martes, 30 de abril de 2024

8. SENTIDO COMUN/ Kurt Hackbarth/ No pararemos, no descansaremos: PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA




 


Publicado originalmente
en Sentido Común
el 15/04/2024

 

Kurt Hackbarth*

No pararemos, no descansaremos

 

A la luz de la feroz represión ejercida contra los campamentos universitarios de Estados Unidos en apoyo a Palestina, la pregunta se ha hecho con cada vez más insistencia: ¿cómo es posible que la supuesta “tierra de la libertad” permita eso? ¿Y no sólo una vez sino repetidamente, en estado tras estado, en universidades privadas y públicas por igual?

El asunto tiene que ser abordado desde varios ángulos. En primer lugar, a pesar de los tan fetichizados derechos de la constitución estadounidense, la triste verdad es que un derecho, por contundente que parezca, no deja de depender de cómo es interpretado. En el caso de la primera enmienda —que protege, entre otras cosas, la libertad de expresión y asamblea—, las cortes han realizado una remarcable hazaña de prestidigitación. Por un lado, han determinado que cualquier tentativa de limitar las donaciones privadas a las campañas políticas constituye una violación de la libre expresión, permitiendo así un sistema de elecciones vendidas al mejor postor.

Por otro lado, han dado el visto bueno a todo tipo de limitantes a la libertad de expresión en su manifestación más terrestre. Estas toman la forma de restricciones al “tiempo, lugar y manera” de las manifestaciones permitidas, algo que las universidades han aprovechado al máximo. Una protesta sólo podrá organizarse en cierto espacio, dirán, entre tal y tal hora, mediante previo aviso, por organizaciones reconocidas (que muy a menudo no incluyen grupos en pro de Palestina) y sin casas de campaña u otro material de acampada. Si esa panoplia de métodos para castrar las manifestaciones no bastara, siempre pueden alegar la violación de alguna otra norma: exceso de ruido, alteración del orden público, discursos de odio o —en las circunstancias actuales— “antisemitismo”.

Tales limitantes judiciales son agravadas por la naturaleza privada de la educación superior en Estados Unidos. Dado que la mayoría de los campus se encuentran en propiedad privada, las protecciones otorgadas por la primera enmienda son incluso más débiles. Y detrás de la fachada de altruismo y los nobles ideales, estas universidades representan grandísimos negocios. La Universidad de Columbia, donde se instaló el primer plantón, cuenta con una dotación total de unos $13 mil 600 millones de dólares ($233 mil millones de pesos, el equivalente a los presupuestos de los estados de Veracruz y Querétaro para el 2024). Con unos 245 edificios en su posesión, la universidad es, además, la terrateniente más grande de la ciudad de Nueva York en cuanto a número de direcciones. Esas dotaciones, a su vez, representan enormes bolsas para la inversión en fondos de cobertura y capital privado, en las industrias armamentística y farmacéutica, en empresas que, directa e indirectamente, alimentan el genocidio en Gaza.

Las universidades también reciben lujosos contratos del Departamento de Defensa y las agencias de inteligencia del país para la investigación científica, lo que en los hechos las convierten en la tercera ala del complejo militar-industrial-académico. Por su parte, los exalumnos acaudalados donan millones a sus alma máter a cambio de exenciones tributarias. Y con dinero baila el perro.

Días después de que los estudiantes de Columbia lograran reinstalar su plantón luego de la intervención policial, el dueño del equipo de futbol americano los Patriotas de Nueva Inglaterra, Robert Kraft, anunció que estaba retirando su apoyo financiero a la universidad. Para una administración universitaria típica, entre perder donadores o desalojar un plantón molesto, ¿qué va a escoger?

Por todo esto, las exigencias de los grupos universitarios han sido uniformes, de protesta en protesta, de campus en campus. Primero: disclose, o revelar inversiones vinculadas al genocidio. Segundo: divest, anular esas inversiones. Una estrategia, en suma, diseñada a desarticular la red internacional de financiamiento que posibilita la matanza, siguiendo una ruta que funcionó con éxito contra el régimen del apartheid en Sudáfrica en la década de 1980. Y por esto, también, la andanada contra los estudiantes del lobby de Israel y del mismo Benjamín Netanyahu ha sido tan feroz: saben exactamente lo que está en juego. No queda más para los manifestantes, entonces, que cumplir con la segunda parte de su refrán: We will not stop, we will not rest! No pararemos, no descansaremos. 

