600 días de genocidio en Gaza
Publicado originalmente
en la revista LeRUBICON
(Plataforma francófona de análisis enfocado en temas de seguridad y defensa, pero también de política exterior, con especial interés en la llamada guerra híbrida, los ciberataques, la guerra de la información y la renovación de los conflictos en diferentes espacios físicos)
el 23/05/2025
Versión al español Zyanya Mariana
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Foto: LeRubicon
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Israel en "guerra permanente", estrategia para sellar el destino del Estado de Palestina
La Operación "Muro de Hierro", lanzada el 21 de enero de 2025 por el ejército israelí en Cisjordania, evoca la lógica de la Operación "Escudo Defensivo", implementada en 2002 por el gobierno de Ariel Sharon: el cierre de Cisjordania, el desplazamiento de población, las detenciones masivas, la destrucción de infraestructura y la proliferación de mortíferas incursiones militares en zonas urbanas. El riesgo sería considerar estas dos operaciones militares como desvinculadas: la primera, estrictamente vinculada a la Segunda Intifada, y la segunda, al ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. Más que la reiteración de dos décadas de políticas represivas a gran escala, es importante comprender su vínculo: un profundo y continuo proceso colonial cuyo objetivo es impedir la viabilidad de un Estado de Palestina dentro de las fronteras de 1967, ejerciendo su soberanía sobre la Franja de Gaza y Cisjordania, con Jerusalén Oriental como su capital.
Así pues, en el contexto de la guerra en Gaza, el control israelí sobre Cisjordania se ha intensificado, donde, bajo el pretexto de la "lucha contra el terrorismo", miles de palestinos se enfrentan al despojo tanto material como político. Estos asuntos históricos para el futuro de ambas poblaciones se ven determinados por consideraciones que combinan intereses personales y la supervivencia de clanes políticos. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, aún espera continuar su carrera sellando definitivamente el destino de la "cuestión palestina". Por lo tanto, es pertinente cuestionar el marco en el que se desarrolla la operación militar israelí en Cisjordania y cómo esta estrategia de "guerra permanente", orquestada por Benjamín Netanyahu, busca confirmar el fin de cualquier solución de dos Estados.
| Causas y consecuencias, provocaciones y respuestas. Imagen vía Rodrigo Bazán |
Entre la no violencia y la invisibilidad
Desde la Segunda Intifada (2000-2005) hasta los atentados del 7 de octubre de 2023, dos dinámicas diferentes han atravesado las sociedades israelí y palestina. En esta última, el aplastamiento de todas las formas de resistencia provocó un debate en ciertas facciones políticas en la segunda mitad de la década de 2000, con un replanteamiento de la idea de que la lucha armada sería el principal medio de acción contra las fuerzas de ocupación israelíes. Este desarrollo debe entenderse a la luz del coste pagado por los palestinos en Cisjordania: miles de víctimas, en su mayoría civiles, y casi dos tercios de la población por debajo del umbral de la pobreza. Sobre todo, el ejército israelí se ha esforzado por destruir meticulosamente todos los lugares que representaban la vida cultural, política, económica y social palestina.Un nuevo proceso político palestino comenzó en 2007 con el nombramiento de Salam Fayyad como Primer Ministro de la Autoridad Palestina (AP), con el objetivo de asegurar la existencia de un Estado palestino para 2011. A nivel internacional, esto resultó en una diplomacia anclada en un discurso legalista destinado a consolidar el reconocimiento de este Estado de Palestina a través de la membresía en organizaciones internacionales, en particular la admisión a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, 2011), la obtención del estatus de observador no miembro en las Naciones Unidas (ONU, 2012) y la adhesión al Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI, 2015). Este movimiento también pudo apoyarse en el surgimiento de nuevos líderes, nacidos antes o en el momento de los Acuerdos de Oslo, graduados de universidades de renombre y comprometidos directamente con la diplomacia de la Autoridad Palestina o con la profesionalización de organizaciones no gubernamentales (ONG) que contribuyen a denunciar y documentar los crímenes de la ocupación israelí en los órganos de justicia internacional. Finalmente, a nivel local, se formó una resistencia popular y no violenta dentro de una red de aldeas de Cisjordania desposeídas de sus tierras por la construcción del muro o la colonización, que se benefició de la solidaridad de la izquierda radical israelí y de figuras internacionales.
