lunes, 10 de junio de 2024

Símbolos y cosecha, el triunfo de Claudia Sheinbaum LO QUE PASA EN LA CAMA PASA EN LA PLAZA


El secreto de la existencia humana no sólo está en vivir, 
sino también en saber para qué se vive

: Dostoyevski










LO QUE PASA EN LA CAMA PASA EN LA PLAZA
Símbolos y cosecha


Mucha gente se pregunta ¿qué pasó el 2 de junio? ¿por qué Claudia Sheinbaum obtuvo 35 millones de votos? 5 millones más que los obtenidos por López Obrador. En el 2018, se habló de un tsunami empujado por el descontento de 30 millones 113 mil 483 votos; 53.19% de sufragios que pintaron de guinda la república mexicana. Hoy se dice que la candidata Claudia Sheinbaum arrasó. En los medios afines a Morena, se ha repetido que es un voto de confianza hacia la 4t, no un cheque en blanco, y un voto de continuidad al proyecto de la 4t. Efectivamente, yo pienso que es un voto al símbolo que representa Claudia Sheinbaum, en tanto heredera del bastón de mando, y que el 2 de junio se renovó el ritual que da sentido al camino del país.



El PRI, que ha olvidado que la política es un juego de símbolos, el PAN y la oposición mediática de derecha, cuestionaron la madurez política de los mexicanos al darle a Morena la mayoría calificada en el Congreso de la Unión. Otros personajes entraron en un trance histérico, como Denisse Dresser al afirmar que los mexicanos “Volvieron a colocarse las cadenas que les quitamos". Pensando, supongo, que las familias comen alternancia política.
Pocos han señalado los infinitos errores de la candidata de la oposición, Xóchitl Gálvez. Fueron infinitos, empezando con su relación con el chicle. No sólo es desconsiderado tirar el chicle o pegarlo en cualquier lugar, es también la revelación de una ceguera. Ciega frente al entorno (la COVID19 se transmite por la saliva), ciega ante el cuidado común y el trabajo de las personas que limpian. Más aún, sacarte el chicle de la boca y entregárselo a una persona es una actitud de niños egoístas o de déspotas. Se nos olvida que los detalles revelan costumbres y personalidades. Por eso el refrán popular afirma que el diablo se esconde en ellos. Pero no quiero hablar de Xóchitl Gálvez, sino de Claudia Sheinbaum y el símbolo que representa.


Con los datos de la última encuesta preelectoral de Áltica, el periódico español el País publicó unas gráficas por edad, sexo e ingreso que muestran el éxito transversal de la candidata de Morena. Dos rubros llaman poderosamente mi atención: el de género y el de edad.


   
De acuerdo con los datos el 56% de las mujeres votaron por Sheinbaum, en cambio obtuvo el 62% de los sufragios de los varones. El imaginario común, y la sororidad que está de moda, hubieran pensado lo contrario. Pero si analizamos el voto para Claudia Sheinbaum como un símbolo, es decir, algo fragmentado que es capaz de convocar a la unión, el análisis toma otros cauces.
Era de suponer, según la moda mediática, que las mujeres votarían en su mayoría por otra mujer. Ese fue, para mí, uno de los primeros errores de la oposición. Los mexicanos no votaron por una mujer, sino por un símbolo.
Creyeron que las mujeres votan por las mujeres y creyeron que Xóchitl podría acaparar esos votos. Si conocieran más la historia de México y la representación de las mujeres en el cine y en la televisión mexicana, y miraran menos el MeToo proveniente de Hollywood, entenderían que en el imaginario popular, y no tan popular, siempre ha habido símbolos de mujeres fuertes. Más allá de las cuestiones de género y feminismo, las representaciones de mujeres fuertes, algunas rodeadas por hombres, han determinado la historia de México.






Pienso en la Malinche, pintada más grande que Cortés en el lienzo de Tlaxcala y convertida en un adjetivo peyorativo por los liberales del XIX. Curiosamente, la Malinche, y el malinchismo, se consideran elementos fundadores al estilo de la Virgen de Guadalupe, de la Coatlicue, de la Coyoalxauhqui y de la Tlaltecuhtli. Todas diosas madres monumentales que no tienen parangón en la escultura mexica, ni una contraparte en Huitzilopochtli o Mixcoatl, los guerreros mitológicos. La tradición del héroe, que la era industrial impulsó, es menos importante en México que la diosa-madre.




