A casi tres años de un genocidio anunciado 1058 días de tecnogenocidio en Gaza y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada Día 184: Ataque ilegal a Irán Día 182: Invasión de Líbano Holocaustos
Publicado originalmente en La Jornada (periódico mexicano fundado el 19 de septiembre de 1984) el 16/08/2026
El recrudecimiento de los ataques en Cisjordania reocupada ha provocado
una oleada de condenas internacionales. Foto The Independent
Aumentaron 63% de enero a junio ataques de colonos israelíes en Cisjordania reocupada
Al Tuba., Mientras corría por su aldea en Cisjordania, que ardía en
llamas, Hamza Abu Jundeya observó cómo el fuego salía por las ventanas
de la casa de su primo.
La pequeña aldea de Al Tuba, en
la región sureña de Masafer Yatta, fue blanco de un violento ataque
perpetrado por colonos israelíes, quienes incendiaron viviendas y
agredieron a sus residentes la noche del miércoles 5 de agosto.
“No
se pueden imaginar el terror, el pavor”, comenta Jundeya, residente del
pueblo, cuyo primo Radwan y su familia se encontraban en su casa cuando
fue incendiada. “Fue una noche terrible”.
40 colonos enmascarados y armados atacaron vivienda con niños dentro
Según
testigos, unos 40 colonos enmascarados y armados participaron en el
ataque, lanzando piedras, destrozando ventanas e incendiando casas
mientras había niños dentro. Dos menores y una embarazada fueron
hospitalizados, entre ellos Razan, de ocho años, hija de Radwan, que
recibió un golpe en la nariz con una piedra, y Joud Mahmoud Awad, de 10
años, quien, según testigos, fue estrangulado y pateado.
Las imágenes de la escena mostraban llamas saliendo de la ventana de una casa.
Mohammad
Hesham, residente y activista que llegó cuando la ciudad ya estaba en
llamas, describe haber presenciado una “pesadilla” desarrollándose ante
sus ojos. “Vimos niños pequeños gritando, jóvenes también gritando. Fue
como una pesadilla.
“No puedes imaginar ver cómo se quema tu propia casa, y pensar que tu familia se está quemando dentro.”
El
ejército israelí afirma que se ha abierto una investigación policial
después de que uniformados “entraron en la zona bajo protección de las
Fuerzas de Defensa de Israel para recabar testimonios, hallazgos y
pruebas para la investigación”, pero no ha confirmado si se han
producido detenciones.
Hesham afirma que las pasadas semanas en
Masafer Yatta, cuya propia casa fue incendiada en un incidente aparte en
julio, son “la peor época que recuerdo”.
Xinhua / Archivo
La violencia de los colonos aumentó drásticamente en 2026
El
ejército israelí, que niega apoyar la violencia de los colonos y afirma
que el endurecimiento del control es necesario para garantizar la
seguridad de los asentamientos, no respondió cuando se le preguntó por
qué había amenazado a los residentes palestinos con el arresto tras el
ataque.
La violencia de los colonos aumentó drásticamente en 2026.
Los casos graves de “delitos nacionalistas” se dispararon 63 por ciento
durante el primer semestre del año, con 660 ataques registrados por las
autoridades israelíes, informó la emisora pública local Kan.
Esta
cifra no incluye muchos actos de agresión cotidianos que no se
denuncian, algunos incluso apoyados por tropas israelíes, según afirman
residentes locales y organizaciones de derechos humanos.
El
recrudecimiento de los ataques en Cisjordania ha provocado una oleada de
condenas internacionales y nacionales, incluso por parte de la Casa
Blanca. Sin embargo, los palestinos siguen desprotegidos ante la
intensificación de las agresiones, que los colonos parecen llevar a cabo
con impunidad.
A casi tres años de un genocidio anunciado 1058 días de tecnogenocidio en Gaza y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada Día 184: Ataque ilegal a Irán Día 182: Invasión de Líbano Holocaustos
Publicado originalmente en Página 12 50 años del golpe (Diario
argentino de orientación progresista editado en la ciudad de Buenos
Aires desde mayo de 1987. Se singulariza por y sus extensas
notas de análisis) el 18/08/2026
Fernanda Méndez, de Médicos Sin Fronteras: “Los ideales también curan”
Con
más de 20 años de experiencia en el terreno, la experta aborda crisis
como la de Gaza y Sudán y la respuesta de su organización al terremoto
de Venezuela y Colombia.
