| Publicado originalmente en THE GUARDIAN (Diario británico fundado en 1821 como el Manchester Guardian, hasta su nombre actual en 1959) el 5/08/2024 Versión al español Zyanya Mariana ![]() |
| Imagen de los videos que publicó el periódico The Guardian |
Presos palestinos describen abusos sistemáticos en cárceles israelíes
Emma Graham-Harrison en Jerusalén,
Quique Kierszenbaum y Sufian Taha en Belén
Las entrevistas de The Guardian respaldan el informe del grupo de derechos humanos B’Tselem, que dice que las cárceles deberían ahora ser etiquetadas como “campos de tortura”
Tortura, abuso y humillación:
los palestinos sobre el “infierno” de las prisiones israelíes
Tortura, abuso y humillación:
los palestinos sobre el “infierno” de las prisiones israelíes
Según entrevistas de The Guardian con prisioneros liberados, la violencia, el hambre extrema, la humillación y otros abusos contra los prisioneros palestinos se han normalizado en todo el sistema penitenciario de Israel. Los malos tratos son ahora tan sistemáticos que el grupo de derechos humanos B’Tselem dice que deben considerarse una política de “abuso institucionalizado”.
Los ex detenidos describieron abusos que iban desde palizas brutales y violencia sexual, hasta raciones de hambruna, negativa a la atención médica y privación de necesidades básicas: como agua, luz natural, electricidad y saneamiento, incluidos jabón y toallas sanitarias para las mujeres.
En una investigación que duró meses, B’Tselem entrevistó a 55 ex prisioneros alojados en 16 cárceles del servicio penitenciario israelí y centros de detención administrados por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), y trazó un mapa de la escala y la naturaleza de los abusos. El grupo, con sede en Jerusalén y muy respetado, concluyó que las cárceles de Israel deberían ahora ser etiquetadas como “campos de tortura”.
“Cuando comenzamos el proyecto pensamos que encontraríamos evidencias esporádicas y casos extremos aquí y allá, pero el panorama que ha surgido es completamente diferente”, dijo Yuli Novak, director ejecutivo de la organización.
“Nos sorprendió la magnitud de lo que escuchamos. Es incómodo para una organización israelí-palestina decir que Israel está dirigiendo campos de tortura. Pero nos dimos cuenta de que eso era lo que estábamos viendo”.
El Servicio de Prisiones de Israel (IPS) dijo que operaba de acuerdo a la ley y bajo la supervisión del interventor estatal: “No tenemos conocimiento de las denuncias que describió y, hasta donde sabemos, no ha ocurrido ningún evento de ese tipo bajo la responsabilidad del IPS”, dijeron en un comunicado. El IPS también afirmó que varias de las peticiones, acerca de las condiciones de las prisiones, presentadas por organizaciones de derechos humanos habían sido rechazadas por la Corte suprema.
El ejército israelí dijo que “rechazaba categóricamente las acusaciones sobre el abuso sistemático de los detenidos en los centros de detención” y que actúaba “de acuerdo con la ley israelí y el derecho internacional”. Las acusaciones de abuso fueron examinadas a fondo, dijeron en un comunicado. Las condiciones de detención han mejorado significativamente durante la guerra, añadieron.
Ha habido múltiples informes de trato arbitrario, cruel y degradante a los detenidos palestinos desde el ataque de Hamás del 7 de octubre; son los únicos atisbos que tiene el mundo exterior de las condiciones dentro de las cárceles, ya que Israel ha negado el acceso a abogados, familiares e inspectores de la Cruz Roja.
A finales de julio, varios miembros del parlamento irrumpieron en dos bases militares, respaldados por una multitud de extrema derecha, para protestar contra el arresto de nueve hombres por la terrible violación de una detenido en el centro de detención de Sde Teiman. El diputado Tally Gotliv dijo a la multitud que las tropas israelíes merecían inmunidad total, independientemente de sus acciones.
Sde Teiman es un antiguo cuartel que se convirtió en un centro de procesamiento para las personas secuestradas en Gaza. Algunos sugieren que el sufrimiento en Sde Teiman es una excepción horrible y temporal creada por la guerra de Gaza.
El testimonio de los detenidos y el informe de B’Tselem sugieren, sin embargo, que se trata solo de un componente particularmente violento de un sistema estructuralmente abusivo, donde los casos de abuso no son sancionados como actos de violencia.
