viernes, 25 de octubre de 2024

181. Zyanya Mariana/ Fragmentos personales de un genocidio anunciado/Dos cuentos, cuatro videos del norte de Gaza y una comunidad a mi alrededor: PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA


Publicado originalmente

en Editorial Tariyata
el 24/10/2024



Los siete Rishis o sabios de la India; de Alfa a Delta, el viaje del carro de Apolo; el septentrión de los romanos: el asterismo de las siete estrellas más visibles de la Osa polar. 

  

 
Si nosotros, por ser como somos, somos polvo,
y el polvo, al ser como es, se alza,
entonces habremos de alzarnos, reagruparnos
en el viento y la nube y ser sus hijos...


: Charles Wright. Snow
(Fragmento, versión Edgar Trevizo)


Dos cuentos, tres videos del norte de Gaza y una comunidad a mi alrededor...


Gracias,
mis palabras de hoy para cada uno de ustedes


 
La mañana del día 391 del g3n oc1 dio en Gaza, me levanté muy triste y escribí en el Facebook lo siguiente:

"Creo que les he contado que a mi blog le aplicaron el "banshadow", [una censura que le imponen a las publicaciones en las redes sociales. No las desaparecen sólo las ocultan] es inencontrable en la red. No aparece y sólo se puede acceder a él vía el enlace directo...

A veces me pongo triste y pienso que mi esfuerzo es vano, que a nadie le importa lo que sucede en Gaza, que muchos callan... luego me acuerdo de la historia de la ardillita contra la mar.

Cuentan los sutras de la India que había una ardilla mamá que fue con sus hijos al mar. La mar estaba enojada y en un arranque de ira, se elevó alta, tan alta que se llevó a las ardillas crías.
La madre intentó salvarlas, pero la mar se las llevó. La madre primero lloró y luego amenazó a la mar con secarla si no le regresaba a su crías. La mar se río. Entonces, la madre ardilla empezó a meter su cola en el mar para sacar el agua y secar la mar. La mar se burló de ella, pero la madre ardilla continuó con su esfuerzo. Iba todos los días y no se detenía hasta caer rendida en la noche. La mar siguió burlándose de ella, de vez en vez la lastimaba y la revolcaba, pero la madre ardilla seguía metiendo su cola en la mar para secarla.
Así pasaron días y meses hasta que el dios Brahma que diario miraba la incansable determinación de la madre ardilla se apiadó de ella y obligó a la mar a regresarle a sus hijos.



Yo había toreado con cierta gracia la censura. Sabía que facebook, google y los grandes monopolios mediáticos occidentales censuraban; que en Tik Tok la censura era menor. De hecho, los del AIPAC se habían quejado del "problema TIK TOK", refiriéndose a la falta de censura en esa red popular entre los jóvenes que transmitía las atrocidades de Gaza en vivo, y que en abril EU había decidido prohibirla.  También sabía que esos monopolios tecnológicos de la nube apoyaban con datos lo que sucedía en Gaza. Sin embargo estaba cansada, cansada de ser mujer en el siglo XXI, como decía el poeta Neruda.
Con el cuento de la Ardillita quería decirle al mundo y sobre todo a mí misma que no debía desfallecer, ni desesperar. Era un cuento que me contaba siempre, cada vez que quería tirar la toalla porque la montaña que subía me parecía muy empinada. Era mi forma de echarme porras, de volver a subir la montaña con alegría. De empujar una decisión que había llegado entre sueños, de manera intuitiva: Esta guerra es más grave y profunda que otras.

Ya había escrito acerca de Palestina en el 2012 y había dicho que "no era una guerra religiosa", el Islam nada tuvo que ver con la Shoa y el antisemitismo europeo. Ya había hablado en una conferencia,
Geopolítica del Yihadismo global de cómo EU financiaba al Islam radical para su beneficio y como desechaba a sus antiguos aliados cuando ya no le eran útiles, como Sadam Hussein (Irak) u Osaba Bin Laden, pero algo había cambiado.
 
