A dos años de un genocidio anunciado
908 días de tenogenocidio en Gaza
y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada
Día 33: Ataque ilegal a Irán
908 días de tenogenocidio en Gaza
y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada
Día 33: Ataque ilegal a Irán
Publicado originalmente
en Midle East Eye
(periódico digital panárabe independiente, fundado en febrero de 2014 y con sede en Londres)
el 30/03/2026
versión al español Zyanya Mariana
El presidente estadounidense Donald Trump señala con el dedo
al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu durante una reunión en Florida, EE. UU.,
el 29 de diciembre de 2025 (Reuters).
al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu durante una reunión en Florida, EE. UU.,
el 29 de diciembre de 2025 (Reuters).
Israel se está asegurando de que Trump
no pueda encontrar una salida a Irán.
Netanyahu presentó la guerra como una repetición de la aparente "hazaña audaz" de Israel al derrotar a Hezbolá. El presidente estadounidense debería haber destacado, en cambio, la derrota moral y estratégica de Israel en Gaza.
Jonathan Cook
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, debió haber convencido a Donald Trump de que una guerra contra Irán se desarrollaría de forma muy similar al ataque con buscapersonas en Líbano hace 18 meses.
Los dos ejércitos decapitarían conjuntamente a la cúpula dirigente de Teherán, que se desmoronaría tal como lo había hecho Hezbolá —o eso parecía entonces— tras el asesinato por parte de Israel de Hassan Nasrallah, líder espiritual y estratega militar del grupo libanés.
De ser así, Trump se creyó esta farsa. Dio por sentado que sería el presidente estadounidense que "reconstruiría Oriente Medio", una misión que sus predecesores habían rechazado desde el rotundo fracaso de George W. Bush en lograr el mismo objetivo, junto con Israel, más de 20 años antes.
Netanyahu dirigió la atención de Trump hacia la supuesta "hazaña audaz" de Israel en Líbano. El presidente estadounidense debería haber mirado hacia otro lado: al colosal fracaso moral y estratégico de Israel en Gaza.
Allí, Israel pasó dos años arrasando el pequeño enclave costero, dejando a la población sin comer y destruyendo toda la infraestructura civil, incluidas escuelas y hospitales.
Netanyahu declaró públicamente que Israel estaba "erradicando a Hamás", el gobierno civil de Gaza y su movimiento de resistencia armada que se había negado durante dos décadas a someterse a la ocupación ilegal y al bloqueo israelí del territorio.
En realidad, como prácticamente todos los expertos en derecho y derechos humanos concluyeron hace tiempo, lo que Israel estaba haciendo era cometer genocidio y, al hacerlo, quebrantar las reglas de la guerra que habían regido el período posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Pero dos años y medio después de la destrucción de Gaza por parte de Israel, Hamás no solo sigue en pie, sino que controla las ruinas.
Israel puede haber reducido en un 60% el tamaño del campo de concentración donde se encuentra confinada la población de Gaza, pero Hamás está lejos de ser derrotado.
Más bien, es Israel quien se ha retirado a una zona segura, desde donde reanuda una guerra de desgaste contra los supervivientes de Gaza.
Sorpresas por venir
Al considerar si lanzar una guerra ilegal contra Irán, Trump debería haber tomado nota del rotundo fracaso de Israel en destruir a Hamás tras bombardear este pequeño territorio —del tamaño de la ciudad estadounidense de Detroit— desde el aire durante dos años.Ese fracaso fue aún más evidente dado que Washington había proporcionado a Israel un suministro ilimitado de municiones. Ni siquiera el envío de fuerzas terrestres israelíes logró sofocar la resistencia de Hamás. Estas fueron las lecciones estratégicas que la administración Trump debería haber aprendido.
Si Israel no pudo someter militarmente a Gaza, ¿por qué Washington pensaría que hacerlo en Irán sería más fácil?
Después de todo, Irán es 4.500 veces más grande que Gaza. Su población y su ejército son 40 veces mayores. Y posee un temible arsenal de misiles, no los cohetes caseros de Hamás.
