miércoles, 31 de diciembre de 2025

605c. L' encre libre-Facebook/ Vandalismo, insultos, intimidación… atacados por la guerra en Gaza, los libreros organizan una "respuesta antifascista": PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA

A dos años de un genocidio anunciado
817 días de tecnogenocidio en Gaza
y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada


Publicado originalmente
en L'encre libre-Facebook
el 26/11/2025
Versión al español Zyanya Mariana



Vandalismo, insultos, intimidación… atacados por la guerra en Gaza, los libreros organizan una "respuesta antifascista".


En Rennes, París y Marsella, varias librerías independientes han sido vandalizadas en los últimos meses por abordar la difícil situación de los palestinos. Ante esta presión, sindicatos y asociaciones profesionales llaman a la acción colectiva. Se ha programado una concentración para el jueves 27 de noviembre a las 20:00 h en la Plaza de la República de París, bajo el lema "Respuesta antifascista".


Cuando la cultura se convierte en blanco de ataques

El 15 de noviembre de 2025, Petite Egypte, una librería general del distrito 2 de París, recibió a Francesca Albanese, Relatora Especial de la ONU sobre los Derechos Humanos en los Territorios Palestinos Ocupados, para presentar su libro "Cuando el mundo duerme: Historias, voces y heridas de Palestina".

Pero el evento se vio empañado por un acto de intimidación: la fachada fue pintada con ácido, con la inscripción "Albanesa, la puta de Hamás". Para Alexis Argyroglo, fundador de la librería, este tipo de ataque refleja "el clima tóxico actual que rodea la publicación de ciertos títulos problemáticos". Varias librerías están trabajando en una declaración conjunta para organizar una movilización contra esta presión.


Una serie de amenazas y actos vandálicos

Estos ataques no son incidentes aislados. En junio de 2025, la librería Les Jours Heureux en Rosny-sous-Bois (Seine-Saint-Denis) sufrió una desfiguración en el escaparate con la etiqueta "Hamás violador", mientras que la cerradura y la persiana de seguridad fueron selladas con pegamento. El vandalismo se produjo tras la presentación de un libro sobre israelíes que se niegan a unirse a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).

Unas semanas después, Violette and Co, una librería emblemática de la cultura lésbica y feminista en el distrito 11 de París, sufrió ataques similares: lemas pintados con ácido y cintas amarillas que simbolizaban el apoyo a los rehenes israelíes retenidos por Hamás. El libro infantil "Del río al mar" de Nathi Ngubane se encontraba en exposición. El libro, criticado por los medios de comunicación de Vincent Bolloré en Europe 1, CNews y el JDD (Journal du Dimanche), desató la polémica, ya que la librería fue acusada de ser "antiisraelí". La fachada fue vandalizada y la línea telefónica del establecimiento se vio inundada de llamadas de acoso.

En septiembre de 2025, la librería La Tête Ailleurs, en el distrito 11, también fue objeto de grafitis que decían "Hamás viola" y "Que se joda Hamás", después de que un exgerente publicara un polémico mensaje en Facebook. Los actuales gerentes se distanciaron de la publicación, pero la fachada sufrió daños.

Estos actos también han afectado a otras ciudades francesas: Lille, Rennes, Périgueux, Nantes, Lyon y Marsella han reportado incidentes similares. Las formas de violencia son diversas: grafitis, lanzamiento de piedras, acoso en redes sociales y robo de libros.

Análisis del fenómeno

Para Laura Boullic, editora marsellesa y miembro de la sección de librerías del sindicato SUD Culture, estos ataques se dirigen contra librerías comprometidas con la oposición a la colonización de Gaza. "Por un lado, está la extrema derecha y, por otro, la extrema derecha sionista, que está resurgiendo", explica.

Alexandra Charroin-Spangenberg, presidenta de la Asociación Francesa de Libreros (SLF), enfatiza que estas reacciones "reflejan la desaparición de un debate cívico constructivo y sereno". Según ella, la escalada de este fenómeno no se limita a los grupos identitarios, sino que afecta a todas las librerías que ofrecen contenido intelectual y crítico.


Subvenciones canceladas y un clima económico tenso

A este contexto de intimidación se suma un preocupante debilitamiento económico. El 20 de noviembre de 2025, el Ayuntamiento de París canceló una subvención de 482.000 € destinada a 40 librerías independientes para el mantenimiento y la renovación de sus locales. Los concejales republicanos, en particular Aurélien Véron, estrecho colaborador de Rachida Dati, justificaron la decisión denunciándola como un apoyo a ciertas estructuras consideradas problemáticas.

Para la Asociación Francesa de Libreros (SLF) y Paris Librairies, que representa a más de 200 librerías independientes, esta medida se percibe como un ataque selectivo, en particular contra Violette y Cía., y constituye «un preocupante giro político que pone en peligro la libertad de expresión, el pluralismo democrático y las condiciones laborales de los libreros».


Movilización y Solidaridad

Ante los repetidos ataques, SUD Cultura ha publicado una guía de autodefensa legal para libreros independientes, que describe los derechos de los trabajadores, la importancia de preservar las pruebas de los daños y los pasos iniciales a seguir en caso de un ataque.

La manifestación del 27 de noviembre de 2025 en la Plaza de la República tiene como objetivo expresar el apoyo colectivo a las librerías atacadas y defender el pluralismo cultural e intelectual. Sindicatos y asociaciones profesionales convocan a una participación masiva: proteger la libertad de leer, pensar y debatir se ha convertido en una cuestión nacional urgente.


Por qué es crucial

Estos incidentes trascienden el ámbito cultural. Representan:

Un ataque directo a la libertad de expresión, cuando la violencia y la intimidación buscan suprimir ciertos temas o perspectivas.

Un debilitamiento del tejido cultural independiente, esencial para el pluralismo y la diversidad de ideas.

Un preocupante cambio político, donde ciertas voces son sancionadas económica o públicamente por sus decisiones editoriales.

