Publicado originalmente
en +972 Magazine
(es una
agencia de noticias israelí de izquierda fundada en 2010)
en colaboración con Local Call
el 11/11/2024
Versión al español Zyanya Mariana
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| Benjamin Netanyahu le habla a la prensa en una conferencia en Jerusalén, septiembre 2 y 2024 |
La historia
no tan secreta del apoyo de Netanyahu a Hamás
Ghousoon Bisharat
Desde sabotear Oslo hasta canalizar
dinero qatarí hacia Gaza, Bibi ha dedicado su carrera en apoyar a Hamás como una forma de ayudar a perpetuar el conflicto. Incluso después del 7 de octubre, sostiene el
historiador Adam Raz, sigue aplicando la misma estrategia.
El libro de Raz, publicado en mayo de este año, arroja luz sobre una política
controvertida según la cual los gobiernos de Netanyahu durante años aprobaron y
alentaron rutinariamente la transferencia de fondos qataríes a Gaza para
apuntalar a Hamás. Si bien señaló que los medios israelíes han dedicado más
atención a esta política después del 7 de octubre, Raz dijo a +972 que esto es
"solo una pequeña parte de un panorama más amplio", que tiene sus
raíces en la oposición más amplia de Netanyahu a una resolución justa del
conflicto. "La gente necesita comprender el alcance total de la estrategia
de Netanyahu", dijo.
Según Raz,
que también trabaja como investigador en el Instituto Akevot para la
Investigación del Conflicto Israelí-Palestino, la prioridad de Netanyahu no es
mantener la seguridad de Israel, sino más bien evitar cualquier posibilidad
real de resolver el conflicto a través de la división de la tierra, el fin de
la ocupación o una solución de dos estados. El hecho de que el flujo de dinero
hacia Hamás sirviera para lograr ese objetivo, al garantizar que el movimiento
nacional palestino permaneciera dividido entre Hamás en Gaza y la Autoridad
Palestina (AP) controlada por Fatah en Cisjordania, le permitió a Israel
mantener su dominio sobre todo el territorio. Incluso después de los
devastadores acontecimientos del 7 de octubre, Raz advierte que el manual de
Netanyahu sigue siendo el mismo.
Este libro
no es una lección de historia sobre el conflicto, enfatiza Raz, sino más bien
una exploración contundente de una alianza política que continúa degradando el
tejido moral de Israel. “Yo no escribí este libro, lo grité en las páginas”,
dijo.
Hablé con
Raz sobre la larga historia de la relación simbiótica de Netanyahu con Hamás y
su líder recientemente asesinado Yahya Sinwar; por qué la guerra actual
representa una continuación, y no una ruptura, de la estrategia del primer
ministro con respecto a los palestinos en su conjunto; y por qué incluso
después de más de un año de guerra y la muerte de Sinwar, para Netanyahu poco
ha cambiado. La entrevista ha sido editada para mayor brevedad y claridad.
Mientras
leía su libro, no pude evitar la sensación de que está un poco obsesionado con
Netanyahu: como si en Israel no hubiera élites políticas ni de seguridad, ni intereses
de seguridad nacional, ni opinión pública, ni medios de comunicación. Escribe
como si se tratara sólo de Bibilandia. Como palestino, esto parece una forma de
quitarle la culpa a otros que toman las decisiones y a la sociedad israelí en
general y, en cambio, atribuirla exclusivamente a Netanyahu.
Este es un
libro sobre Netanyahu. No me propuse escribir la historia de la ocupación bajo
el gobierno de Netanyahu, la historia de Hamás o la colisión entre los dos
movimientos nacionales. Es la historia de la relación entre Netanyahu y Sinwar.
Estoy tratando de entender la motivación de los dos actores más importantes en
este juego, que han estado sosteniendo a sus sociedades por el cuello.
Israel es la
tierra de Bibi. Sea lo que sea lo que esté en juego en Israel, ya sean los
palestinos, el acuerdo nuclear con Irán o cualquier otra cuestión de política
exterior, todo está en manos de Netanyahu. En mi libro se puede leer cómo llegó
a ser así y cómo Bibi cambió la política israelí. Es cierto que el
establishment de seguridad estaba en contra de la política de Netanyahu hacia
Hamás, pero en cada encrucijada crucial en la que se enfrentó a ellos,
Netanyahu ganó.