Pero aún más importante, como Trump parece estar aprendiendo a su costa, Irán —a diferencia de Hamás en la aislada Gaza— tiene palancas estratégicas con consecuencias de gran alcance.
Teherán está igualando la escalada de Washington paso a paso: desde atacar la infraestructura militar estadounidense en los vecinos estados del Golfo y la infraestructura civil crítica, como las redes eléctricas y las plantas desalinizadoras, hasta cerrar el estrecho de Ormuz, el paso por donde se transporta gran parte del petróleo y los suministros energéticos del mundo.
Teherán ahora sanciona al mundo, privándolo del combustible necesario para impulsar la economía global, de forma muy similar a como Occidente sancionó a Irán durante décadas, privándolo de los recursos esenciales para sostener su economía interna.
A diferencia de Hamás, que tuvo que luchar desde una red de túneles bajo las llanuras arenosas de Gaza, Irán cuenta con un terreno que le otorga una enorme ventaja militar.
Los acantilados de granito y las estrechas calas a lo largo del estrecho de Ormuz ofrecen un sinfín de posiciones protegidas desde las que lanzar ataques sorpresa. Las vastas cordilleras del interior ofrecen innumerables escondites: para el uranio enriquecido que Estados Unidos e Israel exigen a Irán que entregue, para soldados, para plataformas de lanzamiento de drones y misiles, y para fábricas de armas.
Estados Unidos e Israel están destruyendo la infraestructura militar visible de Irán, pero, tal como descubrió Israel al invadir Gaza, prácticamente desconocen lo que se esconde tras ella.
Sin embargo, de una cosa pueden estar seguros: Irán, que lleva décadas preparándose para esta lucha, tiene muchas sorpresas reservadas si se atreven a invadir.
Sin confianza en Trump
El principal problema de Trump, el narcisista en jefe de Estados Unidos, es que ya no controla los acontecimientos, más allá de una serie de declaraciones vacías, alternando entre la agresión y la conciliación, que parecen haber enriquecido únicamente a su familia y amigos, mientras los mercados petroleros suben y bajan con cada una de sus palabras.Trump perdió el control de la lucha militar en el momento en que cayó en la trampa de Netanyahu.
Puede que sea el comandante en jefe del ejército más poderoso del mundo, pero ahora se encuentra inesperadamente en una posición de mediocre.
Prácticamente es impotente para poner fin a una guerra ilegal que él mismo inició. Otros ahora dictan los acontecimientos. Israel, su principal aliado en la guerra, e Irán, su enemigo oficial, tienen todas las de ganar. Trump, a pesar de su bravuconería, se deja llevar por su influencia.
Puede declarar la victoria, como ha dado a entender en repetidas ocasiones. Pero, una vez desatada la guerra, poco puede hacer para poner fin al conflicto.
A diferencia de Estados Unidos, Israel e Irán tienen interés en prolongar la guerra mientras puedan soportar el sufrimiento. Cada régimen cree —por diferentes razones— que la lucha entre ellos es existencial.
Israel, con su visión de suma cero, teme que, si Irán igualara el poderío militar en Oriente Medio con su capacidad nuclear, Tel Aviv dejaría de tener la exclusiva influencia de Washington. Ya no podría, a su antojo, sembrar el terror en la región. Y tendría que llegar a un acuerdo con los palestinos, en lugar de su plan preferido de cometer genocidio y limpieza étnica.
De igual modo, Irán ha llegado a la conclusión —basándose en la experiencia reciente— de que no se puede confiar en Estados Unidos, y especialmente en Trump, más que en Israel.
En 2018, durante su primer mandato, el presidente estadounidense rompió el acuerdo nuclear firmado por su predecesor, Barack Obama. El verano pasado, Trump lanzó ataques contra Irán en medio de las negociaciones.
Y a finales del mes pasado, desató esta guerra, justo cuando las conversaciones reanudadas estaban a punto de tener éxito, según los mediadores.
Las palabras de Trump no valen nada. Podría llegar a un acuerdo mañana, pero ¿cómo podría Teherán estar seguro de no sufrir otra ronda de ataques seis meses después?