Quizás yo había cambiado. Entre septiembre del 2022 y mayo del 2023, mi vida de 24 años dedicados a la docencia y la academia se acabaron. Una alumna que entregaba sus apuntes en vez de la investigación requerida, me acusó de antisemita para salvar su materia.  ¿De dónde sacaba tal infamia? Resulta que yo había hablado en clase de la apropiación de los símbolos por parte de la cultura occidental y, para ejemplificar, hablé de la esvática. Era un tema delicado, pero regresaba sorprendida y conmocionada de un viaje a Perú. Me habían invitado a la feria del libro de Lima, para presentar la Antología de poesía del FCE que yo había seleccionado y antologado, y aproveché para recorrer las zonas arqueológicas del norte del país. Ahí había descubierto con sorpresa la omnipresencia de la esvástica.


Visión de un cometa con movimiento de rotación en función de la posición de su eje respecto al observador, foto NASA.

TRepresnetación de un cometa,
textos de Mawangdui (馬王堆), siglo II a.e.c.


En clase expliqué, todavía maravillada por el desierto y los restos de las culturas preincaicas en mi memoria,
que la esvástica era un símbolo geométrico muy antiguo, pero que más allá de su uso común en Asia, era sorprendente su recurrencia en todo el continente americano. Aparecía en las culturas de la costa peruana, anteriores a los incas, y reaparecía en la artesanía del norte de Argentina, recorría México como greca y la encontrábamos en las culturas amerindias de los EU. Es más, añadí, en 1940 Nixon prohibió su uso a los pueblos Hopi, Pápago, Apache y Navajo, que tuvieron que firmar un documento donde se comprometían a no utilizarla más en su artesanía (mantas, cestos, vestidos y pinturas de arena..). Entre 1940 -1960 los pueblos Paiute, Ojibwe, Chickasaw, Washo, Colville, Kree, Pequot, Nipmuc, lenape, Illiniwek, Modok, Abenaki, entre muchos otros, también dejaron de usar la «espiral solar»; su uso turbaba a los occidentales (europeos, americanos y canadienses). Concluí que era un símbolo cósmico, quizás la representación de una cometa como indican los textos de Mawangdui o la representación, como el nahui ollin, del movimiento del septentrión a lo largo del año, las estrellas más visibles de la osa mayor. No hubo investigación, simplemente me censuraron en la universidad, no podía volver a impartir clases. Por supuesto que mi censura no era personal, era parte de un proyecto para enfrentar la crisis económica que enfrentaba la universidad. Ya no necesitaban doctores, no había financiamiento para la investigación y los posgrados, había que deshacerse de los profesores con doctorado y experiencia y suplirlos por profesores más jóvenes y baratos para dar las asignaturas.


Hopi, Pápago, Apache y Navajo firman para usar más en su artesanía (mantas, cestos, vestidos y pinturas de arena...) la «espiral solar»

 
Esa censura y la instrumentalización de la palabra "antisemita" por una alumna floja me cambiaron la perspectiva. En su momento lloré, pero también me regalaron una oportunidad, me quitaron un corsé de la mente. Como si lo micro y lo personal dialogaran con lo macro y lo social, como si lo íntimo fuera político. Algo se había liberado, así que desde el 18 de octubre del 2023, con una nota premonitoria de Ariel Feldman, argentino de confesión judía, inicié mi odisea personal. Quería reproducir en mi blog las notas importantes, desde el punto de vista de una historiadora, para que en el futuro se pudiera reconstruir la guerra de octubre 23. Pensé que la guerra duraría poco. Que la respuesta de Israel sería la acostumbrada "un desproporcionado bombardeo" y un intercambio de prisioneros, pero la guerra siguió y sigue. 
 
Los medios callaban el contexto y la historicidad de los hechos. Nadie hablaba de la creación de un estado sionista en un protectorado inglés; una forma de expiar las culpas europeas por la Shoa; tampoco tocaban el tema de constituir un Estado sin fronteras definidas y que ello le había permitido a Israel irse apropiando del territorio de los palestinos, incluso antes de 1947. Nada que decir de la Nakba, el apartheid o la política de limpieza étnica. Los medios no sólo callaban, sino que exigían un posicionamiento: Había que señalar a Hamás como el malo de la historia. Nadie podía decir que era una guerrilla en contra de la ocupación israelí. No, eso estaba prohibido y si lo decías eras señalado de antisemita. La palabra "antisemita" que el sionismo vinculó al judaísmo, volvía a vaciarse de significado. Había que alinearse y decir que los de Hamás eran unos terroristas, que habían lastimado a Israel como nunca antes alguien lo había hecho desde la Shoa, perpetrada por los alemanes contra la comunidad judía, particularmente azkenazí, en la Europa de los años 40. 