 

ÍNDICE:
PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR
EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA



*Kurt Hackbarth es escritor, dramaturgo, periodista independiente y cofundador del proyecto de medios independientes "MexElects". Actualmente es coautor de un libro sobre las elecciones mexicanas de 2018.

 


lunes, 29 de abril de 2024

7. AL MAYADEEN/ Hamzah Rifaat/ Silenciar las voces contra el genocidio en las instituciones académicas es un crimen : PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA

 

Publicado originalmente
en Al Mayadeen Inglés
el 28/04/2024
(Versión al Español: Zyanya Mariana)

 


Hamzah Rifaat*

Silenciar las voces contra el genocidio
en las instituciones académicas es un crimen



El activismo pro palestino alcanzó nuevas alturas en algunas de las instituciones más renombradas del mundo. Reacios al genocidio y al asesinato —sostenido y apático de mujeres y niños inocentes que viven bajo la ocupación— peleando con administraciones universitarias y con manifestantes que defienden el status quo, estudiantes de todos los tipos mantienen en la conciencia colectiva la idea de una Palestina viva. Sin embargo, el activismo anclado en principios, racionalidad, moralidad y adhesión al derecho internacional está siendo silenciado de manera sistemática y deliberada. Esto es a la vez criminal y aborrecible. 

Tomemos como ejemplo la Universidad de Columbia, en Nueva York. Columbia es conocida por su dedicación a la excelencia académica, la libertad de pensamiento, las protestas y la agitación. El efecto dominó que provocó el desafío estudiantil propalestino en el campus universitario, es también palpable en protestas análogas que  que recorren los Estados Unidos. Los manifestantes demandan el fin de la ayuda militar ilimitada a un régimen genocida; la desinversión de un gobierno de apartheid en "Israel" y la suspensión de los vínculos con las universidades israelíes. Sus demandas son consistentes  con las de otros grupos propalestinos, como el movimiento al Boicot, Desinversión y Sanciones, que continúan defendiendo los derechos de los palestinos frente al genocidio.
 

Sin embargo, la respuesta de la administración de la Universidad de Columbia ha sido escalofriante y un claro recordatorio de que las voces antigenocidas deben ser controladas o silenciadas por completo. Aproximadamente 108 manifestantes, incluida la representante demócrata, la hija de Ilhan Omar, Irsa Hirsi, han sido arrestados por la policía de Nueva York. Hirsi, que estudia en el prestigioso Barnard College of Columbia, afirmó que su arresto se debió a su decisión de solidarizarse con los palestinos que están siendo asesinados y masacrados impunemente por el gobierno de Netanyahu. El Campamento de Solidaridad con Gaza que se instaló en el campus, también ha sido sistemáticamente intimidado a partir de citaciones por invasión, junto con acusaciones de que la administración gubernamental estaba siendo obstruida y forzada. Sin embargo, según el comisionado de la policía de Nueva York, los estudiantes arrestados eran pacíficos y no opusieron resistencia. Su declaración es una evidencia, sugiere que esta represión es una campaña para silenciar las voces de los estudiantes y no la de organizaciones terroristas como el Ku Klux Klan.

Lo más inquietante, empero, fueron las expresiones del director de la institución, quien se asume como una vanguardia de la libertad de expresión y de las creencias, al considerar los campamentos de los manifestantes como un peligro "claro" y "presente" para el funcionamiento sustancial de la universidad. Esto fue lo que afirmó el presidente de la Universidad de Columbia, Nemat 'Minouche' Shafik, en una nota a la policía local donde señalaba a más de las 100 personas que ocupaban la zona. Nemat, hija de padres musulmanes egipcios, había testificado anteriormente ante el Comité de Educación y Fuerza Laboral de la Cámara de Representantes acerca de la "Respuesta de la Universidad de Columbia al antisemitismo". En ella había declarado que, las consignas de los manifestantes como "larga vida a la Intifada" y "del río hasta el mar", eran consideradas ofensivas y antisemitas.