Irán se fija en el destino de Gaza durante las últimas dos décadas. Israel comenzó bloqueando el territorio y sometiendo a la población a una dieta que se intensificaba si se negaban a guardar silencio en su campo de concentración.
Luego, Israel comenzó a "cortar el césped" cada pocos años, es decir, a bombardear el enclave con ataques aéreos. Y terminó desatando un genocidio.
Los líderes iraníes no están dispuestos a arriesgarse a seguir ese camino.
En cambio, creen que deben darle a Estados Unidos una lección que no olvidará fácilmente. Irán busca causar tal devastación en la economía global y en los estados aliados de Estados Unidos en el Golfo, que Washington no se atreve a considerar una continuación.
Esta semana, el New York Times informó que los ataques iraníes habían dejado muchas de las 13 bases militares estadounidenses en la región "prácticamente inhabitables". Los 40.000 soldados estadounidenses en el Golfo han tenido que ser reubicados en hoteles y oficinas, incluyendo miles que han sido desplegados incluso en Europa.
Avivando las llamas
Como se hace cada día más evidente, los intereses de Estados Unidos e Israel en Irán se encuentran ahora en conflicto.Trump necesita restablecer la calma en los mercados cuanto antes para evitar una depresión global y, con ella, el desplome de su apoyo interno. Debe encontrar la manera de reimponer la estabilidad.
Ante el fracaso de los ataques aéreos para desalojar tanto a los ayatolás como a la Guardia Revolucionaria, Trump tiene dos opciones: ceder y entablar negociaciones humillantes con Irán, o intentar derrocar al régimen mediante una invasión terrestre e imponer un líder de su elección.
Pero dado que Irán aún no ha terminado de causar daño a Estados Unidos y no tiene motivos para confiar en la buena fe de Trump, Washington se ve inexorablemente abocado a la segunda opción.
Israel, por otro lado, se opone rotundamente a la primera opción, las negociaciones, que lo harían retroceder al punto de partida. Y sospecha que la segunda opción es inviable.
La principal lección de Gaza es que el vasto territorio iraní probablemente convierta a las tropas invasoras en blancos fáciles para un ataque de un enemigo invisible.
Existe un apoyo demasiado grande al liderazgo iraní —aunque los occidentales nunca se enteren— como para que Israel y Estados Unidos impongan a la población al pretendiente al trono, Reza Pahlavi, quien ha estado celebrando desde la distancia el bombardeo de su propio pueblo.
Israel inició esta guerra con una agenda completamente diferente. Busca el caos en Irán, no la estabilidad. Eso es lo que ha intentado generar en Gaza y Líbano, y todo indica que busca el mismo resultado en Irán.
Esto debería haberse comprendido hace mucho tiempo en Washington.
Esta semana, Jake Sullivan, exasesor de seguridad nacional de Joe Biden, citó comentarios recientes de Danny Citrinowicz, exlíder de la inteligencia militar israelí especializado en Irán, quien afirmó que el objetivo de Netanyahu es "simplemente desintegrar Irán y provocar el caos". ¿Por qué? "Porque", dice Sullivan, "desde su perspectiva, un Irán desintegrado representa una menor amenaza para Israel".
Esa es la razón por la que Israel sigue asesinando a líderes iraníes, como ya lo hizo en Gaza, sabiendo que figuras aún más beligerantes ocuparán su lugar. Busca líderes radicalizados y vengativos que se nieguen a dialogar, no pragmáticos dispuestos a hacerlo.
Por eso Israel ataca la infraestructura civil en Irán, como hizo en Gaza y como lo está haciendo ahora en Líbano, para sembrar la desesperanza y fomentar la división, y provocar que Teherán responda con represalias, lo que a su vez provocará mayor indignación en los países vecinos de Irán en el Golfo y arrastrará a Estados Unidos aún más al conflicto.
Por eso Israel ha estado colaborando secretamente con —y sin duda armando— a grupos minoritarios dentro y alrededor de Irán, como ha vuelto a hacer en Gaza y Líbano, con la esperanza de avivar aún más las llamas de la desintegración interna.
Los Estados en guerra civil, consumidos por sus propias luchas internas, representan poca amenaza para Israel.
