A dos años de un genocidio anunciado
954 días de tenogenocidio en Gaza
y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada
Día 79: Ataque ilegal a Irán
Día 77: Invasión de Líbano
Publicado originalmente
en SPANISH REVOLUTION
(Medio
audiovisual y periódico digital creado durante las protestas de
2011-2015 en España, denominadas inicialmente Movimiento 15-M e
Indignados. El movimiento creció y derivó en un periódico digital
fundado en marzo del 2019)
el 14/05/2026
Trump se humilla ante Xi tras el fracaso de su guerra y su cruzada comercial
El presidente estadounidense viaja a Pekín después del desastre en Irán y del choque económico con China para suplicar estabilidad a la potencia que decía querer doblegar
DEL “AMÉRICA PRIMERO” AL “POR FAVOR, COMPREN SOJA”

La lista de directores ejecutivos que viajan a Pekín con Trump. Impresionante,
es la mayor delegación comercial desde que China se abrió al comercio en 1978.Los analistas, como Laurent Michelon radicado en China, hablan de que se está gestando
un "gran reinicio" de las relaciones sino-estadounidenses.Mientras Israel sigue bombardeando Gaza. En Cisjordania la violencia de los colonos
llega a niveles de locura, como atropellar a propósito a niños y niñas palestinas. ZM
es la mayor delegación comercial desde que China se abrió al comercio en 1978.
un "gran reinicio" de las relaciones sino-estadounidenses.
llega a niveles de locura, como atropellar a propósito a niños y niñas palestinas. ZM
Donald Trump aterrizó en Pekín envuelto en sonrisas, reverencias diplomáticas y palabras melosas hacia Xi Jinping. El mismo hombre que durante años agitó el fantasma de China como enemigo existencial de Estados Unidos apareció este jueves en el Gran Salón del Pueblo hablando de “amistad”, de “honor” y de un futuro “fantástico” entre ambas potencias. El mismo Trump que prometía someter a China con aranceles, amenazas militares y guerra tecnológica acabó sentado frente a Xi reconociendo, en la práctica, que Washington necesita desesperadamente a Pekín.
Porque eso es lo que hay detrás de esta imagen cuidadosamente
teatralizada. No una victoria. No una posición de fuerza. Sino el
reconocimiento implícito de un fracaso. Otro más.
La tierra de en medio, como se nombra a sí misma China, como se ha representado historicamente en los mapas, no le interesa ni ocupar el lugar de hegemón de EU, ni suplir el yen por el dólar. Sabe muy bien que convertir la moneda propia en moneda internacional termina desindustrializando al país y sometiéndolo a los flujos financieros. A China no le interesa ser el imperio único, como bajo la Dinastía Tang, desea ser una potencia regional quecomercia con los diferentes del mundo. A China le interesa seguir a la cabeza del 90% de las industrias líderes, particularmente las tecnológicas. Mientras los ojos están puestos en China, el ministro Ben Gvir profana la Mezquita de Al-Aqsa, en Jerusalén, con cantos y banderas israelíes. Mientras los ojos están puestos en China, Israel permite 24 asentamientos más en Cisjordania, Palestina ocupada. Sus colonos mientras asesinan personas. Desde 2023 han muerto más palestinos en Cisjordania y Jerusalén este que en la segunda intifada. ZM |
Trump llega a China después del desastre estratégico de la
guerra en Irán y tras comprobar que la guerra comercial iniciada en 2025
no logró doblegar a la economía china. Más bien al contrario.
Mientras Washington gastaba miles de millones en tensión militar,
sanciones y propaganda nacionalista, Pekín consolidaba mercados,
ampliaba alianzas y reforzaba su posición industrial y tecnológica.
Ahora el presidente estadounidense necesita oxígeno económico. Y se nota.
“La relación entre China y Estados Unidos va a ser mejor que nunca antes”, declaró Trump ante las cámaras. Lo dijo varias veces. Insistió incluso en la “amistad” personal con Xi Jinping. Hubo elogios constantes. “Es usted un gran líder”, afirmó. Una frase que resulta especialmente grotesca viniendo de quien pasó años alimentando discursos sobre la amenaza china para justificar políticas agresivas, racistas y militaristas.
Trump habló casi como un empresario desesperado intentando recuperar un cliente perdido. “Yo te llamaba y tú me llamabas”, comentó con ese tono de vendedor televisivo que convierte cualquier conflicto geopolítico en una negociación inmobiliaria.
