Publicado originalmente
en THE CRADLE
(Revista de noticias en línea. Cubre desde 2021 la geopolítica de Asia Occidental desde la región).
el 7/11/2024
Versión al español Zyanya Mariana
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(Revista de noticias en línea. Cubre desde 2021 la geopolítica de Asia Occidental desde la región).
el 7/11/2024
Versión al español Zyanya Mariana
Hassan Jouni
En una campaña terrestre de un mes de duración que ha movilizado cinco divisiones, armamento avanzado y un poder aéreo y naval implacable, Israel no ha logrado capturar ni una sola aldea libanesa, mientras una resistencia resistente continúa frustrando cualquier incursión terrestre.
En las últimas semanas, la realidad en el campo de batalla del sur del Líbano ha pintado un cuadro desolador de los desafíos que enfrenta el ejército israelí.
Ha transcurrido más de un mes desde que el estado de ocupación anunció el inicio de sus operaciones terrestres y, a pesar de haber desplegado fuerzas masivas (cinco divisiones militares integradas por más de 50.000 soldados equipadas con armas de última generación y apoyadas por una enorme flota aérea y naval), no se han logrado avances significativos.
A pesar de los intentos de avanzar a través de la frontera norte de oeste a este, el avance del ejército israelí ha sido mínimo y rara vez ha superado los tres kilómetros en territorio libanés. Su principal objetivo ha sido el eje Al-Adaisa-Rab Thalateen, tras una maniobra fallida destinada a capturar Aita al-Shaab.
Aita al-Shaab: un campo de batalla simbólico
Esta ciudad, resistente e inquebrantable frente a cientos de ataques aéreos y de artillería, repelió los repetidos intentos israelíes de abrir brecha en sus defensas. Cuando las fuerzas de ocupación no lograron avanzar a lo largo de este eje, redirigieron su ataque hacia Khiam, con la esperanza de lograr un avance desde una nueva dirección. Aita tiene un profundo valor simbólico para el ejército israelí: su captura se consideró un objetivo moral y estratégico, debido a su reputación en la guerra del 2006. El enemigo lanzó cientos de ataques aéreos y de artillería, decidido a destruir las casas de Aita, entrar en sus calles e izar su bandera.
Para lograrlo, maniobraron para rodear Aita desde el oeste, con la esperanza de aislarla del resto del Líbano. Fue una decisión táctica audaz, pero costosa. Los combatientes de la resistencia de Hezbolá, que comprendían el terreno y las vulnerabilidades de sus atacantes, lograron separar a la fuerza israelí que avanzaba de sus unidades de apoyo, lo que finalmente la obligó a retirarse.
La feroz resistencia, apoyada por zonas vecinas como Hunayn, frustró esta estrategia e infligió importantes pérdidas de tropas al lado israelí.
Después de verse obligado a retroceder desde Aita, el enemigo dirigió su atención hacia Al-Adaisa y Taybeh, creyendo que un avance desde la frontera hacia el río Litani podría dar mejores resultados. El asentamiento de Meskvaam proporcionó a los israelíes una base de fuego eficaz debido a su ubicación elevada, pero ni siquiera esta ventaja pudo quebrar las defensas de la resistencia.
Israel no logra instalarse en Khiam
Cada intento de avance se encontró con un feroz contraataque. El enemigo lo intentó una vez más, esta vez desde el asentamiento de Metulla, con el objetivo de rodear Khiam desde el este. Una vez más, la resistencia se negó a ceder, manteniendo la posición elevada e impidiendo que las fuerzas israelíes establecieran un punto de apoyo en esta ciudad estratégica, una ciudad con una orgullosa historia de lucha y un punto estratégico que ofrece una vista imponente no sólo del Líbano sino también del otro lado de la frontera.
Fue en Khiam (que significa “tiendas”) donde las fuerzas de ocupación, en colaboración con la milicia del Ejército del Sur del Líbano (SLA), dirigieron una tristemente célebre prisión y centro de tortura antes de verse obligadas a retirarse en 2000.
Las maniobras israelíes de los últimos días revelan un patrón que dice mucho sobre su estrategia y sus limitaciones. El ejército de ocupación, como es habitual, ha dependido en gran medida de la fuerza aérea, la artillería y el apoyo naval para evitar enfrentamientos directos con los combatientes de la resistencia.