Mateo Nemec
En el marco del Día Mundial de la Asistencia
Humanitaria, asociaciones humanitarias como Médicos Sin Fronteras (MSF)
enfrentan un escenario marcado por crisis prolongadas, sistemas
sanitarios debilitados y crecientes dificultades para acceder a las
poblaciones afectadas. Pero para Fernanda Méndez, presidenta de la rama
latinoamericana de la organización, el desafío no pasa solamente por
ampliar la respuesta ante el aumento de las emergencias: también cambió
profundamente la manera de hacer trabajo humanitario.
En
Sudán, más de tres años de guerra destruyeron servicios esenciales y
dejaron a millones de personas desplazadas, mientras que en la Franja de
Gaza, el deterioro del sistema sanitario a raíz de los bombardeos y las
restricciones para el ingreso de suministros y personal humanitario
plantean un desafío adicional para la continuidad de la atención médica
para una población devastada.
Pero no todas
las emergencias humanitarias devienen de la guerra. En Venezuela, el
terremoto del pasado 24 de junio profundizó una crisis previa y generó
nuevas necesidades que van desde la atención médica y la salud mental
hasta el acceso al agua potable, un escenario que se replicó semanas
atrás en Colombia. En República Democrática del Congo, en medio de un
conflicto armado persistente, la organización responde a un brote de
Ébola que, según los datos aportados por MSF, ya se convirtió en el
mayor registrado en el país, con 3.800 casos confirmados y 1.500 muertos
a comienzo de agosto.
En diálogo con Página/12,
Méndez reflexiona sobre el sentido de la asistencia humanitaria, los
principios que orientan las decisiones de la organización y los desafíos
que enfrentan sus equipos en los principales escenarios de crisis. Con
experiencia en salud primaria, salud materna, violencia sexual y brotes
de enfermedades como Ébola y Marburg, sostiene una mirada que atraviesa
distintas formas de emergencia humanitaria.
Watermelon Pictures
Tráiler de AMERICAN DOCTOR | TIFF 29 julio 2026
—¿Qué
significado tiene hoy hacer asistencia humanitaria en un mundo en el
que, además de guerras, hay catástrofes naturales, epidemias y grandes
movimientos de población?
--En Médicos
Sin Fronteras tenemos estos puntales, que son la humanidad y la
independencia. No son solamente palabras aisladas, sino herramientas que
utilizamos para trabajar. Son principios que nos ayudan precisamente a
llegar a estos lugares donde hay catástrofes naturales, epidemias,
grandes y masivos movimientos de población, donde hay violencia. La
humanidad es lo que nos permite atender a toda persona que requiera
ayuda humanitaria, independientemente de la etnia, de la religión o del
idioma del que provenga. La independencia es lo que nos permite tener la
libertad de actuar sin que nadie nos condicione. Creo que estos ideales
que tenemos y que rigen el trabajo que hacemos también son una forma de
curar. Los ideales también curan, y esto es lo que nos permite llegar a
los lugares en los que actualmente se viven crisis humanitarias tan
potentes y tan grandes.
—En 20 años, ¿qué cambió en la manera de hacer trabajo humanitario y cuáles son hoy los principales desafíos?
--Ha
cambiado mucho. En principio, ha cambiado la concepción de lo que es el
trabajo humanitario. Cuando yo comencé, el trabajador humanitario era
una figura, éramos organizaciones protegidas. Convertirse en un objetivo
de actores armados hace que cambien las estrategias que tenemos como
trabajadores humanitarios y como organizaciones humanitarias: tenemos
que trabajar simultáneamente en cómo cuidar a las comunidades y cómo
cuidar a nuestros propios equipos. Cuando yo comencé, el hecho de tener
un logo, un símbolo que representaba a nuestra organización, era una
puerta que se abría. Hoy por hoy, eso se complejiza. Si a todo esto
sumás los recortes que ha habido en cuanto a apoyo financiero para la
salud, cada vez el trabajo humanitario cobra más importancia y más
relevancia, porque cuando tenés recortes para programas como VIH,
tuberculosis, salud sexual y reproductiva, evidentemente nuestra
organización tiene que potenciar actividades en estos sentidos. En todo
el mundo hay 7 millones de personas que colaboran con Médicos Sin
Fronteras y en Argentina hay 120.000 personas. Tenemos una
responsabilidad entre las personas que confían en nosotras para seguir
haciendo nuestro trabajo.
- Sudán es una
crisis que continúa y que no tiene la misma cobertura mediática que
otros conflictos. ¿Cómo trabajan hoy los equipos de Médicos Sin
Fronteras en una zona devastada y qué es lo que más preocupa hacia
adelante?