   


Pienso también en la iconografía e historias que se han derivado de las figuras como Sor Juana, María Feliz, Frida Kahlo y en menor medida Lupe Marín y Nahui Ollin. Estas representaciones de mujeres fuertes pertenecientes a la élite cultural y artística, también aparecen en la cultura popular. Cómo olvidar a las Adelitas, personajes fundamentales de la Revolución mexicana; símbolo que Claudia Sheinbaum utilizó para nombrar al grupo de mujeres que se oponían a la privatización del petróleo en el 2013.


Pienso incluso en las telenovelas más absurdas de televisa, donde por cada protagonista joven y sumisa hay una mujer fuerte y astuta de contrincante. El mensaje de los Azacárraga a la gente era claro: las mujeres inteligentes eran malas y las buenas tontas, como lo quiere la tradición misógina. Justamente esos eran los símbolos detrás del argumento de Xóchitl Gálvez, durante el segundo debate, cuando acusaba a Claudia Sheinbaum de fría y calculadora. Gálvez olvidó, como la oposición, que el neoliberalismo atomizó los valores heredados de los años 50 y permitió el resurgimiento de imaginarios acallados. 
Es posible rastrear el inicio de este quiebre en dos personajes femeninos de culebrón que marcarán un cambio de mentalidad: Catalina Creel en Cuna de Lobos (1986), dos años antes del fraude a Cuauhtémoc Cárdenas, y del otro lado del espectro María Inés Domínguez, en Mirada de mujer (1997), tres años después del Zapatismo. Ambas personajas de la cultura pop, representan madres, pilares familiares que rompen los patrones tradicionales. La primera como mujer de poder y ambición (el derecho al mal); la segunda como mujer con cuerpo y deseo más allá de la maternidad (el derecho al gozo). Encarnan la atomización de los valores conservadores en la cultura de élite y la apertura de posibilidades para las mujeres. Son transgresiones anteriores al auge feminista. No pretenden la liberación de las mujeres, sino la representación de la verticalidad del poder en México y el resurgimiento del cuerpo. Son símbolos, no mujeres. No es casual que una telenovela abra el ciclo del Salinismo y la otra lo cierre.

 



Con esta enumeración de representaciones, quiero argumentar que Claudia Sheinbaum no sólo es la candidata mujer de Morena —el movimiento moreno, como la Morena del Tepeyac, que eliminó los Pinos y regresó el poder al Zócalo— sino la representación de un símbolo bien conocido en la cultura popular mexicana: lo femenino  fuerte que saca adelante a la familia. Para el imaginario mexicano, incluso el machista, este tipo de mujer es más confiable, como cabeza de grupo, que un hombre. Así lo votó Morena al elegir a Claudia Sheinbaum frente a Marcelo Ebrard y así lo votaron los mexicanos. Lo paradójico es que si bien amamos a las mujeres-madres fuertes, guías de familia,  también somos un país de feminicidios.




El segundo rubro es el de rango de edad. El mayor número de votos se los dió lo que he llamado "la generación del neoliberalismo"; es decir, los más jóvenes de la generación X y los más viejos de los milenials. La gente que vivió la disminución de los derechos laborales, la entrada del outsourcing y el estancamiemto salarial; la generación del TLC, la comida chatarra y la guerra contra el narco; la que ha padecido la precarización del trabajo y la inutilidad de los títulos universitarios. Es una generación de taxistas con licenciatura,  llena de doctores que trabajan por honorarios, pero que conocieron las bondades de las plazas cuando ingresaron al mercado laboral. Si a todos estos procesos se les añade la violencia y las extorsiones que el narco ha producido, sobre todo en los estados de la república, tenemos un país quebrado y que ha cambiado.



