A dos años de un genocidio anunciado
808 días de tecnogenocidio en Gaza
y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada
Publicado originalmente
en TRT ESPAÑOL
(compañía de radiodifusión pública de Turquía, fundada en 1964)
el 14/12/2025
Cómo la “lesión moral” está alimentando el colapso de la salud mental dentro del ejército israelí.
Con
el aumento de los intentos de suicidio y miles buscando ayuda
psicológica, expertos alertan de que el ejército israelí se quiebra por
el peso moral del genocidio en Gaza, con consecuencias duraderas para la
sociedad.
Zeynep Conkar
A 26 meses desde que empezó el brutal genocidio de Israel en Gaza, una brecha silenciosa avanza dentro del propio ejército israelí: el aparato militar atraviesa un colapso psicológico de gran magnitud.
De acuerdo con datos del Ministerio de Defensa, más de 85.000 soldados han solicitado tratamiento psicológico desde octubre de 2023, la cifra más alta jamás registrada en la historia del país. Al mismo tiempo, los suicidios han alcanzado su nivel más elevado en 13 años. Entre enero de 2024 y julio de 2025, al menos 279 soldados intentaron quitarse la vida.
Todo
ello ocurre en paralelo a una devastación sin precedentes en Gaza.
Desde octubre de 2023, el ejército israelí ha matado a más de 70.300
palestinos, en su mayoría mujeres y niños, y ha herido a más de 171.000
personas, según las autoridades sanitarias de Gaza. Así, la violencia
masiva y prolongada no solo ha destruido ciudades enteras, sino que
también ha dejado secuelas profundas en quienes la ejecutan.
La devastación en Gaza no solo se mide en vidas humanas. También alcanza a la naturaleza, a los ecosistemas y a especies que hoy están al borde de la desaparición. |
En este contexto, la semana pasada un oficial de la reserva de la Brigada Givati murió por suicidio tras sufrir un “grave deterioro psicológico”. Poco antes, otro soldado, de solo 21 años, declaró ante legisladores que su participación en el genocidio lo había llevado al límite. “Soy un cadáver andante”, dijo, en una frase que describió el estado de muchos de sus compañeros.
Para explicar por qué estos testimonios se repiten con creciente frecuencia, los psicólogos recurren al concepto de “lesión moral”. No se trata, subrayan, del miedo clásico al combate, sino del daño que aparece cuando una persona siente que ha cruzado una línea ética imposible de revertir.
| La
contaminación química generada por los bombardeos, los residuos
bélicos, las aguas residuales sin tratamiento y los vertidos tóxicos han
provocado un colapso ecológico sin precedentes. Suelos envenenados,
acuíferos contaminados y la destrucción masiva de vegetación han roto
cadenas alimentarias completas, reduciendo drásticamente la
biodiversidad. |
“La lesión o daño moral se refiere al sufrimiento provocado por la exposición a actos moral y éticamente cuestionables; en este caso, un genocidio”, explica la psicóloga Asude Beyza Savas. En ese sentido, diversos estudios sobre el servicio militar muestran que la exposición prolongada a situaciones extremas desempeña un papel clave en la ideación suicida entre los soldados.
Además, cuando esa experiencia va acompañada de culpa, el impacto se intensifica. “La exposición a eventos potencialmente lesivos a nivel moral, especialmente cuando implican una transgresión cometida por uno mismo, va seguida de sentimientos prolongados”, señala Savas. Como consecuencia, muchos soldados se retraen socialmente, un factor bien conocido de riesgo de suicidio.
Esta fractura quedó expuesta de forma especialmente gráfica durante una reciente sesión en el parlamento israelí o Knesset. Soldados israelíes depositaron sobre una mesa montones de medicamentos psiquiátricos, incluidos opioides, y pronunciaron una frase difícil de ignorar: “Estamos enfermos mentalmente y nuestros amigos se están suicidando”.
| En la costa de Gaza, la vida marina enfrenta contaminantes que afectan peces, invertebrados y algas, poniendo en riesgo también la seguridad alimentaria de la población. En tierra, especies emblemáticas como la gacela árabe han desaparecido de la región, mientras que el sunbird palestino —ave nativa y símbolo de biodiversidad— ha perdido casi por completo su hábitat natural. |
En paralelo, las reacciones en redes sociales fueron implacables. “Masacrar la inocencia pasa factura a la mente humana”, escribió un usuario. Otro fue aún más directo: “Bombardear bebés es malo para la salud”.
