martes, 17 de septiembre de 2024

143. Zyanya Mariana/ Contextos libaneses: fragmentos personales de un genocidio anunciado: PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA

 

Publicado originalmente
en Editorial Tariyata
el 17/09/2024



Foto: @_Amarmustafa

Hoy queremos recordar brevemente el contexto de la matanza de Sabra y Shatila en Líbano. Una matanza vinculada al colonialismo Europeo, al sionismo israelí y, sobre todo, a los intereses petroleros de EU en el Medio Oriente. Escribo estas líneas después de haber ido, en tanto bellaca, al Zócalo a despedir a AMLO y no puedo dejar de pensar en los mexicanos que a principio del sexenio decían que el petróleo ya no era importante y que Pemex debía venderse. Hoy con las guerras en Ucrania y en Medio oriente se habrán dado cuenta de su error y de las muertes, incluso un genocidio, que justifican un barril de petróleo o una tubería de gas. 

En este día de 1982, las Falanges, con el apoyo del ejército israelí, asaltaron los campos de refugiados palestinos de Sabra y Shatila, en el oeste de Beirut, y mataron a aproximadamente 3.500 civiles.


En la región que actualmente conocemos como Líbano convivían, bajo el mandato otomano, diferentes pueblos y religiones: cristianos maronitas y musulmanes de cinco escuelas (sunitas, chiitas, drusos, alauitas e ismaelitas). Con la ocupación francesa, el vínculo política-religión se reforzó y los cristianos fueron favorecidos en detrimento de los musulmanes. Al fin y al cabo les eran más cercanos a los franceses. Algo parecido sucedió en la India bajo el mandato británico que favoreció a los musulmanes, más cercanos a los ingleses, que los hindús con sus innumerables dioses y castas. 

Con el fin del mandato francés, Líbano regresó a su origen multiconfesional y a una solución política de cuotas religiosas: La mayoría maronita elegía a un presidente; el primer ministro correspondía a un musulmán sunita y el presidente del parlamento a un musulmán chiita. 

Sin embargo, la creación del Estado de Israel en 1948 y la Guerra fría tensaron el frágil equilibrio social. La Nakba de 1948 y posteriormente la de 1967 provocaron la migración de población palestina musulmana a Libano y el asentamiento en Beirut, de la Organización para la Liberación de Palestina, la OLP, bajó el liderazgo de Yasser Arafat. En ese momento Líbano se convirtió en un campo de batalla de la Guerra Fría. Originalmente los maronitas decidieron alinearse con EU y Occidente, mientras que los musulmanes lo hacían con el panárabismo y la Unión soviética. Muy pronto las alianzas cambiaron rápida e impredeciblemente, en ambos grupos había musulmanes y cristianos matándose. Al caos de los enfrentamientos y muertes se le sumó la intervención de potencias extranjeras.

Entre 1979 y 1983, paralelamente a la "llamada Guerra civil" en Libano (1975-1990), los servicios secretos israelíes llevaron a cabo una campaña a gran escala de atentados con coches bomba que causaron la muerte de cientos de civiles palestinos y libaneses. Entre ellos, el poeta y escritor palestino Ghassam Kanafani.  Digo "llamada Guerra civil", porque en la región, las guerras civiles (Afganistán, Siria, Yemen) han sido provocadas por las potencias coloniales que, para controlar los países ricos en petróleo o geopolíticamente valiosos, han alimentado la idea de práctica religiosa como una diferencia irreconciliable entre seres humanos. Como si las religiones nos dividieran más de los que nos acercan.

En su momento, el general israelí David Agmon confirmó que el objetivo de los atentados con coches bomba era "crear caos entre palestinos y sirios en el Líbano, sin dejar una huella israelí". Y efectivamente, crearon caos en la sociedad libanesa y el surgimiento de Hezbolá, una agrupación que empezó como militar y terminó convirtiéndose e partido político.
Por su parte, el escritor y columnista israelí Ronen Bergman señaló en su libro, Levántate y mata primero, La historia secreta de los asesinatos selectivos de Israel (Rise and Kill First, The Secret History of Israel's Targeted Assassinations, 2018), que el principal objetivo israelí era "presionar a la OLP, y a la insurgencia palestina, para que al defenderse pudiera ser acusada de terrorismo y así justificar la invasión israelí en el Líbano".  