Las embajadas israelíes en el mundo, como nado sincronizado, debían presionar a los gobiernos para posicionarse. México no fue la excepción y López Obrador respondió con un "nosotros queremos la Paz". Sus gestos y palabras recordaban una escena de Tin Tan,
el gran cómico de Carpa y cine mexicano, en la película La marca del Zorillo. El alegato de Tin Tan como el de AMLO aludía a las Naciones Unidas, a la paz en el mundo y un rechazo a la guerra. Los medios, sobretodo en Europa y EU, siguieron presionando a los comentaristas. Los dos programas que más me impresionaron fueron el de Piers Morgan que invitó el 17 de octubre a Bassem Youssef. El cómico egipcio radicado en EU, utilizó el humor negro y la inteligencia para hablar de Gaza. El programa tuvo 23 millones de vistas y el sitio español Spanish revolution hizo un video con los fragmentos más racionales y cuestionadores de la argumentación de Youssef.

Del otro lado, me sorprendió la entrevista que la editorial Mollat le hizo a Gilles Keppel para su libro Holocaustos   (
Holocaustes : Israël, Gaza et la guerre contre l'Occident). Gilles Keppel es un orientalista francés. Digo orientalista en el sentido que le diera Edward Said, a un marco de referencia racista que utilizó occidente en la literatura, los medios y las narrativas para referirse a los seres humanos no occidentales (americanos caníbales, africanos salvajes; musulmanes depravados y lujuriosos; asiáticos ñoños o fanáticos). Había leído a los orientalistas, en mi pensamiento eran seres de otra época, eruditos que habían vivido en el siglo XIX. Quizás por eso me sorprendió tanto escuchar a Keppel, su racismo vivo, el supremacismo europeo mezclado con erudición y datos actuales. 
 
A partir de Keppel y de mis propios estudios decoloniales en el doctorado, entendí que lo que sucedía en Gaza. No era un bombardeo cualquiera que deseaba venganza y ocupación territorial, sino que estaba acompañado de un discurso de exterminio. Y esta narrativa heredera del colonialismo anglosajón del siglo XIX se inscribía en el declive de Occidente. Un tema al que regreso cuando hablo de Rusia, de la estructura herodotiana,  de lo que he llamado el monoísmo o los tiempos geopolíticos

Israel perpetuaba, en pleno siglo XXI, la historia colonial de los cinco ojos: Reino Unido, EU, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Nombre, por cierto que los EU utilizaron para nombrar a sus aliados de la anglósfera en unos documentos secretos recién revelados. También entendí que lo que sucediera en Medio Oriente determinaría las siguientes batallas por el control de los energéticos. Lo explica mejor que yo y va más allá con una propuesta económica el antropólogo y activista Jason Hickel en la conferencia "Por qué una Palestina liberada amenaza al capitalismo global".

Para  Hickel estamos en la tercera ola colonial capitalista, un neocolonialismo que lucha por el control de los recursos naturales: Es decir, un oleaje que se inició en el siglo XVI (encomienda en América); continuó en el XIX con el imperialismo inglés y francés (colonización de Asia y África) y finalmente hoy está ola de índole más planetaria donde occidente (viejo y nuevo) se enfrenta a los BRICS y el sur global. Pero la situación del mundo ha cambiado. A diferencia de la primera ola, que anunciaba el nacimiento de occidente, y de la segunda ola que expandió el dominio occidental a Asia y África y culminó, después de dos guerra europeas y una en el pacífico, con el auge del nuevo occidente y sus aliados de la anglósfera, el mundo es otro. En Kazán, Rusia, los BRICS discuten una moneda alternativa al dólar. No desean eliminarla, sólo caminar paralelamente en los pagos, para evitar el control que generan las sancciones de EU. 

En términos de imaginarios, las cosas también han cambiado. Lo que suceda en Gaza nos incumbe a todos. Permitir la impunidad de Israel es decirle a nuestros hijos que cualquier país más poderoso (en economía, armas y tecnología) tiene derecho, en "nombre del terorismo", de bombardear a una población civil hasta la matanza brutal o el exterminio y apoderarse de su tierra y de sus recursos naturales. Al fin y al cabo en Gaza existe un yacimiento importantísimo de gas que pued considearse "Casus belli". 

