jueves, 6 de noviembre de 2025

550. CHRIS HEDGES/La Casa de la Muerte/ PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA

A dos años de un genocidio anunciado
762 días de tecnogenocidio en Gaza
y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada


Publicado originalmente
el 30/10/2025
versión al español Zyanya Mariana

Cortejando el fin del mundo - por el Sr. Fish

 

La Casa de la Muerte

El genocidio en Gaza no es una anomalía aislada. Es un presagio de lo que nos espera a medida que el ecosistema se desintegra y los gobiernos adoptan el fascismo climático.

Gaza no marca el fin del proyecto colonial de asentamiento. Marca, me temo, su fase final. Los estados occidentales, enriquecidos por sus propias ocupaciones y genocidios —en India, África, Asia, Latinoamérica y Norteamérica—, están volviendo a sus orígenes al enfrentarse a una crisis climática global y a los obscenos niveles de desigualdad social que ellos mismos generan y perpetúan.


A la derecha el General Reginald Dyer  y a la izquierda Jallianwala Bagh en 1919.
Fotografía: Zeutschel Omniscan (Nehru Memorial Museum)

El 13 de abril de 1919, día de Baisakhi, un festival de cosecha y año nuevo sij,
que se celebra principalmente en el Punjab, miles de indios se reunieron pacíficamente
en Amritsar’s Jaalmala para protestar contra la represiva Ley Rowlatt.
El general ordenó que abrieran fuego contra la multitud desarmada.
Posteriormente Dyer afirmaría haber disparado sobre un «potencial ejército rebelde»
y justificó la matanza, alegando: "Este acto no fue hecho para desbandar a la multitud
sino para castigar a los indios por su desobediencia."
Fuente wikipedia
 

A medida que el mundo se desmorona, a medida que la crisis climática empuja a millones, luego a decenas de millones y después a cientos de millones de personas hacia el norte, en una búsqueda desesperada por sobrevivir, el genocidio en Gaza, que Israel ralentiza hasta poder retomar su habitual ritmo asesino, se repetirá una y otra vez hasta que las frágiles redes sociales y ambientales que mantienen unida a la comunidad global se desintegren.

La negativa a abandonar los combustibles fósiles, la constante saturación de la atmósfera con emisiones de dióxido de carbono (CO2), garantiza un aumento vertiginoso de las temperaturas en el que la mayoría de las formas de vida, incluida la humana, resultarán insostenibles. La concentración media mundial de CO2 aumentó en 3,5 partes por millón entre junio de 2023 y junio de 2024, alcanzando un promedio de 422,8 partes por millón, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). En los doce meses siguientes se registró un incremento aún mayor de 2,6 partes por millón de CO2. Los violentos conflictos, ya exacerbados por fenómenos meteorológicos extremos y la escasez de agua, estallarán con una furia descomunal en todo el mundo.

Our Changing Climate


No hay misterio alguno sobre por qué el genocidio es financiado y sostenido por los aliados occidentales de Israel. No hay misterio alguno sobre por qué estos estados infringen los Convenios de Ginebra, la Corte Internacional de Justicia, el Tratado sobre el Comercio de Armas, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y el derecho internacional humanitario. No hay misterio alguno sobre por qué Estados Unidos ha proporcionado la asombrosa suma de 21.700 millones de dólares en ayuda militar a Israel desde el 7 de octubre de 2023 y ha bloqueado repetidamente resoluciones en las Naciones Unidas que censuran a Israel, en lo que el último informe de la ONU sobre Gaza califica como un “crimen facilitado internacionalmente”.

Ayuda militar y transferencia de armas de EE. UU. a Israel,
octubre de 2023 – septiembre de 2025

En los dos años transcurridos desde el ataque de Hamás contra Israel
el 7 de octubre de 2023, el gobierno estadounidense ha gastado
21.700 millones de dólares en ayuda militar a Israel, según el analista político
William D. Hartung (investigador principal del Instituto Quincy).
Esta cifra no incluye los acuerdos de venta de armas por valor de decenas de miles
de millones de dólares comprometidos para la adquisición de armamento
y servicios que se pagarán y entregarán en los próximos años.


Estados Unidos representa dos tercios de las importaciones de armas de Israel. Pero no es el único. El informe nombra a 63 países cómplices de la “maquinaria genocida de Israel en Gaza.


