sábado, 17 de mayo de 2025

377. THE CRADLE/ Abbas Al-Zein/ IMEC interrumpido: La resistencia que ha favorecido los tiempos de Beijing: PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA


Publicado originalmente
en THE CRADLE
(Revista de noticias en línea. Cubre desde 2021 la geopolítica de Asia Occidental desde la región).
el 7/05/2025

Versión al español Zyanya Mariana

Foto: The Cradle


IMEC interrumpido: La resistencia
que ha favorecido los tiempos de Beijing


Mientras Tel Aviv y Washington redibujan el mapa económico de la región, China se beneficia discretamente de la disrupción que la resistencia está causando en los corredores comerciales rivales liderados por EE. UU. y el control marítimo.


Abbas Al-Zein

La guerra en Gaza ha revelado una profunda contradicción entre los intereses estratégicos de China en Asia Occidental y los logros que busca Israel, con el respaldo de Estados Unidos. Mientras Pekín trabaja para salvaguardar su Iniciativa del cinturón y la Ruta de la seda (BRI Belt and Road Initiative por sus siglas en inglés), Washington y Tel Aviv están reestructurando activamente la región para marginar la influencia china política, económica y logísticamente.

En el centro de este tira y afloja se encuentra el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC por sus siglas en inglés), anunciado durante la cumbre del G20 de 2023 en Nueva Delhi. [El corredor debe seguir una trayectoria de más de 4.800 km partiendo de las costas indias por el mar para llegar a los Emiratos Árabes Unidos, atravesando la Arabia Saudita, Jordania e Israel en transporte ferroviario, antes de llegar a Europa en barco. NT ZM]. Con la participación de India, Arabia Saudita, Israel, Emiratos Árabes Unidos y países europeos clave, el IMEC pretendía eludir las rutas comerciales tradicionales chinas, conectando India con Europa a través de Asia Occidental. El puerto de Haifa, propiedad del estado ocupante, era una piedra angular de este proyecto.


Gaza: Puerta de entrada a un enfrentamiento geopolítico

El intento de Tel Aviv de imponer el control total sobre Gaza —a sólo kilómetros de la ruta del corredor— no es solo un objetivo militar, sino un requisito previo para asegurar el ducto comercial alineado a los intereses de occidente. Según The Diplomat, la guerra en Gaza ya ha "destruido el IMEC antes de que iniciara", mientras que un informe de Carnegie señala que la viabilidad del corredor está en el limbo tras la Operación Inundación de Al-Aqsa y la pausa en la normalización de las relaciones entre Arabia Saudita e Israel.

Una Gaza sometida ofrecería a Israel influencia económica, integración regional y una nueva función geopolítica, socavando la posición central de China en el comercio mundial. Pero mientras la resistencia se mantenga en Gaza y en el sur del Líbano, el corredor seguirá siendo vulnerable, lo que le dará tiempo a Pekín para reforzar sus propias alternativas estratégicas.

En este contexto, la resistencia palestina y regional, sin quererlo, favorece los intereses chinos al mantener la infraestructura israelí bajo amenaza y retrasar los proyectos de integración liderados por Estados Unidos. Haifa y otros puertos israelíes se enfrentan a una inseguridad persistente, lo que disuade a los inversores y complica la planificación de infraestructuras a largo plazo.

A diferencia de Washington y Tel Aviv, Pekín se beneficia de un retraso multipolar, y la supervivencia de la resistencia inclina la balanza regional a su favor.

Las discretas ganancias de China gracias a la resistencia

Aunque China no participa directamente en la guerra, la erosión de la resistencia palestina reforzaría las redes rivales alineadas con Occidente y reduciría el margen de maniobra de Pekín. Mantener la indecisión en los escenarios de conflicto de Gaza y Líbano ofrece a China un tiempo valioso para fortalecer sus activos en la BRI mediante corredores más seguros.

Un frente paralelo en esta confrontación se desarrolla en el Mar Rojo. La actividad militar estadounidense e israelí cerca de Bab al-Mandab indica un intento de monopolizar el control de este cuello de botella estratégico. Si bien estas operaciones se presentan como una respuesta a las "amenazas a la navegación", en realidad están diseñadas para consolidar el dominio occidental sobre una arteria comercial global clave.

China, que estableció su primera base naval de ultramar en Yibuti en 2017 para proteger sus rutas marítimas en la Franja y la Ruta, considera esta militarización como un desafío directo. Según el Defense Post, Estados Unidos busca contrarrestar la creciente influencia de China en la región, citando los ejercicios navales conjuntos chino-rusos-iraníes y el apoyo de vigilancia chino a buques aliados.

En abril, Estados Unidos acusó a la empresa china Chang Guang Satellite Technology Co. de proporcionar imágenes satelitales a las fuerzas armadas yemeníes, alineadas con Ansarallah, para ayudar a localizar activos navales estadounidenses y aliados en el Mar Rojo. Si bien la empresa negó la acusación, calificándola de "calumnia maliciosa", Washington la considera una prueba de que Pekín está utilizando empresas privadas para librar una guerra de inteligencia indirecta.