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| El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, visita una base militar cerca de la ciudad de Jenin, en Cisjordania, el 4 de julio de 2023. (Shir Torem/Flash90) |
Uno de los argumentos centrales de su libro es que la oposición de Netanyahu
a un Estado palestino es el pilar principal de su política hacia los
palestinos. ¿Cómo influyó esta política en su relación con Hamás, desde la
década de 1990?
Netanyahu es
el principal opositor a una solución de dos Estados. En términos generales,
Fatah y la OLP están a favor de esta solución, mientras que Hamás está en
contra, lo que significa que en este punto tan crucial los intereses de
Netanyahu y Hamás coinciden. Así pues, desde 1996 [cuando fue elegido primer
ministro por primera vez], y especialmente desde su segundo mandato en el cargo
a partir de 2009, Netanyahu ha estado trabajando arduamente para fortalecer a
Hamás.
Desde la firma inicial de los Acuerdos de Oslo en 1993 hasta el asesinato del
Primer Ministro Yitzhak Rabin en 1995 [por un israelí que se oponía al proceso
de paz], la OLP e Israel trabajaron juntos contra la influencia del
fundamentalismo judío e islámico. Hubo una especie de acuerdo informal de no
construir nuevos asentamientos en Cisjordania y de definir dónde podrían
expandirse los asentamientos que ya existían. Esto marcó un cambio con respecto
al gobierno de [Yitzhak] Shamir [que precedió a Rabin], que supervisaba la
construcción de aproximadamente 7.000 unidades de vivienda [en asentamientos]
por año.
Una de las
primeras cosas que hizo Netanyahu como Primer Ministro [en 1996] fue aprobar la
construcción del barrio de Har Homa en Jerusalén Este. Durante su primer
mandato en el cargo, se construyeron 24 nuevos asentamientos en los territorios
ocupados. Por supuesto, bajo Rabin, los israelíes siguieron expandiendo los
asentamientos, pero esto era algo con lo que los negociadores palestinos
pensaban que podían vivir.
La segunda medida importante que adoptó Netanyahu fue la apertura de los
túneles del Muro Occidental en la Ciudad Vieja de Jerusalén, lo que desencadenó
los primeros enfrentamientos violentos entre palestinos y el ejército israelí
desde que comenzó el proceso de Oslo. Durante el gobierno de Rabin se había
hablado de ello, ya que se había planeado abrir los túneles en coordinación con
el Waqf musulmán y los jordanos a cambio de que el Waqf recibiera el control de
los Establos de Salomón (una zona del complejo de Al-Aqsa/Monte del Templo).
Sin embargo, Netanyahu decidió hacer caso omiso de estas recomendaciones y
hacer cambios unilaterales en uno de los lugares más sensibles y sagrados para
las tres religiones abrahámicas.
Era evidente
que esto conduciría a una crisis, y eso fue exactamente lo que ocurrió.
Netanyahu decidió abrir los túneles por su propia cuenta, sin informar al
gobierno ni a las fuerzas de seguridad. Los altos mandos de seguridad y el
personal militar se enteraron por la radio. Las protestas que siguieron a la apertura
de los túneles en Jerusalén Oriental, Cisjordania y la Franja de Gaza
resultaron en la muerte de 59 palestinos y 16 israelíes.
La tercera medida importante que tomó Netanyahu, que también fue en contra del
consejo de los servicios de seguridad, fue retirar la solicitud de extradición
de Israel contra el jefe del buró político de Hamás, Mousa Abu Marzouq (el
líder del ala radical del movimiento en aquel momento, que abogaba por la
continuación de la resistencia armada, y la figura más importante de Hamás
fuera de Gaza). Esa solicitud había sido aprobada por Rabin después de que Abu
Marzouq fuera arrestado mientras se encontraba en los Estados Unidos en 1995.
