lunes, 7 de abril de 2025

344. DARIO RED/ Houria Bouteldja/ “El valor de los pueblos blancos en el mundo decae, de ahí llega el fascismo”: PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA

 

Publicado originalmente
y en Diario Red 
(Canal de noticias español, dirigido por Pablo Iglesias Turrión, inaugurado en marzo de 2023) 
el 3/3/2025

Houria Bouteldja



Houria Bouteldja : “El valor de los pueblos blancos en el mundo decae, de ahí llega el fascismo”


La emblemática activista e intelectual de la lucha decolonial en Francia considera que la alianza entre el proletariado blanco y las poblaciones originarias de la inmigración post colonial es la única solución que puede adoptar la izquierda para parar a la ultraderecha


Figura intelectual y política francesa de origen argelina, Houria Bouteldja se dio a conocer por su activismo decolonial y por su denuncia implacable de la islamofobia y de la colonización de Palestina. Teórica decolonial y antiimperialista, Bouteldja se convirtió en el coco de la ultraderecha, pero también de una parte de la izquierda, que no le perdona su crítica al modelo republicano francés y a sus raíces coloniales. Ante el auge actual del fascismo, Bouteldja, en su último libro “Patanes y bárbaros – la cuestión del nosotros” (ediciones AKAL), aboga por un amor revolucionario que una al proletariado blanco (“los patanes”) con el proletariado del resto del mundo (“los bárbaros”) para parar la ruta hacia el fascismo de los países occidentales. ¿Revolucionaria o utopista? En esta entrevista, Bouteldja desarrolla su tesis y responde a las críticas que se le suele oponer.

¿Denuncia usted la "supremacía blanca" en el mundo actual? ¿En qué consiste? ¿Cuáles son sus mecanismos y su historia?

Aunque la blanquitud está ligada al color de piel de los pueblos colonizadores, no se reduce a ello. La noción de "raza blanca" surgió como una construcción social, una oposición entre los pueblos europeos y los pueblos indígenas y colonizados, esclavizados y exterminados a partir de la conquista de América por España. La blanquitud es, por tanto, una relación de dominación y poder.

Se suele decir que comienza en 1492, con el inicio de la colonización de América: esto es cierto, pero reduccionista. En realidad, a partir de esa fecha, la blanquitud tardó más de 200 años en construirse y consolidarse. Considero que la caza de esclavos iniciada por los europeos en África en el siglo XVI era, en sus inicios, más un acto de crueldad compartido con otras civilizaciones que un acto racista. Pero el desarrollo del capitalismo cambió las reglas del juego: de una relación de crueldad, se pasó a una relación de dominación absoluta, donde incluso se negaba la humanidad de los pueblos esclavizados. Los indígenas de América y los negros de África fueron excluidos del círculo de la especie humana y entregados sin límites a la explotación capitalista. Este pecado original está arraigado en el ADN de los Estados-nación occidentales.

La segunda fase del desarrollo de la blanquitud es la alianza espontánea entre el proletariado europeo —blanco— y la burguesía nacional para beneficiarse de la explotación de los pueblos indígenas del sur. La blanquitud hizo imposible la construcción de un bloque histórico entre el proletariado blanco y los pueblos colonizados o esclavizados. La lucha de clases en los países occidentales se vacía de contenido y se vuelve incluso contrarrevolucionaria. ¿Cómo explicarlo? Como señala el marxista italiano Domenico Losurdo, el imperialismo y su renta produjeron la "igualdad entre los blancos": la lucha de clases, aunque real, está limitada por la renta imperialista, cuyo reparto es objeto de un acuerdo entre la burguesía y el proletariado blanco. Muchos de los derechos sociales y políticos en las democracias occidentales forman parte de este reparto, como bien señaló Lenin en su época, quien entendía la naturaleza imperialista de los movimientos llamados "progresistas" de Europa Occidental, especialmente la socialdemocracia.

Esta blanquitud es, por tanto, el producto de la expansión colonial, la globalización y la enorme acumulación de capital en los Estados occidentales. Podemos afirmar que los Estados modernos occidentales se construyeron sobre la noción de raza y desarrollaron tipos de blanquitud diferentes a nivel nacional, según sus intereses propios y las necesidades propias a su "pacto racial" entre la burgesia y su proletariado blanco. Los estadounidenses son, en resumen, "grandes blancos" en la medida en que extraen la mayor plusvalía de la explotación capitalista mundial, mientras que los húngaros serían más bien "pequeños blancos" que recogen las migajas del Imperio, modestas pero suficientes para diferenciarlos de los pueblos del sur.

