Publicado originalmente
en Midle East Eye
(periódico digital panárabe independiente, fundado en febrero de 2014 y con sede en Londres)
el 14/2/2025
versión al español Zyanya Mariana

Un niño camina con
sus pertenencias cerca de Nuseirat,
en el centro de la Franja de Gaza, el 10 de
febrero de 2025 (AFP)

Un niño camina con
sus pertenencias cerca de Nuseirat,
en el centro de la Franja de Gaza, el 10 de
febrero de 2025 (AFP)
Trump no inventó el plan de limpieza étnica de Gaza. Es una política estadounidense desde 2007
La innovación de Trump no es la amenaza de “limpiar” Gaza, sino de retomar un objetivo de larga data que disfraza la expulsión de palestinos como un plan de paz.
La intención del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, desde el primer
día de su ataque de "venganza" contra Gaza, lanzado hace 16 meses,
fue la limpieza étnica o el genocidio en Gaza.
Su aliado en el genocidio durante los siguientes 15 meses fue el expresidente estadounidense Joe Biden. Su aliado en la limpieza étnica es el actual presidente estadounidense Donald Trump.
Biden proporcionó las bombas de 2.000 libras para el genocidio. Se dice que Trump está proporcionando una munición aún más grande -la MOAB de 11 toneladas, o bomba de explosión aérea de artillería masiva, con un radio de una milla de ancho- para incentivar aún más el éxodo de la población.
Biden afirmó que Israel estaba ayudando a la gente de Gaza al "bombardear en masa" el enclave —en sus palabras— para "erradicar" a Hamás. Trump afirma que está ayudando a la gente de Gaza al "limpiarlos" —en sus palabras— del "lugar de demolición" [en el que se encuentra actualmente Gaza].
Biden calificó la destrucción del 70 por ciento de los edificios de Gaza como una "autodefensa", mientras que Trump calificó la inminente destrucción del 30 por ciento restante como "un infierno desatado".
Biden afirmó estar "trabajando incansablemente por un alto el fuego", mientras alentaba a Israel a continuar con el asesinato de niños mes tras mes.
Trump afirma haber negociado un alto el fuego, aunque ha hecho la vista gorda ante las violaciones de Israel de los términos de ese alto el fuego: al seguir disparando contra los palestinos en Gaza y Cisjordania; al negar la entrada a Gaza a camiones de ayuda vital; al no permitir la entrada de casi ninguna de las tiendas de campaña o casas móviles prometidas; al negar tratamiento en el extranjero a muchos cientos de palestinos mutilados; al bloquear el regreso de los palestinos a sus hogares en el norte de Gaza; y al no participar en la segunda fase de las negociaciones del alto el fuego.
Esas violaciones israelíes, aunque ampliamente reportadas por los medios como "reclamaciones" de Hamás, fueron confirmadas al New York Times por tres funcionarios israelíes y dos mediadores.
En otras palabras, Israel
ha roto el acuerdo en todos los aspectos —y Trump ha apoyado firmemente a este
estado cliente tanto como Biden lo favoreció antes que él.
| Transnational Institute |
Francesca Albanese: The Palestinians have been facing erasure for 100 years
Francesca Albanese: The Palestinians have been facing erasure for 100 years
'Se desata el infierno'
Como bien sabía Israel al violar el alto el fuego, Hamás sólo tenía un punto de apoyo para intentar hacer cumplir el acuerdo: negarse a liberar a más rehenes. Que es precisamente lo que el grupo palestino anunció el lunes pasado que haría hasta que Israel comenzara a cumplir el acuerdo.
En un doble acto habitual, Israel y Washington montaron entonces una exhibición de indignación fingida.
Trump no perdió tiempo en aumentar drásticamente la apuesta. Dio luz verde a Israel —o tal vez a los Estados Unidos, no fue claro— para "dejar que se desate el infierno", lo que presumiblemente significa la reanudación del genocidio.