En Francia, en 2025, defender las librerías independientes significa defender la democracia, el debate pluralista y la libertad de pensamiento. Ignorar estos ataques significa aceptar que la censura y la intimidación se conviertan en la norma.

Fuentes: Libération, 20 Minutes, BFM TV, Mediapart.



  • Primer párrafo, capítulo IX "Genocidio" de Raphael Lemkin, 
    quien acuñara el término.






  • 605b. BLOGHEMIA/Franco Berardi (Bifo)/ La Guerra racista global: PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA


    A dos años de un genocidio anunciado
    817 días de tecnogenocidio en Gaza
    y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada



    Publicado originalmente
     en BLOGHEMIA
    (
    Revista digital de noticias culturales, artículos de opinión y servicios editoriales, radicada en Buenos Aires) 
    el 01/12/2025


    La Guerra racista global

    Durante la última década, he usado con frecuencia el término «guerra civil global» para describir la tercera guerra mundial que se ha estado gestando desde 2022 y que se declaró oficialmente el primer día del verano de 2025.

    Pero me equivocaba. No hay nada de civil en esta guerra fragmentada y omnipresente.

    Una guerra civil es un conflicto en el que chocan dos ideologías, como en la Guerra Civil Española de 1936-1939.

    Desde la Gaza palestina hasta la frontera entre Tailandia y Camboya,
    el año 2025 transcurrió entre incendios y fracturas: un año marcado por guerras,
    el resurgimiento de conflictos y un genocidio reconocido por las Naciones Unidas.



    Aquí no hay ideología, solo ferocidad.

    Genocidio en Sudán

    En 2022, comenzó la guerra interblanca: el nacionalismo ruso, provocado por el imperialismo de Biden, atacó a Ucrania, y la Unión Europea entró en una crisis terminal: la democracia liberal se defiende con una militarización acelerada del autoritarismo que se extiende dentro de las fronteras europeas.

    Pero mientras Europa se desintegra, el genocidio desatado por Israel ha inaugurado la guerra global, y en los últimos meses ha salido a la luz la verdadera naturaleza de la guerra que probablemente está destinada a destruir la civilización.

    Guerra India-Paquistán

    Esta guerra no tiene características humanas: es feroz porque es propiamente bestial, en el sentido de Liu Cixin, quien en El Bosque Oscuro hace decir a Thomas Wade: «Si perdemos nuestra humanidad, perdemos algo; si perdemos nuestra bestialidad, lo perdemos todo».

    Las bestias sionistas han logrado arrastrar al mundo a una guerra cuya naturaleza es racial.

    Guerra racial global: esta es la abominación a la que el nazismo, resucitado con Israel, ha arrastrado al mundo.

    Israel ataca Irán: guerra de 12 días


    En esta guerra, el genocidio se convierte en la norma. Gaza fue el primer capítulo, ahora le toca el turno a Irán: un país de noventa millones de habitantes que ha sido víctima tanto del colonialismo como del fundamentalismo islámico desde 1953, cuando el presidente democráticamente elegido Mossadeq fue ahorcado por intentar nacionalizar el petróleo arrebatándoselo a las empresas occidentales.

    El sacrificio de Ucrania y su juventud

    No creo que haya salida a esta guerra, no creo que la humanidad salga viva de ella.

    Esta guerra es el último aliento del león colonialista, moribundo, pero aún capaz de aniquilar la vida en el planeta. Su naturaleza es, por lo tanto, esencialmente racial: la senescente raza blanca utiliza toda la fuerza de su exterminio para impedir que el frente de los nacionalismos revanchistas del sur conquiste el dominio sobre recursos cruciales.

    En una entrevista con el Corriere della Sera, a la pregunta: «¿Por qué Israel puede tener la bomba atómica y los iraníes no?», Benny Morris responde: «Porque somos una sociedad democrática occidental y ellos un régimen islámico mesiánico y fanático».

    Esto significa, en realidad: porque formamos parte de la raza blanca dominante y ellos son esclavos negros por naturaleza y destino: una respuesta hitleriana.

    ¿Qué podemos esperar en el futuro próximo?

    ¿Cuál será la respuesta de las personas no blancas en todo el mundo?

    Guerra en la frontera Tailandia-Cambodia

    Temo que la respuesta sea el regreso del terror a una escala nunca antes vista. Y creo que las metrópolis occidentales serán el principal escenario de este terror.

    Por otro lado, el terror que se avecina está inscrito en la existencia de la mayoría de los seres humanos: ya no tenemos vida que vivir, la guerra está destinada a precipitar el colapso climático y a empobrecer a la sociedad ya empobrecida por el neoliberalismo. Millones de personas en todas las ciudades del mundo se preguntarán: ¿por qué sobrevivir en la humillación y la miseria?

    Hoy más que nunca, desertar es la única vía de escape posible para la humanidad. Minimizar la relación con la sociedad brutalizada, minimizar la necesidad de interacción económica, sobrevivir en escondites que puedan proteger nuestra existencia del horror en el que la historia está llegando a su fin.

    Deserción frugalidad amistad para sobrevivir mientras la historia humana termina en horror.


  • Primer párrafo, capítulo IX "Genocidio" de Raphael Lemkin, 
    quien acuñara el término.






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    605. REVISTA CRISIS/ Diego Sztulwark/ israel como modelo: PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA

    A dos años de un genocidio anunciado
    817 días de tecnogenocidio en Gaza
    y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada



    Publicado originalmente
     en REVISTA CRISIS
    (
    Colectivo Editorial, Asociación Civil con sede en Argentina) 
    el 06/12/2025

    Bara'a al-Jirjawi sobresalió en los exámenes de Tawjihi con un promedio
    del 97,9% a pesar de ser desplazada y provenir de una familia pobre. Convirtió
    las cajas de cartón de la ayuda humanitaria en cuadernos donde escribía sus lecciones.
    La historia de Bara'a no es solo un éxito; es testimonio de una voluntad férrea
    y la capacidad de convertir los recursos más sencillos en un camino hacia el futuro: un ejemplo contundente de la resiliencia y la determinación de los estudiantes de Gaza.
    FUENTE


    A Paolo Virno, maestro en el arte
    de detectar la contemporaneidad
    de lo no contemporáneo.


    israel como modelo


    Gaza no solo reclama o motiva nuestra solidaridad porque allí se esté produciendo un genocidio cuyas víctimas conmueven. Ese es sin dudas el punto de partida. Pero la resistencia palestina tiene un poderoso significado histórico que nos incumbe de manera esencial, pues el modelo bélico israelí es el talismán de las élites occidentales en su devenir fascista. En este ensayo se devela el corazón teológico-político del proyecto sionista.