¿Por qué considera usted que la controversia de Valladolid es un momento fundamental en la definición de la "blanquitud"?

Considero la controversia de Valladolid, donde se debatió la pertenencia a la humanidad de los indios de América, un pueblo no blanco, como uno de los momentos fundamentales en la construcción de la blanquitud.

De esta controversia surgen dos interpretaciones que determinarán la relación de los Estados blancos con el resto del mundo no blanco: la primera es la de Sepúlveda, quien considera que los amerindios no son humanos y, por tanto, deben ser esclavizados o masacrados; la segunda, la de Las Casas, se basa en una relación cristiana teñida de piedad hacia estas poblaciones, sin reconocer plenamente su humanidad. La posición de Las Casas, que ve a los indígenas como víctimas a civilizar y convertir, es la posición del antirracismo oficial y contemporáneo desarrollado en los Estados blancos, que yo considero como Estados raciales progresistas.

Si se observa bien, la cuestión de si los no occidentales tienen alma sigue planteándose hoy. Adopta otras formas, como: ¿es el islam compatible con nuestras sociedades occidentales? ¿Son los musulmanes salvajes a deportar o personas a "humanizar" integrándolas en nuestras sociedades? En ambos casos, los musulmanes no son realmente humanos: estas dos preguntas reflejan la misma lógica de dominación racial.

¿No se podría argumentar que los Estados occidentales ya no son racistas, ya que dicen luchar contra las discriminaciones y promover a las minorías no blancas en su seno?

Siempre hay que tener una concepción materialista del poder. Los Estados raciales naturalistas corresponden al momento de la colonización y la esclavitud, que mantienen la inferioridad racial y cultural de las poblaciones no blancas. El Estado racial naturalista es la época de los genocidios, las masacres masivas, el colonialismo y la esclavitud.

Sin embargo, estos Estados tuvieron que enfrentarse a las resistencias de los pueblos del Sur y a sus luchas descoloniales: el declive colonial obligó a un reajuste de visión, y por tanto al paso al Estado racial progresista, a una nueva relación de dominación respecto a las poblaciones no blancas, despojada de los excesos del racismo naturalista. Esto no se hizo por razones humanistas, sino para preservar mejor las herramientas de dominación de los países occidentales: el capitalismo, el imperialismo y la globalización. El colonialismo de poblamiento ha desaparecido, hemos entrado en la era del poscolonialismo y de una globalización dominada por los países occidentales.

Usted señala que el proletariado blanco está actualmente desclasado y abandonado por su burguesía. ¿El "pacto racial" que usted denuncia está en crisis?

La fragilización del pacto racial entre blancos se explica por la debilitación de la posición de los países occidentales frente a la competencia entre potencias: los países del BRICS exigen ahora su parte de la tarta bajo la forma del capitalismo, aumentando la presión sobre las sociedades occidentales. Hay, por tanto, un declive en el valor de los pueblos blancos a escala mundial; el pacto social "burguesía-proletariado blanco" se debilita. Para paliar este declive, la tentación de reforzar el pacto racial mediante el fascismo es grande, especialmente cuando el pacto social está amenazado.

Esta es la estrategia de políticos liberales como Macron, que entregan el poder a la extrema derecha: se trata de mantener el vínculo entre el proletariado blanco y la burguesía mediante el racismo. La burguesía lo sabe y teme la alianza entre proletarios blancos e inmigrantes no blancos entorno a sus intereses de clase, lo que explica la actual escalada de la extrema derecha. La burguesía intenta ofrecer una mejor oferta que la alianza con los pueblos no blancos, con recompensas materiales: un Estado social limitado por la preferencia nacional, priorización de los blancos en el empleo, un trato más duro hacia los países del sur en la globalización, etc.

¿Apuesta usted por un "amor revolucionario" entre el proletariado blanco y el proletariado no blanco e inmigrante para derrocar la dominación burguesa? ¿Por qué este amor no florece hoy?

