Publicado originalmente
en THE CRISIS GROUP
(Organización no gubernamental global, fundada en 1995. Conformada por un grupo de expertos académicos y políticos que realizan investigaciones y análisis sobre crisis globales.)
el 21/3/2025
Versión al español Zyanya Mariana
Detener la guerra de Israel en Gaza
El 18 de marzo, Israel reanudó los bombardeos sobre Gaza, rompiendo un alto el fuego de dos meses. Regresar a la guerra promete poco más que más muerte y destrucción. Estados Unidos debería insistir en restablecer la tregua y respaldar el plan de la Liga Árabe para Gaza como base para una paz más permanente.
Se ha roto un alto el fuego que trajo un bienvenido respiro a Gaza, devastada por la guerra. La tregua marcó una pausa en el ataque militar israelí contra la Franja, desencadenado por el ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023. Ese ataque y la posterior guerra en Gaza han dejado al menos 50.000 palestinos y 1.600 israelíes muertos. Gaza está en ruinas, y sus 2,2 millones de supervivientes sufren una terrible pobreza, hambre, enfermedades, dolor, incertidumbre y miedo. Aunque han sufrido muchas menos bajas, los israelíes siguen traumatizados por la conmoción del ataque de Hamás del 7 de octubre y la continua ansiedad del prolongado cautiverio de los rehenes. La guerra también ha sacudido gran parte de Oriente Medio, ya que el propio Irán y grupos militantes del "eje de la resistencia", respaldado por Teherán, han disparado contra Israel en varios frentes.
El alto el fuego, ahora roto, —parte de un acuerdo más amplio concluido el 19 de enero— fue un alivio para todos. Aunque Israel seguía realizando ataques esporádicos, matando a unas 150 personas [3 personas diarias], los palestinos de Gaza al menos podían empezar a rehacer sus vidas. Las partes intercambiaron prisioneros, abriendo la posibilidad de poner fin a la pesadilla de rehenes de Israel, así como del regreso de cientos de los casi 10.000 palestinos encarcelados por Israel, muchos de ellos con pretextos endebles de "seguridad". Las conversaciones sobre cómo sería una solución pacífica para Gaza cobraron impulso. Un plan formulado por los líderes árabes el 4 de marzo, y acogido con beneplácito por Gran Bretaña, China, Francia, Alemania e Italia, entre docenas de otros países, sugería una vía hacia una paz más duradera. Los hutíes de Yemen, ahora el grupo más poderoso del "eje", cesaron sus ataques contra las rutas marítimas del Mar Rojo e Israel al entrar en vigor el alto el fuego.
Esta oportunidad se cerró con el regreso de Israel a la guerra el 18 de marzo. Diecisiete días antes, Israel impuso un asedio total a la Franja, negando la entrada de alimentos y medicamentos vitales por primera vez desde octubre de 2023. También cortó el suministro eléctrico a una de las pocas plantas desalinizadoras de Gaza que aún se conservaban y amenazó con cortar la última tubería que suministraba agua potable desde Israel. En la tarde del 18 de marzo, ordenó a los palestinos evacuar amplias zonas de Gaza o enfrentarse a la muerte. El bombardeo de esa noche fue uno de los más feroces de la guerra hasta la fecha. Los líderes israelíes afirmaron que estos ataques, que mataron a un puñado de funcionarios civiles afiliados a Hamás, entre más de 400 personas, incluyendo al menos 174 niños y 89 mujeres, serían solo los primeros de una serie de ataques; los bombardeos posteriores han matado a otras 200 personas. Al día siguiente, las tropas terrestres israelíes regresaron a zonas de Gaza que habían desalojado previamente, en particular al corredor de Netzarim, que divide la franja al sur de la ciudad de Gaza, una clara advertencia de nuevas incursiones. El ejército israelí ha ampliado sus operaciones a Rafah, la ciudad más meridional de la franja, donde cientos de miles de palestinos, muchos de ellos desplazados en repetidas ocasiones, han buscado refugio.
