miércoles, 29 de enero de 2025

276. Zyanya Mariana/ Fragmentos personales de un genocidio anunciado/ Entre distopías, realidades y paradojas: PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA

 

Publicado originalmente
en Tariyata
el 29/1/2025



El Holocausto no fue sino un punto argumental de una historia preescrita, más extensa, que no sólo se nos contó, sino que se utilizó para tenernos atrapada en ella, como el cuento del fénix renacido
de sus cenizas, que empezó en las cámaras de gas de la Europa dominada por los nazis y terminó en las colinas que rodean Jerusalén. Aunque sin duda hubo excepciones, en general
el objetivo de aquellas enseñanzas no era convertirnos
en un pueblo que combatiera el siguiente genocidio,
allá donde se produjera.
El objetivo era convertirnos en sionistas.
: Naomi Klein.



Entre distopías, realidades y paradojas

Fue una paradoja de la historia, que el 27 de enero se cumplieran dos liberaciones: la conmemoración de los 80 años de la liberación de Auschwitz, ubicado en Polonia, por el Ejército rojo de Stanlin y el regreso de los palestinos al norte de Gaza. Digo Ejército rojo porque  en el frente oriental Stanlin ganó la guerra europea del 40-45. Digo Polonia, porque en Europa del este el nazismo y sus ideas nunca fueron desestructuradas, persisten hasta el día de hoy. Paradojas de la historia y dos catátrofes: una Shoa en la memoria y una segunda Nakba, hoy representada por ríos de seres humanos que caminan esperanzados. Un volver del sur a norte, tránsito palestino con la frente marchita, saber que es un soplo la vida, que una guerra no es nada para reencontrarse con los seres queridos y resistir la ocupación.





Pero este volver no es concluyente aún. Estamos en la primera fase del cese al fuego, frágil; en la ocupación ilegal en Cisjordania, Líbano y Siria, que persiste, y en las declaraciones, aparentemente frívolas y dichas como ocurrencias a vuelo de pájaro, de Donald Trump. Sus dichos no ayudan a la estabilidad, pero anuncian los pasos deseados por EU.

Trump, con su estilo irreverente, habló de la buena localización de Gaza frente al mar para convertirla en una zona turística (ya hablé de ese proyecto que fue presentado en Londres) y de "mover" el "problema gazatí", un millón y medio de seres humanos, a Egipto y Jordania. Trump que a veces pareciera mal asesorado o informado, en realidad está proponiendo un viejo proyecto que, para él, podría concluir el genocidio en Gaza y esa política exterior estadounidense dirigida por Israel que señalan muchos como Jeffrey Sachs.


Egipto y Jordania rechazan el plan de Trump para “limpiar” Gaza; Los palestinos regresan al norte de Gaza en un día histórico

El proyecto apareció en el siglo XIX con los acuerdos  Sykes-Picot (1916) y la declaración Balfour (1917). Está última, implicaba matar dos pájaros de un tiro. Arthur James Balfour, un personaje evangelista de formación, y profundamente antisemita, como la mayoría de los aristócratas británicos de su tiempo, propuso un plan para deshacerse en Europa del "problema judío" y desestabilizar el Imperio Otomano. En efecto, en su origen, el proyecto se pensaba como una forma de alentar los deseos nacionalistas de árabes y de europeos de confesión judía en la región para fragmentar los territorios otomanos. Los británicos prometieron a árabes y sionistas un Estado, eso implicaría una deuda con los ingleses, que calculaban les ayudarían a pelear contra los otomanos utilizando a esos dos grupos. Y de hecho, los árabes participaron junto al militar y arqueólogo británico Thomas Edward Lawrence (Laurence de Arabia), personaje ambiguo, en los ataques a posiciones otomanas en la región. La imagen protagónica de un desierto despoblado trascenderá, no sólo en la película de Laurence de Arabia donde árabes luchaban contra turcos, sino en Dunes de Villeneuve donde los oprimidos se enfrentan a los ocupantes.


Declaración Balfour (1917)



Muy pronto los británicos traicionaron a Laurence de Arabia, a los árabes y a los sionistas. Más tarde con el fin de la segunda guerra europea y del surgimiento incontestable de los EU como potencia,  el proyecto sionista reapareció y se instrumentalizó la Shoa para la creación de un estado tipo occidental entre los "salvajes musulmanes" que poseían el petróleo. Los palestinos que estaban ahí podían eliminarse. Por eso, la extrema derecha en Israel se alegró de la propuesta de Trump e Itamar Ben-Gvir, el antiguo ministro israelí de seguridad nacional, afirmó que  había que “alentar” la inmigración voluntaria”. Como siempre han dicho. Por supuesto, el proyecto no fue aceptado ni por Egipto, ni por la Liga Árabe de naciones. 