    El 4 de enero de 2009 el filósofo argentino León Rozitchner publicó un artículo titulado “Plomo Fundido sobre la conciencia judía”. El ejército de Israel llamaba así, Operación Plomo Fundido, a una ofensiva militar sobre la Franja de Gaza. En respuesta al lanzamiento de cohetes y proyectiles de mortero por parte de milicianos de Hamas, el Estado judío realizaba una masacre y destruía infraestructura palestina invocando la retórica de la “guerra contra el terrorismo” que lanzó el gobierno de Estados Unidos luego del 11 de septiembre de 2001. La contabilidad de víctimas mortales fue de aproximadamente 1400 palestinos (960 civiles) y 14 israelíes (tres civiles), una relación de proporcionalidad que sirve como medida del valor de las vidas y que funcionará también cuando se realicen intercambios de rehenes y hasta cadáveres. Rozitchner escribe mientras las bombas estallan. Durante muchos años me pareció que ese texto exponía un razonamiento definitivo sobre el destino oprobioso del Estado de Israel. Abría con una cita a una premonitoria carta de Einstein de 1929: “Si nosotros nos revelamos incapaces de alcanzar una cohabitación y acuerdos con los árabes, entonces no habremos aprendido estrictamente nada durante nuestros dos mil años de sufrimientos y mereceremos todo lo que llegue a sucedernos”. El escrito dolorido del autor del libro Ser judío (1967) apuntaba con notable síntesis a la escisión de la conciencia judía ante la cuestión palestina.





    Leamos: “¿Recuerdan cuando hace dos mil años los judíos palestinos, nuestros antepasados en Massada sitiada, enfrentaron las legiones del Imperio romano y se suicidaron en masa para no rendirse? ¿Recuerdan la rebelión popular y nacional de nuestros macabeos contra la invasión romana, cuando murieron decenas de miles de judíos y se acabó la resistencia judía en Palestina y nos dispersamos otra vez por el mundo? ¿No piensan que esa misma dignidad extrema que nuestros antepasados tuvieron, de la que quizá ya no seamos dignos, es la que lleva a la resistencia de los palestinos que ocupan en el presente el lugar que antes, hace casi dos mil años, ocupamos nosotros como judíos? ¿No se inscribe en cambio esta masacre cometida por el Estado de Israel en la estela de la “solución final” occidental y cristiana de la cuestión judía? ¿Han perdido la memoria los judíos israelíes? No: sucede que se han convertido en neoliberales y se han cristianizado como sus perseguidores europeos, que, luego de exterminarlos, empujaron a los que quedaron vivos para que se fueran a vivir a Palestina con el terror del exterminio a cuestas”.

    Reconociéndose en esa historia de perseguidos que luchan —a la que pertenece el Gueto de Varsovia—, el judío Rozitchner se identifica con los palestinos cuya resistencia resulta heredera de ese pasado. Porque ser judío de izquierda es conducir las marcas de la persecución antisemita hacia una zona en la que las diversas opresiones elaboran un sentido común emancipador. Leyendo a Rozitchner uno no sabría cómo sentirse judío sino como un nuevo judío-palestino. Y es ese sentimiento, en todo caso, el que empuja a afrontar de modo crítico los efectos traumáticos del Holocausto nazi —esa masacre de millones de personas organizada por un Estado moderno que llevó al jurista judío Raphael Lemkim a crear la categoría de genocidio— como el lugar en el que triunfa la perspectiva “occidental y cristiana” de concebir la cuestión judía en Europa. Ese triunfo consiste en la incorporación de la racionalidad de la “solución final” sobre las acciones que el Estado de Israel realiza sobre la población palestina, lacerando al máximo lo que Rozitchner llama la “conciencia judía”.

    El hecho crucial es, pues, que los judíos israelíes que están en el poder han asumido su conversión en judíos cristianizados y neoliberales. Sujetos rehechos a imagen y semejanza de sus perseguidores europeos que luego de aniquilarlos los expulsaron a Palestina “con el terror del exterminio a cuestas”. Como se ve, el problema de la memoria del derrotado se plantea como una honda cuestión política, puesto que si los israelíes no hubiesen tenido que obturar una parte clave de sus recuerdos habrían perdido a sus poderosos aliados. Recordar a fondo hubiera orientado su “retorno” hacia esa Europa que les arrebató las tierras —el mundo material y lingüístico en el que vivían—, y luego los exilió. El ejercicio de una memoria políticamente digna lleva a identificar que fueron los europeos cristianos —y no los árabes musulmanes— los responsables de preparar, ejecutar y luego capitalizar la Shoá.





    Como enseñan Theodor Adorno y Max Horkheimer, el antisemitismo y el nazismo son parte de un desarrollo propio de la historia europea, cristiana y capitalista. La incapacidad del sobreviviente expulsado —que pacta, aterrado, la creación de un Estado de tipo europeo en tierra palestina— para integrar esta historia vivida en una conciencia crítica está en la base de su renuncia a enfrentarse con ese occidente neoliberal, triunfante también en Israel.

    De ahí que la memoria del Holocausto que Israel administra debe rechazar que “el Tercer Reich” se haya prolongado en “el 4º Reich del Imperio norteamericano” del que él mismo es un tentáculo armado contra una población civil asediada y asesinada solo por resistir y osar defenderse contra la expropiación ilimitada de un territorio que debía ser compartido.