Esto sucederá no sólo si Hamás se niega a liberar a los tres rehenes programados antes de la fecha límite del mediodía del sábado [15 de febrero]. Trump ha insistido en que se espera que Hamás libere a todos los rehenes.
El presidente estadounidense dijo que ya no aceptaría que se liberara "poco a poco" a lo largo de la primera fase de seis semanas del alto el fuego. En otras palabras, Trump está violando los términos mismos del alto el fuego inicial que negoció su propio equipo.
Claramente, ni Netanyahu
ni Trump han estado tratando de salvar el acuerdo. Están trabajando
incansablemente para hacerlo estallar.
El periódico israelí Haaretz informó sobre esto el fin de semana pasado. Fuentes israelíes revelaron que el objetivo de Netanyahu era "hacer descarrilar" el alto el fuego antes de que pudiera llegar a la segunda etapa, cuando se supone que las tropas israelíes deben retirarse completamente del enclave y comenzar la reconstrucción.
"Una vez que Hamás se dé cuenta de que no habrá una segunda etapa, es posible que no complete la primera", dijo una fuente al periódico.
Hamás insistió en una
liberación gradual de los rehenes precisamente para ganar tiempo, sabiendo que
Israel estaría ansioso por reiniciar la matanza tan pronto como tuviera a los
rehenes de regreso a casa.
Los palestinos de Gaza están de vuelta al punto de partida.
O aceptan que serán limpiados étnicamente para que Trump y sus amigos multimillonarios puedan sacar provecho de reinventar el enclave como la "Riviera del Medio Oriente", pagada con el robo de los ingresos de los yacimientos de gas de Gaza, o enfrentan un regreso al genocidio.
La parte silenciosa en voz alta
Como debería haber quedado claro, Netanyahu sólo aceptó el "alto el fuego" de Washington porque nunca fue real. Fue una pausa para que Estados Unidos pudiera recalibrar su discurso genocida de Biden, basado en el lenguaje del "humanitarismo" y la "seguridad", y pasar a la actitud mucho más directa de Trump, de tipo duro.
Ahora todo gira en torno al "arte de la negociación" y las oportunidades de desarrollo inmobiliario.
Pero, por supuesto, el plan de Trump de "adueñarse" de Gaza y luego "limpiarla" ha dejado a sus aliados en Europa —en realidad, sus sátrapas— retorciéndose en sus asientos.
Como siempre, Trump tiene la inquietante costumbre de decir en voz alta lo que no debe decirse, de desgarrar la ya maltrecha capa de respetabilidad occidental, de hacer que todo el mundo quede mal.
La verdad es que durante más de 15 meses Israel no logró ninguno de sus objetivos declarados en Gaza —erradicar a Hamás y asegurar el retorno de los rehenes— porque ninguno de ellos fue realmente el objetivo.
Incluso el secretario de Estado de Biden, Antony Blinken, tuvo que admitir que la matanza masiva de Israel sólo había servido para reclutar para Hamás tantos combatientes como los que había matado.
Y los denunciantes
militares israelíes revelaron al sitio web +972 la semana pasada que Israel
había matado a muchos de sus rehenes utilizando indiscriminadamente bombas
antibúnkeres suministradas por Estados Unidos.
El uso de inteligencia artificial por parte de Israel en Gaza debería aterrorizarnos a todos |
Artículo de opinión de Antony Loewenstein
Artículo de opinión de Antony Loewenstein
Israel’s use of AI in Gaza should terrify us all | Op-ed by Antony Loewenstein
Estas bombas no sólo habían generado enormes áreas de explosión, sino que también sirvieron eficazmente como armas químicas, inundando los túneles de Hamás con monóxido de carbono, asfixiando a los rehenes.
La indiferencia de los dirigentes israelíes ante el destino de los rehenes fue confirmada por el ex ministro de Defensa de Israel, Yoav Gallant, en una entrevista con el Canal 12 de la televisión israelí.
| The Electronic Intifada |
(Fragmento de la entrevista, traducido del hebreo al Inglés)
Admitió que el ejército había invocado la llamada directiva Aníbal durante la huida de Hamás de Gaza el 7 de octubre de 2023, permitiendo a los soldados matar a israelíes en lugar de arriesgarse a dejar que el grupo palestino los tomara como rehenes.