Si los occidentales abrevan del siglo XIX para solucionar conflictos y  presentes, los árabes miran a los BRICS y al futuro. Egipto no aceptó el proyecto de Trump. Implicaría, una vez más desplazar el conflicto de territorio y terminaría por convertirse en el nuevo problema de "un millón y medio de desplazados palestinos" en Egipto. La Liga árabe también lo rechazó, sabe que el proyecto no soluciona la situación palestina y además alimenta el deseo de expansión genocida de Israel en otros países árabes y musulmanes. Sería como premiar a Israel por los crímenes de guerra, por las infamias y las ignominias cometidas. Por su parte, Hamás, evidentemente fortalecido en el intercambio de rehenes —rehenes israelíes son entregados con salud, en cambio, los palestinos, encerrados muchas veces sin juicio, han sido torturados— denunció, con razón, la idea de continuar con una "limpieza étnica" y reafirmó el deseo y derecho de los palestinos a vivir en SUS TIERRAS.


El mundo de 1984 divido entre los tres superestados


"Nada es nuevo bajo el sol", dice el Eclesiastés. Si la idea de Trump no es nueva, la disputa por el control del Medio oriente tampoco. Ya Orwell hablaba de ello. S
u novela 1984 puede leerse en tiempos de paz como distópica, pero en tiempos de guerra como metáfora de la realidad. En efecto 1984  habla de una guerra perpetua por el control de una zona en Medio oriente que se parece al territorio del imperio otomano. La región la disputan tres grandes regiones o super estados: Océania, Euroasia y Estasia. Oceanía corresponde a EU, que vía la doctrina Monroe, incluye al continente americano; la anglósfera (Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Gran Bretaña), Sudáfrica donde se habla inglés y el apartheid la incluía en la lógica de la anglósfera colonial, y varias islas del Atlántico que incluyen Dinamarca, Islandia y Groenlandia. Cómo ven Groenlandia no es un deseo de Trump o de Elon Musk, sino un viejo deseo de expansión de los EU. Euroasia incluye la Europa de Gaulle, que iba de Portugal a los Urales, pero se extiende hasta el estrecho de Bering. Finalmente, Estasia está conformada por los tres países confucianos Japón, China, y Corea. A ellos tres se les añade Mongolia, India, Tibet y la región de Manchuria hoy dividida entre Mongolia, Rusia y China. Lo disputado por las potencias corresponde al actual Medio Oriente y se extiende hasta las fronteras con India y el norte de África, es decir el Islam que EU ha bombardeado durante los últimos 30 años; la tierra de las materias primas imprescindibles para el desarrollo capitalista; la nueva ruta de la seda de China o la región de Medio oriente donde se impuso un Estado sionista para desestabilizar la región y llevar una guerra perpetua. Ese Islam, en la novela como hoy, está en disputa, no por la religión sino porque en esas tierras está el petróleo y son históricamente el paso entre Asia y Europa.



POEMA: How do you defeat this old man?
Cómo se derrota a este hombre viejo

La novela se centra en Oceanía. Ahí el poder instrumentalizó cuatro ministerios para el control, la censura, la propaganda y el mantenimiento del poder. Me refiero al Ministerio de la Paz que censura, como hoy sucede con la prensa y las redes sociales; al Ministerio de la Verdad que controla la lengua, la famosa postverdad, el arte y la propaganda;  el Ministerio del Amor que castiga y tortura y el Ministerio de la Abundancia encargado de estructurar la economía para el beneficio de los más ricos en detrimento de los pobres, tal cual sucede hoy con las leyes que protegen los intereses de las grandes oligarquías que se reunen anualmente en Davos. La sociedad está dividida en tres grupos: círculo interior del partido único; miembros "externos" y la prole. Aunque a la crítica le encanta decir que se basó en la estructura de la URSS, lo cierto es que toda la literatura de los años 50 anglosajona divide a las sociedades en tres grupos: el poder, los aliados del poder y los Otros, generalmente pobres y despreciados. A esta organización que aparece hasta en la serie Juego de tronos (Games of Thrones 2011-2019) la he llamado la estructura herodotiana.

Dejemos a Heródoto y regresemos a Orwell. Sí, podríamos decir que 1984 describe la realidad de la primera mitad del siglo XX cuando el imperio japonés, el inglés y el emergente imperio estadounidense se disputan el control de las materias primas. Tres imperios, pero uno de ellos diferente y en la novela descrito como lejano y estructurado a partir de la "destrucción del yo". Cabe recordar que el imperialismo japonés era visto por los occidentales con sospecha. En sus inicios representó para Asia la liberación y la búsqueda de una igualdad que los europeos les habían negado durante todo el siglo XIX, "el siglo de la humillación". De hecho, en 1919, los japoneses piden que se incluya la claúsula de "igualdad entre las razas" en la Carta de las naciones. Los europeos que no los veían como iguales, rechazaron por supuesto la claúsula. Prefirieron darles el territorio de Manchuria a aceptar la igualdad.

