Publicado originalmente
en Editorial Tariyata
el 12/04/2024
Zyanya Mariana *
Holocaustos:
que la palabra gasa
(tela médica finamente tejida)
proviene de la palabra árabe غزة o Ghazza
porque los Gazatís han sido hábiles tejedores durante siglos
Me pregunté entonces
cuantas de nuestras heridas
han sido vendadas
por ellos
y cuántas de las ellos
han quedado abiertas
por nosotros
Desde noviembre del 2023, e incluso antes, ha habido esfuerzos y acercamientos para un cese al fuego en Gaza, sin éxito. Los holocaustos que hemos testificado, primero la Razzia del 7 de octubre que cometieron los miembros de Hamás y vivieron como pogrom los israelíes; y, después, la brutal respuesta de Israel, una hecatombe. Ambos han mostrado lo peor de los seres humanos. No hemos aprendido nada de los horrores del siglo XX.
Pienso en el primer bombardeo a civiles, cuando el 26 de abril de 1937 las bombas arrasaron un tercio de la población de Guernica y el centro de la villa. En aquel entonces, como ahora, los diarios se preguntaban ¿Quién incendió Guernica y asesinó a un tercio de su población? Después se sabría que para probar su capacidad aérea, la Luftwaffe alemana había lanzado 31 toneladas de bombas.
Pienso en los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. Días antes del bombardeo, los japoneses habían considerado cuatro condiciones con la URSS para la rendición: 1.Preservación del KOKUTAI ("esencia nacional" basada en aspectos del shintoísmo con raíces en el período Tokuwaga y la monaquía constitucional después de la era Meiji 1890); 2.responsabilidad del desarme y desmovilización en manos internas; 3.no ocupación de Japón y 4.que el castigo a los crímenes de guerra recayeran en el gobierno japonés. El bombardeo impidió los acuerdos paralelos con la Unión Soviética, y permitieron la invasión y ocupación de Japón por los Estados Unidos. Algo de ello, cuenta Ryu Murakami en su novela Azul casi transparente. —Es curioso, porque parte del imaginario que Japón exportó después de la guerra y hasta entrados los 70, fue una invención estadounidense de lo japponés, por ejemplo la idea del "minimalismo nipon" tan utilizado en la arquitectura de los años 70 en Estados Unidos.—
Lo inhumano persistió. Entre 1945 y 1981, tanto en Hiroshima como en Nagasaki, hubo centros de estudios de la bomba, no curaban a la gente, sólo querían medir los efectos físicos, médicos y sociales del bombardeo atómico. Estos centros estiman que hubo entre 60 mil y 200 mil muertos, a los que se le suman los muertos por cánceres, leucemias y diversas patologías.
Pienso en el primer genocidio del siglo XX, la matanza planeada y sistemática contra las etnias herero y nama, (1904 y 1908), en la actual Namibia. En aquel entonces, la naciente potencia colonial, la Alemania del káiser Guillermo II, quería extender negocios y posesiones. Algo de ello contó Joseph Conrad en su libro El corazón de las tinieblas.
Pienso en el genocidio Armenio (1915-1923), uno de los pueblos más antiguos de la meseta Anatolia y el primero en asumirse oficialmente como cristiano (301). Quizás fueron sus raíces milenarias (Edad de bronce) y su linaje antiguo (reino de Urartu (siglo XI-585 a.E,c.) los que amenazaron el imaginario turco, ellos que eran un imperio decadente de 800 años que recordaban un pasado de grandes guerreros venidos de lejos. Algo de ello cuenta Varusjan Vosganian en El libro de los susurros.
Pienso en la Shoa (1940-1945), el primer genocidio entre europeos. Europeos y blancos. Entre alemanes católicos, y sobre todo luteranos, que leían a los griegos y los traducían al alemán, contra judíos askenazis (y algunos sefaradíes) que leían a los griegos y los traducían al Yidish —una variante dialectal del alemán, proveniente del alto alemán con préstamos linguísticos de las lenguas eslavas y palabras hebreas.— Algo de ello cuenta El gato y el ratón de Günter Grass. La Shoa rompió las reglas coloniales, el mito etiológico de una moral superior que había superado la barbarie, se quebró. Esa estructura de exclusión del supremacismo blanco cristiano e ilustrado se propagó como cáncer al interior de las metrópolis y se expresó como asesinatos en masa de poblaciones europeas blancas, barbadas, ilustradas y monoteístas, pero señaladas como otredad judía.
“Leche negra del alba te bebemos de noche/ te bebemos al mediodía la muerte es un amo de Alemania/ (…) su ojo es azul”, escribe el gran poeta Paul Celan para denunciar la esquizofrenia cultural de occidente que convirtió a las poblaciones judías asimiladas, e ilustradas, en periferias. De ese mundo judío europeo, azkenazi y sefaradí, lleno de contradicciones humanas, que migró, se mezcló, cambió y cambia continuamente, habla el escritor cubano Leonardo Padura en su novela Herejes.