Estos asuntos, que arrojan una luz diferente sobre las acciones de Israel en Gaza, han sido, por supuesto, casi completamente ignorados por los medios de comunicación delestablishment occidental.
Limitación de daños
El plan de Israel desde el principio fue la limpieza étnica de Gaza. Y ahora Trump lo está haciendo explícito.
Tan explícito, de hecho, que los medios se han visto obligados a adoptar un frenético modo de limitación de daños, empleando una de las operaciones psicológicas más intensas contra sus propios públicos de las que se tenga registro.
Se ha recurrido a todos los eufemismos posibles para evitar dejar claro que Trump e Israel se están preparando para realizar una limpieza étnica de los que queden de los 2,3 millones de palestinos que viven en Gaza.
La BBC habla de “reasentamiento”, “reubicación” y “desplazamiento” de la población de Gaza.
En otros informes, los palestinos están inexplicablemente al borde de “irse”.
El New York Times se
refiere positivamente a la limpieza étnica como el “plan de desarrollo” de
Trump, mientras que Reuters lo llama con indiferencia “desplazamiento” de la
población de Gaza.
Las capitales occidentales y sus medios de comunicación complacientes se han visto en esta incómoda posición porque los estados clientes de Washington en Oriente Medio se han negado a colaborar con Israel y el plan de limpieza étnica de Trump.
A pesar de la matanza cada vez mayor, Egipto se ha negado a abrir su corta frontera con Gaza para permitir que la población bombardeada y hambrienta llegue al vecino Sinaí.
Por supuesto, nunca se planteó la posibilidad de que Israel permitiera a las familias de Gaza regresar a las tierras de las que fueron expulsadas a punta de pistola en 1948 para crear un utoproclamado Estado judío.
En aquel entonces, como ahora, las potencias occidentales colaboraron en las operaciones de limpieza étnica de Israel. Los medios occidentales prefieren pasar por alto este contexto histórico, incluso en las raras ocasiones en que admiten que hay antecedentes relevantes aparte de una presunta barbarie palestina. En su lugar, recurren a una terminología evasiva sobre "ciclos de violencia" y "enemistades históricas".
Acorralados por los arrebatos de Trump de los últimos días, los políticos y los medios occidentales han preferido sugerir que el "plan de desarrollo" de su administración para Gaza es en realidad una innovación.
Sin embargo, en realidad, el presidente no está proponiendo nada nuevo al exigir que se limpie étnicamente a los palestinos de Gaza. Lo diferente es que está siendo inusualmente –y desaconsejablemente– abierto respecto de una política de larga data.
Israel siempre ha albergado planes para expulsar a los palestinos de Gaza a Egipto y de Cisjordania a Jordania.
Pero, más concretamente, como señaló Middle East Eye hace una década, Washington ha apoyado plenamente la mitad del proyecto de expulsión que se refiere a Gaza desde las últimas etapas de la segunda presidencia de George W. Bush, en 2007. Para cualquiera que tenga problemas con las matemáticas, eso fue hace 18 años.
Todos los presidentes estadounidenses, incluido Barack Obama, han presionado al líder egipcio de entonces para que permita a Israel expulsar a la población de Gaza al Sinaí, y todos han sido rechazados.
Un secreto a voces
Este secreto a voces no es muy conocido por la misma razón que todos los expertos y políticos occidentales ahora fingen estar horrorizados por el hecho de que Trump lo esté planteando.
¿Por qué? Porque tiene mala pinta, sobre todo si se presenta dentro de un vulgar discurso de Trump sobre la venta de bienes raíces en medio de un supuesto alto el fuego.