    Este triunfo del planteo europeo de la cuestión judía permite a Rozitchner organizar una inesperada coincidencia de dos pensadores antagónicos de la política, Carl Schmitt y el joven Karl Marx, sobre “el fundamento cristiano del Estado germano que se prolonga como premisa también en el Estado democrático”. La teología política cristiana —trasfondo de las categorías políticas modernas— estuvo al comando de la aniquilación de judíos y bolcheviques del mismo modo en que comanda hoy la ofensiva de las ultraderechas y la expansión de la islamofobia. Ese fondo teológico-político es el que cimenta las categorías amigo-enemigo que actuaron durante el exterminio. Aniquilar lo judeo-marxista (espectro hoy revivido con el nombre de “marxismo cultural”) era barrer con “el materialismo judaico como premisa del socialismo”, que partiendo de la Naturaleza como fundamento de vida hizo temblar desde adentro —de Baruch Spinoza a Rosa Luxemburgo— al proyecto europeo de la universalización del cristiano-capitalista cuya realización histórica fue la colonización a sangre y fuego de buena parte del mundo.

    Los judíos que en Israel hacen depender sus “sueños mesiánicos” del respaldo “de los cristianos y del capitalismo para poder realizarse” han aceptado permutar al “enemigo verdadero por un enemigo falso”. El carácter moral y políticamente catastrófico de esta permuta constituye el corazón de la vibrante interpelación de Rozitchner al judaísmo, hace más de una década y media. Hubiera creído que ya no había más que agregar sobre la cuestión, si no fuera por lo que ocurrió a partir del 7 de octubre de 2023.




    El Harvard del antiterrorismo

    Israel ha probado nuevas armas durante su campaña de tierra arrasada en Gaza. Cada innovación bélica fue orgullosamente exhibida en redes sociales con el objetivo de llegar al público nacional e internacional y a los potenciales compradores de armas. Tal y como explica Antony Loewenstein —periodista judío-ateo cuyos abuelos huyeron de la Alemania nazi— en su extraordinario libro El laboratorio palestino (2025): más que una guerra, presenciamos “una fábrica de asesinatos en masa”, según le confesó al autor un oficial de inteligencia. Luego del 7 de octubre lo que se activa en el “laboratorio palestino” es un envalentonamiento, que alienta a la industria armamentística israelí y a las fuerzas políticas que pretenden formalizar una interminable conflagración “contra el terrorismo islámico” en la que Israel se ve a sí mismo como el guerrero definitivo de occidente. El autor cita un informe de 2021 de B’Tselem, la organización de derechos humanos israelí más importante en los territorios ocupados, que afirma que se ha establecido “un régimen de supremacía judía desde el Río Jordán hasta el Mediterráneo”, es decir, un “apartheid”.

    Israel se fue ganando un lugar protagónico entre quienes estimulan la retórica de la lucha contra el terrorismo. Su ejemplaridad quedó al descubierto en 2022 cuando Elliott Abrams, arquitecto de la “lucha contra el terrorismo” y asesor de los gobiernos de George W. Bush y Donald Trump, declaró que “el rol de Israel es servir como modelo”. Loewenstein sobredocumenta en su libro el significado de estas palabras: una industria armamentística de categoría mundial que se valoriza por medio de su utilización en territorio palestino ocupado. La comercialización de la tecnología para usos bélicos, de vigilancia y de control de poblaciones lleva el sello de garantía de calidad como “puesta a prueba en batalla”. Israel “saca provecho de la marca FDI” (Fuerzas de Defensa Israelí): “El laboratorio palestino es uno de los principales argumentos de venta de Israel”. El aspecto modélico que Loewenstein saca a la luz pública es la fusión exitosa de una estatalidad etno-nacional, un apartheid sostenido de modo indefinido en el tiempo y un esquema de negocios en base al tráfico y la tecnología más sofisticada. De modo tal que, mientras millones de personas en todo el mundo repudian el genocidio en Palestina, las élites de no pocos países se convencen de las ventajas de importar su modelo: “Israel utilizó la guerra como argumento para las ventas de su armamento y sus tácticas. Su propaganda ofrecía a las naciones un atractivo elixir que contenía la ilusión de que el Estado judío podía ayudarlas con sus problemas internos”. Las tácticas empleadas para publicitar las tecnologías bélicas israelíes incluyen, según Loewenstein, ferias de armamento explícitamente sexualizadas por medio del recurso a modelos femeninos militarizados.

    Israel, en cuanto modelo ideal de etno-nacionalismo militarizado —uno de los primeros diez vendedores de armas del mundo, y el país que integra más trabajadores en la industria de tecnologías para uso bélico en proporción a sus dimensiones—, confía en su capacidad para comercializar su mensaje y la imagen de una nación que se concibe como una Esparta global. En otras palabras: hace dinero y obtiene favores diplomáticos exportando conocimientos en materia de ocupación y entrenando en su territorio a los servicios de seguridad norteamericanos, quienes hablan del Estado judío como “la Harvard del antiterrorismo”.

    Por supuesto, la ideología militarista no se da en el aire. El desarrollo de la industria de armas en Israel, anterior a la fundación del Estado, se expande en los años cincuenta, se diversifica hacia las técnicas de vigilancia luego de la Guerra de los Seis Días (cuando en 1967 Israel ocupa Cisjordania, Jerusalén Este y los Altos del Golán), se neoliberaliza en los ochenta y se privatiza en los noventa. Al ritmo de esta evolución, el belicismo se fue convirtiendo en el principio rector de la mentalidad pública israelí. La imbricación entre seguridad, armamentismo y acumulación económica ha llegado a un punto tal que entre los grupos más poderosos se insiste en que poner fin al conflicto palestino sería “malo para los negocios y podría minar la ideología fundamental” del Estado. Así piensan las más de trescientas multinacionales y empresas de ciberseguridad que se han incubado en las últimas décadas.