En cambio, se sugiere que bajo la dirección del ministro de seguridad nacional de extrema derecha, Itamar Ben-Gvir, el maltrato se ha convertido en parte integral del sistema de detención de Israel.
Al menos 60 personas han muerto bajo custodia israelí desde que estalló la guerra en Gaza, en comparación con una o dos muertes un año antes.
The Guardian realizó entrevistas por separado a ocho detenidos, la mayoría arrestados sin cargos y liberados sin juicio, que describieron patrones de abuso que coincidían con los documentados por B’Tselem.
Los ex detenidos describieron abusos que iban desde palizas brutales y violencia sexual, hasta raciones de hambruna, negativa a la atención médica y privación de necesidades básicas: como agua, luz natural, electricidad y saneamiento, incluidos jabón y toallas sanitarias para las mujeres.
En una investigación que duró meses, B’Tselem entrevistó a 55 ex prisioneros alojados en 16 cárceles del servicio penitenciario israelí y centros de detención administrados por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), y trazó un mapa de la escala y la naturaleza de los abusos. El grupo, con sede en Jerusalén y muy respetado, concluyó que las cárceles de Israel deberían ahora ser etiquetadas como “campos de tortura”.
“Cuando comenzamos el proyecto pensamos que encontraríamos evidencias esporádicas y casos extremos aquí y allá, pero el panorama que ha surgido es completamente diferente”, dijo Yuli Novak, director ejecutivo de la organización.
“Nos sorprendió la magnitud de lo que escuchamos. Es incómodo para una organización israelí-palestina decir que Israel está dirigiendo campos de tortura. Pero nos dimos cuenta de que eso era lo que estábamos viendo”.
El Servicio de Prisiones de Israel (IPS) dijo que operaba de acuerdo a la ley y bajo la supervisión del interventor estatal: “No tenemos conocimiento de las denuncias que describió y, hasta donde sabemos, no ha ocurrido ningún evento de ese tipo bajo la responsabilidad del IPS”, dijeron en un comunicado. El IPS también afirmó que varias de las peticiones, acerca de las condiciones de las prisiones, presentadas por organizaciones de derechos humanos habían sido rechazadas por la Corte suprema.
El ejército israelí dijo que “rechazaba categóricamente las acusaciones sobre el abuso sistemático de los detenidos en los centros de detención” y que actúaba “de acuerdo con la ley israelí y el derecho internacional”. Las acusaciones de abuso fueron examinadas a fondo, dijeron en un comunicado. Las condiciones de detención han mejorado significativamente durante la guerra, añadieron.
Ha habido múltiples informes de trato arbitrario, cruel y degradante a los detenidos palestinos desde el ataque de Hamás del 7 de octubre; son los únicos atisbos que tiene el mundo exterior de las condiciones dentro de las cárceles, ya que Israel ha negado el acceso a abogados, familiares e inspectores de la Cruz Roja.
A finales de julio, varios miembros del parlamento irrumpieron en dos bases militares, respaldados por una multitud de extrema derecha, para protestar contra el arresto de nueve hombres por la terrible violación de una detenido en el centro de detención de Sde Teiman. El diputado Tally Gotliv dijo a la multitud que las tropas israelíes merecían inmunidad total, independientemente de sus acciones.
Sde Teiman es un antiguo cuartel que se convirtió en un centro de procesamiento para las personas secuestradas en Gaza. Algunos sugieren que el sufrimiento en Sde Teiman es una excepción horrible y temporal creada por la guerra de Gaza.
El testimonio de los detenidos y el informe de B’Tselem sugieren, sin embargo, que se trata solo de un componente particularmente violento de un sistema estructuralmente abusivo, donde los casos de abuso no son sancionados como actos de violencia.
En cambio, se sugiere que bajo la dirección del ministro de seguridad nacional de extrema derecha, Itamar Ben-Gvir, el maltrato se ha convertido en parte integral del sistema de detención de Israel.
Al menos 60 personas han muerto bajo custodia israelí desde que estalló la guerra en Gaza, en comparación con una o dos muertes un año antes.
The Guardian realizó entrevistas por separado a ocho detenidos, la mayoría arrestados sin cargos y liberados sin juicio, que describieron patrones de abuso que coincidían con los documentados por B’Tselem.