Los dirigentes occidentales esperaban llevar a cabo la limpieza étnica de Gaza con más decoro, de una manera “humanitaria” que hubiera sido más eficaz para engañar a la opinión pública occidental y mantener la afirmación de Occidente de defender los valores civilizados frente a una supuesta barbarie palestina.
Desde 2007, el proyecto conjunto de limpieza étnica de Washington e Israel se conoce como el “Plan dela Gran Gaza”.
El asedio israelí al pequeño enclave, que comenzó a finales de 2006, fue diseñado para crear tanta miseria y pobreza en el pequeño enclave que la gente de allí clamara para que se le permitiera salir.
Fue entonces cuando Israel empezó a formular una denominada "dieta de hambre" para la población de Gaza, contando las calorías necesarias para mantenerla con vida, pero sólo a duras penas.
La concepción israelí de Gaza era que era como un tubo de pasta de dientes que se podía apretar. En cuanto Egipto cediera y abriera la frontera, la población se dirigiría en masa al Sinaí por desesperación.
Todos los presidentes egipcios fueron intimidados y sobornados para que cedieran: Hosni Mubarak, Mohamed Morsi y el general Abdel Fattah el-Sisi. Todos se negaron.
Egipto no se hacía ilusiones sobre lo que estaba en juego después del 7 de octubre de 2023. Comprendía perfectamente que la nivelación de Gaza por parte de Israel tenía por objeto apretar el tubo con tanta fuerza que la parte superior se desprendiera.
Presión sobre Egipto
Desde el principio, funcionarios como Giora Eiland, ex asesor de seguridad nacional de Israel, declararon públicamente que el objetivo era convertir Gaza en "un lugar donde ningún ser humano pueda existir".
Apenas una semana después de la matanza israelí, en octubre de 2023, el portavoz militar Amir Avivi dijo a la BBC que Israel no podía garantizar la seguridad de los civiles en Gaza. Añadió: "Tienen que trasladarse al sur, a la península del Sinaí".
Al día siguiente, Danny Ayalon, un confidente de Netanyahu y ex embajador israelí en Estados Unidos, amplió el argumento: "Hay un espacio casi infinito en el desierto del Sinaí... Nosotros y la comunidad internacional prepararemos la infraestructura para las ciudades de tiendas de campaña".
Y concluyó: "Egipto tendrá que jugar".
El pensamiento de Israel se divulgó en un borrador de política filtrado de su ministerio de inteligencia. Proponía que, después de su expulsión, la población de Gaza sería alojada inicialmente en ciudades de tiendas de campaña, antes de que se pudieran construir comunidades permanentes en el norte del Sinaí.
Al mismo tiempo, el Financial Times informó que Netanyahu estaba presionando a la Unión Europea sobre la idea de expulsar a los palestinos del enclave hacia el Sinaí bajo el pretexto de la guerra.
Se dice que algunos
miembros de la UE, entre ellos la República Checa y Austria, se mostraron
receptivos y plantearon la idea en una reunión de estados miembros. Un
diplomático europeo anónimo dijo al FT: "Ahora es el momento de ejercer mayor
presión sobre los egipcios para que acepten".
Mientras tanto, la administración Biden suministró las bombas para mantener la
presión.
Sisi era muy consciente de lo que Egipto tenía en mente: un plan occidental concertado para limpiar étnicamente Gaza. Nada de eso tenía que ver con Trump, que estaba a más de un año de ser elegido presidente.
A mediados de octubre de 2023, días después de la matanza, Sisi respondió en una conferencia de prensa con el canciller alemán Olaf Scholz: "Lo que está sucediendo ahora en Gaza es un intento de obligar a los residentes civiles a refugiarse y migrar a Egipto, lo cual no debe aceptarse".
Esa fue precisamente la razón por la que dedicó tanto esfuerzo a apuntalar la corta frontera compartida entre Gaza y el Sinaí, tanto antes como después de que comenzara el genocidio de Israel.
Argumento de venta de la paz
Parte de lo que hace que
el discurso de venta de Trump sea tan surrealista es que se apega a medias al
guión original: intenta hacer que el plan suene vagamente humanitario.