En efecto, muchos soldados entraron en Gaza convencidos de su papel. Sin embargo, algunos regresaron incapaces de convivir con lo que vieron o con lo que hicieron. La esposa de uno de los soldados que murió por suicidio lo resumió con crudeza: “Estaba muerto mucho antes de morir. Su alma murió en Gaza”.
| Imágenes del brutal genocidio israelí sobre Gaza. |
La mente se quiebra bajo el peso de lo que ha hecho
Según los expertos, la lesión moral que está detrás de estos suicidios difiere del trastorno de estrés postraumático clásico. No se manifiesta únicamente en forma de recuerdos intrusivos o hipervigilancia, sino que emerge como una vergüenza profunda, culpa persistente y repulsión hacia uno mismo.
Cuando un soldado comprende que participó, facilitó o fue testigo de actos que chocan frontalmente con los valores que creía tener, se produce un conflicto interno devastador. Para muchos, Gaza fue precisamente el escenario de ese choque.
“Las personas experimentan una tensión extrema entre verse a sí mismas como ‘buenas’ y reconocer su participación o complicidad en el daño”, explica Ayse Sena Sezgin, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de Marmara. En ese proceso, entran en juego la disonancia cognitiva, el aislamiento moral, los trastornos del sueño, la ansiedad, las adicciones, la ideación suicida y una crisis existencial profunda.
| A esto se suma el impacto estructural del sistema de ocupación y el muro del apartheid, que fragmentan territorios, bloquean rutas naturales de especies y aceleran los procesos de extinción: al menos 16 especies animales están hoy amenazadas en Palestina por estas políticas. |
Tras participar directamente en la violencia, muchos soldados quedan atrapados entre dos opciones igualmente insoportables: atribuir la responsabilidad a quienes dieron las órdenes o asumirla ellos mismos. Según Sezgin, ese dilema genera una culpa intensa, acompañada de vergüenza y remordimiento, lo que dificulta aún más pedir ayuda.
Por
su parte, Savas subraya que este colapso es una consecuencia
psicológica previsible de participar en atrocidades. Al formar parte de
un genocidio y matar civiles, explica, los soldados se enfrentan tanto
al trauma directo como al trauma de presenciar el sufrimiento ajeno. Ese
impacto, añade, predice niveles prolongados de estrés, síntomas
posteriores de estrés postraumático y una autoimagen dañada por la culpa
y la lesión moral.
Los testimonios desde el terreno refuerzan este diagnóstico. Un soldado relató haber entrado en una casa destruida y haber visto los cuerpos de dos niños. “No había terroristas allí. Supe que todo recaía sobre mí, que yo había hecho eso. Quise vomitar”, contó.
Los especialistas coinciden en que matar, especialmente a civiles, es uno de los factores que más incrementa el riesgo de suicidio entre soldados. Y cuando esa violencia es masiva, sostenida y forma parte de un genocidio, la lesión moral se vuelve aún más profunda.
A ello se suma, además, la negación social. Muchos soldados aseguran que, al regresar, se les exige negar lo que vieron. Narrativas como “Pallywood”, promovidas por sectores sionistas, sugieren que el sufrimiento palestino es una escenificación. Para quienes estuvieron allí, esta negación abre una herida mayor: regresan sabiendo lo que hicieron y se encuentran con una sociedad que insiste en que no ocurrió. Así, la vergüenza, sin salida, se vuelve hacia dentro.
Un
estudio reciente sobre veteranos israelíes licenciados muestra que la
exposición a eventos moralmente lesivos, especialmente cuando el acto
fue cometido por el propio soldado, predice culpa relacionada con el
trauma y un mayor riesgo de suicidio durante el primer año tras la
desmovilización. En palabras de Savas, la culpa y la vergüenza generan
disonancia cognitiva, un malestar profundo cuando las acciones
contradicen los valores. Esa disonancia, concluye, conduce a la lesión
moral y al dolor moral, ambos factores de riesgo de suicidio.
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| Así ha quedado Gaza tras dos años de brutal ofensiva israelí. |
La próxima generación tampoco quedará intacta
Mientras tanto, el ejército israelí sigue proyectando una imagen de control. Habla de nuevas clínicas, cientos de oficiales de salud mental, programas de prevención del suicidio y líneas de ayuda. Sin embargo, nada de eso altera una realidad esencial: el colapso psicológico no puede resolverse mientras los soldados sigan siendo enviados a ejercer la misma violencia.
En ese sentido, el diputado Ofer Cassif calificó la situación como una “epidemia de suicidios” que sería inevitable incluso tras el fin de la ofensiva.
A largo plazo, advierte Sezgin, las consecuencias irán mucho más allá del ámbito militar. Culpa, vergüenza y trauma no resueltos acabarán influyendo en los relatos sociales, las estructuras familiares, la educación y la política. “Sin rendición de cuentas”, sostiene, “no será posible restaurar la paz social ni la confianza, ni recuperar el bienestar psicológico individual”.
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| Entre enero de 2024 y julio de 2025, al menos 279 soldados intentaron quitarse la vida. |
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