Las autoridades israelíes afirmaron que la administración Trump había dado luz verde a su renovada ofensiva, lo cual Washington ha confirmado. Esto representa una peligrosa desviación del compromiso que el presidente estadounidense Donald Trump y su enviado Steve Witkoff habían mostrado en el período previo al acuerdo de alto el fuego del 19 de enero. En aquel entonces, Witkoff (actuando en sintonía con la administración Biden durante sus últimos días en el cargo) desempeñó un papel fundamental al presionar con fuerza al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para que alcanzara un acuerdo. Ese acuerdo y el plan de la Liga Árabe, aunque distan mucho de ser perfectos, siguen representando la mejor manera de avanzar. Trump y su administración, en lugar de aparentemente bendecir lo que parece ser una guerra interminable en Gaza, deberían revertir el rumbo e insistir en el retorno a la tregua que ayudaron a negociar. De lo contrario, la ofensiva israelí volverá inhabitable Gaza, aumentará el riesgo de hambruna y volverá a avivar el temor del desplazamiento forzado de los palestinos de la Franja, con graves consecuencias para la estabilidad de la región.
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Anatomía de un Acuerdo Incumplido
La violación del alto al fuego por parte de Israel puede contar con el apoyo de Washington, al menos por ahora, pero ha provocado la condena de gobiernos europeos y de otros países, así como de muchos israelíes. Organizaciones de la sociedad civil que representan a las familias de los rehenes que aún se encuentran en poder de Hamás condenaron la medida, afirmando que Netanyahu ha optado por sacrificar a sus familiares para mantener intacta su coalición de gobierno. A pesar de las reiteradas afirmaciones del primer ministro de que Hamás "rechazó una tras otra" ofertas durante el período de alto el fuego, la historia sugiere que Hamás se mantuvo en gran medida fiel a los términos y el espíritu del acuerdo de enero, mientras que el gobierno israelí optó por no participar.El acuerdo de alto el fuego firmado en enero debía tener tres fases. En su primera fase de 42 días, Hamás debía liberar a unos 33 rehenes a cambio de que Israel liberara a cientos de prisioneros palestinos y retirara sus tropas de la mayor parte de Gaza. Ambas partes cumplieron en esencia sus compromisos sobre el intercambio de rehenes y prisioneros, pero Israel incumplió otras promesas: anunció que no se retiraría durante la segunda fase de 42 días del alto el fuego de una franja de tierra, conocida como el corredor de Filadelfia, que separa Gaza de Egipto. Tampoco inició, como se estipulaba en el acuerdo, las conversaciones sobre los detalles de la segunda fase, que debía incluir el regreso de todos los rehenes vivos restantes a cambio del cese total de las operaciones militares israelíes en Gaza. La tercera fase debía incluir una tregua prolongada, con garantías internacionales, y el inicio de la reconstrucción.
Al acercarse el final de la primera fase, los negociadores de Hamás insistieron en pasar a la segunda. Los funcionarios de Egipto, Qatar y Estados Unidos que mediaron en el acuerdo anticiparon que pasar a la segunda fase sería difícil, dada la brecha entre las partes en los temas en cuestión. Pero en lugar de entablar conversaciones genuinas, Netanyahu, el 2 de marzo, presentó una nueva exigencia: que Hamás liberara a los rehenes restantes, no a cambio del fin de la guerra, sino simplemente para asegurar una prórroga de la primera fase. De este modo, el primer ministro israelí pareció desechar unilateralmente el acuerdo de enero, sustituyéndolo por uno mucho más limitado, sin garantías de detener el derramamiento de sangre tras la liberación de todos los rehenes. Esta oferta fue la que Hamás rechazó, a pesar de la aparente presión de Washington para aceptarla.
"Las declaraciones oficiales y los informes de la prensa israelí dicen que la nueva ofensiva representa una táctica más agresiva diseñada para erradicar completamente a Hamás y volver a Gaza ingobernable."
Aunque Netanyahu explicó la escalada como una respuesta a la obstinación de Hamás, fuentes de seguridad israelíes plantearon un razonamiento diferente. Declaraciones oficiales e informes de la prensa israelí afirman que la nueva ofensiva representa una táctica más agresiva diseñada para erradicar por completo a Hamás y convertir Gaza en una zona ingobernable. Además del ala militar del grupo, Israel atacará lo que describió como la infraestructura civil de Hamás, en referencia al papel del grupo, que, a falta de alternativas, sigue vigente, como principal autoridad local en Gaza, gestionando, por ejemplo, la seguridad básica y la distribución de alimentos. El asesinato de cinco funcionarios de Hamás el 18 de marzo, quienes murieron junto con sus familias y cientos de palestinos más en la oleada inicial de ataques aéreos, se presentó como un éxito de este nuevo plan.