Al mismo tiempo que ha rearmado a Israel y ha advertido de que "se
desatará el infierno", ha hablado de encontrar "parcelas de
tierra" en Egipto y Jordania donde la gente de Gaza "puede vivir muy
feliz y con mucha seguridad".
Ha contrastado eso con su situación actual: "Están siendo asesinados allí a niveles que nadie ha visto nunca. Ningún lugar del mundo es tan peligroso como la Franja de Gaza... Están viviendo en el infierno".
Esa parece ser la forma demasiado reveladora de Trump de describir el genocidio que Israel niega estar llevando a cabo y el que Estados Unidos niega estar armando.
Pero las palabras de ayudar a la población de Gaza son sólo los restos retóricos del viejo discurso de ventas cuando las administraciones estadounidenses anteriores se preparaban para vender la limpieza étnica como parte integral de una nueva etapa del legendario "proceso de paz".
Como señaló Middle EastEye en 2015, Washington había sido reclutado para el Plan de la Gran Gaza en
2007. Entonces la propuesta era que Egipto cediera 1.600 kilómetros cuadrados
de superficie en el Sinaí (cinco veces el tamaño de Gaza) a los dirigentes
palestinos de Cisjordania, encabezados por Mahmoud Abbas.
Se "alentaría" a los palestinos de Gaza (es decir, se les presionaría mediante el asedio y el bloqueo de la ayuda, así como mediante episodios intermitentes de bombardeos masivos conocidos como "cortar el césped") a huir allí.
A cambio, Abbas tendría que renunciar a un Estado palestino en la Palestina histórica, socavar el derecho al retorno de los refugiados palestinos consagrado en el derecho internacional y pasar la carga de la responsabilidad de reprimir a los palestinos a Egipto y al mundo árabe en general.
Israel impulsó el plan
del Sinaí entre 2007 y 2018 con la esperanza de sabotear la campaña de Abbas en
las Naciones Unidas en busca del reconocimiento de la condición de Estado
palestino.
Cabe destacar que los ataques militares a gran escala de Israel contra Gaza (en
el invierno de 2008, 2012 y nuevamente en 2014) coincidieron con los intentos
israelíes y estadounidenses de presionar a sucesivos líderes egipcios para que
cedieran partes del Sinaí.
'Propiedades frente al mar'
Trump ya está profundamente familiarizado con el Plan de la Gran Gaza desde su primera presidencia. Los informes de 2018 sugieren que esperaba incluirlo en su plan del "acuerdo del siglo" para lograr la normalización entre Israel y el mundo árabe.
En marzo de ese año, la Casa Blanca recibió a 19 países en una conferencia para considerar nuevas ideas para abordar la creciente crisis de Gaza, creada completamente por Israel.
Además de Israel, entre los participantes había representantes de Egipto, Jordania, Arabia Saudita, Qatar, Bahréin, Omán y los Emiratos Árabes Unidos. Los palestinos boicotearon la reunión.
Unos meses después, en el verano de 2018, Jared Kushner, el yerno de Trump y arquitecto de su plan para Oriente Medio, visitó Egipto. Poco tiempo después, Hamás envió una delegación a El Cairo para conocer lo que se estaba proponiendo.
Entonces, como ahora, Trump estaba ofreciendo una zona construida especialmente en el Sinaí con red de energía solar, planta desalinizadora, puerto marítimo y aeropuerto, así como una zona de libre comercio con cinco áreas industriales, financiada por los estados del Golfo ricos en petróleo.
Es revelador que un
veterano periodista israelí, Ron Ben-Yishai, informara en ese momento que
Israel estaba amenazando con invadir y dividir Gaza en sectores separados norte
y sur para obligar a Hamás a obedecer. Esa es exactamente la estrategia que
Israel priorizó el año pasado durante su invasión y luego se dedicó a vaciar el
norte de Gaza de sus residentes.