Mientras tanto, Xi Jinping mantuvo el papel que China lleva años perfeccionando: calma pública, lenguaje histórico y mensajes estratégicos medidos al milímetro. “Los cambios sin precedentes en un siglo se están acelerando”, repitió, una fórmula habitual del dirigente chino. Pero detrás de esa retórica había una realidad evidente: es Estados Unidos quien ha llegado debilitado a esta reunión.
Y Pekín lo sabe.
La escena fue casi humillante para Washington. Salvas militares, himnos, niños agitando banderas y Trump caminando sonriente por el mismo escenario simbólico donde desfilan los cuadros del Partido Comunista chino. Todo cuidadosamente diseñado para mostrar quién ejerce ahora el control del tablero diplomático.
No es casualidad que esta sea la primera visita de un presidente estadounidense a China en nueve años. Tampoco es casualidad el tono elegido por la Casa Blanca. La Administración Trump ha reducido el viaje a un asunto económico: vender más soja, más ternera y más aviones Boeing. Las famosas “tres B” que obsesionan a Washington mientras su industria pierde competitividad y dependencia tecnológica frente a Asia.
La gran superpotencia militar del planeta ha terminado viajando a Pekín para pedir compras agrícolas y contratos comerciales.
Ese es el balance real.
| CGTN |
Con la llegada de Trump a China,
¿podrá Estados Unidos finalmente cooperar?
LA GUERRA, LOS ARANCELES Y EL FIN DEL RELATO IMPERIAL
Hay algo profundamente revelador en esta cumbre. Durante años, la política estadounidense hacia China se construyó sobre una mezcla de arrogancia imperial y fantasía económica. La idea era simple: sancionar, presionar, amenazar y contener a China hasta frenar su ascenso.
No ocurrió.
Las restricciones tecnológicas impuestas por Washington aceleraron la apuesta china por la autosuficiencia industrial. Los aranceles dispararon tensiones globales, sí, pero también perjudicaron a sectores estadounidenses enteros. Y mientras Trump alimentaba discursos patrióticos sobre recuperar la hegemonía, China seguía ampliando su influencia en Asia, África y América Latina.
Ahora el magnate republicano aparece en Pekín acompañado por una procesión de multimillonarios estadounidenses. Elon Musk, Tim Cook, Larry Fink y Jensen Huang viajaron con él. Los jefes de Tesla, Apple, BlackRock y Nvidia sentados prácticamente como una delegación empresarial paralela. Una imagen brutal. Porque demuestra hasta qué punto el capitalismo estadounidense depende ya del mercado chino incluso mientras su discurso político intenta demonizarlo.
Trump los definió como “los mejores empresarios del mundo”. Lo importante no era la diplomacia. Era el negocio.
Siempre el negocio.
Mientras tanto, sobre la mesa siguen acumulándose conflictos enormes. Taiwán. Las restricciones tecnológicas. Las tierras raras. El control industrial. Y, por supuesto, Irán.
Washington necesita que Pekín ayude a desbloquear el estrecho de Ormuz y rebaje la tensión regional después de una intervención militar estadounidense que solo ha servido para aumentar la inestabilidad global. China, que mantiene una posición crítica con la guerra impulsada por Estados Unidos, se encuentra ahora en situación de negociar desde una posición de fuerza.
Xi fue claro respecto a Taiwán: “Si se maneja mal, ambos países podrían entrar en fricción e incluso en conflicto”. No era una amenaza teatral. Era un aviso.
Porque el equilibrio mundial está cambiando. Y ya no basta con portaaviones, sanciones y ruedas de prensa agresivas para imponer condiciones.
Estados Unidos sigue teniendo el mayor aparato militar del planeta. Pero cada vez le cuesta más convertir esa fuerza en autoridad política o económica. Irak. Afganistán. Ucrania. Irán. La lista de guerras interminables y operaciones fallidas empieza a parecer un catálogo del agotamiento imperial.
Y mientras Washington insiste en competir desde la confrontación permanente, China juega otra partida. Más fría. Más paciente. Más eficaz.
Trump viajó a Pekín intentando vender fortaleza. Lo que terminó mostrando fue necesidad. Mucha necesidad.
Porque cuando el presidente de Estados Unidos pasa de amenazar a China a decir que “será totalmente recíproco” y que los grandes empresarios norteamericanos están allí “para presentar sus respetos”, lo que se está viendo no es diplomacia entre iguales.
Es el viejo imperio descubriendo que ya no puede ordenar el mundo a gritos.
| Middle East Eye |
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PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN
TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA
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| Primer párrafo, capítulo IX "Genocidio" de Raphael Lemkin, quien acuñara el término. |


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