En Barnard tampoco hubo mucha diferencia. El personal de la Facultad de Artes liberales para mujeres de Columbia, identificó a los estudiantes en el campamento y les dijo que se fueran o serían sancionados. La universidad también impuso a ciertos estudiantes una suspensión provisional sin indicar cuánto duraría. El razonamiento dado por la administración era igualmente falso. Al parecer, la universidad buscó priorizar el aprendizaje de los estudiantes mientras vivían en un ambiente inclusivo y libre de acoso. La verdad es que son los manifestantes los que sufren el acoso por izar la bandera palestina y pedir el fin del genocidio, como ha sido confirmado por la Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese, Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Los llamados a poner fin al genocidio es precisamente lo que impulsó a Sudáfrica a acudir a la Corte Internacional de Justicia para responsabilizar a "Israel". Es inaudito que estudiantes, muchos de ellos ahogados por préstamos estudiantiles y crisis personales, estén siendo censurados por la Universidad de Columbia y se les impida pensar y expresarse libremente.

Al reprimir voces como la coalición CU ​​Apartheid Divest, que agrupa 120 asociaciones, Estudiantes por la Justicia en Palestina y Voz Judía de la Paz, la Universidad de Columbia está sentando un precedente peligroso. Está enviando el mensaje de que la defensa del genocidio puede normalizarse bajo las etiquetas de agitadores "antisemitas ". También sugiere que cualquier intento de censura a las políticas de "Israel" se respondería con mano dura. Para un país que se enorgullece de su tradición académica y suele convocar a muchos de los estudiantes más talentosos del mundo, esto es simplemente criminal. Negarles el derecho a expresar el enojo, la consternación y el disgusto ante la incesante ola de ayuda de Estados Unidos a "Israel", subraya una duplicidad. Expone cómo, incluso las instituciones académicas, no son ajenas a la politización y han brindado apoyo a "Israel".

La ampliación de los plazos por parte de la administración de la Universidad de Columbia no ayuda. Sólo prolonga el status quo. Si bien podría darle a los estudiantes un poco más de tiempo para los esfuerzos de su promoción, no aborda la génesis del problema.
Para evitar la ola de protestas, las universidades deben suspender la cooperación con las universidades israelíes y presionar a la administración Biden para que retire la ayuda militar al gobierno de Netanyahu. La escalada del sufrimiento y los 34.000 muertos es contradictorio con las enseñanzas de los estudiantes, a quienes a menudo se les imparte en las aulas, teorías sobre resolución de conflictos; relaciones internacionales y bienestar público.

Lo que está ocurriendo en las universidades como en la de Columbia, en forma de arresto a estudiantes, silencio deliberado de voces disidentes y el impedimento a la mención de Palestina, en la conciencia colectiva, es un crimen.

 

ÍNDICE:
PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR
EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA


* Hamzah Rifaat es un periodista que escribe para la red de medios Al Mayadeen y CGTN. Su trabajo también ha aparecido en GlobalResearch. Hamzah cubre una amplia gama de temas, incluida la geopolítica, las relaciones internacionales y cuestiones sociales, con especial atención en Oriente Medio y Asia. 



viernes, 26 de abril de 2024

6. THE GUARDIAN/ Naomi Klein/ Necesitamos un éxodo del sionismo: PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA


Publicado originalmente
en The Guardian

a partir del discurso pronunciado por Naomi Klein en el Séder de Emergencia en las Calles,
celebrado en la ciudad de Nueva York. 

el 24/04/2024
(Versión al Español: Zyanya Mariana) 

 
Naomi Klein*


El martes 23 de abril de 2024, activistas se reunieron en Grand Army Plaza, en Brooklyn, Nueva York, para protestar contra el voto del Congreso de Estados Unidos a favor de más financiamiento y armas para Israel. 
Naomi Klein* pronunció una homilía política reflexionando sobre la historia bíblica del becerro de oro en el Libro del Éxodo, diciendo que la ideología del sionismo es un ídolo falso para la actual generación de pueblo judío.
 
 
 
 


He estado pensando en Moisés, y en su ira al bajar del monte y encontrar a los israelitas adorando un becerro de oro.

La ecofeminista que hay en mí, siempre se sintió incómoda con esta historia: ¿qué clase de Dios tiene celos de los animales? ¿Qué clase de Dios quiere acaparar para sí todo lo sagrado de la Tierra? Pero hay una manera menos literal de entender esta historia. Nos habla de falsos ídolos. Sobre la tendencia humana a adorar lo profano y lo que brilla, a mirar lo pequeño y material en lugar de lo grande y trascendente.