--Hace cuatro años que comenzó
esta guerra y se está metiendo de lleno en una de las mayores crisis
humanitarias que hay en todo el mundo. Pensemos otra vez: hay más de 34
millones de personas que necesitan asistencia humanitaria y 14 millones
que han sido desplazadas a la fuerza. Entonces, esto hace que Sudán sea
una de las crisis de desplazamiento más grandes que hay en el mundo. El
sistema de salud, que ya era muy limitado, ha quedado completamente
destruido. Es decir, el 37 por ciento de los establecimientos de salud
ya no funcionan. Esto implica que surgen brotes de enfermedades como el
cólera, malaria, dengue, hepatitis C y meningitis. Y hay dos
problemáticas que son sistemáticas y transversales en este tipo de
situaciones: la desnutrición, la malnutrición aguda, y la violencia
sexual. Lo que hacemos actualmente en Sudán es brindar atención médica
en emergencias en 10 de los 18 estados del país. Se han atendido en
2026, entre enero y junio, alrededor de 400.000 consultas, 72.000
urgencias, 15.000 partos y más de 46.000 hospitalizaciones. Y fijate
esta cifra, que es terrible: más de 13.000 niños fueron ingresados a
nuestros centros de manejo de desnutrición. Y muchos de estos niños con
malnutrición mueren. Las mujeres y los niños son siempre los que sufren
más y los que pagan el costo más alto.
Al Jazeera English
¿Qué está sucediendo dentro de los centros de detención israelíes? | Documental Líneas de Falla
—En
Gaza se suma otra dimensión: las restricciones para el ingreso de ayuda,
suministros y personal humanitario. ¿Cómo ha evolucionado la situación
de MSF?
--Actualmente hay cerca de 1.400
trabajadores de Médicos Sin Fronteras palestinos en Gaza, aunque a
nosotros nos han denegado la autorización para seguir trabajando. Sin
embargo, la situación médico-humanitaria es terrible, es cada vez peor.
Desde que se decretó el alto al fuego en octubre, la población palestina
sigue siendo asesinada y hay heridos que están siendo desplazados por
la fuerza. Según el Ministerio de Salud de Gaza, estamos ante más de
1.180 palestinos que murieron y 3.616 resultaron heridos. Cada 20
minutos un palestino muere. Estas personas, que están limitadas a un
porcentaje muy pequeño de Gaza, viven en condiciones que son
absolutamente inaceptables, son inhumanas. Ahí se pierde la humanidad de
la que hablábamos al principio. Nos encontramos con lesiones
traumáticas por heridas, con malnutrición en bebés y mujeres
embarazadas. Casi un cuarto de las mujeres embarazadas que recibimos en
nuestros centros de atención sufren de malnutrición. También encontramos
infecciones y enfermedades no transmisibles, como diabetes e
hipertensión, sin acceso a medicamentos. Hasta que nos permitieron la
entrada, podíamos ingresar gota a gota insumos médicos, pero desde enero
se nos ha limitado. Nos han pedido ingresar estos suministros y ya no
pueden entrar más los trabajadores internacionales a la Franja. Al haber
esta limitación del agua, Médicos Sin Fronteras hacemos distribución de
agua potable y tenemos centros de potabilización. Se utiliza el agua
como arma de guerra. Este genocidio continuo y este ciclo mortal que
está sufriendo Gaza va a seguir y va a seguir hasta que se les dé el
poder de detenerlo. La comunidad internacional tiene que detener esto.
Los médicos no detenemos las guerras.
—En
el caso de la República Democrática del Congo se combinan un conflicto
armado sostenido y un brote de Ébola ¿Por qué se expandió tan rápido y
cuáles son las principales dificultades para contenerlo?
--Lo
que hace diferente a esta epidemia de las anteriores es el tipo de
virus. La cepa Bundibugyo del Ébola es un virus para el cual aún no se
tiene tratamiento ni vacuna, entonces estamos en un escenario muy
complejo. Uno, porque es una enfermedad altamente contagiosa. Dos, por
las dinámicas comunitarias que existen en estas áreas, en una zona en
conflicto. Otro de los hechos fundamentales es que el colapso del
sistema de salud no permite atender las necesidades médicas básicas de
las comunidades. Porque hay que concentrar todo en la infección y en el
abordaje de las personas afectadas por el Ébola. Al 1 de agosto se
notificaron 3.800 casos confirmados, y fallecieron 1.500 personas. Hoy
por hoy hay más de 1.400 trabajadores de Médicos Sin Fronteras en el
Congo. Tenemos siete centros de tratamiento de Ébola y varias unidades
de aislamiento. Hemos ingresado, desde que comenzó el brote, más de
1.300 personas y han sobrevivido más de 260. Una de las actividades que
se desarrollan en estas epidemias es la actividad comunitaria:
desinfección y también detección de casos en la comunidad. Para eso
necesitás tener interlocución con los líderes comunitarios, religiosos,
con los más ancianos y con las mujeres.