Del lado israelí, la estrategia de Ariel Sharon, y posteriormente de Benjamin Netanyahu a partir de 2009, tuvo como objetivo gestionar el conflicto con los palestinos reduciendo su intensidad mediante la implementación de una serie de medidas de seguridad. En 2005, el ejército israelí se retiró de la Franja de Gaza, desmantelando los asentamientos que allí existían, en favor del control externo del territorio mediante la imposición de un bloqueo que se reforzó a partir de 2007 y la toma del poder por parte de Hamás. Una retirada unilateral concebida, según el gabinete de Sharon, como la "dosis de formol necesaria para impedir el proceso político con los palestinos": no se trata de una transferencia de poderes y de poder a una autoridad palestina, sino de la imposibilidad práctica de que un gobierno palestino ejerza su plena soberanía sobre el territorio.
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| Esto es nuestro - Y esto también La política de asentamientos de Israel en Cisjordania B'tselem |
En Cisjordania, el muro y la finalización de las llamadas carreteras de circunvalación, que permiten a los colonos llegar a las principales zonas urbanas de Israel sin cruzar las comunidades palestinas, fragmentan y parcelan el territorio en detrimento de los palestinos. Si bien la diplomacia israelí habla de un proceso de "separación", es más apropiado verlo como el establecimiento de un sistema de filtrado, donde cientos de puestos de control refuerzan el control territorial de Israel y permiten a las fuerzas de ocupación gestionar el movimiento palestino. Al mismo tiempo, la colonización nunca se ha detenido: según las Naciones Unidas, en 2023, 710.000 israelíes residían ilegalmente, según el derecho internacional, en Cisjordania y Jerusalén Este. La ONG israelí B'Tselem registró un crecimiento del 222 % entre 2000 y 2021. En conjunto, esta estrategia impide la unidad y la continuidad geográfica de un territorio palestino.
Estas dos dinámicas han dado lugar a una realidad en la que la existencia del Estado de Palestina se ha fortalecido en el escenario internacional, mientras que en el terreno, su capacidad para ejercer su soberanía se ha vuelto imposible. Ante las limitaciones de su estrategia de internacionalización, notablemente obstaculizada por la negativa de Estados Unidos a permitir que Palestina se una a la ONU como Estado miembro, la cuestión palestina parece estar quedando gradualmente relegada a un segundo plano en los asuntos internacionales. Si bien las revueltas de la Primavera Árabe desde 2011, en particular las guerras en Libia y Siria, han contribuido a marginar la cuestión palestina, el ascenso de Donald Trump al poder en Estados Unidos en 2017 ha exacerbado esta dinámica y complicado aún más la situación. Su elección, de hecho, parece ser una oportunidad histórica para Benjamin Netanyahu, quien la está aprovechando para debilitar la causa palestina en tres frentes.
En primer lugar, con la ayuda de la diplomacia estadounidense, Israel ha atacado al Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (URNWA), multiplicando las acusaciones en su contra para recortar su financiación. De los 14,3 millones de palestinos en todo el mundo, casi el 40 % (5,6 millones) están registrados como refugiados en el organismo. La existencia de esta institución sirve como recordatorio de su legítimo derecho al retorno o, al menos, a una compensación, según lo previsto en la Resolución 194 de la Asamblea General de la ONU. En segundo lugar, Donald Trump inició un poderoso acto diplomático al trasladar la Embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén en 2018, para conmemorar su reconocimiento de la ciudad como capital indivisible de Israel. Este movimiento, seguido poco después por Guatemala, Honduras y la República Checa, pretendía, desde una perspectiva israelí, frustrar definitivamente las esperanzas palestinas de una ciudad compartida como capital de ambos estados. Al año siguiente, Estados Unidos presentó el llamado "plan de paz para la prosperidad", promovido por la Casa Blanca como el "acuerdo del siglo", pero que en la práctica respaldaba todas las demandas israelíes. Finalmente, bajo el liderazgo de Donald Trump, varios estados árabes normalizaron sus relaciones con Israel, en particular mediante la firma de los Acuerdos de Abraham, sin ninguna consideración por el Estado de Palestina.