Lo que quiero decirles esta noche, en este revolucionario e histórico Séder celebrado en las calles, es que muchos de nuestro pueblo están adorando, una vez más, un ídolo falso. Están cautivados por él. Borrachos de él. Profanados por él.

Este falso ídolo se llama sionismo.

Es un ídolo falso que usa nuestras más profundas historias bíblicas de justicia y emancipación de la esclavitud –la historia misma del Pésaj en Pascua– y las convierte en armas brutales del colonialismo para robar tierras, hojas de ruta para la limpieza étnica y el genocidio.

Es un ídolo falso que ha usurpado la idea trascendente de la tierra prometida –una metáfora de la liberación humana que ha viajado a través de múltiples religiones por todos los rincones de este mundo– y se ha atrevido a convertirla en un contrato de compra-venta para un etnoestado militarista.

La versión política de la liberación que nos presenta el sionismo es en sí misma profana. Desde el principio, requirió de la Nakba, la expulsión masiva de palestinos de sus hogares y tierras ancestrales.

Desde el principio ha estado en guerra con los sueños de liberación. En Séder, vale la pena recordar, que este ritual incluye los sueños de liberación y autodeterminación del pueblo egipcio. El falso ídolo del sionismo equipara la seguridad israelí con la dictadura egipcia y sus estados clientelares.
 
Desde el principio se produjo un tipo retorcido de libertad, donde se veía a los niños palestinos, no como seres humanos, sino como amenazas demográficas —de la misma manera que el faraón del Libro del Éxodo temía el crecimiento de la población de israelitas y, por ello, ordenó la muerte de sus hijos.

El sionismo nos ha traído al momento actual de cataclismo y es hora de que lo digamos claramente: siempre nos ha conducido a este lugar.

Es un ídolo falso que ha llevado a muchos de nuestro pueblo por un camino profundamente inmoral, que ahora lo justifican destruyendo los mandamientos fundamentales: no matarás. No robarás. No codiciarás.

Es un ídolo falso que equipara la libertad judía con las bombas de racimo que matan y mutilan a los niños palestinos.

El sionismo es un ídolo falso que ha traicionado todos los valores judíos, incluso el valor que le damos al cuestionamiento —una práctica incorporada en el Séder con sus cuatro preguntas formuladas por el niño más pequeño.

Ha traicionado, incluso, el amor que tenemos como pueblo por los textos y la educación.

Hoy, este falso ídolo justifica el bombardeo de todas las universidades de Gaza; la destrucción de innumerables escuelas, de archivos, de imprentas; el asesinato de cientos de académicos, de periodistas y poetas —esto es lo que los palestinos llaman escolasticidio, la aniquilación de los medios de educación.

Mientras tanto, en esta ciudad, las universidades llaman a la policía de Nueva York y se atrincheran contra "la grave amenaza" que representan sus propios estudiantes, los que se atreven a hacerles preguntas básicas: ¿cómo puedes pretender que crees en algo, y menos en nosotros, mientras habilitas, inviertes y colaboras con este genocidio?

Al falso ídolo del sionismo se le ha permitido crecer sin control durante demasiado tiempo.

Por eso esta noche decimos: esto termina aquí.

Nuestro judaísmo no puede ser contenido por un etno-estado, porque nuestro judaísmo es internacional por naturaleza.

Nuestro judaísmo no puede ser protegido por el ejército aniquilador de ese Estado, porque lo único que hacen los militares es sembrar dolor y cosechar odio, incluso contra nosotros en tanto judíos y judías.

Nuestro judaísmo no está amenazado por quienes alzan su voz en solidaridad con Palestina sin importar raza, etnia, capacidad física, identidad de género o generaciones.

Nuestro judaísmo es una de esas voces y sabe que en ese coro reside, tanto nuestra seguridad, como nuestra liberación colectiva.

Nuestro judaísmo es el judaísmo del Séder de Pesaj: la ceremonia que nos reúne para compartir la comida y el vino con los seres queridos y también con los extraños. El ritual que es inherentemente portátil, nómada, suficientemente liviano para llevarlo en la espalda, que no necesita se nada, sólo de nosotros: donde no hay muros, ni templo, ni rabino, sólo la labor devota de cada uno de nosotros, incluso –especialmente– la del niño más pequeño. La fiesta de Séder es una tecnología de la diáspora, si alguna vez la hubo, hecha para el duelo colectivo, la contemplación, el cuestionamiento, la memoria y la regeneración del espíritu revolucionario.