Mensajes confusos
Como es habitual, Trump está enviando mensajes confusos. Está intentando negociar —aunque no está claro con quién— mientras reúne tropas para una invasión terrestre.Resulta difícil analizar las intenciones del presidente estadounidense porque sus declaraciones carecen por completo de sentido estratégico.
El miércoles por la noche, declaró en un evento de recaudación de fondos en Washington que Irán deseaba fervientemente llegar a un acuerdo, y añadió: «Tienen miedo de decirlo porque creen que su propia gente los matará. También temen que nosotros los matemos».
Esta no es la lógica de una superpotencia que busca consolidar su autoridad y restablecer el orden en la región. Es la lógica de un jefe criminal acorralado, que espera que un último intento desesperado pueda desbaratar los planes de sus rivales lo suficiente como para darles la vuelta a la situación.
Es probable que ese intento consista en enviar fuerzas especiales estadounidenses a ocupar la isla de Kharg, el principal centro de las exportaciones de petróleo iraní a través del estrecho de Ormuz.
Trump parece creer que puede usar la isla como moneda de cambio, exigiendo a Teherán que reabra el estrecho o perderá el acceso a su propio petróleo.
Según diplomáticos, Irán no solo se niega a ceder el control del estrecho, sino que amenaza con bombardear masivamente la isla —y a las fuerzas estadounidenses allí desplegadas— antes que darle a Trump una ventaja. Teherán también advierte que comenzará a atacar el transporte marítimo en el Mar Rojo, una segunda vía marítima vital para el transporte de petróleo desde la región.
Cómo se hizo la película 'Palestina 36'
(con la directora Annemarie Jacir) | El informe de Chris Hedges
(con la directora Annemarie Jacir) | El informe de Chris Hedges
Making the Film 'Palestine 36'
(w/ director Annemarie Jacir) | The Chris Hedges Report
(w/ director Annemarie Jacir) | The Chris Hedges Report
Aún tiene cartas bajo la manga.
Este es un juego de fuego que Trump difícilmente podrá ganar. Todo esto deja al liderazgo israelí en una posición ventajosa.Si Trump sube la apuesta, Irán hará lo mismo. Si Trump declara la victoria, Irán seguirá disparando para dejar claro que es él quien decide cuándo terminar el conflicto. Y en el improbable caso de que Estados Unidos haga grandes concesiones a Teherán, Israel dispone de múltiples maneras de avivar las llamas.
De hecho, aunque apenas lo informan los medios occidentales, ya está alimentando activamente esas tensiones.
Está devastando el sur del Líbano, utilizando la destrucción de Gaza como modelo, y preparándose para anexionarse territorios al sur del río Litani, de acuerdo con su agenda imperial del Gran Israel.
Sigue asesinando palestinos en Gaza, reduciendo el tamaño de sus campos de concentración y bloqueando la ayuda, los alimentos y el combustible.
Además, Israel está intensificando sus pogromos con milicias de colonos contra aldeas palestinas en la Cisjordania ocupada, preparándose para la limpieza étnica de lo que alguna vez se consideró la columna vertebral de un Estado palestino.
Sullivan, asesor principal de Biden, señaló que la visión israelí de un Irán "fracturado" no convenía a los intereses de Estados Unidos. Esta visión conllevaba el riesgo de una prolongada inseguridad en el estrecho de Ormuz, el colapso de la economía global y un éxodo masivo de refugiados de la región hacia Europa.
Esto agravaría aún más la crisis económica europea, de la que ya se culpa a la inmigración. Reforzaría el sentimiento nacionalista que los partidos de extrema derecha ya están ganando terreno en las encuestas. Acentuaría la crisis de legitimidad que ya enfrentan las élites liberales europeas y justificaría el creciente autoritarismo.
En otras palabras, fomentaría en toda Europa un clima político aún más propicio para la agenda supremacista israelí, donde la fuerza hace el derecho.
La salida que busca Trump es esquiva. E Israel hará todo lo posible para que siga siéndolo.
Mark Ruffalo, Anna Mouglalis, Simon Pegg, Ilana Glazer, Pedro Almodovar.
Voces torturadas
ÍNDICE:
PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN
TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA
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