miércoles, 25 de junio de 2025

416. DARIO RED/Franco Berardi (Bifo)/ Desintegración: PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA

  628 días de genocidio en Gaza

Publicado originalmente
en ILDISERTORE
el 10/5/2025
y en Diario Red 
(Canal de noticias español, dirigido por Pablo Iglesias Turrión, inaugurado en marzo de 2023)
el 6/6/2025 de donde fue tomado
Repugnantes bollos de crema con la inscripción «Acribilladlos»,
expuestos en una panadería israelí - Josie Glausiuz
 


Desintegración

¿Deberíamos alegrarnos, porque Israel, la Unión Europea y Estados Unidos se estén desintegrando, porque la civilización blanca agonice?


Franco Berardi (Bifo)

Israel es la continuación de las políticas antijudías de Europa

Europa contra los judíos. Europa con el sionismo. Tras la Primera Guerra Mundial, primer acto del largo suicidio, que hoy está a punto de concluir, de la civilización europea, crece el odio contra todas las minorías, en particular contra los millones de judíos que pueblan el continente. En Alemania, país derrotado, el odio se convierte en determinación genocida, pero no hay que creer que únicamente este país es responsable del exterminio. Polacos, franceses, austriacos, húngaros, rumanos, ucranianos e italianos son cómplices en diverso grado de la deportación y exterminio de los judíos de Europa. ¿De qué eran culpables los judíos de Europa? De ser inspiradores del internacionalismo, mientras los europeos se encaprichaban con las mitologías idiotas de la patria. Con la victoria de Hitler, el exterminio de los judíos se acerca. Tras haber derrotado a los obreros comunistas, les llegaba el turno a los judíos. La etnicidad ocupaba el lugar de la universalidad, como vuelve a ocurrir hoy en la Europa del siglo XXI.

Luego, en la década de 1940, el proyecto entra en su fase operativa. Millones de judíos son deportados (como hoy se deporta a los migrantes), internados (como hoy se interna a los migrantes), finalmente eliminados en masa (como hoy se elimina en masa a los palestinos). Pero la historia no termina ahí. Después de 1945 se plantea la cuestión de qué hacer con los judíos que Hitler no ha conseguido matar, porque llegaron las tropas de la Unión Soviética y los liberaron de los campos de exterminio en los que pasaban hambre (como hoy se muere de hambre en Gaza).

    ¿Qué hacer con estos judíos sobrevivientes? Los europeos deciden deshacerse de ellos, vomitarlos (como dice Amos Oz en Historia de amor y oscuridad). Después de exterminarlos, quitémonoslos de en medio, dicen los británicos, apoyémoslos, armémoslos y utilicémoslos para proteger nuestros intereses en una zona repleta de petróleo. Nacionalistas judíos como Vladimir Jabotinski, admirador de Benito Mussolini, sirven a este propósito, mientras comunidades de judíos socialistas y anarquistas migran a Palestina para alejarse del Occidente asesino.

    Pero en esa tierra llamada Palestina vive un pueblo árabe, que acoge a los recién llegados con recelo, pero también con interés. Se podrían hacer negocios, alianzas, como hacen los grupos judíos internacionalistas. Pero los europeos no enviaron a los judíos que escaparon del genocidio para hacer amistad con los árabes. Los enviaron allí para imponer el dominio blanco en tierra árabe. Después de haber exterminado a seis millones de judíos, los europeos pretenden utilizar a los supervivientes como cabeza de puente de su dominación. Por eso Israel es una continuación del Tercer Reich: no sólo porque ha heredado sus técnicas de exterminio, sino también porque está preparando la segunda fase del Holocausto, aquella en la que la tarea de eliminar a los judíos (que en el siglo XX llevaron a cabo las tropas de Hitler) recaerá en los árabes.

Isra-Hell

Quienes enviaron a los judíos supervivientes a Palestina no podían ignorar que Israel podía ser armado cuanto se quisiera por los imperialistas occidentales, pero que su dominio no podía durar para siempre y que a la postre acabaría pagando sus crímenes con intereses. Cualquiera que estudie y analice la historia, la geografía y la antropología lo sabe bien. El fin de Israel no será únicamente obra de los nacionalistas árabes, cuyo comportamiento autoritario y brutal está bien documentado por la historia y cuya cobardía es legendaria, como demuestran su ambigua actitud hacia Israel y su olímpico desprecio por la suerte del pueblo palestino. Será, sobre todo, obra de la guerra civil desencadenada en Israel, la cual ya se está gestando y que tarde o temprano estallará. Los pródromos de la guerra civil israelí ya son visibles. El Shin Bet está en el punto de mira de Netanyahu, porque empieza a quedar claro que sus responsabilidades tanto en la gestión del pogromo del 7 de octubre, como de la respuesta bélica al mismo despliegan una larga sombra sobre su presidencia y su deseo de aferrarse al poder cueste lo que cueste. Además, esas responsabilidades se hallan ligadas también a sus reiterados intentos efectuados durante las últimas décadas de utilizar a Hamás para dividir la lucha del pueblo palestino, como sostiene Adam Raz en su reciente libro.



Hoy, Israel es un lugar infernal donde prevalece el odio genocida, pero este odio no puede ocultar el miedo de quienes saben que están destinados a enfrentarse a un odio igualmente grande, que se desatará tarde o temprano. Es un lugar donde asesinos como Smotrich y Ben Gvir han distribuido cien mil ametralladoras entre los colonos depredadores. Tan solo los criminales sedientos de sangre sobrevivirán allí después de que el ejército más moral del mundo haya repetido las hazañas de las SS de Hitler.

La desintegración

La desintegración del Estado sionista, creación del imperialismo blanco, es el futuro próximo, pero no podemos comprenderla, si no es en el contexto de la desintegración de Occidente en general. ¿Qué será de la Unión Europea durante los próximos meses, durante los próximos años? Los belicistas de Francia y Alemania han obligado a Rumanía a convocar de nuevo elecciones, porque ganaba un candidato que no gustaba a los guerreros de Úrsula. Las elecciones se repitieron y los guerreros de Úrsula sufrieron una segunda amarga derrota. La Unión (nunca hubo una palabra más ridículamente inadecuada para describir su objeto) se está armando a una velocidad vertiginosa contra el nacionalismo ruso. Pero el nacionalismo ruso está ganando la mayoría en todos los parlamentos de Europa. Incluso en el de Alemania, donde hubo que recurrir a los votos de Die Linke para elegir canciller, mientras que en las urnas los nazi-trumpistas de Alternative für Deutschland son mayoría.

La desintegración está a la orden del día en todo Occidente, desde que el vicepresidente norteamericano, nieto de una abuela que tenía catorce armas de fuego en su cocina y en su dormitorio, vino a Múnich a decir que para él Putin es un amigo y Europa un enemigo. Desde ese momento está claro que Occidente se halla en pleno proceso de desintegración. ¿Deberíamos los internacionalistas alegrarnos de la misma? Un momento. El problema es que Occidente no aceptará su declive, que se inscribe en la demografía, la economía y la evolución cultural, antes de haber utilizado todas las armas de las que dispone. Y entre esas armas se cuenta aquellas que pueden provocar la aniquilación de la civilización humana, acontecimiento que se delinea en el horizonte del siglo.


Primer párrafo, capítulo IX "Genocidio" de Raphael Lemkin, 
quien acuñara el término.

ÍNDICE:
PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR
 EN
TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA




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