A dos años de un genocidio anunciado
811 días de tecnogenocidio en Gaza
y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada
Publicado originalmente
en CAROLINA BRACCO-FaceBook
el 14/12/2025
Versión al español Zyanya Mariana
La violencia sexual contra la población palestina -mujeres, hombres e infancias-
es una herramienta estructural del proyecto colonial israelí.
En las cárceles, en los puestos de control y durante los allanamientos nocturnos, se multiplican los testimonios de violaciones, amenazas de violación, ataques con animales, electroshock en genitales y otras formas extremas de tortura. Estas prácticas buscan mucho más que dañar cuerpos individuales: buscan quebrar subjetividades, humillar comunidades enteras y desmantelar los tejidos íntimos que sostienen la vida palestina.
| Middle East Eye |
Para tener alguna esperanza de paz, todos los palestinos
deben ser liberados de las cámaras de tortura de Israel.
For any hope of peace, all Palestinians must be released
from Israel’s torture chambers
from Israel’s torture chambers
Lejos de constituir un fenómeno nuevo, esta imbricación entre sexo, violencia y poder racializado forma parte de un patrón históricamente constitutivo de las culturas imperiales.
La colonialidad opera sexualizando y deshumanizando a los sujetos colonizados; es por ello que tanto la tortura británica y sionista en los años treinta como la violencia actual bajo ocupación comparten una misma gramática de dominación.
La violencia sexual es una tecnología de poder colonial: un método para controlar cuerpos, territorios y futuros.
Lo que está en juego no es solo la integridad física de quienes sobreviven a estas agresiones, sino la posibilidad misma de reproducir la vida palestina -biológica, social y afectiva- bajo condiciones diseñadas para su destrucción.
Ese vínculo entre colonialismo, sexualidad y violencia encuentra una expresión de enorme fuerza simbólica en la novela “Un detalle menor” de Adania Shibli, que recupera un caso real: la violación en grupo y posterior asesinato de una niña palestina por parte de soldados israelíes en el desierto del Neguev, poco después de la Nakba 48. El hecho quedó registrado en los archivos del ejército israelí y en el diario personal de Ben-Gurión (flamante primer ministro del nuevo Estado de Israel en 1948), pero fue tratado en la prensa como eso: “un detalle menor”. Un hecho marginal, insignificante, accesorio.
Adania Shibli construye, a partir de ese silenciamiento brutal, una lectura de la violencia sexual como núcleo del proyecto colonial.
Durante la guerra de 1948, los soldados de una
unidad militar israelí
destacada en el desierto del Néguev sobrellevan
como pueden el asfixiante calor
de las horas de sol y patrullan al atardecer la frontera sur del nuevo Estado. En una
de esas rondas encuentran a una joven palestina entre las dunas. Tras apresarla
y encerrarla en su campamento, la violan en grupo, la matan y la entierran en la arena.
de las horas de sol y patrullan al atardecer la frontera sur del nuevo Estado. En una
de esas rondas encuentran a una joven palestina entre las dunas. Tras apresarla
y encerrarla en su campamento, la violan en grupo, la matan y la entierran en la arena.
Muchos años después, en la actualidad, una joven
de Ramala descubre en la prensa
una escueta mención a aquel «detalle
menor» de la historia palestina, ocurrido
veinticinco años antes del día
en el que ella nació. Obsesionada con el crimen,
se dispone a investigar las circunstancias que lo rodearon.
Adanía Shibli firma
una magistral novela tan opresiva como la calima del desierto.
O como la
vida en Palestina bajo la ocupación militar israelí. Una necesaria
meditación sobre la justicia y la memoria que le ha valido a la autora
ser reconocida
como una de las voces más relevantes de la nueva
literatura árabe.

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