Los opositores a Netanyahu sugieren que puso fin al alto el fuego por razones políticas, no militares. El primer ministro se enfrenta a presiones convergentes, incluyendo varios casos de corrupción, investigaciones del Servicio de Seguridad General (Shin Bet) sobre altos funcionarios por vínculos con Qatar, acusaciones de que su gobierno no logró prevenir los atentados del 7 de octubre de 2023 y la indignación popular por su negativa a establecer una comisión estatal de investigación sobre este asunto. Además, gobierna por un estrecho margen. En enero, el partido ultranacionalista Poder Judío, liderado por el ministro de seguridad Itamar Ben-Gvir, abandonó el gobierno en protesta por el acuerdo inicial de alto el fuego. La escasa ventaja parlamentaria de Netanyahu ha puesto en peligro la aprobación de un nuevo presupuesto estatal israelí. De no aprobarse dicho presupuesto para finales de marzo, se habría producido la disolución de su gobierno en preparación para elecciones anticipadas. Varios críticos del primer ministro afirman que estas circunstancias explican, al menos en parte, su decisión de reanudar la guerra. Apenas horas después de que Israel rompiera el alto el fuego, Ben-Gvir anunció su reincorporación a la coalición. El 20 de marzo, la coalición gobernante de Netanyahu votó a favor de destituir al director del Shin Bet, Ronen Bar, después de que el primer ministro anunciara que ya no confiaba en él. Esta medida no tiene precedentes en la historia de Israel. Ignora las advertencias del fiscal general de que carece de solidez legal, probablemente será impugnada ante el Tribunal Supremo y ha provocado grandes protestas en Jerusalén. Bar se ha enfrentado a Netanyahu y sus ministros de extrema derecha por las negociaciones para la liberación de rehenes y por algunas políticas gubernamentales en Cisjordania. En una carta, acusó a Netanyahu de intentar "impedir la búsqueda de la verdad sobre los acontecimientos que condujeron a la masacre [del 7 de octubre] y los graves asuntos que actualmente investiga el Shin Bet".
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| Algunos personajes no entienden lo que implica cometer un genocidio. |
El Factor Trump
Incluso antes de asumir el cargo, miembros de la administración Trump estuvieron profundamente involucrados en las negociaciones del alto el fuego en Gaza. Se atribuye al presidente y a su negociador principal, Witkoff, la presión sobre Netanyahu para que aceptara el acuerdo original. Para consternación de Israel, la Casa Blanca abrió una línea directa de diálogo con Hamás tras su investidura. El funcionario que habló con Hamás, Adam Boehler, enviado de Trump para la toma de rehenes, al ser preguntado sobre dicha diplomacia, afirmó que Estados Unidos no debería actuar como agente de Israel, sugiriendo que al menos algunos miembros de la administración estaban dispuestos a desafiar la ortodoxia estadounidense de larga data respecto a Israel-Palestina (aunque la reacción negativa en Washington parece haber llevado a la administración a retirarle el expediente de Hamás a Boehler).Sin embargo, al mismo tiempo, el propio Trump ha instado a Hamás a liberar a todos los rehenes o se arriesgará al "infierno" y ha promovido la expulsión del pueblo de Gaza para que Estados Unidos pudiera construir una "Riviera" en Oriente Medio en su lugar. Desde que expiró la primera fase del alto el fuego, Estados Unidos ha consentido la estrategia de "máxima presión" de Israel, violando el acuerdo que contribuyó a concretar, y a pesar de la creciente oposición de sus aliados. Afirmando que actúa bajo la "cobertura" estadounidense, Netanyahu afirma que planea atacar Gaza con mayor intensidad. Su gobierno ya ha cortado el suministro de alimentos y medicinas como táctica de presión; sin restricciones, podría adoptar medidas aún más extremas.
La expulsión forzosa de palestinos de Gaza sigue siendo un escenario plausible, a pesar de la firme oposición de los vecinos de Israel. Bezalel Smotrich, ministro de finanzas y viceministro de defensa de Israel, está impulsando planes para establecer una "dirección de emigración" encargada de facilitar el traslado de palestinos de Gaza a otros países. Estos planes parecen estar en consonancia con las amenazas de Israel Katz, el ministro de Defensa, quien el 19 de marzo advirtió a los palestinos de Gaza de una “destrucción total y ruina” a menos que de algún modo se deshicieran de Hamás y enviaran a casa a los rehenes, después de lo cual “aquellos que lo deseen” podrían “[irse] a otros lugares del mundo”.