La decisión de Netanyahu de retirarla (y así evitar que Abu Marzouq fuera
juzgado en Israel) se produjo en un momento en que muchos dirigentes de Hamás,
incluido el fundador del movimiento, el jeque Ahmed Yassin, estaban en cárceles
israelíes y había un debate interno en curso sobre la manera correcta de
continuar la lucha.
Estos tres acontecimientos fortalecieron a Hamás y a la gente que quería ver el
conflicto como un conflicto religioso.
En su libro, usted menciona varias ocasiones en las que Netanyahu expresó públicamente su apoyo a algún tipo de Estado palestino, incluida la firma del Memorándum de Wye River en octubre de 1998, el famoso “discurso de Bar Ilan” en junio de 2009, su discurso en el Congreso en mayo de 2011 y su apoyo al “Acuerdo del Siglo” de Trump en 2019-20. ¿Cómo le da sentido a todo esto?
Cada vez que
habló de ello públicamente, había una razón para hacerlo. Tomemos como ejemplo
su discurso de Bar Ilan, que fue el ejemplo más conocido de Netanyahu
“aceptando” la solución de dos Estados. Esto tuvo un aspecto de política
exterior: fue poco tiempo después de que Barack Obama asumiera el cargo, y
justo después del famoso discurso de Obama en El Cairo.
Y tuvo un aspecto interno: en ese entonces, Netanyahu estaba tratando de
construir una coalición con el centro-izquierda. Pero en mi libro se puede leer
que el diplomático estadounidense, Martin Indyk, entendió que era una estafa.
Hay diferentes razones y motivaciones por las que habló a favor de dividir la
tierra cada vez. Pero como historiador político, mi metodología no es sólo
mirar lo que dicen los políticos, sino lo que hacen.
¿Cómo siguió
Netanyahu fortaleciendo a Hamás cuando regresó al poder en 2009?
Desde que
regresó al poder, Netanyahu se ha resistido a cualquier intento, ya sea militar
o diplomático, que pudiera poner fin al régimen de Hamás en Gaza.
Hasta 2009,
el ejército israelí, junto con la Autoridad Palestina, estaba tratando de
eliminar el poder del movimiento en los territorios ocupados. Entonces,
Netanyahu dio una orden para detener la cooperación entre el ejército israelí y
las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina en su lucha contra Hamás.
Todas las demás formas de coordinación de seguridad continuaron, pero este
aspecto específico cesó. A partir de entonces, Netanyahu aplicó una política de
no negociar con los palestinos bajo el pretexto de que su liderazgo está
dividido, mientras que al mismo tiempo trató de socavar todo intento de
conversaciones de reconciliación entre Hamás y la AP.
Avanzamos rápidamente hasta 2018, cuando el presidente de la AP, Mahmoud Abbas,
dejó de transferir dinero a Gaza por completo, dejando a Hamás al borde del
colapso. En lugar de permitir que la AP regresara a Gaza [después de que Hamás
la expulsara en 2006, tras las elecciones], Netanyahu salvó a Hamás permitiendo
la entrada de maletas llenas de dinero en efectivo desde Qatar. En realidad, él
fue el cerebro y el arquitecto de esta transferencia de dinero al estilo
mafioso.
¿La
transferencia de dinero qatarí a Gaza comenzó recién en 2018?
En realidad,
Qatar comenzó a transferir dinero a Hamás en 2012, aunque se hacía a través de
transferencias bancarias y se trataba de cantidades muy pequeñas. Esto cambió
fundamentalmente en 2018, cuando Netanyahu persuadió a su gabinete para que
aprobara transferencias más grandes y cambiara el mecanismo de transferencia a
efectivo. Después de eso, un automóvil que transportaba maletas llenas de casi
30 millones de dólares en efectivo pasaría por el cruce de Rafah todos los
meses desde el verano de 2018 hasta octubre de 2023.
Hasta donde sabemos, la mayoría de los estamentos de seguridad se opusieron a
esta medida, pero era muy importante para Netanyahu y la logró. Las actas de
esa reunión del gabinete no están y tal vez nunca estén abiertas al público,
pero está claro que se trató de una medida diseñada para debilitar a la
Autoridad Palestina.