—¿Cómo cambia la respuesta de MSF cuando la emergencia surge a partir de una catástrofe natural, como en el caso de Venezuela?
--Es
muy duro. Venezuela tenía ya una crisis que es evidentemente muy
conocida, pero este terremoto ha incrementado al punto de tener una
crisis humanitaria muy compleja. Se han perdido estructuras, se han
perdido vidas, hay personas que están desaparecidas, hay personas que
han perdido todo, absolutamente, y se han tenido que desplazar y viven
en situaciones que son inaceptables. La falta de acceso al agua potable,
al refugio, a la atención médica y, dentro de la atención médica, no
solamente a la atención médica física, sino a la atención en salud
mental. Porque lo primero que ocurre cuando hay un terremoto, además de
la pérdida de vidas humanas y de estructuras, es el shock de sobrevivir a
eso. El balance nuestro en este momento es de 6.000 personas
fallecidas, 16.000 heridas, más de 16.000 desplazadas, 190 edificios
colapsados, cerca de 900 estructuras que han quedado destruidas, entre
hospitales, escuelas e infraestructuras públicas. Paralelamente, está el
agua y el saneamiento: asegurarnos de que las comunidades tengan agua
potable y, por otro lado, aprovisionar insumos médicos.
TRT World
La relatora especial Francesca Albanese sobre la agresión de Israel 25 agosto 2026
—¿Qué debería quedarle a la sociedad sobre la importancia de sostener la asistencia humanitaria?
--Creo
que hay algo que es clave y que debería ser inherente a los seres
humanos, y es la empatía. Cuando vemos personas sufriendo, no tenemos
que sufrir al lado de estas personas; tenemos que ponernos en su lugar y
decir: “Yo estoy en esta situación, ¿cómo puedo ayudar?”. Como
trabajadora humanitaria, no me gusta cuando consideran que somos
personas como buenos samaritanos. Somos seres humanos. El trabajo
humanitario es una profesión. Yo lo que apelo es a que la sociedad civil
tome conciencia de las problemáticas que hay en todo el mundo. Que vean
puntualmente a Médicos Sin Fronteras como lo que somos: una
organización que presta y brinda atención médico-humanitaria y da
testimonio de sus efectos, y que confíen en el trabajo que hacemos. Que
tengan empatía hacia aquellas personas que están en el otro lado del
mundo, tan lejanas, porque la humanidad entera está sufriendo. Entonces,
no hay que autocompadecerse. Hay que tomar acción, hay que llevar a
cabo medidas para apoyar a las personas que están pasando por estas
situaciones. Necesitamos que la sociedad tome mayor conciencia de lo que
está ocurriendo y que se implique, que se involucre, que entienda que
lo que le ocurre a una persona en Venezuela, en Colombia, en Sudán, en
Congo, en Angola, en Sierra Leona, también nos puede ocurrir a
cualquiera de nosotros.
A casi tres años de un genocidio anunciado 1057 días de tecnogenocidio en Gaza y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada Día 183: Ataque ilegal a Irán Día 181: Invasión de Líbano Holocaustos
Publicado originalmente en Midle East Eye (periódico digital panárabe independiente, fundado en febrero de 2014 y con sede en Londres) el 24/08/2026
El palestino-estadounidense Louai Abu Ridi mira por la ventana de su casa, que ha estado rodeada por colonos durante dos semanas en Qusra, en la Cisjordania ocupada, el 18 de agosto de 2026 (Ammar Awad/Reuters).
El palestino-estadounidense, decidido a defender su hogar de los colonos israelíes.
Tras meses de ataques, Louai Abu Ridi abandona Ohio y regresa a la Cisjordania ocupada para impedir que los colonos se apoderen de su casa.
Lubna Masarwa
Desde más de 10.000 km de distancia, Louai Abu Ridi, angustiado, ya no soportaba estar lejos de su hogar ancestral.
Este palestino-estadounidense había estado monitoreando las imágenes de las cámaras de seguridad que mostraban a colonos israelíes atacando su casa en Qusra, ciudad ocupada de Cisjordania, día tras día.
El acoso se intensificó a principios de este mes, cuando colonos armados rodearon la casa e instalaron tiendas de campaña en el exterior, intentando obligar a los residentes a marcharse.
«Lo vi en directo cuando empezaron a sitiar la casa y a montar la tienda frente a ella», declaró Abu Ridi a Middle East Eye.
Intentó ayudar desde Ohio, instando a su hermano, que se encontraba dentro de la casa, a llamar a la policía y haciendo un llamamiento a funcionarios y legisladores estadounidenses.
