Publicado originalmente
en +972 Magazine
(es una agencia de noticias israelí de izquierda fundada en 2010)
en colaboración con Local Call
el 23/08/2024
Versión al español Zyanya Mariana
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| Soldados israelíes en acción en la ciudad de Gaza, 28 de julio de 2024. (Erik Marmor/Flash90) |
Meron Rapoport *

Un plan para liquidar el norte de Gaza está cobrando impulso
La fecha es octubre, noviembre o diciembre de 2024, o tal vez principios de 2025. El ejército israelí acaba de lanzar una nueva operación en todo el norte de Gaza: la llamaremos “Operación Orden y Limpieza”. El ejército ordena la evacuación temporal de todos los residentes palestinos al norte del Corredor Netzarim “por su seguridad personal”, explicando que “se espera que las FDI tomen medidas significativas en la ciudad de Gaza en los próximos días y quieren evitar dañar a los civiles”.
La orden es similar a la que el ejército dio el 13 de octubre de 2023 a los más de un millón de palestinos que vivían en la ciudad de Gaza y sus alrededores en ese momento. Pero está claro para todos que esta vez Israel está planeando algo completamente distinto.
Aunque el primer ministro, Benjamin Netanyahu, y el ministro de Defensa, Yoav Gallant, no han dicho ni una palabra sobre los verdaderos objetivos de la operación, el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, y el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, así como otros ministros de extrema derecha, lo han declarado abiertamente. En este caso, citan un programa que el “Foro de Comandantes y Combatientes de la Reserva”, encabezado por el mayor general (en reserva) Giora Eiland, propuso hace apenas unas semanas: ordenar a todos los residentes del norte de Gaza que abandonen la zona en el plazo de una semana, antes de imponer un asedio total a la zona, incluido el corte de todos los suministros de agua, alimentos y combustible, hasta que los que queden se rindan o mueran de hambre.
En los últimos meses, otros israelíes destacados también han pedido a los militares que lleven a cabo exterminios masivos en el norte de Gaza. “Si se elimina a toda la población civil del norte, quien permanezca allí será condenado legalmente como terrorista y sometido a un proceso de inanición o exterminio”, explicó el profesor Uzi Rabi, investigador principal de la Universidad de Tel Aviv, en una entrevista radial el 15 de septiembre. Y en agosto, según un informe de Ynet, los ministros del gobierno ya habían comenzado a presionar a Netanyahu para que “limpiara” el norte de Gaza de sus habitantes.
En julio, varios académicos israelíes escribieron otra propuesta titulada “De un régimen asesino a una sociedad moderada: la transformación y reconstrucción de Gaza después de Hamás”. Según ese plan, que fue presentado a los responsables de la toma de decisiones israelíes, la “derrota total” de Hamás es una condición previa para iniciar un proceso de “desradicalización” de los palestinos en Gaza. “Es importante que el público palestino también tenga una percepción amplia de la derrota de Hamás”, argumentaron sus autores, y agregaron: “Los ‘primeros auxilios’ pueden comenzar en las áreas purgadas de Hamás”. Uno de los autores de la propuesta, el Dr. Harel Chorev, investigador principal del Centro Moshe Dayan donde también trabaja Rabi, expresó su pleno apoyo al plan de Eiland.
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| Giora Eiland testifica durante una audiencia del comité de investigación civil sobre la masacre del 7 de octubre, en Tel Aviv, el 8 de agosto de 2024. (Avshalom Sassoni/Flash90) |
Pero volvamos a nuestro escenario: se pone en marcha la “Operación Orden y Limpieza” y, a pesar de las órdenes de evacuación del ejército, unos 300.000 palestinos permanecen entre las ruinas de la ciudad de Gaza y sus alrededores, negándose a marcharse. Tal vez se quedan porque vieron lo que les pasó a sus vecinos que se marcharon al principio de la guerra, creyendo que se trataba de una evacuación temporal, y que hasta el día de hoy deambulan por las calles del sur de Gaza sin un lugar seguro donde refugiarse. Tal vez porque temen a Hamás, que pide a los residentes que rechacen las órdenes de evacuación de Israel. O tal vez porque sienten que ya no tienen nada que perder.
De cualquier manera, el ejército impone un bloqueo total en el plazo de una semana a todos los que permanecen en el norte de Gaza. Los combatientes de Hamás (el documento de Eiland estima que quedan 5.000 en el norte, pero nadie sabe realmente su número real) se niegan a rendirse. En la televisión internacional y en las redes sociales, la gente de todo el mundo observa cómo la ciudad de Gaza es consumida por la hambruna masiva. “Preferiríamos morir antes que irnos”, dicen los residentes a los periodistas.