Esta excesiva dependencia de las tácticas de largo alcance ha hecho que el avance de las unidades terrestres sea lento e ineficaz. La renuencia a desplegar tanques y vehículos pesados se debe al miedo: los temibles misiles Kornet que posee la resistencia pueden destruir objetivos blindados a una distancia de cinco a siete kilómetros, lo que hace que cualquier avance blindado sea arriesgado.
Esta vacilación ha dejado a la infantería sin apoyo suficiente, lo que limita su profundidad operativa. Al operar en grupos muy unidos de nueve a once soldados, temen ser capturados, y este movimiento deliberado y cuidadoso los ha convertido en blancos más fáciles para la resistencia, que ha aprovechado cada oportunidad para atacar, causando más pérdidas.
Limitaciones de la estrategia de Israel en el sur
A pesar de los continuos bombardeos aéreos y de artillería, la resistencia ha mantenido el control del frente, lanzando ataques con cohetes y artillería a través de la frontera. Muchos lugares clave han sido atacados repetidamente, lo que subraya su importancia estratégica para las operaciones del enemigo. Como resultado, el ejército israelí no ha logrado ocupar ni una sola aldea en el sur del Líbano. Las aldeas a lo largo de la frontera han sufrido una destrucción extensa –la mayoría de sus casas reducidas a escombros de una manera que ignora descaradamente el derecho internacional, incluidos los principios del derecho humanitario–, pero la ocupación y el control han permanecido fuera del alcance de Israel.
La legendaria determinación de la resistencia ha enviado un mensaje claro: la decisión militar no es posible aquí. Cualquier avance en el Líbano tendrá un costo tremendo, e incluso si se logra, mantener el control será casi imposible.
La historia está llena de dolorosos recuerdos de las pasadas incursiones de Israel en el sur, y parece que están destinados a aprender esa lección una vez más.
Una de las características más llamativas de esta confrontación actual es el uso estratégico de drones por parte de la resistencia. Estos drones han demostrado ser notablemente eficaces para infiltrarse en el espacio aéreo israelí, esquivando sistemas de defensa modernos como la Cúpula de Hierro y la Honda de David.
La Fuerza Aérea israelí ha tenido dificultades para hacer frente a estas pequeñas y flexibles amenazas aéreas, sin poder interceptarlas a pesar de múltiples intentos. Este nuevo factor ha reconfigurado el campo de batalla, presentando un desafío significativo para Tel Aviv.
Los drones se han convertido en armas estratégicas. Su impacto se siente no solo tácticamente sino también políticamente, ya que continúan sobrevolando lugares estratégicos, burlando las defensas y aterrizando donde les place, incluida la casa del Primer Ministro Benjamin Netanyahu y una base militar cerca del Aeropuerto Ben Gurion.
Un estado de inseguridad persistente
Aunque las maniobras terrestres de Israel han fallado, el país ha tratado de compensar estos reveses con el dominio aéreo. Los intensos ataques aéreos y los esfuerzos para detener las incursiones de los drones han trasladado gran parte de la batalla a los cielos.Sin embargo, a pesar de su poder destructivo, las operaciones aéreas no han alterado las realidades sobre el terreno. La seguridad sigue siendo difícil de alcanzar para Israel, especialmente en el norte, ya que los colonos todavía a se niegan regresar a “casa”, un objetivo clave declarado por Tel Aviv en su guerra contra el Líbano.
De hecho, la ecuación de “falta de seguridad” es válida en ambos lados de la frontera. Mientras el Líbano sufre la destrucción de sus hogares y su patrimonio, Israel se enfrenta a una inseguridad diferente, aunque no menos impactante.
La lluvia constante de cohetes y la persistente presencia de drones han destrozado la sensación de seguridad en las ciudades, bases, granjas y cuarteles israelíes. Al parecer, la estabilidad sólo volverá cuando Israel esté dispuesto a volver a comprometerse con los términos de la Resolución 1701 de la ONU.
Esta es la cruda realidad sobre el terreno. Los defensores del sur del Líbano han demostrado resiliencia y fuerza, mientras que la campaña de Israel, a pesar del apoyo de Estados Unidos y de una potencia de fuego superior, se ha visto limitada por la resiliencia de sus oponentes y la dinámica en constante evolución de la guerra moderna.


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