    Para su industria armamentística, el 11-S y el empuje de la Casa Blanca a la “guerra contra el terrorismo” fue una buena noticia: “El sector de seguridad nacional produce miles de millones de dólares de beneficio por misiles, drones y equipamiento de vigilancia”. Buena parte del desarrollo económico del Estado judío de las últimas dos décadas se debe a su estrecha relación con las seis mil startups del país, que el Gobierno financia y apoya. El propio Israel es una suerte de startup de uso global.

    Loewenstein registra los progresos en la productividad de un modelo subjetivo y económico cuya agresividad modela a las élites de buena parte del planeta. Un modelo de racionalidad para las ultraderechas en momentos en que la izquierda carece de ejemplos inspiradores comparables. Los esfuerzos de innovación de las empresas de defensa de Israel tienen como objetivo principal “monetizar la ocupación colonial” y “vender la experiencia de controlar a otro pueblo, en el mercado global”. El modelo Israel es, pues, proveedor de tecnología —y de subjetividades— para el manejo de “población no deseada” en buena parte del globo.

    En la frontera entre Estados Unidos y México la empresa Elbit fue un actor importante al “repeler migrantes”. La Unión Europea emplea drones israelíes para monitorear a quienes procuran llegar a sus costas desde zonas adyacentes. También se interesan en sus métodos de control y vigilancia los gobernantes de la India, que tratan a la población musulmana de Cachemira, mucho más numerosa que la de Gaza, con el modelo palestino; China hace lo propio con los uigures, etnia de religión islámica que habita en la provincia Xinjian; y en Rusia, dados los rigores de la invasión que Putin decidió sobre Ucrania. O en Hungría, donde Orban moderniza sus métodos de control contra la oposición política. Neve Gordon, académico israelí, cree que el atractivo de la tecnología sionista en la lucha contra el terrorismo consiste “no solo en que los israelíes conseguían matar terroristas (la visión militar del mundo), sino en que matar terroristas no era necesariamente desfavorable para los objetivos económicos neoliberales, y en realidad los impulsaba”.

    La esperanza de Netanyahu es, por tanto, el aumento de los Estados que comparten su compromiso con el etno-nacionalismo, valorizando la ecuación de acumulación con limpieza étnica, y beneficiándose con la crisis en curso del derecho internacional. El “modelo gueto” aparece como una mercancía prometedora para quienes prevén un empeoramiento de la crisis climática: “El sector de defensa israelí se verá beneficiado (…) muros más altos y fronteras más estrictas, mayor vigilancia de los refugiados, reconocimiento facial, drones, vallas inteligentes y base de datos biométricos”. La divisa de Netanyahu de la destrucción como negocio no se distingue de la trumpista, con quien comparte el ideal inmobiliario de la reconstrucción de Gaza como imagen con la que volver atractiva la remodelación bélica del mundo. 


    Ahmed al Ahmed, residente de Sídney de origen sirio, recibió un cheque
    por 2.5 millones de dólares tras haber desarmado a uno de los atacantes del tiroteo
    ocurrido en playa Bondi durante una celebración de Janucá, ataque que dejó
    al menos 15 personas muertas.
    FUENTE



    Exigencias de la crítica

    Israel como ejemplo en la remodelación supremacista del planeta enfrenta, como su contracara y obstáculo específico, una reacción global contra los neocolonialismos. La crítica del modelo sionista ofrece para la recomposición de las fuerzas democráticas en todo el globo, por lo tanto, una enorme importancia potencial. Por eso, el historiador judío Ilan Pappé informa en su libro El lobby sionista. Una historia a ambos lados del Atlántico (2024) sobre la existencia de un equipo ministerial específico que monitorea, supervisa y censura a académicos de habla inglesa como parte de una “batalla por la legitimación de Israel”. El grupo forma parte de un esfuerzo superior que desde el siglo XIX brega por convencer “a su propio pueblo y a todo el mundo de que su existencia es legítima”. Pappé se pregunta: ¿qué lleva a un Estado consolidado como es hoy Israel a preocuparse, en pleno siglo XXI, por invertir cuantiosos recursos “en dos grandes lobbies, el cristiano y el judío, a ambos lados del Atlántico”? La respuesta es simple: el sionismo afronta su fracaso histórico en el intento de consumar el proceso de colonización por asentamiento, que sí se consolidó con éxito en el siglo XIX en países como Estados Unidos o Australia. Y Argentina. En estos países la desposesión y el genocidio de la población nativa resultó exitoso para los estándares del derecho internacional de la época. Si el caso de Israel es distinto, se debe a la existencia de una fuerza que cuestiona de manera persistente, y no es otra que la del pueblo palestino. Su empecinada resistencia es la razón del fracaso de la legitimidad de la estatalidad israelí, que debió resignar la defensa abierta de sus políticas ante la opinión pública para concentrarse en influenciar a las élites mundiales (sobre todo a las occidentales del norte).

    Esa imposibilidad de completar el genocidio es lo que determina el fracaso del lobby sionista, cada vez menos influyente sobre una joven generación judía norteamericana y más obligado a reducir sus recursos retóricos a la denuncia del antisemitismo para descalificar a sus críticos. Antisemitismo que por supuesto existe y de modo creciente, incluso en la izquierda, pero no es para nada el motivo real de los cuestionamientos a las políticas de Israel. Porque el antisemitismo no es la oposición a Israel, ni siquiera a lo judío. Adorno y Horkheimer lo definieron —en Dialéctica de la ilustración— como un furor ciego descargado sobre un sujeto indefenso; una forma de poder que, nacida en la Europa cristiana contra los judíos, encuentra eficacia moderna al ser utilizada como proyección de una injusticia económica. La naturaleza burguesa del antisemitismo moderno descansa precisamente en esa funcionalidad para procesar todo descontento con el sistema, constituyendo un rasgo propio del fascismo. Los autores señalan que no existe un “antisemitismo genuino”, dado que “las víctimas son intercambiables entre sí, según la constelación histórica: vagabundos, judíos, protestantes, católicos, cada uno de ellos puede asumir el papel de los asesinos y con el mismo ciego placer de matar, tan pronto como se siente poderoso como la norma”.