En su libro, menciona un mensaje que Sinwar envió a Netanyahu poco después
de que comenzaran las grandes transferencias. ¿Puede explicar de qué se
trataba?
Israel y
Hamás no se comunicaron oficialmente, pero sí mantuvieron conversaciones
secretas sobre lo que Israel llama la “hasdara”, o el acuerdo por el cual
Israel permitió que el dinero qatarí fluyera hacia Gaza. En 2018, después de
que las maletas comenzaran a llegar, el representante israelí en estas
conversaciones, el entonces asesor de seguridad nacional Meir Ben-Shabbat,
recibió una nota en hebreo de Sinwar dirigida a Netanyahu, que se titulaba
“Riesgo calculado”.
Recuerdo que
me quedé asombrado al leer sobre ello cuando la nota se publicó
en los medios israelíes [en 2022]. ¿Por qué el líder de Hamás le escribiría al
primer ministro israelí y por qué eligió estas palabras específicas? ¿Qué es el
“riesgo”?
Fue una decisión muy inteligente, porque tanto Sinwar como Netanyahu asumieron
un riesgo calculado con este acuerdo [para seguir debilitando a la AP y
eliminar la posibilidad de una solución negociada]. Netanyahu sabía que Hamás
no iba a utilizar el dinero para el bienestar de los niños de Gaza ni para
modernizar la Franja, sino para construir túneles y comprar armas, convirtiendo
a Gaza en un Estado espartano en guerra con Israel. Sin embargo, lo hizo con el
objetivo de eliminar la posibilidad de una solución de dos Estados.
El estamento
de seguridad israelí advirtió repetidamente a Netanyahu que Hamás se estaba
preparando para la siguiente ronda de combates. A lo largo de 2023, recibió una
serie de advertencias específicas
de que Hamás estaba planeando lanzar un ataque contra Israel para matar y
secuestrar personas. Pero nadie, incluido Netanyahu, pensó que sería tan grande
como lo fue.
En agosto de
2023, cuando los israelíes se manifestaban contra la reforma judicial, los palestinos de Gaza se manifestaban contra Hamás.
Sinwar temía perder el poder en Gaza, por lo que Hamás reprimió las protestas
con palos y armas. Las encuestas de opinión pública realizadas en septiembre y octubre de 2023 en Gaza mostraron
que más del 50 por ciento estaba a favor de la solución de dos Estados. Esto
significa que Hamás había fracasado: a pesar de que la mitad de la población de
Gaza vive la mayor parte de su vida bajo su doctrina fundamentalista, la
mayoría seguía estando a favor de dividir la tierra.
Con el ataque del 7 de octubre, Sinwar ayudó a Netanyahu eliminando toda
oposición a su gobierno dentro de Israel y la posibilidad de conversaciones de
paz en un futuro cercano. Sinwar sabía que Hamás no iba a conquistar Israel el
7 de octubre; no creía que estuviera iniciando una guerra para eliminar el
proyecto sionista. Era una demostración de fuerza. Y sabía cuál sería la
respuesta.
La mayoría
de los palestinos ven a Hamás como un movimiento de resistencia y una parte
integral de la vida política palestina, lo apoyen o no personalmente. En su
libro, usted llama a Hamás el enemigo del movimiento nacional palestino. ¿No es
esto un poco condescendiente?
Creo que Hamás
es parte, tal vez incluso una gran parte, del movimiento nacional palestino.
Pero creo que es el enemigo del segmento dentro del movimiento nacional
palestino que quiere poner fin al conflicto y a la ocupación.
Incluso dentro de Hamás se encuentran diferentes enfoques y puntos de vista. No
es una organización monolítica. En los últimos años, ha habido un debate sobre
la forma en que la organización debe continuar su lucha y con quién alinearse:
Egipto, Irán, Turquía o Qatar. Sinwar, que era un político racional, no es
sinónimo de Hamás, al igual que Netanyahu no es sinónimo de Likud.