Finalmente, en 1982, las Fuerzas de Defensa de Israel invadieron el sur del Líbano y rodearon Beirut con la intención de expulsar a la OLP. Aunque el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó unas resoluciones para que Israel abandonase todo los territorios ocupados en Líbano y se restableciese la paz en el territorio, Israel permaneció en la franja al sur del río Litani y la llamó ‘zona de seguridad’. Para lograrlo contaron con el apoyo de milicias cristianas, las cuales los israelíes habían ofrecido instrucción militar y ayuda económica.  

Dentro de ese contexto y coincidiendo con la primera Intifada, Thomas L. Friedman, explica en sus artículos del 20, 21 y 27 de septiembre para el New York Times, que del 15 al 18 de septiembre de 1982 las Fuerzas Libanesas, una de las principales milicias cristianas del Líbano, apoyada por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) rodearon el barrio de Sabra en la ciudad deThomas Friedman Beirut y el campo de refugiados adyacente de Shatila. donde mataron entre 1.300 y 3.500 civiles, en su mayoría palestinos y chiítas libaneses. Es posible que un total de 300 o 400 milicianos, incluidos algunos del Ejército del Sur del Líbano, estuvieran bajo el mando del político libanés Elie Hobeika, cuya familia y prometida habían sido asesinados por militantes palestinos y milicias libanesas de izquierda durante la masacre de Damour en 1976. Masacre que a su vez, se justificaba como una respuesta a la masacre de palestinos y chiítas libaneses de Karantina a manos de milicias cristianas.



En su libro, De Beirut a Jerusalén (From Beirut to Jerusalem, 1989), Friedman afirma que las FDI recibieron informes de las atrocidades cometidas, pero no tomaron ninguna medida para detenerla. Por el contrario, se estacionaron en las salidas del área para evitar que los residentes del campamento salieran y, a pedido de las Fuerzas Libanesas, dispararon bengalas para iluminar Sabra y Shatila durante la noche para permitir la masacre.


Ayer, como hoy Líbano, forma parte de los intereses de Israel y de EU, sigue siendo la puerta de entrada al petróleo y su control. La frase que reza; "quien controla el petróleo controla el mundo" sigue siendo cierta aunque las justificaciones para la guerra hayan cambiado. Antes, la Guerra Fría justificaba la ocupación y la guerra. Después de la caída del orden bipolar y hasta el día de hoy, la OTAN, la democracia, las guerras civiles o las armas justifican los bombardeos a países y la muerte de miles de seres humanos. Esta etapa que inició en 1999 con 78 días de campaña aérea que destruyeron Yugoslavia, le siguieron en 2001 Afganistán (2001-2021), en 2003 Irak, en 2011 Libia y Siria, en 2014 Yemen y ahora Gaza, Cisjordania, Líbano y Siria. 
Quiero creer que esta guerra tan dolorosa, donde los palestinos llevan la peor parte pues sufren un genocidio, culmina el ciclo de EU como potencia mundial. Estoy convencida que el nuevo orden geopolítico que se avecina no nos convertirá en mejores seres humanos (somos miserables, fuimos miserables y seremos miserables), pero por lo menos la cultura de la guerra, el héroe individual y la avaricia que predomina en EU dejará de ser hegemónica. A diferencia de los declives que rasgan el velo y revelan toda la podredumbre humana, los principios son esperanzadores. Ayer mientras gritaba junto a una multitud ¡Viva! pensaba en los principios que se auguran en México, pero no pude dejar de relacionar las luces de los fuegos artificiales con las luces de las bombas que caen sobre Gaza. Me sentí agardecida, son sólo fuegos artificales, pero no pude dejar de sentir la punzada de las madres de Gaza cargando al hijo entre los brazos.


Sólo recuerda que una madre palestina ama tanto a sus hijos
como tú a los tuyos.




ÍNDICE:

PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR
EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA


No hay comentarios:

Publicar un comentario