    Hay que advertir hasta qué punto Gaza ha cambiado el lugar que el nazismo ocupa en la historia. La bestialidad racista tecnificada ya no se nos aparece como un pasado derrotado —en la Segunda Guerra Mundial—, sino como una reemergencia victoriosa. Esa es la preocupación que detectamos al leer libros tan recientes como El mundo después de Gaza, del hindú Pankaj Mishra; Pensar después de Gaza, de Franco “Bifo” Berardi (2025); o Gaza ante la historia, del historiador Enzo Traverso (2024). Libros a los que acudimos sabiendo que ningún ensayo podrá por sí solo frenar el naciente despotismo genocida, pero también que la necesidad de buenos argumentos se requiere en cualquier estrategia. En todos ellos se señala la necesidad de retomar los estudios sobre el Holocausto nazi y se nos advierte que los problemas del viejo colonialismo no solo no han desaparecido sino que son ahora retomados por las élites globales para controlar zonas del mundo que antes eran consideradas enteramente “civilizadas”.

    No es posible concebir la política propia, la que nos toca de manera más inmediata, sin comprender que el modelo israelí ya forma parte de nuestra realidad de múltiples maneras, comenzando por la fervorosa (o febril) adhesión del Gobierno argentino actual, y siguiendo por una oposición que mayormente calla complaciente sobre estas cuestiones. En una entrevista concedida en el año 2000 —“Mi derecho al retorno”—, Edward Said dijo que “no hay síntesis posible”, ni principio de conciliación concebible, entre el “impulso mesiánico de los sionistas y el impulso palestino a permanecer en la tierra”. Luego del 7 de octubre las editoriales Lom y Tinta Limón publicaron un volumen —Palestina, anatomía de un genocidio— con contribuciones de autores argentinos y chilenos, descendientes de judíos y palestinos, al tiempo que Rodrigo Karmy Bolton (uno de los compiladores) reunió sus propios artículos en Palestina sitiada, ensayos sobre el devenir Nakba del mundo (2024).

    En esos textos se destacan enunciados de curiosas resonancias con las reflexiones de Rozitchner, entre ellos la consideración del sionismo como “la forma del judío convertido definitivamente al cristianismo imperial” o la conminación a comprender “qué tipo de violencia se ejerce desde los oprimidos” en una perspectiva “que los distinga o impida su identificación para con la violencia de los opresores”. Para Karmy (como para Rozitchner) una “verdadera crítica de la violencia” debe actuar poniendo énfasis en su naturaleza defensiva. Pappé describe la acción del 7 de octubre en dos tiempos: un asombroso avance militar inicial sobre guarniciones militares israelíes y luego una degeneración sangrienta hacia la población civil. La reflexión de Rozitchner sobre la naturaleza “no asesina” de la contraviolencia viene sin dudas a cuento y se vuelve un antecedente de importancia para procesar la oposición al modelo.



    El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, anunció el 18 de diciembre
    sanciones estadounidenses contra dos jueces de la Corte Penal Internacional (CPI),
    Gocha Lordkipanidze, de Georgia, y Erdenebalsuren Damdin, de Mongolia,
    acusándolos de estar "directamente involucrados" en lo que describió como "ataques ilegítimos contra Israel".
    Los jueces habían autorizado órdenes de arresto contra el primer ministro israelí,
    Benjamin Netanyahu, y el exministro de Defensa, Yoav Gallant, acusándolos
    de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad en Gaza.
    Las sanciones se produjeron tras un fallo de la cámara de apelaciones de la CPI
    a principios de esta semana, que rechazó el intento de Israel de invalidar
    las órdenes de arresto.
    La CPI declaró el jueves que "rechaza enérgicamente" las nuevas sanciones estadounidenses, calificándolas de "ataque flagrante" a la independencia de
    una institución judicial imparcial.
    "Estas medidas dirigidas a jueces y fiscales elegidos por los Estados Partes socavan
    el Estado de derecho", declaró el tribunal.
    La declaración agregó que el tribunal respalda firmemente a su personal y a las víctimas de atrocidades inimaginables.
    FUENTE


    Además de textos históricos o informativos, se publicaron en la Argentina luego del 7 de octubre al menos tres ensayos —Derecho de nacimiento. Crónicas de Israel y Palestina, libro de Camila Barón (2024); Oreja madre. Mi cuestión judía, libro de Dani Zelko (2025); y “Shoyn es basta”, artículo de Marcela Perelman en el número 66 de crisis (2025)— relevantes para desandar el prejuicio de una adhesión inmediata de la llamada comunidad judía argentina al modelo israelí. Lo que brilla en estos esfuerzos es el disponerse a una transformación subjetiva que surge de no eludir lo que Rozitchner en su libro Ser judío llamó “índices de realidad”. Si lo judío perseguido tuvo como índice el peso de la “inhumanidad de lo humano” procedente de la mirada antisemita, al volverlo realidad propia el judío se descubría de izquierda porque ese era el lugar común en el que podían aunar fuerzas quienes eran perseguidos por humanos deshumanizantes y luchaban por instaurar un orden de cosas que los incluyera de pleno derecho.

    Huir a Israel pudo ser para muchos judíos de hace medio siglo una esperanza de refugio. La situación es hoy muy otra, y ser judío y a la vez de izquierda ya no puede querer decir otra cosa que mirar de frente lo que sucede en Palestina con la misma feroz claridad con la que pretendemos mirar a quienes en nuestro país organizan la desecación de la existencia.