En un principio, la gente que me rodeaba, quereres y conocidos, coincidían en privado que: "Netanyahu estaba loco", "que cómo era posible que matara niños", "pero que no podían postear nada en sus redes sociales"; temían censura o perder sus trabajos. De a poco entendí algo difuso que había sucedido en la Alemania Nazi de 1933 a 1939. Casi todos sabían lo que significaba el olor a carne quemada que salía de los campos de concentración, pero la mayoría, como ahora, prefirieron seguir con sus vidas como si nada sucediera. Normalmente no me afectaba la indiferencia del mundo, pero esa mañana del día 391 la desolación fue enorme. 


Gracias, gracias, gracias

 
 De repente, el post de la ardillita se llenó de comentarios y de mensajes privados. Agradezco cada uno, me regalaron fuerza, me calentaron el corazón, pero también me hicieron sentir una carga de responsabilidad. Recordé a Miguel Ángel Granados Chapa que después de las ovaciones decía sentirse más responsable de lo que decía y escribía. En mensajes privados me llegó uno muy cálido y apapachador con un cuento de changuitos que reproduzco, mutatis mutandis. Una disculpa por la edición de tus palabras A. E.:

"En una isla lejana unos changuitos, estaban siendo observados por unos científicos.A estos changos les encantaba comer las frutas que ahí había, y usualmente se la comían sentados en la arena, cerca del mar. Un día, estaban comiendo camotes, y los disfrutaban mucho, a grandes mordiscos, a pesar de la arena que se les quedaba pegada. En eso, a una changuita se le ocurrió lavar su camote en el mar. ¡O sorpresa! Se le quitó la arena y además quedó con un agradable toque salado. Todos los demás changos la vieron y comenzaron a imitarla. Pronto, todos los changos de esa isla habían aprendido a lavar sus camotes y otras frutas en el mar. Hasta aquí no hay nada extraño. Lo que sorprendió a los científicos es que, de repente, todos los changos de las otras islas empezaron a hacer lo mismo.

¿Cómo podían haberlo aprendido, si no habían visto a la primera changuita haciéndolo? El biólogo Rupert Sheldrake le llamó a esto “campo mórfico”. [...] Es un fenómeno que [explica que] cuando una persona (o una planta, o un animal o una célula) hacen algo, otras personas empiezan a hacer lo mismo o algo muy similar, aunque estén lejos y ni siquiera se conozcan. Como si [algo] invisible nos comunicara".



Yo ya había leído esta historia en Joseph Campbell, un mitólogo, especialista en religiones comparadas, él explicaba que la cultura y los saberes se habían difundido a partir de la guerra, la convivencia, la mimesis y el campo mórfico. El mensaje de mi amiga me recordó mi lectura, pero también la importancia de las palabras cargadas de empatía: "Son muchas las voces que nos presionan para que olvidemos el amor, olvidemos la humanidad, [para que] sacrifiquemos algo que parece “idealista” en aras de lo que parece más práctico. Pero antes de actuar, piensa siempre en el campo mórfico... ".

Se ha desatado la guerra, muchas son las trincheras, muchos son los intereses... pero también se ha desatado el amor. Un simple post desfallecido para revelarme (y recordarme) la comunidad que me sostiene; el esfuerzo como mi única pertenencia y el saber absoluto de que todes los seres humanos somos iguales en luces y sombras. Acaso no decía el gran poeta Basho que:


"donde hay hombres,
hay moscas y Budas"


Dejo cuatro videos de la ignominia que está sucediendo en el norte de Gaza. Separación de mujeres y hombres, pues se llevan a los hombres a los campos de tortura. Crímenes de guerra, que parecieran pura maldad banal, como decía Hannah Arendt, y el desplazamiento forzado, sin hospitales, sin comida y sin agua para asegurar la muerte de la población: Dos millones de palestinos desplazados. Hechos que se están reproduciendo en Líbano.





















El ejército israelí filma con un dron su propio desplazamiento masivo de palestinos en el norte de Gaza bajo la amenaza de aniquilación. Casas destruidas, refugios para desplazados quemados, miles de personas detenidas y expulsadas. Autoinculpación.




 





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