Así que miremos a nuestro alrededor. Éste, aquí, es nuestro judaísmo. Mientras las aguas suben y los bosques arden y nada es seguro, oremos ante el altar de la solidaridad y la ayuda mutua, sin importar el costo.

No necesitamos, ni queremos el falso ídolo del sionismo. Queremos liberarnos del proyecto que comete genocidio en nuestro nombre.

Liberarnos de una ideología que no tiene ningún plan para la paz, más allá de las negociaciones con sus vecinos, petro-estados asesinos y teocráticos, mientras vende al mundo las tecnologías del robo-asesinato.

Busquemos liberar al judaísmo de un etnoestado que quiere que los judíos tengan miedo permanente, que quiere que nuestros hijos vivan con miedo, que quiere que creamos que el mundo entero está en nuestra contra para que corramos hacia su fortaleza y nos cobijemos bajo su cúpula de hierro, o al menos para mantener el flujo de armas y donaciones.

Ese es el ídolo falso.

Y no sólo se trata de Netanyahu, es el mundo que él creó y el que lo creó a él: es el sionismo.

¿Que somos? Nosotros, en estas calles desde hace meses y meses, somos el éxodo. El éxodo del sionismo. Y a los Chuck Schumers[1] de este mundo, no les decimos: “Dejen ir a mi pueblo”. Les decimos: “Ya nos hemos ido. ¿Y tus hijos? ahora están con nosotros, a nuestro lado.


[1] 1. Líder de la mayoría demócrata en el Senado de Estados Unidos, articulador clave para aprobar una ayuda extra estadounidense de 26 mil millones de dólares a Israel.



ÍNDICE:
PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR
EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA



 

* Naomi Klein es columnista y escritora colaboradora de The Guardian en Estados Unidos. Es profesora de justicia climática y codirectora del Centro para la Justicia Climática de la Universidad de Columbia Británica. Su último libro, Doppelganger: A Trip into the Mirror World, se publicó en septiembre.





 






 

jueves, 25 de abril de 2024

5. ZETEO/ Jonathan Ben-Menachem/ Soy un estudiante judío en Columbia. No creas lo que te dicen sobre el “antisemitismo universitario”: PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA

Publicado originalmente en Zeteo
el 23/04/2024
Versión al Español: Zyanya Mariana)


Jonathan Ben-Menachem*



Soy un estudiante judío en la universidad de Columbia. No crean lo que se les dice acerca del “antisemitismo universitario”


“Reprochable y peligroso”. "Simpatizantes terroristas".
“No es el Berlín de 1938.
Estamos en el 2024, en la Universidad de Columbia, Nueva York”.


La Casa Blanca, los Republicanos del Congreso y los presentadores de noticias quieren hacernos creer que el campus de la Universidad de Columbia se ha convertido en un foco de violencia antisemita, pero la realidad es muy diferente. Como estudiante judío en Columbia, me deprime tener que corregir el apunte y explicar cuál es el verdadero riesgo a nuestra seguridad. Todavía no puedo creer cómo los acontecimientos en el campus de los últimos días han sido tergiversados, cínica e histéricamente, por los medios de comunicación y por nuestros representantes electos.

La semana pasada, la coalición Apartheid Divest (CUAD) de la Universidad de Columbia, grupo que representa a más de 100 organizaciones estudiantiles, incluidos grupos judíos, organizó el Campamento de Solidaridad con Gaza, una protesta universitaria pacífica en solidaridad con Palestina. CUAD se reactivó este año, después de que la universidad suspendiera a los grupos Estudiantes por la Justicia en Palestina y Voz Judía por la Paz el otoño pasado. En la mañana del miércoles, cientos de estudiantes acamparon en el jardín sur de la universidad de Columbia. Prometieron quedarse hasta que la universidad finalizara contratos e inversiones con empresas beneficiadas por sus vínculos con Israel. Los manifestantes oraron, cantaron, comieron pizza y condenaron la complicidad de la universidad en los ataques de Israel a Gaza. Hubo contra-manifestantes que ondearon banderas israelíes cerca del campamento, sin embargo, desde mi punto de vista, el campus permaneció en calma.