Pienso en el genocidio kurdo (1986-1989), que los Estados Unidos utilizaron como parte de la guerra entre Irak e Irán. Ahí, su aliado Sadam Hussein les permitió, a la CIA y a los militares estadounidenses, probar armas químicas sobre las poblaciones minoritarias. Años después, por instigación de Netanyahu y otros intereses de la élite militar estadounidense, el imperio acusará a su viejo aliado de poseer armas biológicas. Fue una mentira para legitimar la guerra, nunca se encontraron las armas.
Pienso en el genocidio en Ruanda, cuando lo hutus quisieron exterminar a los tutsies (1994). Las potencias coloniales azuzaron la matanza, y junto a los medios, se negaron durante mucho tiempo a llamarlo genocidio, hasta que la realidad se impuso. Algo de ello cuenta Philip Gourevitch en su crónica Queremos informarle de que mañana seremos asesinados con nuestras familias.
Durante casi todo el siglo XX, la palabra "genocidio" fue monopolio de la historia blanca europea. Sólo era posible utilizarla para el error innombrable, la mala política del gobierno demoníaco que había destruido la civilización, los nazis. Por lo menos, así convinieron todos, amigos y enemigos después de la Segunda Guerra Europea. Sus guerras eran mundiales, sus errores imperdonables, su dolor único. De repente, sólo un pueblo en la historia de la humanidad tenía el monopolio del dolor... había una única víctima en la historia y eran los judíos askenazis, y en menor medida los sefaradíes.
Yo que no soy europea, sino americana, y que sé que por mi sangre, como esta tierra plural y múltiple, corren muchos pueblos, muchas luces y muchas sombras, pienso en todos estos holokaustos que de alguna manera heredo y son míos.
"Caminamos sobre los huesos de nuestros muertos", decimos en México, caminamos también sobre las cenizas de nuestros holocaustos. La palabra proviene de holos entero y kautos quemar, fuego para los dioses. Así, el holocausto es en su origen, como lo impone Ulises en la Odisea, sacrificar un animal para aplacar la ira de los inmortales. La modernidad que ha perdido a sus dioses, todos estos "sacrificios por fuego", esta sucesión de "ofrendas quemadas", son el horror. Algo de ello cuenta Frord Coppola en la película Apocalypse now (1979). Como se puede ver en las escenas finales de la película, originalmente, se sacrificaban animales a los dioses, vacas, becerros, a veces seres humanos... ahora por intereses económicos sacrificamos poblaciones enteras y las entregamos al fuego de nuestra gran tecnología y avaricia: drones, bombas inteligentes, compañías armamentistas.
A diferencia de la palabra holocausto, que hunde su brutalidad en la historia humana, la palabra genocidio es nueva. La acuñó Raphael Lemkin en 1944, en su libro El poder del Eje en la Europa ocupada. Está compuesta por el sustantivo griego genos ('raza', 'pueblo') y el sufijo latino cidio (de caedere, 'matar'). Podríamos decir que este neologismo responde a lo que Zygmunt Bauman llama las estructuras de la modernidad civilizadora. Bauman explica, en su libro Modernidad y holocausto, que la estructura que permite el asesinato en masa (organización jerárquica, violencia autorizada; rutina burocrática y deshumanización de las víctimas), no es producto de una ideología aislada, sino la consecuencia estructural de un sistema económico.
De ahí que hable de holocaustos, muchos son los que heredamos. Holocaustos en plural, siguiendo a Giles Kepel, el especialista francés del Islam, y su libro Holocaustes. Holocausto, con S mayúscula, para referirme a la razzia de hamás y al genocidio que comete Israel. Algo de la razzias puede leerse en Cantos de los oasis del hoggar, poema Tuareg que habla al respecto. Mucho del genocidio puede verse, desgraciadamente, al instante, en nuestros teléfonos celulares.
En el futuro sabremos
cuánto del horror del 7 de octubre corresponde a la razzia de Hamás y cuánto corresponde a
la agenda del gobierno de Netanyahu, quien desde el principio se negó a un cese al fuego y por ende al intercambio de rehenes. Por ahora, ante el horror, queda el juego geopolítico, acaso la única esperanza de vida para los palestinos. Mientras tanto, yo (una pagana) recuerdo y sueño con un sólo Estado, donde las tres religiones monoteístas puedan convivir, estar y habitar.
ÍNDICE:
PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR
EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA
Produjo este anime
GAZA changing the world
*Zyanya Mariana: Poeta, escritora e investigadora independiente. Maestra en Historia por la UNAM y Doctora en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana, donde fue docente. Premio Dolores Castro 2013, por Cuentos y bollitos para una niña (2016, audiolibro 2023). En poesía ha publicado: De las cosas que vienen de la nada y otras inmediateces (2010; traducido parcialmente al inglés); Linajes y Anarquías (2013) y tránsitos (2020). Selección y prólogo de la antología de poesía latinoamericana, Nuestramérica es un verso, Antología poética 1968-1989, FCE, Perú, (2021). En ensayo destacan: Occidentalismo, cartografías del cuerpo, de la lengua y del espacio en el imaginario contemporáneo (2022).

No hay comentarios:
Publicar un comentario