Así, al final del primer mandato del republicano, la cuestión palestina se vio marcada por una invisibilidad que se tradujo en un escaso interés por parte de los principales ministerios de Asuntos Exteriores árabes y occidentales, como lo demuestra la disminución de la cobertura mediática del Territorio Palestino.
| Resistencias sutiles, imagen de un supermecado en Francia |
Resistencia Armada Renovada
En 2021, la amenaza de desalojo de palestinos de Jerusalén Este por una sentencia judicial israelí a favor de los colonos desencadenó un levantamiento que volvió a situar brevemente a Palestina en el centro de la atención internacional. En los meses siguientes, varias ciudades palestinas de Cisjordania presenciaron el surgimiento de batallones armados independientes de las facciones palestinas tradicionales. En Yenín, Nablus y Tulkarem, una nueva generación pretendía romper con la política de la Autoridad Palestina de las dos últimas décadas volviendo a la lucha armada.Su cálculo era, como mínimo, racional. En primer lugar, observaron el fracaso patente de otras formas de lucha (1.negociaciones directas con Israel, 2.recurso a organismos internacionales y 3.lucha popular no violenta) ante la invisibilidad de la cuestión palestina. En segundo lugar, la ocupación militar israelí y la violencia de los colonos sigue matando a decenas y cientos de personas cada año (véanse los gráficos a continuación), sin ninguna perspectiva política que pueda dar a los familiares de las víctimas la esperanza de acceder a algún tipo de justicia o protección. Por último, también hay una falta de perspectivas socioeconómicas para la juventud palestina, cuyo porvenir depende de las autoridades israelíes.
Fuente: Oficina de las Naciones Unidas de la Coordinación de Asuntos Humanitarios
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| Fuente: Oficina de las Naciones Unidas de la Coordinación de Asuntos Humanitarios |
Al mismo tiempo, lo cierto es que esta opción resulta ser un callejón sin salida debido a la extrema asimetría de las relaciones de poder. Las medidas de seguridad israelíes, implementadas desde 1967 y drásticamente ampliadas y reforzadas desde la Segunda Intifada, imponen una vigilancia constante sobre los casi tres millones de palestinos en Cisjordania, con el apoyo de la cooperación en materia de seguridad de la Autoridad Palestina, sin dejar un ángulo libre para pensar en una plena autonomía de las organizaciones. Esta red de seguridad del territorio explica en parte por qué estos grupos surgen en campos de refugiados o en ciudades antiguas, como Nablus. La alta densidad y la singular arquitectura de estos lugares, compuestos por estrechos callejones y pasadizos, les permiten eludir parcialmente la vigilancia, fomentando así la concentración de grupos de jóvenes unidos por fuertes lazos locales y solidaridad.
Entre 2021 y 2022, el gobierno heterogéneo de opositores a Benjamin Netanyahu, liderado por el ultranacionalista Naftali Bennett, trabajaba para desmantelar estos grupos y todas las demás formas de resistencia. Como muestran los gráficos anteriores de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), las fuerzas de ocupación están aumentando sus incursiones destructivas y mortales: 83 palestinos fueron asesinados en Cisjordania en 2021, 154 en 2022 y 198 entre el 1 de enero y el 6 de octubre de 2023. Al mismo tiempo, los ataques de los colonos están en auge y la colonización avanza, bajo el impulso del nuevo gobierno de Netanyahu, que incluye ministros de extrema derecha, a una velocidad sin precedentes: un informe publicado en agosto de 2024 por la Representación de la Unión Europea en el Territorio Palestino Ocupado señala un número récord de permisos de construcción en Cisjordania y Jerusalén Oriental emitidos por las autoridades israelíes a favor de los colonos en 2023, desde 1993. Respectivamente, se autorizaron 12.349 y 18.333 nuevas unidades de vivienda. Finalmente, en octubre de 2021, el ministro de Defensa, Benny Gantz, anunció la inclusión de seis ONG palestinas, entre las más activas en la defensa de los derechos humanos, en la lista de organizaciones terroristas, justificando así las incursiones del ejército contra sus instalaciones y la detención de su personal.
Estas políticas represivas se produjeron en un momento en que Israel experimentaba un movimiento de protesta sin precedentes en la historia del país, dirigido contra Benjamin Netanyahu y, a partir de 2023, en apoyo del Tribunal Supremo, que se había convertido en blanco de una ofensiva gubernamental. Sin embargo, en ningún momento durante las 40 semanas de movilización, estos opositores, con la notable excepción del bloque antiocupación compuesto por la izquierda radical, articularon su lucha con una denuncia de las políticas implementadas en Cisjordania. Esta situación demuestra hasta qué punto la invisibilidad de los palestinos ha calado hondo en la sociedad judía israelí, convencida de que un problema colonial puede resolverse con una respuesta de seguridad estricta.
