Cuando miro mi vida y sus colores secretos,
tengo ganas de estallar en lágrimas.
Pienso en los labios que he besado, y en el niño desgraciado que fui,
y en la locura de la vida y la ambición que a veces me arrebata.
Soy todas esas cosas a la vez. Estoy seguro de que hay momentos
en los que ni siquiera me reconocerías.
Extremo en la miseria. Exceso de alegría.
: Albert Camus
tengo ganas de estallar en lágrimas.
Pienso en los labios que he besado, y en el niño desgraciado que fui,
y en la locura de la vida y la ambición que a veces me arrebata.
Soy todas esas cosas a la vez. Estoy seguro de que hay momentos
en los que ni siquiera me reconocerías.
Extremo en la miseria. Exceso de alegría.
: Albert Camus
Mientras que en la cultura occidental, las referencias son los extremoS: "Extremo en la miseria. Exceso de alegría.", escribe Camus, en la literatura japonesa lo importante son los grises que se forman entre los extremos. Quizás la culpa sea de la escritura.
Tres alfabetos pueden convivir en una misma frase: El hiragana que inventaron las mujeres de la corte Heian; los Kanjis que vienen de china y el katakana para palabras extranjeras y onomatopeyas. Como si nosotros, colonizados por occidente, escribiéramos todas las palabras de origen griego con el alfabeto griego, las náhuas con pictogramas y las demás en el cirilico que solemos usar. Esta diversidad alfabética, otorga relatividad en el pensamiento.
A la escritura, se le suman las fantasmagorías shintoístas, los dogmas budistas y la importancia del contexto. En la cultura japonesa tan importante es el mundo interior como el exterior, es un diálogo constante, un vaivén como el oleaje del mar. En este vaivén la contemplación es el camino de la materialidad y la materialidad termina en la contemplación. La escuela de la sabiduría no está en los especialistas, sino en los ciclos de la naturaleza (después de todo invierno sigue la primavera) y en la experiencia que otorga el tiempo y cargan los viejos, los insectos, lo breve. Esto es evidente en los haikus, que a veces quedan tan abiertos al lector porque falta el contexto.
Tres alfabetos pueden convivir en una misma frase: El hiragana que inventaron las mujeres de la corte Heian; los Kanjis que vienen de china y el katakana para palabras extranjeras y onomatopeyas. Como si nosotros, colonizados por occidente, escribiéramos todas las palabras de origen griego con el alfabeto griego, las náhuas con pictogramas y las demás en el cirilico que solemos usar. Esta diversidad alfabética, otorga relatividad en el pensamiento.
A la escritura, se le suman las fantasmagorías shintoístas, los dogmas budistas y la importancia del contexto. En la cultura japonesa tan importante es el mundo interior como el exterior, es un diálogo constante, un vaivén como el oleaje del mar. En este vaivén la contemplación es el camino de la materialidad y la materialidad termina en la contemplación. La escuela de la sabiduría no está en los especialistas, sino en los ciclos de la naturaleza (después de todo invierno sigue la primavera) y en la experiencia que otorga el tiempo y cargan los viejos, los insectos, lo breve. Esto es evidente en los haikus, que a veces quedan tan abiertos al lector porque falta el contexto.
Celebro este cumpleaños con un Haiku de Bashō.
Donde haya hombres
habrá moscas,
y habrá Budas.
: Bashō
habrá moscas,
y habrá Budas.
: Bashō

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