Nada en el corto plazo puede hacer que este encuentro ocurra. Para que haya encuentro, hay que iniciar una dinámica. Los blancos son hoy los más problemáticos, ya que corren el riesgo de virar hacia la extrema derecha. Por tanto, hay que satisfacer sus necesidades morales y materiales. Desde mi punto de vista, la ausencia de nación reduce el poder de los blancos como ciudadanos e individuos: la Unión Europea se erige como un adversario evidente, apoyado por la burguesía y odiado por las clases populares.

Hay que devolver el poder a las clases populares blancas, lo que implica deshacerse de la restricción europea. En esta dinámica de búsqueda de dignidad, podemos encontrarnos, ya que tenemos las mismas necesidades sociales. Pero aún hay que iniciar esta dinámica. Me burlo de las virtudes de la educación moral, del tipo "el racismo está mal": la izquierda debe ser útil y captar las necesidades materiales del pueblo. La desaparición de los afectos negativos y racistas de los pequeños blancos pasará por otorgarles poder, no por discursos moralizantes.


«Patanes y bárbaros, la apuesta del nosotros » - Houria Bouteldja - AKAL


Usted señala que, para hablarle al proletariado, a los “patanes blancos” o “bárbaros de color”, hay que dirigirse a sus necesidades afectivas: la necesidad de nación y el respeto a las "masculinidades no hegemónicas". Estas propuestas se distinguen de lo que se defiende en la izquierda.

Y, sin embargo, la izquierda debe defender la nación. Mire la situación actual: la burguesía, la derecha y los fascistas están a punto de traicionar una vez más la nación, sumiéndose en dominaciones europeas y estadounidenses, convirtiéndonos en satrapías de Donald Trump. La burguesía nunca ha sido patriota y se vio obligada a aceptar la nación por la lucha de clases que ejerce contra el proletariado. Como señaló Poulantzas, la nación es un compromiso que la burguesía blanca ya no quiere asumir en un momento de disminución del valor de los pueblos blancos.

En cuanto a la masculinidad, también desarrollo una visión materialista: no es una esencia, sino un producto de las relaciones sociales. En el proletariado, blanco o no, existe una masculinidad que se manifiesta en la valorización de la fuerza física bajo la forma de la virilidad. Esta tendencia, mayoritariamente masculina, también se encuentra a veces en las mujeres. ¿Es algo bueno o malo? Personalmente, podría pensar que esto es malo, pero da igual, es un hecho social: cuando se está desposeído de capital económico o cultural, como señalaba Pierre Bourdieu, se tiende a valorizar la fuerza física.

Es evidente que la alienación moral, cultural y económica de los proletarios blancos, y también de los no blancos, los lleva a usar esta fuerza para oprimir a las mujeres. ¿Podría ser de otra manera? Valoricemos lo que, en el fondo, hace que los proletarios blancos y no blancos se sientan orgullosos, para sacarlos de su alienación destructiva: ¿incluso esta fuerza física, tan valorizada por el proletariado, podría reorientarse contra el Estado o para golpear a los fascistas en la calle? Esta masculinidad potencialmente violenta debe compensarse con poder: tener un trabajo decente, un papel político, recuperar el control sobre sus vidas, etc.

¿Cree usted que, mientras los países occidentales parecen caer en el fascismo, los países del sur salvarán al mundo?


Mientras Occidente se hunde en un destino fascista muy probable, los pueblos del Sur se han convertido en los principales actores de la historia política mundial.

Quiero destacar el ejemplo del pueblo palestino, que, con su heroísmo, contribuye a civilizar y humanizar el mundo. Su lucha encarnizada ha permitido la emergencia de la cuestión antiimperialista en el mundo occidental y ha reconfigurado el tablero político en el Norte. Políticamente, es ahora el Sur el que mueve al Norte: ya ocurrió tras las revoluciones árabes y la ola de las izquierdas sudamericanas. Los pueblos del Norte son estructuralmente más conservadores, ya que tienen interés en mantener el statu quo.

Evidentemente, los países del Sur suelen estar dirigidos por dictaduras, y el desarrollo capitalista feroz, destinado a lavar la humillación del colonialismo, agrava esta tendencia: India ha caído en una forma de fascismo étnico en nombre de un supremacismo hindú; los países árabes son mayoritariamente dictaduras, aunque no fascistas, ya que carecen de voluntad supremacista. El fracaso de las vías socialistas, el entusiasmo decayente por la descolonización y el papel de las oligarquías del Sur como clase corrupta y vendida a la globalización refuerzan esta tendencia al autoritarismo.



ÍNDICE:

PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR
EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA

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