y a partir de la mañaneras, cambió parte del relato colonial: una mezcla de nacionalismo e historias precortesianas.  Insisto, cambiar el relato, no es poca cosa. 

El relato colonial, con sus excesos y genocidios, sigue vivo en el mundo, aunque los europeos insistan en negarlo. Para ellos, como dice un personaje de Woody Allen en la película de Hannah y sus hermanas, el único mal es el holocausto de los judíos en los años 40. Los BRICS, en cambio, no olvidan las brutalidades del colonialismo. China recuerda los años de la humillación y el opio; Sudáfrica el Apartheid; Brasil la esclavitud; India el imperialismo inglés. Rusia es un caso singular, país frontera, su destino después de las guerras europeas ha sido ser enemigo real e imaginario de los EU, la potencia del siglo XX.  

A los BRICS se les han unido cuatro excolonias o exprotectorados británicos: Egipto, Irán, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, y una excolonia italiana: Etiopía. Podríamos decir que los BRICS son los antiguos esclavos revelados bajo la égida de China. Hoy los presidentes africanos en sus discursos, por lo menos, le exigen a los europeos, relaciones igualitarias, no de ayuda. Lo mismo hizo AMLO con España y EU, nuestros medios y élite se indignaron. Es curioso ver un proceso paralelo en África, cuando periodistas y embajadores, franceses y alemanes, se sorprenden al escuchar las declaraciones de los líderes africanos que prefieren las negociaciones con China al asistencialismo europeo. 

Este colonialismo que sigue abierto en el planeta, es el contexto del genocidio en Gaza y en Cisjordania; el primero televisado y en tiempo real, el segundo escondido y latente. Danielle Weis, líder de los colonos sionistas lo expresó claramente en una entrevista para  la BBC:

"Gazatíes y árabes no se quedaran en la Franja de Gaza. ¿quién se quedará? judíos. África es grande, Canadá es grande. El mundo acogerá a la gente de Gaza. ¿Cómo lo haremos? Lo fomentaremos. A los palestinos en Gaza, los buenos se les permitirá (irse). No digo que serán forzados, digo que se les permitirá, porque ellos [querrán] irse... los árabes [querrán] irse. La gente normal no quiere vivir en el infierno... Puede llamarlo limpieza étnica, puede llamarlo refugiados, cómo usted quiera. Si quiere llamarlo limpieza, si quiere llamarlo apartheid. Usted elige su definición. Yo elijo la forma de proteger al Estado de Israel".

Lo mismo explicó John Mearsheimer, sobre el genocidio en Gaza: "para que una limpieza étnica funcione se debe matar a un número significativo de personas que son básicamente palestinos inocentes, no Hamás, para darles un fuerte incentivo para que se vayan". El profesor de la Universidad de Chicago también afirmó que, a pesar de lo que digan los grandes medios de comunicación, el objetivo real de Israel es el genocidio, porque esa es la única manera de salir del Apartheid que ellos mismos crearon desde su fundación como Estado. Recordó  que 1948 y 1967 iniciaron y perpetuaron la limpieza étnica.

Lo más vergonzoso de esta limpieza étnica, es que hasta los bosques han terminado siendo cómplices.
El 90% son posteriores a la Nakba y sólo 11% son árboles endémicos. Fueron pensados para cambiar el paisaje de los olivos, símbolo palestino, y borrar los pueblos árabes. Bosques para ocultar la primera gran limpieza étnica de 1948. El problema nunca ha sido Hamás. Por eso en los medios Hamás no tiene rostro, puede ser cualquier palestino, incluso un bebé de meses. Esto es una gran diferencia con los malos mediáticos como Osama Bin Laden, Hugo Chávez o Sadam Husein. 

Escribo todo esto porque estamos ante un momento histórico de quiebre, no sólo en México: "o decidimos que todos nuestros hijos pueden morir cada vez que una fuerza dominante alegue que hay “terroristas” entre nosotros, o decidimos que bajo ninguna circunstancia permitiremos que estas fuerzas sigan arrasando nuestro mundo", como manifestó el instituto Lenkim, especializado en genocidios. No olvidemos que los jóvenes estudiantes de Ayotzinapa fueron acusados de revoltosos y narcos antes de la falsa "verdad histórica".

Hablo como mamá, como mujer de lucha: valdría la pena pelear por un sistema, imperfecto como todos, pero donde el respeto al Otro, a los Otros (mujer, moreno, alto, rubio, negro, asiático, árabe, musulmán, budista, pagano...) a la otredad y su diferencia sea ley. La belleza está en la diversidad.

Concluyo con una idea políticamente muy incorrecta, pero ¿acaso un genocidio es correcto? Sí, el Estado de Israel tiene derecho a existir, pero no así; supremacista y colonial. Tal cuál es ahora, el Estado sionista de Israel (teocrático, desigual y con apartheid) debe refundarse. Recordar la convivencia con el islam en el Al Andalus; aprender de los mizrahíes que han cohabitado durante siglos con los árabes. En el territorio palestino de Medio Oriente, sólo hay lugar para un Estado con igualdad de derechos y posibilidades para todos los seres y todas las confesiones religiosas.

En este momento, allá en Europa donde resurgen los fascismos, un Estado supremacista judeocristiano puede sonar lógico. Se hermana en  apellidos, color de piel y sobre todo en valores coloniales y supremacistas,
con los askenazís que gobiernan Israel. De hecho, muchos teóricos, como Huntington, y otras instituciones, como la UEFA o Eurovisión, consideran a Israel parte de Europa y de Occidente. Sin embargo, no olvidemos que la destrucción que emana del supremacismo blanco occidental no se ha limitado a los salvajes y bárbaros, los otros del mundo, también ha herido a sus propios pueblos. Fue en la Europa, cristiana y secularizada, donde se produjo la shoa, los progromos y las persecuciones medievales de judíos blancos.
Por último, si el Estado judío tiene derecho a existir, también lo tiene el Estado palestino. Un lugar sin guerra ni apartheid para los niños palestinos. Al fin y al cabo, los palestinos también tienen derecho a su tierra ancestral llena de olivos.
Lo pienso y lo digo para los palestinos, para los pueblos amerindios en México, para los nativos de EU y Canadá, de Australia y Nueva Zelanda, el pensamiento colonial supremacista es un cáncer.


Clara Brugada

Claudia Sheinbaum





 













Clara Brugada 2024


ELECCIONES EN MÉXICO VISTAS DESDE ESPAÑA
LA BASE



 


No hay comentarios:

Publicar un comentario