sábado, 19 de abril de 2025

356. Zyanya Mariana/ Fragmentos personales de un genocidio anunciado/ Arios, semitas e imaginarios: PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA

Publicado originalmente
en
Facebook el 11/04/2025
y reeditado para Tariyata el 19 de abril

fukkatsusai [復活祭]: la última semana del mesías cristiano en la tierra según una estampa japonesa.

En Japón, el número de cristianos es inferior al 5%, pero para el 2030, China que no tiene relaciones con el vaticano, tendrá el mayor número de católicos en el mundo. Las religiones que migran, como los seres humanos, son atributos de las identidades, no pueblos.



Arios, semitas e imaginarios



Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la muerte es un maestro venido de
Alemania
te bebemos en la tarde y la mañana bebemos y bebemos
la muerte es un maestro venido de Alemania sus ojos son azules
te hiere con una bala de plomo con precisión te hiere
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
azuza contra nosotros sus mastines nos sepulta en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro venido
de Alemania
tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita

: Paul Celan

(Fragmento de Fuga de muerte, 1952
Traducción de de José Ángel Valente)


 
Quería escribir una nota larga y bien al respecto, pero no será posible (estoy en Sukhotai). Me conformaré con FB.

La escuela orientalista francesa, y posteriormente inglesa, tiene sus orígenes en la época de Luis XIV. En su momento eran tres o cuatro nobles, estudiosos y sabios, que se dedicaban a estudiar Oriente. Oriente era vasto, implicaba en el imaginario ilustrado todo aquello que abarcara el camino rumbo a Jerusalem (o Jerusalén), particularmente el Imperio Otomano, y desde Tierra santa todos los territorios que llevaban a Catay, el viejo nombre de China que siempre ha sido una obsesión para Occidente. 

De esa época versallesca, son las primera incursiones francesas en el Sudeste asiático, las embajadas en Estambul y el estudio de la simbología egipcia utilizada en la masonería. Como paréntesis señalo que las tres grandes vías ideológicas para difundir el proyecto civilizatorio occidental que conocemos como modernidad —después de la cristianización del continente llamado americano en el siglo XVI y XVII— han sido: la masonería y su valores ilustrados; el protestantismo y sus valores individualistas y mesiánicos y los jesuitas y sus valores universalistas y globales. 

En el siglo XIX, los tres sabios se convirtieron en instituto y fueron la vanguardia del colonialismo europeo. En su momento fueron los Think Tank (laboratorios de pensamiento) de la época.
Alemania que quería territorios coloniales como Francia e Inglaterra, creó su propio instituto orientalista que se dedicó a estudiar a los griegos y a los arios. Hasta el siglo XVIII, la influencia de egipcios, semitas y negros en el desarrollo de la Grecia clásica estaba asumido como cierto por los eruditos, pues los mismos griegos de la época helenística admitían una importantísima influencia afroasiática en su cultura.  Esta idea se fue desvirtuando. Las ideas nacionalistas y el creciente antisemitismo en Europa, relegaron la importancia de las influencias culturales anteriores, y comenzó a resaltarse, sobretodo en la escuela alemana, el llamado Modelo ario de dónde se alimentó el nacionalsocialismo para sus símbolos.

Lo indoario, como única fuente en el desarrollo del helenismo,
perduró hasta finales del siglo XX. Se asumía que los Europeos, en particular, y los blancos de piel, en general, eran descendientes de los griegos y estos de los arios, la única gran civilización de la antigüedad. Huelga decir, que la entrada de los arios a la cultura europea no nació con la escuela alemana, hay un antecedente en la nobleza francesa: el texto Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas  escrito por Gobineau. En él afirma que los nobles descienden de los arios, mientras que los campesinos de los celtas o los semitas.


Según Bernal y su libro la Atenea negra—existen tres grandes corrientes de pensamiento:
1) el modelo ario; 2) el modelo ario moderado y 3) el modelo antiguo revisado.
Este último propuesto por él,
implica recuperar las influencias egipcias, semitas y negras
que los mismos griegos aceptaban y añadirles la llegada, en algún momento, de un grupo procedente del norte y de lengua indoeuropea.


Siguiendo a Gobineau, la escuela alemana o el modelo ario, como le llama el historiador Martín Bernal, dividió el pasado europeo entre semitas y arios. Los europeos eran herederos de los arios, algunos más arios (como los alemanes y Wagner) y otros menos arios (como los celtas y las corridas de toros), mientras que los no cristianos -con excepción de China, los Indios de la India y los Persas zoroástricos-, eran herederos de Sem y por lo tanto semitas.

De esa época provienen tres grandes mitos culturales que aún pueblan el imaginario actual. El primer mito dicta que las esculturas griegas eran blancas impolutas, porque el blanco (los blancos, los arios) era símbolo de perfección.  Ahora sabemos que las esculturas griegas tenían colores, muchos colores.
El segundo mito afirma que Nefertiti era blanca y aria. Esposa de Akenatón y famosa por su belleza, Nefertiti muy posiblemente era negra, como la mayoría de los faraones y sus linajes vinculados a las poblaciones actuales de Sudán y Etiopía.
El tercer mito relega la importancia de los drávidas en el desarrollo de las primeras ciudades alrededor del Ganges y de la cultura indoaria posterior por tener la piel negra. Hoy sabemos que su influencia fue determinante y que el yoga se desarrolló entre ellos.