Los Estados árabes están decididos a prevenir este desplazamiento masivo. Egipto ha reforzado su frontera; según informes, Israel y Estados Unidos se pusieron en contacto con Sudán, Somalia y Somalilandia (una región somalí separatista que declaró su independencia en 1991) para recibir a palestinos de Gaza, sin éxito. El coste diplomático para Israel de una expulsión repentina y generalizada sería enorme, con riesgos colaterales para la estabilidad de los regímenes vecinos de El Cairo y Amán, con quienes Israel mantiene relaciones frías, pero de cooperación.
Sin embargo, la expulsión podría adoptar formas más sutiles: procesos graduales que se prolonguen durante meses y años o medidas para vaciar permanentemente ciertas zonas, como la mitad norte de Gaza por encima del corredor de Netzarim. Extender el actual corte de ayuda, o limitarlo a distritos más pequeños, aceleraría el proceso. Las autoridades israelíes generalmente presentan la emigración como "voluntaria", pero con tantos gazatíes viviendo entre montones de escombros sin necesidades básicas cubiertas, y mucho menos con perspectivas de una vida mejor a corto plazo, la decisión de irse no puede considerarse creíblemente libre. Desde el inicio de la guerra, las autoridades israelíes han vacilado en sus declaraciones sobre sus objetivos bélicos, entre destruir a Hamás y reducir su capacidad militar. La estrategia israelí hasta este punto —bombardear, reforzar el bloqueo e instaurar una ocupación periódica seguida de una retirada— ha obtenido resultados limitados. Hamás sigue operativo, aunque militarmente debilitado; aún puede disparar contra Israel, como lo hizo el 20 de marzo. Los ataques aéreos y las incursiones terrestres han rescatado tan solo siete rehenes —mucho menos que los 190 recuperados mediante negociaciones— y, al parecer, han sido responsables de al menos algunas de las muertes de rehenes.
Israel espera que aumentar la presión simultáneamente en múltiples frentes lleve a Hamás a la ruptura. Algunos funcionarios han ido más allá, hablando de reocupar Gaza durante años. Esfuerzos de este nivel sin duda reducirían aún más la capacidad militar de Hamás. Pero no liberarían a los cautivos restantes ni asegurarían la liberación de los restos de los fallecidos. Aun así, la destrucción completa de Hamás o de su rama militar sigue siendo un objetivo poco realista. Los propios funcionarios israelíes confirman que el grupo ha reforzado sus filas de combatientes. Además, el coste social de una ocupación prolongada de la Franja es probablemente insostenible para Israel. Los palestinos se enfrentan a una verdadera catástrofe, pero Israel también se encuentra en un callejón sin salida político.
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| Foto: Crisis Group |
El apoyo aparentemente acrítico de Estados Unidos ha permitido a Netanyahu abandonar un proceso de negociación que contaba con un amplio respaldo entre los israelíes y en toda la región, y que Gaza necesitaba desesperadamente. Encontrar una manera de gobernar y rehabilitar la Franja solo se volverá más difícil a medida que su infraestructura y tejido social se deterioren aún más. Además, el regreso a la guerra aumenta el peligro de una conflagración regional, en particular porque los hutíes han reanudado sus ataques en el Mar Rojo y el lanzamiento de misiles contra Israel, lo que ha provocado ataques aéreos estadounidenses contra sus posiciones en Yemen. Gestionar la dinámica de escalada requiere muchos recursos y corre el riesgo de involucrar aún más a Estados Unidos en las guerras de la región.
En cambio, Estados Unidos debería retomar su apoyo anterior al alto el fuego, presionando a Netanyahu para que regrese al proceso de tres fases acordado en enero. Dicho proceso podría entonces vincularse al marco de la Liga Árabe para la administración, reconstrucción y reintegración de Gaza en una región más pacífica. Ese plan, sin duda, no ofrece todas las respuestas. Es especialmente débil en cuestiones de seguridad que Israel considera fundamentales para cualquier acuerdo, en particular el desarme de Hamás y otras milicias, y la protección de Gaza de nuevos ataques israelíes. Pero estos imperativos deberían ser objeto de negociación, no un pretexto para abandonarlo. En definitiva, dicho marco sigue siendo la mejor esperanza para salvar vidas palestinas e israelíes, devolver a los rehenes, someter a Hamás y sus armas a algún tipo de supervisión nacional o regional palestina y restablecer la estabilidad. Los Estados árabes y otros Estados interesados deberían utilizar toda su influencia para convencer a Estados Unidos, que sigue siendo el principal aliado e influencia de Israel, de que alivie la agonía de Gaza y reduzca el riesgo de una mayor desestabilización de la región.
| Middle East Eye |

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