652 días de genocidio en Gaza
y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada
Publicado originalmente
en THE CRADLE
(Revista de noticias en línea. Cubre desde 2021 la geopolítica de Asia Occidental desde la región).
el 4/04/2025
Versión al español Zyanya Mariana
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| Foto: The Cradle |
[Tres notas de geopolítica.
Esta nota es anterior al ataque de Israel a Irán. Explica, los deseos
y el proyecto detrás del ataque a Irán. No se trata de armas nucleares, sino del Gran Israel. Vale la pena leerla]
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El Corredor de David: El proyecto oculto de Israel para rediseñar el Levante
A través del «Corredor de David», Israel pretende forjar una arteria geopolítica que se extienda desde el Golán ocupado hasta el Kurdistán iraquí, transformando Asia Occidental con el pretexto de fomentar alianzas entre minorías y hacer realidad las reivindicaciones bíblicas.
Mahdi Yaghi
En los últimos años, la idea sionista del "Corredor de David" ha surgido en el discurso estratégico y político de Tel Aviv sobre la reestructuración de su influencia geopolítica en el Levante. Aunque Israel no ha hecho ningún anuncio oficial, los analistas han señalado este corredor como un proyecto encubierto destinado a conectar el norte de Siria, bajo control kurdo y con el apoyo de Estados Unidos, con Israel mediante una ruta terrestre continua.
El llamado "Corredor de David" se refiere a un supuesto proyecto israelí para establecer un corredor terrestre que se extendería desde los Altos del Golán sirios ocupados, a través del sur de Siria, hasta el río Éufrates. Esta ruta hipotética atravesaría las gobernaciones de Deraa, Suwayda, Al-Tanf, Deir Ezzor y la zona fronteriza sirio-iraquí de Albu Kamal, proporcionando al Estado ocupante una vía terrestre estratégica hacia el corazón de Asia Occidental.
Un modelo bíblico
Ideológicamente, el proyecto se basa en la visión del "Gran Israel", un concepto expansionista atribuido al fundador del sionismo, Teodor Herzl. Esta visión se basa en un mapa bíblico que se extiende desde el Nilo egipcio hasta el Éufrates iraquí.La Dra. Leila Nicola, profesora de relaciones internacionales en la Universidad Libanesa, declara a The Cradle que el Corredor de David encarna una visión teológica que exige el control israelí sobre Siria, Irak y Egipto, una tríada central tanto en la tradición bíblica como en el dominio regional. El Dr. Talal Atrissi, experto en asuntos regionales, coincide con esta opinión, y cree que los acontecimientos en Siria han dado un nuevo realismo geopolítico a las ambiciones históricas de Israel.
Como era de esperar, el corredor propuesto es un foco de controversia, visto por muchos como un intento estratégico de expandir la hegemonía israelí. Sin embargo, existen importantes obstáculos que lo impiden. Como señala Atrissi, el corredor atraviesa un terreno inestable, donde actores, como las Fuerzas de Movilización Popular (FMP) de Irak, siguen siendo formidables saboteadores. Incluso un pequeño acto de sabotaje podría perturbar el proyecto, sobre todo dada la ausencia de un entorno regional estable, necesario para sostener una ruta tan sensible y extensa.
Estratégicamente, el Corredor de David se alinea con la persistente política israelí de cultivar vínculos con las minorías regionales (kurdos, drusos y otros) para contrarrestar la hostilidad de los estados árabes. Esta estrategia de "alianza periférica", con décadas de antigüedad, ha sustentado el apoyo israelí a la autonomía kurda desde la década de 1960. El simbolismo bíblico del proyecto, la expansión de "Israel" hasta el Éufrates, y su cálculo estratégico, se combinan para convertir el corredor en una promesa mitológica y un activo geopolítico.
Nicola contextualiza esto aún más en el marco de la "doctrina del océano", una política que Israel persiguió cortejando a potencias no árabes o periféricas como el Irán del Sha y Turquía, y forjando alianzas con minorías étnicas y sectarias en los estados vecinos.
La doctrina pretendía perforar el muro árabe que rodeaba a Israel y extender su alcance geopolítico. El Corredor de David encaja a la perfección en este paradigma, basándose tanto en la mitología espiritual como en la necesidad estratégica.
La fragmentación de Siria: Una puerta de entrada
El colapso del gobierno del expresidente sirio Bashar al-Assad y el ascenso de Hayat Tahrir al-Sham (HTS) de Ahmad al-Sharaa, vinculado a Al-Qaeda, han acelerado la fragmentación interna de Siria. El gobierno de Sharaa firmó acuerdos con las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), respaldadas por Estados Unidos, integrando las zonas controladas por los kurdos en el estado sirio nominal, a la vez que consolidaba la autonomía kurda. En Suwayda, un acuerdo independiente preservó la independencia administrativa drusa a cambio de una integración estatal nominal.Sin embargo, Atrissi advierte que dicha autonomía sectaria, aunque pragmática para contener las tensiones a corto plazo, corre el riesgo de afianzar las divisiones e invitar a la intromisión extranjera. Señala que el trauma de las masacres en la costa siria ha generado un profundo escepticismo entre las minorías, especialmente los alauitas, respecto a la autoridad central en Damasco, lo que las ha empujado hacia acuerdos de poder locales. Israel, con su histórica inclinación a las alianzas con minorías, ve una oportunidad para consolidar su influencia bajo la apariencia de protección.