La estrategia de la "guerra permanente"
Las fallas en la defensa israelí reveladas el 7 de octubre han minado la confianza de los israelíes en su gobierno, ya gravemente debilitada por el movimiento de protesta. La primera encuesta del Instituto para la Democracia de Israel tras el ataque de Hamás reveló que solo el 20,5% de los israelíes confía en el gobierno, en comparación con el 87% que apoya al ejército. El primer ministro Benjamín Netanyahu, también objeto de varios juicios por corrupción, lanzó una guerra a gran escala en respuesta, con la esperanza de unir a la mayoría de los judíos israelíes. Durante los primeros meses, las encuestas parecieron darle la razón: tras haber tocado fondo, su partido, el Likud, volvería a encabezar la intención de voto en la primavera de 2024 en caso de nuevas elecciones. Si bien el Primer Ministro logró capitalizar la eliminación de los líderes de Hamás en la Franja de Gaza y de Hezbolá en el Líbano, junto con la caída del régimen sirio, que constituía un eslabón clave en el "eje de la resistencia", su firme apoyo a la opción militar a expensas de un acuerdo para asegurar la liberación de los rehenes hace que su posición sea más frágil de lo que parece. En marzo de 2025, una encuesta del instituto mencionado reveló que el 87% de los israelíes cree que Netanyahu debe asumir la responsabilidad del 7 de octubre y dimitir inmediatamente (48%) o tan pronto como termine la guerra (24,5%).Al firmar un acuerdo de alto al fuego el 15 de enero de 2025, Benjamin Netanyahu no calculaba un fin definitivo de la guerra. Si no compartimos la idea de que un Primer Ministro israelí, en este caso Netanyahu, cedió ante las exigencias de Donald Trump, es porque tenemos en cuenta la situación general en Palestina: la guerra se ha trasladado a Cisjordania sin que se haya producido una disminución real de la presión sobre la Franja de Gaza. Además, el contexto militar parece haber permitido hasta el momento a Benjamin Netanyahu posponer ciertos asuntos de política interna y unir la coalición gubernamental. Los partidos de extrema derecha han reiterado repetidamente su rechazo a un acuerdo con Hamás, así como su deseo de confirmar oficialmente la anexión de Cisjordania. La firma del alto el fuego provocó, en particular, que Itamar Ben Gvir, líder del partido supremacista Otzma Yehudit ("Fuerza Judía"), abandonara temporalmente la coalición. Sin embargo, la presión sobre Cisjordania satisface a la otra facción de extrema derecha, representada por Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas y líder de Mafdal (Partido Religioso Nacional-Sionismo Religioso), quien anunció su intención de convertir 2025 en el año de la anexión de Cisjordania.
Tras el 7 de octubre, el despliegue masivo del ejército hacia el "frente sur" se vio contrarrestado en Cisjordania por la movilización de reservistas de la unidad Agmar, compuesta principalmente por colonos. Mal entrenados y particularmente agresivos, sus miembros gozaban de considerable libertad de acción: en varias zonas palestinas que llevaban años sufriendo la violencia de los colonos, estos mismos atacantes regresaron de la noche a la mañana, esta vez vestidos con uniformes militares. La intensidad de la guerra en la Franja de Gaza, cuyo carácter genocida es ampliamente reconocido, ha atraído mucha atención mediática, relegando a Cisjordania a un segundo plano, a pesar de que el nivel de violencia no tiene precedentes desde la Segunda Intifada.
Entre el 7 de octubre de 2023 y el 4 de abril de 2025, las cifras de la OCHA para Cisjordania indican 913 palestinos muertos, miles de detenidos, más de 1.130 edificios destruidos parcial o totalmente —lo que obligó al desplazamiento de más de 40.000 palestinos— y 1.982 ataques de colonos registrados. Imágenes compartidas en redes sociales documentan numerosos casos de humillación y violencia desenfrenada, daños a la infraestructura sin motivo estratégico aparente y tiroteos contra civiles que no representan ninguna amenaza.
¿Una nueva fase, a la espera de nuevos actores?
El conflicto israelí-palestino ha entrado en una nueva fase, donde todas las hipótesis merecen atención, desde el plan árabe "realista" hasta los planes de Donald Trump de convertir Gaza en una nueva Riviera. Por extravagantes que parezcan los anuncios del presidente estadounidense, merecen consideración, ya que permiten a Israel levantar un tabú. En particular, desde el 17 de marzo y la reanudación de los bombardeos, seguida de la invasión terrestre de la Franja de Gaza, varios representantes gubernamentales han expresado explícitamente su deseo de reubicar a los palestinos del territorio. Una encuesta de opinión indica que casi el 70% de los israelíes apoya esta idea. Varios testimonios de palestinos en Gaza o de la diáspora palestina sugieren que miles de familias ya han abandonado el territorio, acogidas en diversos países del mundo, gracias, en particular, a la ampliación de la reunificación familiar, un proceso que podría acelerarse en las próximas semanas.