 

   
Este cambio en la mentalidad, que a la 4T señala como "la transformación de las consciencias" y/o el cambio del sentido común, no es atributo de López Obrador, ni singularidad mexicana. Estamos viviendo una época de cambios. La tecnología cambia mentes y religiones.
Hoy domingo 9 de junio, por ejemplo, Europa en sus elecciones votó por la derecha y la extrema derecha. Respaldó los partidos que prometen el regreso a las glorias pasadas y a los valores de posguerra. Sucede, empero, que los liberales tipo Macron, que acaba de disolver la Asamblea Nacional, el poder legislativo, y convocar a elecciones, se parece al PRI más liberal y la extrema derecha de le Pen, al PAN más tradicional.
Como sucedió en México, ambas propuestas son en realidad un sólo partido, con dos alas, al servicio del capital. A pesar de ello, los electores europeos se radicalizaron y buscan culpables, entienden que el neoliberalismo destruyó el sector primario (agricultura) y el industrial para favorecer el mundo de los servicios y la especulación financiera. Ignoran los votantes que el regreso a la estructura colonial que les daba riqueza y el supremacismo blanco que los convertía en modelos del mundo, no regresará. Es una estructura moribunda que se resiste a morir convocando fascismos y tocando tambores de guerra. Lo sabe el sionismo, Netanyahu, Biden y en el otro extremo los estudiantes del mundo que se niegan a sostener un genocidio.









A diferencia de los líderes occidentales, de nuestras élites y de la oposición mexicana sin rumbo, AMLO en sus giras supo oler la crisis del neoliberalismo, integrar propuestas realizables en su campaña y, en seis años de gestión, instaurar estructuras soberanas. Morena se convirtió en un sentido y proyecto político, aunque abrevara de la época desarrollista. No todo está resuelto, pero vamos hacia otra vía, y eso fue suficiente para refrendar el camino.
A diferencia de AMLO y la 4t, la oposición (patrones, empleadores) y "sus intelectuales" permanecieron en sus burbujas. Si salían de ella, era en avión y al llegar al destino deseado se recluían con sus iguales detrás de muros altísimos. Era tanto el miedo al otro (empleado, trabajador, campesino, pobre) que fue representado en películas como Nuevo orden de Michel Franco (2020) o el Joker de Todd Phillips (2019). En ambas, los pobres violentos y locos, sin ningún argumento o causa lógica, se revelan. Ese mismo tono de desprecio a la población fue el expresado por el publicista Carlos Alazraki y los invitados en su programa de Atypical Teve el 2 de junio.






Estoy convencida que el fenómeno AMLO no se habría materializado, si se hubiera respetado la elección del 2006. Eran otros aires y la crisis del neoliberalismo que se desató en el 2008, aún no había germinado. No le niego a AMLO ninguna de sus cualidades, pero no siempre los tiempos permiten que la personalidad florezca. Somos nuestro contexto. Por eso pienso, que fue un regalo de los dioses para México, que AMLO se repusiera del ataque al corazón que le dio en el 2013, en plena privatización petrolera, y que regresara a la lucha y a la siembra de un movimiento. A esos hechos, muchos le llaman suerte, otros destino, yo simplemente considero que AMLO es un consentido de los dioses, que sabe luchar, sembrar y leer los tiempos.



Los chinos dicen que el tiempo, cíclico como la vida humana, tiene estados de ánimo. Hay tiempos para la revolución y tiempos para el sometimiento, parafraseando al Eclesiastés. Hoy son tiempos nuevos, nos enfrentamos a sociedades permeadas y modificadas por la Inteligencia Artificial. Lo saben las extremas derechas en Europa que este domingo sepultaron el neoliberalismo. AMLO lo supo antes. Sembró desde el 2011 una nueva idea de México en el mundo (aún amorfa) una esperanza para los más desheredados y una posibilidad para los precarizados. Con esa semilla guinda cosechó el triunfo aplastante de Claudia Sheinbaum: una izquierda latinoamericana y popular que venció a las élites y al modelo financiero occidental que se expresa en los medios. A nosotros los votantes (chairos contentos y oposición descontenta), nos queda el ejemplo: sólo se cosecha si se siembra. Habrá que seguir sembrando, luchando...





FOTOS HISTÓRICAS
               AÑADIDAS UN DÍA DESPUÉS

Muchos son los hijos políticos de...
Ebrard, por ejemplo, es el delfín de Camacho Solis, nadie se atrevería a decir que son iguales. Lo cierto, es que pocos han logrado esto...
que los hijos de sangre, académicos o políticos florezcan depende mucho de la generosidad real, sin mezquindades, de los mentores. Siempre pienso en Platón y su alumno Aristóteles. Platón fue tan generoso como maestro que Aristóteles floreció en sus diferencias. Que Claudia florezca...





 


 

 

 

 



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