Pero cuando nada cambió, reservó un vuelo a Qusra, donde creció y construyó la casa de sus sueños.
HOY: [14 agosto 2026] Activistas reemplazan las banderas israelíes colocadas por colonos en una casa palestina con banderas palestinas en Beit Sahour, al este de Belén, Cisjordania. Las banderas israelíes fueron colocadas en la casa después del 7 de octubre de 2023, en lo que los activistas han descrito como un intento de los colonos por tomar el control de la propiedad. Cuando los activistas retiraron las banderas, llegaron colonos y abrieron fuego contra ellos. No se reportaron heridos. Fotos: مصعب شاور, Activestills.
"Le dije a mi hermano: '¿Sabes qué? Estoy cansado. No puedo dormir viendo esas cámaras de seguridad en vivo. Voy a reservar mi vuelo. Vendré a apoyarte. Estaré contigo en la misma casa. Haré lo que sea necesario para proporcionarte comida y poner fin al asedio'".
Ahora, dentro de la casa sitiada, Abu Ridi dice que está decidido a protegerla y evitar que los colonos se apoderen de ella.
Habló con Middle East Eye sobre los ataques, la falta de acciones significativas por parte de los funcionarios estadounidenses y su determinación de permanecer en la casa.
'Ese sueño se convirtió en una pesadilla'
Para Abu Ridi, la casa es más que ladrillos y hormigón.
Qusra, al sureste de Nablus, es donde nació y fue a la escuela. Su madre, hermanos, primos y amigos todavía viven allí. “Siento mucha emoción por el pueblo”, dijo. Aunque trabaja y vive en Ohio con su esposa y sus dos hijas, de 10 y 19 años, Abu Ridi visita Qusra una, dos o incluso tres veces al año.
“Decidí construir la casa de mis sueños, la casa de vacaciones, en Qusra, para que mi esposa y mis hijos pudieran venir a visitarme y disfrutarla”, dijo. "Pero ese sueño se convirtió en una pesadilla para nosotros".
La pesadilla comenzó en enero, casi tres años después de que comenzara a construir la casa.
Los colonos comenzaron a atacar repetidamente la propiedad y a acosar al hermano de Abu Ridi, que se alojaba allí.
Middle East Eye
Un palestino-estadounidense regresa a su hogar en Qusra, donde su familia está asediada por colonos israelíes. 24 agosto 2026
Palestinian-American returns to Qusra home where his family are besieged by Israeli settlers
“Fui testigo de todos los ataques”, dijo, recordando los incidentes a través de las grabaciones de su cámara de seguridad.
En mayo, vio cómo unos 15 colonos arrojaban piedras a su hermano mientras este se encontraba dentro de la casa.
Luego, el 9 de agosto, Abu Ridi notó algo diferente.
Los colonos trajeron tiendas de campaña y acamparon alrededor de la propiedad, impidiendo la entrada y salida de personas. La escena lo alarmó de inmediato.
Solo unas semanas antes, los colonos habían rodeado la casa de la familia al-Tubasi en la cercana localidad de Jalud.
La familia quedó sitiada después de que les cortaran la electricidad y el agua y bloquearan los caminos que conducían a la casa. Tras cinco días, los colonos irrumpieron en la propiedad y obligaron a los residentes a salir a punta de pistola. Desde entonces, la casa ha sido ocupada por colonos, quienes han izado una bandera israelí en el tejado.
Los ataques de los colonos contra los palestinos, incluyendo el desalojo forzoso de sus hogares, se han incrementado drásticamente desde octubre de 2023. Más de 6.000 palestinos han sido desplazados forzosamente en la Cisjordania ocupada debido a estos ataques desde enero de 2023, según datos de la ONU.
«Se pusieron del lado de los colonos»
Temiendo que su casa fuera la siguiente, Abu Ridi actuó de inmediato.
Primero, le pidió a su hermano que llamara a la policía. Días después, tras la atención y condena internacional que recibió el asedio, el ejército israelí llegó a Qusra. El ejército declaró que iniciaba una operación para desalojar a los colonos y prevenir enfrentamientos entre ellos y los palestinos.
Pero Abu Ridi afirma que la realidad sobre el terreno era muy diferente.
HOY: [14 agosto 2026]
Activistas reemplazan las banderas israelíes colocadas por colonos en
una casa palestina con banderas palestinas en Beit Sahour, al este de
Belén, Cisjordania. Las banderas israelíes fueron colocadas en la casa
después del 7 de octubre de 2023, en lo que los activistas han descrito
como un intento de los colonos por tomar el control de la propiedad.