Fue difícil eliminar la influencia semita en la historia griega. Aparecían en los mitos griegos como fenicios, en los Caballeros de la mesa redonda como grandes caballeros musulmanes, pues la figura de Saladino llenó el imaginario europeo. Y la religión cristiana tenía su origen en tierras y poblaciones semitas, pero el cuatrociento italiano y el renacimiento blanquearon los mitos cristianos. Las representaciones de Adán y Eva y de la virgen cargando al cristo se multiplicaron con rostros europeos. Fue la primera rebelión europea a lo semita. La siguiente sería hasta el siglo XVI con Shakespeare que caracteriza a los enemigos: Shilock (comerciante judío) y Otelo (guerrero musulmán) se convirtieron en seres depravados o inferiores. Cabría hablar de Calibán y nosotros los hijos de Calibán en la canibalia americana, pero esa es otra historia.





En el siglo XIX, "la escuela aria" no sólo convirtió a los faraones egipcios en blancos y negó la herencia fenicia en la cultura mediterránea, sino que convirtió, para fines geopolíticos y coloniales, a los árabes y a los musulmanes en salvajes o déspotas afeminados.

Al mismo tiempo, en la Europa d
el este, las poblaciones de confesión judía, al migrar a las ciudades, se convirtieron en profesionistas. Los nacionalismos europeos (con antecedentes cristianos inquisitoriales), al tenerlos en el mismo territorio que se concebía como nación única y homogénea (misma historia, misma lengua, misma religión), los convirtieron en un pueblo aparte, como los gitanos, un otro diferente. Algo de ello aparece en el "common people" norteamericano frente a la forma de vida de los Locos Adams, migrantes europeos.

Los nacionalismos urbanos multiplicaron los clichés y las simplificaciones simplistas: son usureros como Shylock, buenos negociantes como el mercader de Venecia, odian a los cristianos. Simplificaciones absurdas como cualquier cliché: a todos los mexicanos les gusta lo picante o todos los mexicanos creen en la Santa muerte o todos los argentinos juegan fútbol. Así, e
l viejo miedo cristiano a lo semita (árabes, judíos, musulmanes...), reapareció en el siglo XIX y se agudizó en el XX, pero centrándose en la población de confesión judía de Europa del este (blancos de piel, que hablaban el Idish, variante dialectal del alemán y con costumbres europeas).

En Rusia los Tsares los utilizaron como chivo expiatorio del proceso económico modernizador y se extendieron los pogromos. Como ahora se hace con los migrantes, las élites políticas y económicas acusaron a las personas de confesión judía "de robarse el trabajo y la riqueza". Más tarde, en Alemania, la población empobrecida y azuzada por los fascismos encontraron en "el odio a los judíos", el enemigo perfecto para cohesionar la identidad nacional alemana. Las identidades surgen de una herida, explicaba espléndidamente el historiador y pensador Isaiah Berlin.

Aunque los campos de concentración nazis no fueron exclusivamente para personas de confesión judía (hubo homosexuales, presos políticos, gitanos, personas con malformaciones u otras enfermedades) después de la guerra, el horror de los campos de exterminio se convirtió en un discurso de culpa reductivista: "en los campos murieron judíos y eran un pueblo". Heredamos esa narración, pero ninguna religión es un pueblo. Las religiones son atributos de nuestras identidades (compuestas de muchas cosas).

Por su parte, lo semita que abarca lo árabe, lo acadio, lo fenicio, lo hebreo, lo filisteo y otras lenguas y culturas, fue reducido después del 45 a "lo judío". El proceso se puede ver en las diferentes ediciones de los diccionarios Larouse. La palabra, de a poco, va cambiando o limitando su sentido en el popular diccionario.

Entiendo que el sionismo, por fines políticos vinculados a los intereses económicos del hegemón militar (EU), haya difundido una simbiosis entre los términos judaísmo-sionismo-semita... así, durante el siglo XX y los 30 años del neoliberalismo, toda crítica al Estado de Israel se convirtió inmediatamente en un ataque al judaísmo proveniente de un antisemita.

El proceso fue más allá, y durante mucho tiempo nadie que no fuera de confesión judía podía hablar de los campos de concentración (era sospechosos de antisemita), ningún investigador que no fuera de confesion judía podía investigar ese período de la historia y decir lo que dijo Bauman: "los campos de exterminio son una estructura de la modernidad, una estructura de muerte, que se aplica a todo y a todos. No sólo a los europeos de confesión judía". Por eso, exterminar al otro (funar, cancelar...) se nos da tan bien en la modernidad. Añade Bauman: "Es una de las grandes sombras civilizatorias de la modernidad". Si un investigador cristiano lo decía, inmediatamente era tachado de antisemita. Si alguien se atrevía a decir que la esvástica era un símbolo antiquísimos instrumentalizado y privatizado por el nacionalsocialismo, inmediatamente se le acusaba de antisemita... lo sé por experiencia.

La simbiosis judaísmo-sionismo-semitismo ha sido muy útil políticamente para acallar las críticas a un Estado colonial como Israel, vinculado al complejo militar de EU y a las iglesias protestantes, el mayor número de sionistas en el mundo. Necesitamos separar los términos.

Criticar las políticas de EU e Israel, en Medio oriente, no te hace antisemita. Criticar el sionismo no te hace antisemita. Sin embargo, generalizar "todos los... son" bueno o malo revela ignorancia, relativiza las complejidades y fomenta el odio.
Los seres humanos somos complejos y diversos. Mientras más te acercas a un grupo en apariencia homágeneo, más diferencias aparecen. Sucede con las familias, con los países, con las sociedades. Por eso, el refrán ppular, "en todas partes se cuecen habas" es tan verdadero. En todas partes hay fanáticos y sabios; ricos y pobres; malcriados y agradecidos, inteligentes y tontos; religiosos y cínicos; apasionados y lánguidos independientemente de su religión o su color de piel. Yo añadiría que en todos los seres humanos se mezclan todas las posibilidades pues un poco de todos esos atributos nos conforman.







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