![]() |
| El
difunto líder de Hamás, Yahya Sinwar, asiste al funeral del alto
comandante militar Mazen Faqha en la ciudad de Gaza, Franja de Gaza, el
25 de marzo de 2017. (Wissam Nassar / Flash90) |
Pero Sinwar
estaba dispuesto a poner en riesgo las vidas de más de 2 millones de habitantes
de Gaza. Trata con la muerte. Ha habido muchas citas de altos funcionarios de
Hamás que explican que se espera que los habitantes de Gaza derramen su sangre
por la causa palestina. Cuando Sinwar dijo [en 2022] que un buen palestino es
aquel que agarra un cuchillo y apuñala a un judío, no creía que ese fuera el
camino para poner fin al proyecto sionista. Sabía que tales acciones harían que
el conflicto fuera aún más arraigado y permanente. Está claro que Sinwar era un
enemigo de todos los que valoran la justicia y la paz.
En la segunda parte del libro, titulada “El Estado paria: en los primeros
días de los combates en Gaza”, usted dice que la actual ofensiva israelí es la
continuación de la política de Netanyahu. ¿Puede explicarnos más sobre esto?
Creo que
para entender la guerra hay que entender sus primeros 20 días. Fue la
“dresdenización”[1] de Gaza: una campaña de bombardeos aéreos antes de que
comenzara la operación terrestre.
En la tarde
del 7 de octubre, Netanyahu pronunció su primer discurso a la nación, durante
el cual dijo –utilizando un término bíblico– que Israel iba a convertir Gaza “en
escombros”. Se dice que el primer ministro le dijo a Biden en esa época, quien
expresó sus reservas, que Israel va a hacer lo que los estadounidenses hicieron
en Japón y Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, es decir, una campaña
estratégica de bombardeo de ciudades enteras.
Esta "dresdenización" no respondía a ninguna lógica política o estratégica: no
tenía en cuenta el futuro de las relaciones entre las naciones. Durante esos
primeros 20 días, los combatientes de Hamás y la dirigencia del movimiento
estaban en túneles subterráneos; la Fuerza Aérea israelí bombardeó a miles de civiles inocentes.
No ayudó a Israel a hacerse con el control de Gaza y dificultó la liberación de los rehenes.
Sirvió a la lógica de la venganza, que es la lógica de Sinwar y Netanyahu.
La
"dresdenización" de Gaza ayudó a Netanyahu. Con ella, recibió la aprobación de la
gran mayoría de la sociedad israelí, y esto es una mancha en la sociedad judía
israelí. Fue una masacre, un genocidio, un crimen contra la humanidad —no creo que
la palabra sea importante— y este crimen ayudó a Netanyahu a eliminar la
oposición interna. En el plano interno, la política de Netanyahu convirtió al
público israelí en cómplice del crimen.
| Se observa una destrucción masiva en el popular distrito de Al-Rimal de la ciudad de Gaza después de que fuera blanco de ataques aéreos llevados a cabo por el ejército colonial israelí, el 10 de octubre de 2023. (Mohammed Zaanoun) |
¿Y cuál es la política de Netanyahu hacia Hamás ahora, después de más de un
año de guerra y la muerte de Sinwar?
Creo que la
política de Netanyahu hoy sigue siendo la misma que antes de la guerra. Está
tratando de fortalecer a Hamás, o más precisamente, el interés que Hamás
representa, es decir, debilitar el apoyo a una solución de dos estados y
mantenernos a todos en un estado de guerra interminable. Sinwar y Hamás no eran
el tema principal para él; su interés central es la guerra interminable, y
Hamás era una herramienta para mantener el conflicto mientras Israel tenga la
sartén por el mango.
Entre la
izquierda israelí, especialmente la izquierda sionista, mucha gente dice ahora
que, después del 7 de octubre, la “concepción” [la palabra utilizada para
describir la política de Israel de mantener a Hamás en el poder mientras
limitaba sus capacidades militares] ha demostrado ser un fracaso. Trato de
explicar que la “concepción” funcionó. No creo que haya cambiado nada
fundamental desde el 7 de octubre; Las hojas de cálculo de las víctimas se han
vuelto mucho más largas, especialmente entre los palestinos, pero no creo que
haya cambiado algo fundamental.