Cuando los activistas retiraron las banderas, llegaron colonos y
abrieron fuego contra ellos. No se reportaron heridos. Fotos: مصعب شاور, Activestills.
«Cuando llegó el ejército, se pusieron del lado de los colonos», dijo. «Fueron a su tienda, rezaron con ellos y celebraron».
El ejército también declaró Qusra zona militar cerrada, prohibiendo la entrada a personas no residentes.
En lugar de desalojar a los colonos, Abu Ridi afirma que los soldados han contribuido a mantener el asedio, restringiendo la entrada y salida de personas, incluso de quienes intentan llevar alimentos a las familias que se encuentran dentro.
“Es una locura. Solo hay entre 10 y 15 colonos. Si el ejército realmente quiere deshacerse de ellos, simplemente que los arresten, los saquen de la zona y el problema estará resuelto”, declaró.
“Dicen en las noticias que envían a las FDI [ejército israelí] para proteger a los residentes y desalojar a los colonos israelíes, pero eso no es lo que está sucediendo en la realidad”.
Abu Ridi también se puso en contacto con la embajada de Estados Unidos en Jerusalén y con la oficina de su representante en Ohio, la congresista Marcy Kaptur. “Les dije: ‘Soy ciudadano estadounidense, mi casa está sitiada. Necesito ayuda’”.
Afirmó que tanto la embajada como la oficina de Kaptur respondieron y le brindaron ayuda. Sin embargo, más allá de la condena pública a los colonos, añadió, poco ha cambiado.
“Sé que [el embajador de Estados Unidos en Israel] Mike Huckabee condenó a los colonos y los calificó de terroristas. Y lo agradezco. Es una buena medida”, dijo Abu Ridi. “Sin embargo, nada de eso me ayudó en el terreno. Sigo bajo asedio desde hace dos semanas”.
“No tuve otra opción”
Ver a su familia —incluida su hermana, su hermano, su sobrino y su madre de 83 años— enfrentarse al ejército y a los colonos sin él se volvió insoportable. El 17 de agosto, Abu Ridi voló a Qusra para reunirse con ellos. La decisión no fue fácil.
“Fue difícil para mi esposa y mis dos hijas, a quienes tuve que dejar en Ohio”, dijo. “Fue un momento aterrador para ellas, sin saber a qué me enfrentaba. Pero no tuve otra opción. Tenía que estar aquí con mi hermano, mi madre y mi hermana”.
Middle East Eye
Ein al-Auja: Cómo una comunidad palestina fue borrada 13 agosto 2026
Ein al-Auja: How a Palestinian community was erased
Su hija de 10 años sigue enviándole mensajes para saber cómo está, a veces mucho después de la medianoche en Ohio, horas después de su hora de dormir.
“Me pregunta constantemente: ‘¿Voy a dormir en la misma casa? ¿Te van a atacar los colonos? ¿Vas a volver por nosotros? ¿Vas a estar a salvo?’”.
Abu Ridi intenta tranquilizar a su familia. Pero no puede ocultar el miedo que siente dentro de la casa.
“Es una pesadilla. No podemos dormir por la noche. Tenemos que estar vigilando”, dijo. “¿Van a atacarnos? Esto lleva pasando meses. Alguien tiene que quedarse despierto toda la noche vigilando la casa y turnándose”.
“No me voy de esta casa”.
Abu Ridi también ha dado refugio a otra familia cuya casa de al lado fue asediada por colonos y cuyos miembros fueron expulsados por los soldados.
La familia —una pareja con dos hijas de dos y cuatro años— ahora vive lejos de su hogar.
“Están aterrorizados y asustados. No dejan de mirar su casa, pidiendo sus juguetes, pidiendo volver a casa, sin saber qué está pasando”, dijo Abu Ridi. “Es una mezcla de emociones. Es triste, devastador, aterrador, todo a la vez”.
A pesar del peligro y la posibilidad de otro ataque sorpresa de los colonos, Abu Ridi afirma estar dispuesto a quedarse.
“No me iré de esta casa hasta asegurarme de que sea segura y que los colonos no la roben”.
A casi tres años de un genocidio anunciado 1057 días de tecnogenocidio en Gaza y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada Día 183: Ataque ilegal a Irán Día 181: Invasión de Líbano Holocaustos
Publicado originalmente en Midle East Eye (periódico digital panárabe independiente, fundado en febrero de 2014 y con sede en Londres) el 12/07/2023
Entre las obras famosas de Mansour se incluyen 'El último verano en Palestina' y 'El camello de las cargas' (MEE/Nadda Osman)
El símbolo como resistencia: Sliman Mansour sobre la ocupación y la identidad palestina. [en memoria, buen viaje maetsro]
Nacido en Birzeit, en la Cisjordania ocupada por Israel, el artista se dedicó a la pintura en su juventud, animado por un profesor alemán.