La universidad de Columbia respondió imponiendo un estado policial en miniatura. Un día después de que se formara el campamento, el presidente de la universidad, Minouche Shafik, pidió y autorizó la entrada, del Departamento de Policía de Nueva York, para despejar el césped y subir a 108 estudiantes –entre ellos varios estudiantes judíos– a autobuses del Departamento Correccional que los retendrían en la sede del Departamento de Policía de Nueva York. Una estudiante judía me dijo que ella y sus compañeros manifestantes fueron esposados con bridas durante ocho horas y retenidos en celdas donde compartían un baño sin privacidad. El jefe de patrulla del Departamento de Policía de Nueva York, John Chell, dijo más tarde al periódico de la universidad de Columbia, Columbia daily Spectator que “los estudiantes que fueron arrestados eran pacíficos, no ofrecieron resistencia alguna y decían lo que querían decir de manera pacífica”.

Desde entonces, decenas de estudiantes universitarios han sido expulsados de sus dormitorios sin previo aviso. Barnard College, una filial de Columbia, sólo les dio 15 minutos a los estudiantes para recuperar sus pertenencias, después de regresar de la celda se encontraron desalojados.

Los estudiantes suspendidos no pueden regresar al campus y están teniendo dificultades para acceder a alimentos y/o atención médica. Los estudiantes que siguen el Shabat y no usan dispositivos electrónicos en sábado, se vieron obligados a depender de la tecnología para obtener alimentos y alojamiento de emergencia. Esta represión fue la mayor violencia infligida a nuestro alumnado en décadas. Les imploro, como lo hace nuestro capítulode Voz Judía por la Paz, que reconsideren si el arresto de estudiantes judíos nos mantiene a nosotros y a Columbia a salvo.

Las difamaciones de la prensa y de personas influyentes proisraelíes, que han presentado acusaciones de antisemitismo y violencia contra estudiantes judíos, son una peligrosa distracción de las verdaderas amenazas a nuestra seguridad. Vi a políticos comparar a los organizadores estudiantiles con los neonazis y exigir un despliegue de la Guardia Nacional, ignorando aparentemente las vidas perdidas en Kent State y Charlottesville, y con muy poca respuesta de los medios nacionales. Ésta es una forma repulsiva de autoengaño que sólo puedo entender como una forma de preservar las relaciones con donantes influyentes. Los llamados a una vigilancia más estricta en nuestro campus ponen en peligro a los estudiantes judíos y amenazan las operaciones habituales de la universidad de manera mucho más grave que las protestas pacíficas.

Es cierto, que a pesar de que los organizadores de la CUAD rechazan como fundamento la intolerancia y el odio, eso no ha impedido que actores no relacionados aprovechen la oportunidad para acosar de manera vergonzosa a estudiantes judíos con declaraciones grotescas o antisemitas. Yo condeno el antisemitismo —lo cual debería parecer obvio ya que yo mismo lo he experimentado muchas veces. (Es probable que esto no impida que el controvertido profesor de la Escuela de Negocios de Columbia, Shai Davidai, me llame kapo). Pero las acciones, a menudo fuera del campus, de unos pocos individuos no afiliados, no caracterizan esta campaña disciplinaria estudiantil. Los esfuerzos por conectar estos incidentes ofensivos, pero relativamente aislados con el movimiento de protesta pro palestino, reflejan una estrategia más amplia para deslegitimar toda crítica a Israel.

Este discurso nacional sobre el “antisemitismo universitario” alcanzó su climax el fin de semana en el Campamento de Solidaridad con Gaza, cuando los organizadores de la CUAD dirigieron sesiones de oración conjuntas entre musulmanes y judíos y honraron mutuamente a sus muertos. Esto es algo sano y sobre todo humano: no merece titulares sensacionalistas que difunden que los miembros de la Ivy League odian a los judíos.

El lunes, me uní a mis compañeros, cientos de estudiantes, en una huelga en solidaridad con el campamento; escuchamos respetuosamente que un grupo igualmente numeroso de profesores de Columbia realizaba una manifestación en las escaleras de la biblioteca. Francamente, no sentí el ambiente muy diferente al de la huelga más reciente de mi sindicato en el campus; me sentí inspirado nuevamente por el compromiso de mis colegas de hacer de la universidad de Columbia un mejor lugar, más seguro para trabajar y estudiar.

Más tarde esa noche, se celebró un servicio del Séder de Pesaj en el campamento. ¿Un movimiento estudiantil antisemita daría la bienvenida a los judíos de esta manera? Yo creo que no.