En la novela de Orwell se puede ver el antecedente de la CEE y una Europa deseosa de un supraestado imperial que le garantice el poder colonial herido. Frente al imperio asiático y europeo, el surgimiento de un EU como superpotencia. EU no está solo, le acompañan sus aliados de habla inglesa (es decir los que tradicionalmente ganaban los oscares). También se podría decir que 1984 describe la realidad de inicios del siglo XXI: Los imperios se disputan una vez más
la región del petróleo, pero hoy hablamos sólo de dos imperios China y EU, representante esclavista de los valores occidentales.  Un siglo no pasa en vano.

En 1949, cuando Orwell publica la novela, los bombardeos sobre Hiroshima y Nagasaki han destruido el imperialismo japonés y el deseo del mismo Japón de regresar a un desarrollo belicista. Me refiero a la famosa claúsula en el Artículo 9 de la constitución japonesa de postguerra (日本国憲法第9 , Nihon koku kenpō dai kyū-jō), que indica: "Aspirando sinceramente a una paz internacional basada en la justicia y el orden, el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación, o a la amenaza o al uso de la fuerza como medio para resolver conflictos internacionales." El artículo añade que, para el cumplimiento de estos fines, no se mantendrán fuerzas armadas con potencial de guerra.

Lo interesante de esta claúsula es su contexto y el personaje que la anunció, un aristócrata japonés que encarna esa mentalidad japonesa dividida entre el Kabuki y la danza butoh, entre la espada del samurai y la contemplación. Una mentalidad que ama los grises y las contradicciones, a diferencia de la perspectiva binaria occidental judeocristiana. En efecto, el baron Kijuro Shidehara, Primer ministro del Japón, impuso la clásula diciéndole a sus compatriotas que la Constitución había sido una exigencia americana. Años más tarde se sabría que fue una auto-imposición pactada entre la nobleza japonesa, que temía una rebelión de la élite militar, por eso se le atribuyó la paternidad a MacArthur, el representante de las fuerzas de ocupación americanas.


 Las acciones de Nvidia cayeron un 16,86 %. Eso equivale a perder unos US$589 mil millones en menos de 24 horas, por el anuncio de DeepSeek


Trump no es un belicista, a la usanza de un Obama o de un Biden, pero no me lo imagino imponiendo una cláusula que limite el espíritu belicista de los neocon. Por el contrario, el desarrollo de las guerras en Ucrania y en Gaza no le van a permitir las paces deseadas. Él quisiera recuperar la idea decimonónica de una excepcionalidad estadounidense que puede aislarse sin perder fuerza. Sin embargo China y su desarrollo acecha, lo vimos ayer cuando las acciones de Nvidia se desplomaron frente a DeepSeek, una IA de código abierto y gratuito, con chips de baja capacidad que sólo costó 6 millones de dólares, un preció ínfimo comparado con el costo de las inversiones solicitadas por las grandes empresas tecnológicas de EU que desarrollan IA

Podríamos decir que en octubre del 2023 inició una tragedia humana que cambiará el Medio oriente, pero en octubre del 2022 inició la guerra tecnológica entre China y EU que cambiará la lógica del mundo. Una guerra de producción inició entre los dos países. Vence quien más produzca, de ahí el Jaque mate que implica la aparición de DeepSeek.Vale la pena recordar que la guerra la impuso el gobierno de Biden cuando anunció la prohibición, a ciertas empresas tecnológicas holandesas y japonesas, de venderle a las empresas chinas chips informáticos avanzados y el equipo necesario para su fabricación. Esta guerra entre China y EU, cambió radicalmente la posición de Rusia y la guerra en Ucrania. Si Rusia puede saltarse las sanciones vía China, China necesita las materias primas rusas para su producción y la ruta de la seda que pasa por Medio oriente para comerciar con Europa.  Por ello, insisto, EU es animal herido, que puede lastimar mucho a México, Canadá y panamá, pero difícilmente podrá conservar su voluntad hegemónica en un mundo que hoy también lo disputa China.


Les dejo el discurso que Yael Weizman, director de Arquitectura Forense, un despacho que demostró con datos el Genocidio en Gaza, dió al recibir el premio Right Livelihood 2024. Premio que compartió con el activista palestino Issa Amro por el trabajo de su organización Juventud Contra los Asentamientos.




ÍNDICE:

PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR
EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA

bc/status/186367659676710

https://x.com/swilkinbc/atus/1863676596768371016

htps://x.com/swilkinsonbc/status/1863676596768371016






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