Los investigadores de campo en Israel y en Jerusalén Oriental ocupada, Cisjordania y Gaza recogieron docenas de testimonios, informes médicos, autopsias y otras pruebas.
Encontraron testimonios consistentes y generalizados de violencia grave y arbitraria, agresión sexual, humillación y degradación; hambre, condiciones deliberadamente anti-higiénicas, hacinamiento, negación al tratamiento médico, prohibición del culto religioso y negación de asistencia jurídica y visitas familiares.
Varios testigos con los que habló The Guardian dieron detalles de tres asesinatos: Thaer Abu Asab y Abdul Rahman al-Maari, que supuestamente fueron golpeados hasta la muerte por los guardias, y Mohammad al-Sabbar, que murió de una enfermedad crónica. Sus compañeros de celda dijeron que después del 7 de octubre no le dieron medicamentos, ni la dieta especial que necesitaba.
Junto con el uso de la violencia directa y las restricciones a la circulación, los palestinos han alegado durante mucho tiempo que el encarcelamiento es un elemento clave de la ocupación israelí que dura 57 años: varias estimaciones sugieren que hasta el 40% de los hombres palestinos han sido arrestados al menos una vez en sus vidas.
Antes del 7 de octubre, 5.200 palestinos estaban detenidos en cárceles israelíes, incluidos 1.200 en detención administrativa, que permite la detención indefinida, sin cargos ni juicio. Las intensas oleadas de arrestos tras el ataque de Hamás significaron que el número de prisioneros se disparó a 9.623 a principios de julio.
Entre ellos, 1.402 prisioneros de Gaza están clasificados como “combatientes ilegales” en virtud de la legislación de emergencia, que también permite la detención sin cargos ni juicio. Las FDI afirman que la medida cumple con el derecho internacional.
Firas Hassan, un trabajador de la pastoral juvenil de 50 años de Belén, fue arrestado en virtud de una orden de detención administrativa en 2022. Las condiciones entonces eran aceptables, dijo a The Guardian: había duchas calientes, comida decente, tiempo al aire libre en el patio y unos seis presos por celda, cada uno con su propia litera.
A principios de 2023, Ben-Gvir fue nombrado ministro a cargo de las prisiones. Inmediatamente se dispuso a eliminar lo que llamó "ventajas" para los reclusos palestinos, como el pan fresco, y limitar el tiempo de ducha a cuatro minutos.
Pero estos cambios no fueron nada comparados con lo que sucedió después del 7 de octubre, dijo Hassan. "Antes había respeto. Pero después del 7 de octubre estaba seguro de que iba a morir allí. Perdí toda esperanza".
Hassan describió las condiciones comunes a muchas de las entrevistas. Dijo que él y sus compañeros de celda —hasta 20 personas en la misma celda diseñada para siete— fueron golpeados, a veces varias veces al día. Según dijo, un compañero de celda herido le contó entre lágrimas, después de un incidente particularmente brutal en noviembre, que los guardias lo habían violado con una porra.
Con poca agua y sin instalaciones para lavarse ni ropa limpia, las condiciones rápidamente se volvieron extremadamente insalubres. La comida para toda la celda consistía en un trozo de carne, una taza de queso, medio tomate y medio pepino por la mañana, y unas cinco cucharadas de arroz crudo por persona para la cena. Había una botella de agua de dos litros para compartir con todos los de la celda.
“Los guardias me dijeron: te estamos dando lo suficiente para mantenerte vivo, pero si fuera por nosotros te dejaríamos morir de hambre”, dijo. Cuando fue liberado sin cargos en abril, Hassan había perdido 22 kg de peso.
Hassan también escuchó los gritos de Thaer Abu Asab, de 38 años, que presuntamente fue golpeado hasta la muerte en la celda de al lado después de negarse a inclinar la cabeza ante los guardias.
Otro testigo, Mousa Aasi, de 58 años, de la gobernación de Ramallah, dijo a The Guardian que después de la paliza, Asab fue arrastrado al patio a la vista de todos los reclusos. “Dijeron que murió en el hospital más tarde, pero creo que ya estaba muerto”, dijo.