Salvo la disolución de la Knéset, está previsto celebrar nuevas elecciones en Israel en otoño de 2026. El gobierno ya ha indicado que las operaciones en curso en Cisjordania podrían durar un año. Si bien el futuro político de Benjamin Netanyahu parece seriamente comprometido, deben tenerse en cuenta las debilidades de su oposición: es diversa y, por lo tanto, actualmente incapaz de proponer un proyecto político coherente. ¿Podría esta dualidad ofrecer la oportunidad de una tercera vía? Según varios analistas, esto es lo que parece estar tomando forma con el regreso gradual, pero real a la política de Naftali Bennett. Podría unir en torno a él a los oponentes de Benjamin Netanyahu de la derecha nacionalista, los sionistas religiosos (de los que proviene originalmente) y a representantes de la "nación emergente" donde desarrolló su carrera profesional.
Es natural que estas cuestiones políticas experimenten importantes altibajos. En junio, Arabia Saudita y Francia planearon presidir una cumbre en Nueva York que podría conducir al reconocimiento de un Estado palestino. Esta perspectiva fue rechazada por una clara mayoría de legisladores israelíes, quienes en dos ocasiones en 2024 apoyaron resoluciones que se oponían a la soberanía palestina al oeste del río Jordán, y también por el 71% de los israelíes, según una encuesta del Sindicato Nacional Judío realizada en enero de 2025. Sin embargo, al negarse a reconocer el derecho palestino a la autodeterminación, los líderes israelíes están colocando a su sociedad en un dilema entre la plena igualdad para todas las poblaciones o el fortalecimiento de un régimen de apartheid. Esto es aún más cierto cuanto que la realidad demográfica entre el mar Mediterráneo y el río Jordán impone su propia realidad, la de una población árabe palestina que ahora es mayoritaria, que la colonización no puede revertir sin una limpieza étnica y un traslado masivo de población. Esto es lo que parece estar haciendo el gobierno israelí, sin que su impunidad se vea realmente amenazada por sus principales aliados occidentales por el momento.
Salvo la disolución de la Knéset, está previsto celebrar nuevas elecciones en Israel en otoño de 2026. El gobierno ya ha indicado que las operaciones en curso en Cisjordania podrían durar un año. Si bien el futuro político de Benjamin Netanyahu parece seriamente comprometido, deben tenerse en cuenta las debilidades de su oposición: es diversa y, por lo tanto, actualmente incapaz de proponer un proyecto político coherente. ¿Podría esta dualidad ofrecer la oportunidad de una tercera vía? Según varios analistas, esto es lo que parece estar tomando forma con el regreso gradual, pero real a la política de Naftali Bennett. Podría unir en torno a él a los oponentes de Benjamin Netanyahu de la derecha nacionalista, los sionistas religiosos (de los que proviene originalmente) y a representantes de la "nación emergente" donde desarrolló su carrera profesional.
| Haaretz, marzo 2 y 2025 |
Es natural que estas cuestiones políticas experimenten importantes altibajos. En junio, Arabia Saudita y Francia planearon presidir una cumbre en Nueva York que podría conducir al reconocimiento de un Estado palestino. Esta perspectiva fue rechazada por una clara mayoría de legisladores israelíes, quienes en dos ocasiones en 2024 apoyaron resoluciones que se oponían a la soberanía palestina al oeste del río Jordán, y también por el 71% de los israelíes, según una encuesta del Sindicato Nacional Judío realizada en enero de 2025. Sin embargo, al negarse a reconocer el derecho palestino a la autodeterminación, los líderes israelíes están colocando a su sociedad en un dilema entre la plena igualdad para todas las poblaciones o el fortalecimiento de un régimen de apartheid. Esto es aún más cierto cuanto que la realidad demográfica entre el mar Mediterráneo y el río Jordán impone su propia realidad, la de una población árabe palestina que ahora es mayoritaria, que la colonización no puede revertir sin una limpieza étnica y un traslado masivo de población. Esto es lo que parece estar haciendo el gobierno israelí, sin que su impunidad se vea realmente amenazada por sus principales aliados occidentales por el momento.
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