Nadda Osman
El estudio de Sliman Mansour en Ramallah encaja con la imagen estereotípica del espacio creativo de un artista: desordenado, con bolígrafos, pinceles y fotos esparcidos sobre la mesa junto a tazas de té a medio terminar y colillas de cigarrillos.
Las paredes del estudio están cubiertas con sus propias pinturas, así como con lienzos que le han regalado otros artistas.
A lo largo de su trayectoria, la obra de Mansour ha alcanzado renombre internacional por sus piezas figurativas y simbólicas, que capturan las realidades sociales y culturales de la vida palestina bajo la ocupación israelí.
Una de sus pinturas más famosas es su obra de 1994, El último verano en Palestina, una interpretación de La Última Cena de Leonardo da Vinci, en la que la imagen de Jesús es reemplazada por un hombre palestino y doce mujeres palestinas ocupan el lugar de los discípulos.
Al Jazeera English
Los palestinos rinden homenaje a Sliman Mansour, artista que plasmó en sus pinturas su identidad y sus esperanzas. 26 agosto 2026
Otra obra famosa es El camello de las cargas, de 2005, que muestra a un anciano palestino frágil cargando una esfera con forma de ojo sobre su espalda, dentro de la cual se encuentra la ciudad de Jerusalén.
Su obra se inspira en motivos palestinos comunes, como el olivo, símbolo de la profunda conexión que los palestinos tienen con la tierra.
«Recuerdo que cuando tenía doce años, mi abuelo compró un terreno. No lo medía en dunams ni en acres; decía que había comprado cincuenta y tres olivos», cuenta Mansour a Middle East Eye, destacando la importancia de este cultivo en su propia infancia.
La vida del artista está intrínsecamente ligada a los símbolos que plasma en sus pinturas y a la realidad de la ocupación.
Mansour vive en Jerusalén, pero dirige su estudio en Ramala, en la Cisjordania ocupada, y cruza los puestos de control israelíes varias veces por semana.
Ese trayecto puede durar entre 45 minutos y seis horas, según explica a MEE.
RTVE Noticias
Fallece a los 79 años Sliman Mansour, el artista palestino que retrató la represión de Israel
27 agosto 2026
La ocupación y el arte
Mansour nació en Birzeit, una ciudad palestina al norte de Ramala, en 1947, un año antes de la Nakba, que supuso la expulsión forzosa de más de 700.000 palestinos de sus hogares para dar paso a la creación de Israel.
El joven artista se aficionó al dibujo desde muy pequeño y, posteriormente, un profesor alemán de un internado en Belén descubrió su talento, animándolo a profundizar en la pintura y a presentar sus obras a concursos de arte.
«Solicitó que mi obra formara parte de un club de dibujo y luego me dijo que había ganado un concurso de la organización Niños del Mundo de las Naciones Unidas. Eso fue en 1962», recuerda Mansour.
Mansour vive en Jerusalén, pero pasa algunos días a la semana en su estudio de Ramallah (MEE/Nadda Osman).
Por su esfuerzo, el joven Mansour ganó un premio en efectivo de 200 dólares, pero, más importante aún, se dio cuenta de que quería dedicarse al arte de forma más seria.
La década de 1960 fue un período en el que se forjó un fuerte sentido de identidad nacional tanto entre palestinos como entre israelíes.
La narrativa israelí de la época borró en gran medida la presencia palestina en la Palestina histórica antes de las migraciones sionistas de principios del siglo XX.
Fue un período en el que se hizo mucho hincapié en estereotipos inexactos, como la idea de que los colonos judíos modernos en la región se habían encontrado con una tierra árida y escasamente poblada; que habían hecho florecer el desierto.
Mansour trabaja en una nueva pintura en su taller en Ramallah (MEE/Nadda Osman).
En semejante construcción de mitos, no había lugar para una comunidad palestina autóctona.
Según Mansour, los palestinos de este período corrían el riesgo de que su narrativa histórica desapareciera por completo en aras de las ideas sionistas.
«Esa era precisamente la estrategia del movimiento sionista: negar tu existencia, porque cuando no estás presente, es mucho más fácil apoderarse de tu tierra, matarte y encarcelarte», afirma.
Por lo tanto, recayó sobre artistas como Mansour la responsabilidad de reinterpretar la historia palestina incorporando símbolos tradicionales, así como otros nuevos, en su arte.
