sábado, 6 de septiembre de 2025

489. Quds News Network/ Fatena Abu Mostafa/Cuando Israel te roba la vista, el fuego se convierte en todo lo que ves: PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA

700 días de genocidio en Gaza
y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada

Publicado originalmente
en Quds News Network
(agencia de noticias palestina fundada en 2011)
el 18/08/2025
Versión al español Zyanya Mariana

Resistencias



Cuando Israel te roba la vista, el fuego se convierte en todo lo que ves


Por Fatena Abu Mostafa

La sangre me cubría la cara. Mi cabello ardía. El fuego en mi cabello era la única luz que podía ver”, susurró Tasneem, recordando la noche en que su mundo se derrumbó.

No puedo imaginar el fin de esta guerra. Ni siquiera puedo definir la paz que me da imaginar cómo sería, porque la guerra les ha robado todo a los gazatíes, incluso la luz en sus propios ojos.

Apenas unos meses antes, Tasneem (19 años) se preparaba para su tawjihi, los exámenes cruciales de secundaria en Palestina que deciden el futuro de un estudiante. Como miles de otros estudiantes en Gaza, soñaba con becas, la universidad y una vida más allá del bloqueo. Ahora en cambio, lucha por conservar la vista, llora la pérdida de su hermana y su padre, y carga con sus libros escolares a través de los campos de desplazados.

Su historia es una entre miles. Según el Ministerio de Educación de Gaza, 15.553 estudiantes y 1.111 universitarios han sido asesinados desde que comenzó el genocidio. Otros 23.411 escolares y 2.317 universitarios resultaron heridos, muchos de ellos con discapacidades permanentes. Para los jóvenes de Gaza, la guerra no solo ha destruido las aulas, sino también sus cuerpos y su futuro.

La noche que lo cambió todo

Era el 10 de octubre de 2023, a las 2:30 a. m. en Bani Suhaila. Tasneem y su hermana Hadeel estaban junto a la ventana cuando los bombardeos iluminaron la calle cerca de la estación de Asfour.

De repente, el humo, el polvo y el fuego me cegaron”, dijo Tasneem. “La sangre me cubría la cara. Mi cabello se incendió. No podía ver. No podía respirar. Mi cabello ardiendo era la única luz a mi alrededor”.

Cuando miró hacia atrás, vio a Hadeel tirada en el suelo en llamas. “Ese momento es el más duro que he vivido”, dijo entre lágrimas.

Tasneem bajó las escaleras a trompicones mientras las llamas consumían el piso superior. Los cristales rotos le causaron cortes profundos en los pies. Se rompió la pierna al resbalar. Afuera, el cielo brillaba rojo y las calles ardían.

Me senté en la calle con las manos sobre la cabeza”, recordó. “Solo quería que esta pesadilla terminara”.


Pérdida tras pérdida

Tasneem creyó que toda su familia había muerto. Susurrando la shahada, se preparó para la muerte. Pero sus padres estaban vivos, y en el caos, su madre intentó consolarla. "Mamá, tengo la cara destrozada. No veo nada, solo sangre", lloró Tasneem. Momentos después, descubrieron la insoportable verdad: Hadeel había sido martirizada.

Sus heridas eran graves: un globo ocular reventado, desprendimiento de retina y cortes profundos que requirieron puntos de sutura. Los hospitales de Gaza, desbordados y con pocos recursos, la hicieron esperar horas antes de que los médicos pudieran atenderla.

Tan solo tres días después, la tragedia volvió a golpearla. Su padre, Adli Baraka, murió en otro ataque israelí. "Sentí que había perdido la visión y la esperanza", dijo.

La lucha por la vista

El 11 de octubre, un médico privado advirtió a su familia que su estado era crítico. Sin cirugía inmediata, quedaría ciega. Con el sistema de salud de Gaza colapsando, la operación se realizó sin anestesia, con rudimentarios puntos de sutura para mantenerle el ojo cerrado.

El Ministerio de Salud de Gaza informa que alrededor de 1500 personas ya han perdido la vista durante este genocidio, mientras que otras 4000 están en riesgo debido a la escasez de medicamentos y equipos. UNRWA ha advertido de consecuencias catastróficas si Israel continúa bloqueando la ayuda vital, incluyendo suministros para cirugías oculares.

Para Tasneem, el dolor era incesante. Los médicos le advirtieron que no llorara, que no se estresara, que no forzara la vista. Pero ¿cómo iba a obedecer, cuando acababa de enterrar a su hermana y a su padre, y vivía bajo los bombardeos?


Sueños contra los escombros

El 3 de noviembre de 2023, tras semanas de retraso, Tasneem fue finalmente evacuada a Egipto para una cirugía de emergencia. Al llegar, su ojo derecho estaba ciego. Los cirujanos le inyectaron aceite de silicona con la esperanza de salvarle la vista que le quedaba.

A pesar de que le aconsejaron quedarse en Egipto y continuar el tratamiento, Tasneem regresó a Gaza. Sus hermanos menores seguían allí, y tras la muerte de su padre, no pudo abandonar a su madre. Renunció a la comodidad y la atención médica para estar con su familia.


Tasnim Baraka después de someterse a una cirugía en el ojo en Egipto, noviembre de 2023.
Su madre tomó esta foto mientras esperaban una oportunidad de sanar después
de semanas de devastación.



Ahora vive en una tienda de campaña, sufriendo dolores de cabeza, un dolor cada vez mayor y el debilitamiento de su otro ojo. Y aun así, estudia. Cada vez que huía —de Bani Suhaila, luego de Rafah, luego de Deir al-Balah— llevaba consigo sus libros del colegio.

Los médicos me dijeron que leer podía empeorar mi vista”, admitió. “Pero aun así llevé mis libros. Son mi última esperanza”.

Sus libros no son solo papel y tinta; son su desafío. En un genocidio que la ha despojado de casi todo, son el único sueño al que se niega a renunciar.



Las heridas invisibles de la guerra

Las heridas físicas son sólo una parte de la lucha de Tasneem. La vergüenza la mantiene encerrada en casa. “Cuando llevo el parche en el ojo afuera de casa,  en la calle, me siento muy avergonzada”, dijo. “Soy una joven que quiere vivir como las demás jóvenes”.

Su madre, Ghada, le recuerda a diario que es hermosa, a pesar de las cicatrices. Pero la sanación emocional es casi imposible en un lugar sin espacios seguros, sin asistencia médica ni apoyo para los sobrevivientes del trauma. Cada paso de la recuperación de Tasneem no ha provenido de organizaciones internacionales, sino del sacrificio de su familia.

Un Mensaje al Mundo

Cuando le pregunté a Tasneem qué desea ahora, su respuesta fue simple:

“Deseo que la guerra termine. Quiero que cese el sufrimiento. Quiero atención médica adecuada para mi ojo y continuar mi educación como otras niñas. No quiero perder mis ojos; los necesito como un niño necesita algo con todo su corazón”.

La historia de Tasneem es una entre decenas de miles. Los niños de Gaza no son solo víctimas de las bombas; están muriendo de hambre, ciegos y se les niega la oportunidad de aprender. Su voz nos recuerda que no son números: son vidas jóvenes, interrumpidas, pero que siguen luchando.

Pónganse en nuestro lugar”, dijo Tasneem, con su único ojo sano llenándose de lágrimas. “Ustedes no podrían vivir ni un minuto como nosotros”.


  • Primer párrafo, capítulo IX "Genocidio" de Raphael Lemkin, 
    quien acuñara el término.




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