La larga alianza de Israel con el Kurdistán iraquí es un buen ejemplo: una relación estratégica que ofrece un modelo a replicar en Siria. El Corredor de David, en esta interpretación, es menos un imperativo logístico y más una ambición política. Si las condiciones lo permiten, el Estado ocupante podría aprovechar el corredor para rodear a Irán y redibujar las líneas divisorias regionales.
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| Un mapa del propuesto Corredor de David. |
Un corredor de influencia, no infraestructura
Desde la perspectiva de Tel Aviv, el sur de Siria representa ahora un vacío estratégico: el ejército sirio está debilitado, Turquía está enredada en sus propios dilemas kurdos e Irán está desbordado. Este vacío de poder ofrece un terreno fértil para que Israel afirme su dominio, especialmente si la dinámica regional continúa favoreciendo una gobernanza descentralizada y débil.
A pesar de la reducida presencia militar de Washington, Estados Unidos mantiene su compromiso de contener a Irán. Puestos de avanzada clave como la base de Al-Tanf en la frontera sirio-iraquí son fundamentales para cortar el llamado puente terrestre iraní entre Teherán y Beirut.
Nicola argumenta que, si bien el Corredor de David no es una política explícita de Estados Unidos, es probable que Washington apoye las iniciativas israelíes que se alineen con los objetivos estratégicos estadounidenses:
“A Estados Unidos no le importa que Israel implemente el proyecto si favorece sus intereses, aunque no forme parte de su estrategia inmediata. Se centra en reducir la influencia de Irán y desmantelar su programa nuclear, a la vez que apoya la vía de la normalización regional con Tel Aviv”.
Los Acuerdos de Abraham de 2020, al aliviar el aislamiento diplomático de Israel, han creado un mayor margen de maniobra. El Corredor de David, antes una fantasía, ahora parece más plausible en medio de la inestabilidad regional.
Los líderes israelíes han enviado señales inequívocas. El 23 de febrero, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, rechazó cualquier presencia militar siria al sur de Damasco, insistiendo en zonas desmilitarizadas en Quneitra, Deraa y Suwayda con el pretexto de proteger a la minoría drusa siria.
El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Saar, abogó abiertamente por una Siria federal, un eufemismo para la fragmentación. El ministro de Defensa, Israel Katz, prometió que las tropas israelíes permanecerían indefinidamente en el Monte Hermón y el Golán, y pidió la desintegración de Siria en entidades federales. Las filtraciones de mapas de los corredores a los medios de comunicación no han hecho más que alimentar la especulación.
Estas medidas han provocado indignación en el sur de Siria, con protestas en Khan Arnaba, Quneitra, Nawa, Busra al-Sham y Suwayda. Sin embargo, como señala Nicola, el nuevo liderazgo sirio parece notablemente desinteresado en confrontar a Israel, y los Estados árabes permanecen en gran medida indiferentes, incluso mientras el proyecto se acerca a su realización. Turquía, en cambio, se opone firmemente a cualquier partición de Siria liderada por los kurdos.
Intereses geopolíticos y fronteras finales
En última instancia, el Corredor de David señala un proyecto israelí más amplio para rediseñar la geopolítica de Siria: aislar militarmente al sur, aliar a los kurdos, cambiar el equilibrio de poder y forjar un corredor de influencia a través de un territorio fracturado.
Los objetivos de Israel son multifacéticos. Militarmente, el corredor proporciona profundidad estratégica e interrumpe las rutas terrestres de Irán hacia Hezbolá. Facilita el flujo de armas y apoyo de inteligencia a los aliados, especialmente a las fuerzas kurdas.
Económicamente, abre un posible oleoducto desde Kirkuk o Erbil (zonas de mayoría kurda y ricas en petróleo) hasta Haifa, evitando las rutas turcas y las amenazas marítimas de actores como el ejército yemení aliado de Ansarallah. Políticamente, consolida los lazos entre Israel y los kurdos, socava la soberanía siria e iraquí y promueve la visión del Gran Israel, con el Éufrates como frontera simbólica.
Sin embargo, el corredor no está exento de riesgos. Amenaza con profundizar la inestabilidad de la región, antagonizar a Siria, Turquía, Irán e Irak, y desencadenar nuevos frentes de resistencia. Que Israel pueda concretar este proyecto depende del cálculo regional fluido y de su capacidad para maniobrar en él.
El Corredor de David puede que aún sea un proyecto en la sombra, pero sus implicaciones ya están dejando una larga huella en la región.


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