«Como artistas, comenzamos a buscar imágenes que reflejaran nuestra identidad», explica, aclarando que este proceso implicó recurrir a la cultura ancestral y al paisaje de la Palestina histórica.
«El paisaje es una obra de arte de nuestros antepasados. Cuando los israelíes ocuparon nuestra tierra, comenzaron a plantar cipreses y pinos [no autóctonos] en lugar de olivos para transformar el paisaje», afirma.
El símbolo de la resistencia
Además del olivo, la obra de Mansour presenta otros símbolos asociados a la lucha palestina, como la naranja de Jaffa, las túnicas bordadas al estilo tradicional tatreez, la paloma y el pañuelo palestino (kufiya).
«Cuando pinto naranjos, pinto la tierra ocupada en 1948, y cuando pinto olivos, pinto la tierra ocupada en 1967», afirma, refiriéndose a la Nakba, así como a la posterior conquista israelí de Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza.
Otro símbolo más reciente, según Mansour, es el cactus, que, según él, se ha asociado con la resistencia y la lucha palestinas.
«Si quisieras saber si alguna vez existió un pueblo, buscarías los cactus. No se mueren fácilmente», explica.
Las pinturas de Mansour documentan y representan la ocupación de Palestina (MEE/Nadda Osman).
La creación de una red de símbolos que refuerza la identidad palestina y, sin duda, contribuye a mantenerla viva, ha generado controversia en Israel.
En el ejemplo más reciente e infame de represión israelí contra los símbolos palestinos, los legisladores israelíes han impulsado la prohibición de la bandera palestina, incluyéndola entre las banderas de una "entidad hostil".
Mansour afirma que su obra ha sido objeto de ataques durante décadas.
"En 1979, cuando empezamos a hacer exposiciones, los israelíes venían y confiscaban los cuadros que no les gustaban", cuenta, y añade: "Observaba lo que se llevaban, y eran cosas insignificantes, como una campesina con un bonito bordado trabajando en el campo".
La justificación que los israelíes ofrecieron a Mansour y a otros artistas fue que las imágenes constituían "incitación". Para los propios artistas, la idea de una mujer palestina cultivando su tierra socava directamente el mito fundacional de Israel sobre los pioneros sionistas que transformaron el desierto en tierras de cultivo.
Mansour ha experimentado con barro para sus pinturas (MEE/Nadda Osman).
Mansour también afirma que funcionarios israelíes han visitado sus exposiciones en el pasado y las han clausurado, llevándose consigo las llaves de la galería que albergaba su obra.
«Se reunían con nosotros para discutir qué tipo de arte debíamos crear, diciéndonos que pintáramos flores bonitas o mujeres bonitas en lugar de arte político».
Si la intención era sofocar el activismo palestino a través del arte, fue un objetivo que resultó contraproducente.
«Todo lo que enfurecía a Israel se convertía después en un símbolo», explica Mansour, describiendo cómo la reacción israelí obligó a los artistas a adoptar símbolos más sutiles de la identidad palestina.
Un ejemplo de ello es la sandía, que se asoció con Palestina por compartir los colores de la bandera palestina.
El artista palestino
A lo largo de las décadas, Mansour ha cosechado un público fiel y ha obtenido reconocimiento internacional por su obra.
Fue galardonado con el Premio Unesco-Sharjah de Cultura Árabe 2019. También recibió el gran premio de la Bienal de El Cairo en 1998 y el Premio Palestina de Artes Visuales ese mismo año.
Actualmente, Mansour dedica su tiempo a guiar a jóvenes artistas y estudiantes, brindándoles la oportunidad de cultivar su creatividad y beneficiarse de su dilatada experiencia.
Como artista, Mansour afirma que prefiere mantenerse al margen de la política. Sin embargo, como palestino, el arte representa una vía de escape; una forma de apaciguar una conciencia que no le permite ignorar la realidad de la ocupación.
Mansour observa una antigua fotografía en película en su estudio de Ramallah (MEE/Nadda Osman).
«Creo firmemente en la importancia de abrazar el propio oficio y la conexión con el pueblo, su cultura y su lucha por la libertad», afirma Mansour. «Es crucial que mis alumnos comprendan el sentido de pertenencia y nunca pierdan la esperanza».
«Si mi arte puede conmover a mi pueblo, entonces tiene el poder de influir en cualquier otra persona en el mundo», explica.
«Creo haber contribuido significativamente al arte palestino, no solo a través de mis propias creaciones, sino también al ayudar en la creación de la Liga de Artistas Palestinos. Puedo decir que tengo la conciencia tranquila».
Cuando se le pregunta qué pintaría si no hubiera ocupación, Mansour responde: «Pintaría flores y mujeres cautivadoras».