Encontraron testimonios consistentes y generalizados de violencia grave y arbitraria, agresión sexual, humillación y degradación; hambre, condiciones deliberadamente anti-higiénicas, hacinamiento, negación al tratamiento médico, prohibición del culto religioso y negación de asistencia jurídica y visitas familiares.
Varios testigos con los que habló The Guardian dieron detalles de tres asesinatos: Thaer Abu Asab y Abdul Rahman al-Maari, que supuestamente fueron golpeados hasta la muerte por los guardias, y Mohammad al-Sabbar, que murió de una enfermedad crónica. Sus compañeros de celda dijeron que después del 7 de octubre no le dieron medicamentos, ni la dieta especial que necesitaba.
Junto con el uso de la violencia directa y las restricciones a la circulación, los palestinos han alegado durante mucho tiempo que el encarcelamiento es un elemento clave de la ocupación israelí que dura 57 años: varias estimaciones sugieren que hasta el 40% de los hombres palestinos han sido arrestados al menos una vez en sus vidas.
Antes del 7 de octubre, 5.200 palestinos estaban detenidos en cárceles israelíes, incluidos 1.200 en detención administrativa, que permite la detención indefinida, sin cargos ni juicio. Las intensas oleadas de arrestos tras el ataque de Hamás significaron que el número de prisioneros se disparó a 9.623 a principios de julio.
Entre ellos, 1.402 prisioneros de Gaza están clasificados como “combatientes ilegales” en virtud de la legislación de emergencia, que también permite la detención sin cargos ni juicio. Las FDI afirman que la medida cumple con el derecho internacional.
Firas Hassan, un trabajador de la pastoral juvenil de 50 años de Belén, fue arrestado en virtud de una orden de detención administrativa en 2022. Las condiciones entonces eran aceptables, dijo a The Guardian: había duchas calientes, comida decente, tiempo al aire libre en el patio y unos seis presos por celda, cada uno con su propia litera.
A principios de 2023, Ben-Gvir fue nombrado ministro a cargo de las prisiones. Inmediatamente se dispuso a eliminar lo que llamó "ventajas" para los reclusos palestinos, como el pan fresco, y limitar el tiempo de ducha a cuatro minutos.
Pero estos cambios no fueron nada comparados con lo que sucedió después del 7 de octubre, dijo Hassan. "Antes había respeto. Pero después del 7 de octubre estaba seguro de que iba a morir allí. Perdí toda esperanza".
Hassan describió las condiciones comunes a muchas de las entrevistas. Dijo que él y sus compañeros de celda —hasta 20 personas en la misma celda diseñada para siete— fueron golpeados, a veces varias veces al día. Según dijo, un compañero de celda herido le contó entre lágrimas, después de un incidente particularmente brutal en noviembre, que los guardias lo habían violado con una porra.
Con poca agua y sin instalaciones para lavarse ni ropa limpia, las condiciones rápidamente se volvieron extremadamente insalubres. La comida para toda la celda consistía en un trozo de carne, una taza de queso, medio tomate y medio pepino por la mañana, y unas cinco cucharadas de arroz crudo por persona para la cena. Había una botella de agua de dos litros para compartir con todos los de la celda.
“Los guardias me dijeron: te estamos dando lo suficiente para mantenerte vivo, pero si fuera por nosotros te dejaríamos morir de hambre”, dijo. Cuando fue liberado sin cargos en abril, Hassan había perdido 22 kg de peso.
Hassan también escuchó los gritos de Thaer Abu Asab, de 38 años, que presuntamente fue golpeado hasta la muerte en la celda de al lado después de negarse a inclinar la cabeza ante los guardias.
Otro testigo, Mousa Aasi, de 58 años, de la gobernación de Ramallah, dijo a The Guardian que después de la paliza, Asab fue arrastrado al patio a la vista de todos los reclusos. “Dijeron que murió en el hospital más tarde, pero creo que ya estaba muerto”, dijo.
ÍNDICE:
PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR
EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA
La Base 4x187 | T*rturas, Viol4ci*nes, As*sinatos: El sistema carcelario de Israel al Descubierto
TWEETS
de Ori Goldberg, analista político y social israelí
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PRENSA
THE CRADLE/ 'Welcome to Hell': Rights group documents institutional torture, rape inside Israeli prisons
YAANI FR/ Au cœur de l’enfer des prisons israéliennes
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