     







    martes, 30 de diciembre de 2025

    604b. DESCIFRANDO LA GUERRA/ Tarek Saliba Rodríguez/ Los refugiados palestinos en Jordania ante el genocidio en Gaza: PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA

    A dos años de un genocidio anunciado
    816 días de tecnogenocidio en Gaza
    y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada


    Publicado originalmente
    en DESCIFRANDO LA GUERRA

    (
    Portal dedicado al seguimiento y análisis de la política internacional. Hablamos sobre conflictos, disputas comerciales, elecciones, movimientos de protesta y otros acontecimientos clave.)
    el 18/09/2025
    Versión al español Zyanya Mariana

    El centro de Talbieh, uno de los campos de refugiados palestinos más grandes que hay en Jordania. Fuente: Omar Chatriwala - bajo CC BY-NC-ND 2.0



    Los refugiados palestinos en Jordania ante el genocidio en Gaza


    El 11 de febrero de 2025, el rey Abdalá II de Jordania se reunió con el presidente estadounidense, Donald Trump, para debatir sobre el plan de expulsión forzosa de más de dos millones de palestinos desde la Franja de Gaza hacia Jordania y Egipto. A pesar de la negativa del monarca jordano, la discusión de dicho plan volvió a poner en evidencia la complicidad de ciertos Estados árabes frente al proceso de exterminio del pueblo palestino.

    El presente artículo analiza la evolución de la relación entre Jordania y la población refugiada palestina, así como la forma en que la discriminación sufrida por parte de esta comunidad dentro del Estado jordano ha terminado por trasladarse, también en el plano legal, hacia otras poblaciones refugiadas en el país.


    Muhammad Ali (nacido como Cassius Marcellus Clay Jr.) (1942-2016) visita un campamento de refugiados palestinos en el sur de Líbano en 1974


    La cuestión palestina en Jordania

    En la década de 1930 –cuando Jordania se denominaba Transjordania y se encontraba bajo control británico–, el rey Abdalá I –bisabuelo del actual monarca– promovió una relación de cooperación con el movimiento sionista, convirtiéndose en un aliado estratégico. Esta alianza se basaba, en gran medida, en una enemistad compartida hacia la causa palestina, lo que marcó los primeros indicios de un nacionalismo transjordano definido por su firme oposición al nacionalismo palestino.

    En este contexto, Abdalá intentó persuadir a la Yishuv –la comunidad judía de Palestina bajo el Imperio Otomano y, posteriormente, bajo el Mandato Británico– de la utilidad de establecer un Estado unitario integrado por palestinos, transjordanos y judíos bajo su liderazgo. Tal como señala el historiador Avi Shlaim, estos contactos fueron aprovechados por el movimiento sionista como una estrategia para “asegurar el apoyo de un dirigente árabe como contrapeso al antagonismo palestino”.

    Sin embargo, los planes del rey Abdalá no se desarrollaron como él había previsto. Aunque Transjordania obtuvo su independencia de Reino Unido en 1946, la Nakba y la proclamación del Estado de Israel en 1948 hicieron inviable la idea de un Estado unitario liderado por Transjordania. En consecuencia, Abdalá optó por aceptar el plan de partición de Palestina propuesto por Tel Aviv, ocupando y anexionándose la actual Cisjordania en 1951, tras la primera guerra árabe-israelí, otorgando la ciudadanía jordana a aproximadamente medio millón de refugiados palestinos.

    Según la profesora Julieta Espín Ocampo, en su estudio La lucha identitaria palestina a través del fútbol: Al Wehdat FC en Jordania, con dicha anexión el rey buscó desarrollar una identidad nacional común basada en cuatro premisas fundamentales: el reconocimiento de la dinastía hachemita como símbolo de la actual Jordania; el supuesto compromiso con los ideales panarabistas; el aparente reconocimiento del “derecho al retorno” de los palestinos; y la unidad de los territorios a ambas orillas del río Jordán.

    Desde entonces, la ciudadanía jordana –aquella que implica el ejercicio pleno de derechos– se ha estructurado principalmente en torno a dos grandes grupos: el transjordano y el palestino. 

    La llamada Guerra de los Seis Días, en el verano de 1967, supuso la pérdida del control jordano sobre Jerusalén Oriental y Cisjordania –con su desanexión formal en 1988– e introdujo importantes cambios en su relación con la población palestina. Jordania no solo perdió cerca de la mitad de su territorio habitado, sino que fue testigo de un segundo éxodo de refugiados palestinos hacia su territorio.

    La consecuencia política más significativa de esta derrota fue el fortalecimiento de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) como representante legítimo del pueblo palestino, tanto dentro como fuera de los Territorios Ocupados. Este proceso desembocó en la guerra civil de 1970 –conocida como Septiembre Negro– entre el ejército jordano y la OLP, que concluyó con la expulsión de la organización hacia Líbano.

    El nuevo auge del nacionalismo palestino tras la guerra, así como las actividades políticas desarrolladas principalmente en los campamentos de refugiados, generaron cambios significativos en las políticas y actitudes del régimen jordano hacia esta comunidad. Uno de los hitos más reveladores de este viraje fue la firma del tratado de paz con el Estado de Israel en 1994.

    El estatus de los refugiados en Jordania

    A día de hoy, más de seis millones de ciudadanos jordanos son de origen palestino. Sin embargo, según datos de la UNRWA, alrededor de tres millones de personas palestinas en Jordania se encuentran en condición de refugio, y unas 150.000 originarias de la Franja de Gaza viven en situación de apatridia.

    Los ciudadanos jordanos de origen palestino tienen derecho al voto, acceso a los servicios públicos –como la educación superior– y la posibilidad de trabajar en el sector público. Gracias a la ciudadanía que les fue concedida, muchos han logrado salir de los campamentos de refugiados y ascender económica y socialmente dentro del reino hachemita. Esta integración, sin embargo, ha generado diferencias en el grado de activismo político entre quienes residen dentro y fuera de los campamentos. 

    En consecuencia, el compromiso con la causa del retorno a la Palestina histórica y el activismo político ha tendido a diluirse entre quienes lograron integrarse en los sectores acomodados de la sociedad jordana. En contraste, los grupos más desfavorecidos –particularmente aquellos que aún residen en los campamentos de refugiados– han mantenido una postura activa en la reivindicación del derecho al retorno.