Trump también intentó profundizar la crisis en Gaza al retener los pagos a la
agencia de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos (UNRWA). Esa
misma política fue aplicada activamente por Israel y la administración Biden
durante el actual genocidio.
Desde que Trump asumió el cargo, Israel ha prohibido las actividades de la UNRWA en cualquier parte de los territorios palestinos ocupados.
El equipo de Trump reavivó su propio interés en el plan de limpieza étnica en el momento en que Israel lanzó su genocidio, mucho antes de que Trump supiera si ganaría las elecciones de noviembre de 2024.
En marzo del año pasado,
hace casi un año, Kushner utilizó exactamente el mismo lenguaje que Trump
utiliza ahora. Observó que "no queda mucho de Gaza en este momento",
que la prioridad era "limpiarla" y que era una "valiosa
propiedad costera". Insistió en que habría que "desalojar" a la
población de Gaza.
Un conejo deslumbrado
Si Trump se niega a ceder, la dirección que tomen las cosas a continuación para la población de Gaza depende principalmente de los vecinos Egipto y Jordania: deben aceptar el plan de limpieza étnica o Israel reanudará el exterminio de la población de Gaza.
Si se muestran reacios, Trump ha amenazado con cortar la ayuda estadounidense (en realidad, sobornos que se han pagado hace décadas a cada uno de ellos para que no acudan en ayuda de los palestinos mientras Israel los brutaliza).
El rey Abdulá de Jordania, durante una visita a la Casa Blanca esta semana, parecía un conejo deslumbrado por los faros de un coche.
No se atrevió a enfadar a Trump rechazando el plan en su cara. En cambio, sugirió esperar a ver cómo respondía Egipto, un estado árabe más grande y poderoso.
Pero en privado, como informó MEE, Abdulá tiene tanto miedo de los efectos desestabilizadores de la colusión de Jordania en la limpieza étnica de Gaza, que considera un "problema existencial" para su régimen, que está amenazando con una guerra contra Israel para detenerla.
De manera similar, Egipto ha mostrado su descontento. A raíz de la humillante visita de Abdulá, se dice que Sisi ha pospuesto su propia reunión de la semana próxima con Trump —en un claro rechazo— hasta que el plan de limpieza étnica esté descartado.
Se dice que El Cairo está preparando su propia propuesta sobre cómo se puede reconstruir Gaza. Incluso Arabia Saudita, un aliado de Washington rico en petróleo, está en rebelión.
Es raro ver a los estados árabes mostrar tanta firmeza ante un presidente estadounidense, y mucho menos ante uno tan vanidoso y estratégicamente desquiciado como Trump.
Lo que puede explicar por qué la determinación del presidente estadounidense parece estar debilitándose. El miércoles, su secretaria de prensa, Karoline Leavitt, sugirió que Trump ahora estaba buscando de "nuestros socios árabes en la región" una contrapropuesta, un "plan de paz para presentar al presidente".
Y en otra señal de que Trump puede estar dudando, Netanyahu se retractó de su amenaza de reanudar el genocidio a menos que todos los rehenes fueran liberados el sábado. Ahora está exigiendo sólo los tres que estaban programados originalmente.
Los informes desde Gaza indican que Israel también ha aumentado significativamente sus entregas deayuda.
Todo lo cual es una buena noticia. Puede dar a la gente de Gaza un poco más de tiempo.
Pero no debemos perder de vista el panorama general. Israel y los EE. UU. siguen comprometidos con la "limpieza" de Gaza, de una manera u otra, como lo han hecho durante los últimos 18 años. Simplemente están buscando un momento más propicio para reanudar la guerra.
Eso podría ser este fin de semana, o podría ser en un mes o dos. Pero al menos Biden y Trump han logrado una cosa: se han asegurado de que nadie vuelva a confundir la destrucción de Gaza con un plan de paz.
ÍNDICE:
PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR
EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA
bc/status/186367659676710
https://x.com/swilkinbc/atus/1863676596768371016
htps://x.com/swilkinsonbc/status/1863676596768371016
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