Este acuerdo permite a China mantener una negación plausible, a la vez que se beneficia de las interrupciones en las operaciones marítimas estadounidenses. La negativa de Pekín a condenar los ataques yemeníes y su insistencia en poner fin a la guerra en Gaza como condición para la estabilidad regional se alinean con su estrategia más amplia de evitar la confrontación directa y, al mismo tiempo, socavar el control estadounidense.

Según el Instituto de Seguridad Nacional de Israel, China está “dispuesta a soportar el daño económico causado por la crisis” en el Mar Rojo, a cambio de no adoptar una posición coherente con los objetivos israelíes-estadounidenses.

Irán, sanciones y puntos de presión energética

Irán, el socio más cercano de China en la región, desempeña un papel igualmente crucial. Casi el 50 % de las importaciones de petróleo de China provienen de Asia Occidental, e Irán suministra una parte significativa a precios preferenciales; una relación marcada por las sanciones y la necesidad estratégica. Para Pekín, este corredor energético es esencial para protegerse de la manipulación del mercado estadounidense y asegurar la autonomía en la fijación de precios de la energía.

Sin embargo, Washington ha convertido a Irán en un objetivo central de su estrategia de contención. Desde el sabotaje al acuerdo nuclear hasta la presión indirecta y el estrangulamiento económico, la política estadounidense busca aislar a Teherán y forzar a sus socios, especialmente a China, a nuevas dependencias. El 1 de mayo, el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció la imposición de sanciones secundarias a cualquier entidad que compre petróleo o productos petroquímicos de la República Islámica.

Esta escalada está diseñada para golpear a China donde más le duele. Al debilitar la capacidad exportadora de Teherán, Washington limita las opciones de Pekín y la obliga a depender en mayor medida de los estados del Golfo Pérsico alineados con Estados Unidos. El objetivo de China de desamericanizar los flujos energéticos se ve así socavado y su visión a largo plazo de soberanía económica se ve comprometida.

En este contexto, el papel de Israel en la desestabilización regional —incluyendo el fomento del sectarismo en Siria y las operaciones cibernéticas dirigidas a la infraestructura iraní— favorece los objetivos estadounidenses al convertir a Irán en un nodo menos fiable en la red BRI de China.


¿Desacoplamiento estratégico o colisión directa?

La implicación más amplia de todas estas tendencias es que Asia Occidental ya no es un escenario secundario en la rivalidad entre Estados Unidos y China, sino la primera línea. Estados Unidos no se está retirando de la región para centrarse en Asia Oriental. En cambio, está utilizando a Asia Occidental como arma para acorralar a China a nivel global. Proyectos como el IMEC, las patrullas navales en el Mar Rojo y las sanciones antiiraníes son extensiones de esta lógica estratégica.

Mientras tanto, China sigue caminando por la cuerda floja diplomática: mantiene la neutralidad, evita la intervención militar y pide vagamente una desescalada. Pero la brecha entre sus intereses económicos y su postura política se está volviendo insostenible. Mientras Israel presiona para asegurar militarmente un régimen comercial diseñado para desplazar la BRI, Pekín debe decidir si su postura pasiva puede mantenerse o si se verá obligado a defender sus intereses con mayor firmeza.

Un delicado equilibrio inclinado por la resistencia

A pesar de la creciente presión, las fuerzas de resistencia en Asia Occidental siguen desempeñando un papel crucial en la configuración de este campo de batalla geopolítico. Desde Gaza hasta el Líbano, desde Irak hasta Yemen, su capacidad para imponer inseguridad en infraestructuras rivales —ya sean aeropuertos, oleoductos o rutas marítimas— genera fricciones que benefician a China sin obligar a Pekín a actuar directamente.

Los misiles balísticos hipersónicos de Saná, los restos del arsenal de Hezbolá o los posibles ataques transfronterizos de la resistencia iraquí contribuyen a un entorno donde los planes estadounidenses luchan por estabilizarse. Fundamentalmente, estos actores se han abstenido de atacar los intereses chinos, reforzando la imagen de Pekín como un socio comercial neutral en lugar de una potencia militar hegemónica.

Este equilibrio —donde la resistencia mantiene la región lo suficientemente inestable como para retrasar los proyectos de integración estadounidenses, pero no tan caótica como para perjudicar las inversiones chinas— ha funcionado hasta ahora a favor de Pekín. Pero a medida que Israel busca expandir su papel como centro económico occidental y las sanciones estadounidenses buscan aislar a China de fuentes de energía alternativas, el margen para la inacción china se está reduciendo.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente las de The Cradle.




Utilizando nuevas armas, prohibidas internacionalmente, Israel ha masacrado a 250 palestinos en tan solo 36 horas.
–––
Según el Director General del Ministerio de Salud de Gaza,
más de 150 heridos han sido ingresados ​​en Al-Awda y el Hospital Indonesio,
mientras Israel continúa atacando sistemáticamente instalaciones médicas y civiles.
Las autoridades informan de un aumento de malformaciones congénitas relacionadas
con estas nuevas armas y exigen una investigación internacional urgente sobre el uso
de armas químicas y experimentales por parte de Israel en su actual campaña
de limpieza étnica.
The Cradle



PRENSA

TRT/ ¿Qué esconde Israel al presentarse como “protector” de los drusos sirios?

No hay comentarios:

Publicar un comentario