    Esta integración parcial de la comunidad palestina no ha implicado que esté libre de discriminación. Con frecuencia, los ciudadanos jordanos de origen palestino son objeto de recelos por parte de la población jordana “autóctona”, especialmente en lo que respecta a su lealtad al régimen. Esta desconfianza ha derivado en la implementación de políticas de “jordanización” orientadas a limitar su participación política y reforzar la identidad nacional transjordana.

    No obstante, cabe señalar que no se trata de la única comunidad que ha enfrentado discriminación en el país. En la actualidad, Jordania acoge a aproximadamente 1,3 millones de personas refugiadas procedentes de Siria, de las cuales solo alrededor de la mitad están registradas oficialmente por ACNUR. Durante década y media, la percepción de competencia por recursos limitados ha derivado en actitudes discriminatorias y violencia hacia dicha población.En 2015, un informe de Carnegie Endowment for International Peace reveló que el 85% de los trabajadores jordanos se oponía a la libre entrada de personas sirias al país, el 65% creía que deberían residir tan solo en campos de refugiados, y el 96% consideraba que les arrebatan oportunidades laborales.


    El rey de Jordania, Abdalá II, participa en el aniversario de la Batalla de Karameh de 1968 entre el ejército jordano y las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Fuente: redes sociales
    de Abdalá II


    De esta manera, a lo largo de las últimas décadas, la política migratoria de Jordania ha estado marcada por un enfoque altamente restrictivo y discriminatorio hacia las personas refugiadas. Aunque el país ha ratificado el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, no ha suscrito la Convención de Ginebra de 1951 ni su Protocolo de 1967, considerados pilares fundamentales del derecho internacional en materia de protección de personas refugiadas.

    La única disposición legal relevante en esta materia es un Memorando de Entendimiento firmado con ACNUR en 1998, mediante el cual se otorga a dicho organismo la responsabilidad de determinar el estatus de refugiado para quienes soliciten asilo en Jordania. El acuerdo también reconoce la necesidad de permitir que las personas refugiadas que residen legalmente en el país puedan ejercer determinadas profesiones con el fin de garantizar su subsistencia y la de sus familias.

    No obstante, en la práctica, existen numerosos obstáculos estructurales que dificultan su acceso al mercado laboral, particularmente en sectores clave como la medicina, la educación, los servicios, el transporte y la administración pública, entre otros.

    La carta magna ratificada en 1954, junto con la Ley de Residencia y Asuntos Exteriores de 1973, establece de forma explícita que el derecho al trabajo está reservado exclusivamente a la ciudadanía jordana, e instruye a las empresas a abstenerse de contratar a personas que no cuenten con un permiso de residencia válido.

    Asimismo, el acceso al sistema educativo público se encuentra restringido. Solo quienes cuentan con un certificado válido de solicitante de asilo y una tarjeta de servicios emitida por el Ministerio del Interior pueden matricularse en instituciones públicas. Aquellos que no disponen de esta documentación únicamente pueden acceder a programas educativos informales gestionados por oenegés u organizaciones religiosas.

    Jordania frente al creciente malestar

    A pesar de que aproximadamente la mitad de la población jordana es de origen palestino, y de que el país alberga una de las mayores proporciones de personas refugiadas per cápita del mundo, este contexto ha sido estratégicamente instrumentalizado por la monarquía hachemita como una herramienta de legitimación y proyección internacional.

    Jordania ha cultivado una imagen de Estado supuestamente tolerante y acogedor hacia las personas refugiadas, mientras normalizaba relaciones diplomáticas con Israel, lo que le ha permitido posicionarse como un aliado clave en la región y atraer un importante flujo de apoyo financiero externo. Actualmente, es el tercer mayor receptor de ayuda estadounidense, solo por detrás del Estado sionista y Ucrania.

    Amán también ha instrumentalizado esta realidad para disuadir cualquier tentativa de movilización popular y reforma democrática real, y ha recordado a la ciudadanía cómo la organización social para exigir demandas democráticas puede desembocar en un conflicto armado, como en el caso de Siria.

    En este sentido, pese a proyectarse como una monarquía reformista, el rey ostenta amplios poderes y, en la práctica, las reformas políticas y administrativas han sido tímidas, con mínimos intentos de descentralización que no han logrado una mayor autonomía de las comunidades locales

    En línea con esta estrategia, pese a que Abdallá II rechazara públicamente en febrero acoger a la población procedente de la Franja de Gaza –bajo el argumento de que supondría aceptar el plan de limpieza étnica–, evitó toda confrontación directa con Donald Trump durante su visita a la Casa Blanca.

    No fue hasta horas después del encuentro que el monarca expresó en su cuenta de X su rechazo a una expulsión masiva de población palestina, en una maniobra que parecía más orientada a apaciguar el descontento interno que a manifestar una oposición real a la limpieza étnica. A su regreso a Amán, el rey fue recibido por miles de personas en un acto cuidadosamente preparado y escenificado para reafirmar su supuesta popularidad y fortaleza.

    El creciente malestar social hacia la monarquía hachemita se ha reflejado de distintas formas. Este descontento se ha visto alimentado por las consecuencias sociales, económicas y humanas del genocidio en la Franja de Gaza, con la población palestina sintiendo que la respuesta del gobierno jordano ha sido insuficiente o nula.

    En las elecciones parlamentarias de septiembre de 2024, el Frente de Acción Islámica –brazo político de los Hermanos Musulmanes en Jordania y muy crítico con la inacción del gobierno ante el genocidio– fue el partido más votado: triplicó el número de escaños que tenía. Meses después, el gobierno ilegalizó dicha organización y ordenó el cierre de todas sus sedes y oficinas en el país.


  • Primer párrafo, capítulo IX "Genocidio" de Raphael Lemkin, 
    quien acuñara el término.