En la televisión israelí, los comentaristas no están convencidos de que una medida de este tipo sea decisiva para ganar la guerra, pero coinciden en que una “campaña de hambre y exterminio” es preferible a que el ejército siga dando largas en Gaza. Algunas voces en los estudios advierten de los posibles daños a las relaciones públicas de Israel, pero, no obstante, el plan obtiene el apoyo de la mayoría del público judío-israelí. Los ciudadanos palestinos de Israel, que intensifican sus protestas contra el genocidio, son detenidos incluso por publicar sobre él en Internet, y la policía reprime por la fuerza las manifestaciones de la izquierda radical.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, expresa su preocupación, afirma que Washington está comprometido con la integridad territorial de Gaza y la solución de dos Estados, y advierte de que esta última campaña podría sabotear las negociaciones para un acuerdo sobre los rehenes, pero Netanyahu no se conmueve. Bajo la presión de la derecha, que ve la expulsión de los residentes de la ciudad de Gaza como su oportunidad de arrasar completamente la zona y construir asentamientos sobre las ruinas, el ejército inicia la fase de “exterminio” que describió Rabi.
El ejército ha asegurado que los civiles pueden abandonar el norte de Gaza (aunque los soldados disparan y matan al azar a los civiles palestinos que intentan evacuar) y trata a cualquiera que permanezca en la ciudad como terrorista. Esta estrategia coincide con lo que el teniente coronel A., comandante del escuadrón de drones de la Fuerza Aérea israelí, dijo a Ynet en agosto sobre la operación para rescatar a los rehenes en el campamento de Nuseirat: “Quien no huyó, incluso si estaba desarmado, en lo que a nosotros respecta, era un terrorista. Todos los que matamos deberían haber sido asesinados”.
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| Palestinos observan la destrucción causada por una operación militar israelí en el campamento de Nuseirat, en el centro de la Franja de Gaza, el 8 de junio de 2024. (Khaled Ali/Flash90) |
La ciudad de Gaza está completamente destruida y entre las ruinas yacen los cadáveres de miles o quizás decenas de miles de palestinos. Nadie sabe el número exacto, porque la zona sigue siendo una “zona militar cerrada”. La Operación Orden y Limpieza se ha coronado como un éxito. El ejército, como se propone en el plan Eiland, se prepara para repetir operaciones similares en Khan Younis y Deir al-Balah. En coordinación con los comandantes de campo, aparentemente sin la aprobación del Estado Mayor, el movimiento revitalizado para reasentar a Gaza –que ha estado esperando entre bastidores durante meses– comienza a establecer las primeras comunidades nuevas en áreas que han sido “purgadas” de palestinos.
Un escenario probable, pero no inevitable
No hay certeza de que este escenario se materialice. Puede verse obstaculizado en varias coyunturas: el ejército podría transmitir que no está interesado en la ocupación total de la Franja de Gaza, ni en el restablecimiento de un gobierno militar allí. El ejército es consciente de que una operación de esa envergadura podría conducir a la ejecución de los rehenes restantes, como ocurrió en Rafah, y no quiere ser responsable de su asesinato. También teme que una operación de esa envergadura en Gaza pueda desencadenar una respuesta más fuerte de Hezbolá y, por lo tanto, una guerra intensa en dos frentes, o tal vez más.
A pesar de toda la indulgencia que ha mostrado la administración estadounidense ante las acciones genocidas de Israel en Gaza (haciendo morir de hambre y aniquilando a decenas de miles de palestinos), la siguiente etapa puede ser demasiado incluso para el autoproclamado presidente “sionista” Joe Biden y la candidata presidencial Kamala Harris, que habla del “sufrimiento palestino”. Esta bien podría ser la medida que obligue a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) a declarar que Israel está cometiendo genocidio y acelere la emisión de órdenes de arresto por parte de la Corte Penal Internacional (CPI), y no solo para Netanyahu y Gallant.
Los países europeos, que hasta ahora han dudado en sancionar a Israel, pueden ir a por todas. Netanyahu podría concluir que el precio internacional de una operación de ese tipo será demasiado alto, al diablo con los deseos de sus aliados de derecha.
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| Los israelíes protestan pidiendo la liberación de los rehenes en Gaza frente a la sede del Ministerio de Defensa en Tel Aviv, el 14 de septiembre de 2024. (Avshalom Sassoni/Flash90) |
La sociedad israelí también puede poner obstáculos a la aplicación del plan. Como lo han puesto de manifiesto las manifestaciones masivas de las últimas semanas, amplios sectores de la población judía israelí han perdido la fe en las promesas del gobierno de una “victoria total” en Gaza o en la idea de que “sólo la presión militar liberará a los rehenes”. Encabezados por las familias de los rehenes –que se han radicalizado desde la reciente ejecución por parte de Hamás de los seis rehenes en un túnel de Rafah–, cientos de miles de israelíes, al parecer, no sólo quieren que los rehenes regresen a casa, sino también que dejen atrás la guerra. El plan Rabi-Eiland, que sin duda prolongará la guerra en Gaza y probablemente condenará el regreso de los rehenes restantes, puede ser rechazado por cientos de miles de manifestantes precisamente por estas razones.
Sin embargo, también debemos admitir que el escenario que he esbozado más arriba no es descabellado. Desde el 7 de octubre, la sociedad israelí ha experimentado un proceso acelerado de deshumanización hacia los palestinos, y es duro ver al ejército negarse en masa a llevar a cabo una campaña de exterminio de ese tipo, sobre todo si se presenta en etapas: primero expulsar a la mayoría de los residentes, seguido de la imposición de un asedio, y sólo entonces la eliminación de los que quedan.





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