Hamás es una ideología profundamente arraigada en el panorama social y político
de la región. Su política está impulsada por las realidades sobre el terreno.
La retórica de “destruir a Hamás” y las afirmaciones de Netanyahu de lograr una
“victoria total” son sólo propaganda para el público. La cuestión clave no es
cuántas armas existen en Gaza –siempre habrá más– sino más bien las condiciones
sociales y políticas que prevalecen allí. No cuántos fusiles Kalashnikov hay,
sino si la gente está dispuesta a usarlos.
[Después del
año pasado,] estamos hablando de tal vez 20-25 años de reconstrucción en Gaza,
lo que significa que dos generaciones de niños en Gaza crecerán en tiendas de
campaña y campos de refugiados. No tendrán la oportunidad de aprender poesía e
informática; en cambio, lucharán por la supervivencia básica: comida, una
habitación cálida, una cama blanda. Miles de niños nunca sentirán el abrazo de
sus padres. Es desgarrador. Estas son las condiciones que alimentan la
resistencia y perpetúan la segregación. Las oficinas de reclutamiento de Hamás
seguirán más ocupadas que nunca.
Creo que se ha logrado una de las cosas que querían Sinwar y Netanyahu: el
apoyo a la solución de dos Estados se encuentra en los niveles más bajos de la
historia de este conflicto en ambos bandos. Ahora, la pregunta es qué ocurrirá
en Ramallah: ¿cuál es el plan de la Autoridad Palestina y la OLP?
¿Cómo
caracterizaría el impacto de la guerra en la sociedad israelí?
En la
segunda parte del libro, traté de abordar la cuestión de la moralidad y lo que
ocurrió con los valores de los israelíes judíos. Busqué comprender la conexión
entre la estrategia de la venganza y la estrategia de la negación.
Desde el 7 de octubre, Israel ha estado cometiendo múltiples crímenes de guerra
en Gaza, que los soldados están fotografiando, filmando y publicando en todas
las redes sociales. Vi la foto de dos soldados que bombardearon el Archivo
Central de la Ciudad de Gaza solo por diversión, lo que me dejó una marca porque
paso la mayor parte de mi tiempo en archivos. Se puede ver que hay una política
de hambre, hay una política de bombardeo indiscriminado, hay una política de
tortura.
La gente
sabe, pero no sabe: esta es la estrategia de negación. La mayoría de los israelíes
no leen Haaretz o Local Call (+972 sitio asociado en idioma hebreo), pero
podrían ir a las redes sociales o visitar cualquier medio internacional. Me
sorprendió, durante la campaña de bombardeos al comienzo de la guerra, cómo la
gente simplemente cerró los ojos. Pero la negación es muy importante para
nosotros, el "pueblo elegido", para otorgar legitimidad a lo que
estamos haciendo en Gaza y lo que no estamos haciendo por los rehenes.
Creo que casi 60 años de ocupación han cambiado el corazón del israelí medio.
Yeshayahu Leibowitz, el intelectual judío ortodoxo y profesor de la Universidad
Hebrea, dijo ya en 1968 que la ocupación es una fuerza corruptora. La ocupación
nos ha corrompido verdaderamente.
Cuando
terminó la Segunda Guerra Mundial en 1945, se abrieron los campos [de
concentración] y el mundo quedó expuesto a la forma más brutal de exterminio de
la historia. Creo que algo así ocurrirá cuando se abran las puertas de Gaza.
Cuando eso ocurra, el público israelí tendrá que decidir qué camino va a tomar:
la responsabilidad o la negación. Creo que elegirán la negación. Y por eso creo
que Netanyahu ganó la guerra.
[1] Dresden era una ciudad de Alemania que durante la Segunda Guerra europea fue bombardeada por los aliados hasta su destrucción total. A partir de ello se acuñó la palabra, dresdenización, es decir, la destrucción total y absoluta de una ciudad. (nota de ZM)
| FRANK BARAT ENTREVISTA A |
CATHERINE CHARRETT:
"Las cosas podrían haber sido diferentes si la UE hubiera decidido colaborar con Hamás".
"Las cosas podrían haber sido diferentes si la UE hubiera decidido colaborar con Hamás".
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