Esto es lo que no te dicen: las amenazas más apremiantes a nuestra seguridad como estudiantes judíos no provienen de las tiendas de campaña en el campus. En cambio, sí provienen de la administración de la universidad de Columbia impulsando la entrada de la policía al campus, de ciertos miembros del profesorado y de terceros que engañan a los estudiantes universitarios. Francamente, lamento el hecho de que escribir para confirmar la seguridad de los estudiantes judíos de la Ivy League. No he visto a muchos expertos lamentarse por la seguridad de mis colegas palestinos que lamentan la muerte de familiares o la destrucción de las queridas universidades de Gaza.

Desconfío de un discurso histérico en el campus –alegremente amplificado por muchos de los mismos charlatanes que han convertido “DEI” en un insulto– que desvía la atención de la matanza en curso en la Franja de Gaza y de la violencia de los colonos en la Cisjordania ocupada. Deberíamos centrarnos en la realidad material de la guerra: las municiones que nuestro gobierno está enviando a Israel, que matan a miles de palestinos, y la participación de estadounidenses en la violencia. Olvídense de la gente marginal y de los agitadores externos: los organizadores de la CUAD, que están detrás de las protestas universitarias, han insistido, con razón, en que su demanda más importante a la administración de Columbia implica la desinversión y una atención sostenida a la situación en Palestina.


No estamos solos. Los campus universitarios de todo EstadosUnidos han seguido el ejemplo de Columbia. Por eso, tengo la esperanza de que todos podamos aprender de sus ejemplos para mantenernos lúcidos sobre lo que está en juego en esta crisis y centrarnos en la violencia real que se está perpetrando en nuestros nombres.

ÍNDICE:
PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR
EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA






* Jonathan Ben-Menachem, es estudiante de doctorado en la Universidad de Columbia.



 

martes, 23 de abril de 2024

ARQUEOLOGÍA DEL GENOCIDIO PALESTINO/ ÍNDICE: PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA



Gaza está en llamas
madres palestinas
madres israelíes
lloran.

Ella vivía en un barrio
  una mañana todo estaba ardiendo
las hogueras salían de la tierra
y por las calles corría la sangre de los niños

Todos los ejércitos son iguales
marchan jóvenes alegremente a la gloria
regresan viejos entrelazados a la sombra de la muerte
y la sangre de sus manos no se puede lavar

en un rincón de la tierra,
la madres lloran

desde el río hasta el mar,
lloran

(fragmento)

: Zyanya Mariana 



Imagen ganadora del World Press Photo.
Del fotoperiodista palestino Mohammed Salem.
(Inas Abu Maamar, de 36 años, abraza el cuerpo inerte de su sobrina de cinco años.
17 de octubre de 2023 en el hospital Nasser de Gaza)


 
ARQUEOLOGÍA DEL GENOCIDIO PALESTINO
 

PROCESO LEGAL
 
 
 
 
 


 
 
 
 
NACIONES UNIDAS, INSTITUTO LEMKIN Y OTROS INFORMES

 
 
 
 
 
 

 

 
 TEXTOS Y OPINIONES DE
HISTORIADORES, ESCRITORES Y ACADÉMICOS

 

 

 
 
      
 
67. Zygmunt Bauman/ Sobre el sionismo (junio 20 y 2024)
 
 
 
 
 
 
 
CENSURA Y PERIODISMO
 

 

 
13. Jorge Elbaum/ Intifida Global  (mayo 5 y 24)
 
 
 

 
 
55. Al Mayadeen English/ La etapa final es el fin del sionismo: Haaretz  (junio 11 y 2024)
 
 


 
71.UJFP/ ¿Mejor Hitler que el Frente Popular?  (Francia-elecciones julio 4 y 2024)
 
 


COMUNICADOS: 
GOBIERNOS, UNIVERSIDADES, MÉDICOS
 
 
 


59. JAPÓN/ El alcalde de Nagasaki no envía invitación a Israel para una ceremonia de oración por la paz en el Día de la Bomba Atómica
(junio 17 y 2024)

66. COREA DEL SUR/ ONG presenta caso contra Israel por crímenes de guerra en Gaza/ y otras fuentes a respecto (junio 26 y 2024)

72. EU-DEMOCRACY NOW/La Cámara de Representantes de EE.UU. votó a favor de prohibir al Departamento de Estado citar el número de muertes en Gaza (julio 5 y 2024)