En palabras de un informe del Instituto Quincy y el proyecto Costos de la Guerra, publicado el 7 de octubre de este año: “Sin el dinero, las armas y el apoyo político de Estados Unidos, el ejército israelí no habría podido perpetrar una destrucción tan rápida y generalizada de vidas humanas e infraestructura en Gaza, ni escalar su guerra con tanta facilidad al ámbito regional bombardeando Siria, Líbano, Catar e Irán”.

No hay misterio alguno sobre por qué miles de ciudadanos de Estados Unidos, Rusia, Francia, Ucrania y el Reino Unido sirven en las fuerzas de ocupación israelíes y no rinden cuentas por su participación en el genocidio.

Muchos Estados, principalmente occidentales, han facilitado, legitimado y, finalmente, normalizado la campaña genocida perpetrada por Israel”, señala el informe de la ONU, compilado por la Relatora Especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, Francesca Albanese.

Al presentar a los civiles palestinos como ‘escudos humanos’ y la ofensiva generalizada en Gaza como una batalla de la civilización contra la barbarie, han reproducido las distorsiones israelíes del derecho internacional y los tropos coloniales, buscando justificar su propia complicidad en el genocidio”.

Informe:
“Genocidio en Gaza: un crimen colectivo”, del Relator Especial sobre la situación
de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967 (A/80/492). Versión preliminar sin editar.



Según el informe, para septiembre de 2024, Estados Unidos había suministrado a Israel “57.000 proyectiles de artillería, 36.000 cartuchos de munición para cañones, 20.000 fusiles M4A1, 13.981 misiles antitanque y 8.700 bombas MK-82 de 500 libras. Para abril de 2025, Israel tenía 751 ventas activas por un valor de 39.200 millones de dólares”.

Lo volveremos a ver. La misma matanza. La misma demonización de los pobres y vulnerables. Los mismos clichés sobre salvar a la civilización occidental de la barbarie. La misma insensible indiferencia hacia la vida humana. Las mismas mentiras. Los mismos miles de millones de dólares en ganancias extraídas por la industria bélica que se usarán para asfixiar no solo a quienes están fuera de nuestras fronteras, sino también a quienes están dentro.

¿Cómo reaccionarán las naciones más ricas cuando sus ciudades costeras se inunden, sus cosechas se desplomen y la sequía y las inundaciones desplacen a millones de personas internamente? ¿Cómo reemplazarán los recursos menguantes? ¿Cómo afrontarán la llegada de cientos de millones de refugiados climáticos a sus puertas? ¿Cómo responderán a la convulsión social, el deterioro del nivel de vida, el colapso de la infraestructura y la desintegración social?


Harán lo que hace Israel.

Utilizarán una violencia desproporcionada para mantener a raya a los desesperados. Robarán las tierras fértiles, los acuíferos, los ríos y los lagos. Se apoderarán por la fuerza de los minerales de tierras raras, los yacimientos de gas natural y el petróleo. Y matarán a cualquiera que se interponga en su camino. ¡Al diablo con las Naciones Unidas! ¡Al diablo con los tribunales internacionales! ¡Al diablo con el derecho internacional humanitario! Los estados industrializados están consolidando, como escribe Christian Parenti, un “fascismo climático”, una política “basada en la exclusión, la segregación y la represión”.

“Lo que vemos en Gaza es el ensayo del futuro”, afirmó el presidente colombiano Gustavo Petro en la COP28, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en 2023 (Discurso completo).

Los agentes enmascarados del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), desplegados en nuestras calles para aterrorizar a los trabajadores indocumentados, aparecerán en nuestras puertas. Los campos de concentración, que se están construyendo por todo el país, tendrán espacio para nosotros. La ley, manipulada para perseguir a una serie de enemigos internos ficticios, criminalizará la disidencia y la libertad de expresión. Los multimillonarios y oligarcas se refugiarán en complejos cerrados, pequeños Versalles, donde alimentarán su insaciable sed de poder, avaricia y hedonismo.

Al final, la clase multimillonaria gobernante también será víctima, aunque tal vez logre resistir un poco más que el resto. Las naciones industrializadas no se salvarán gracias a sus muros fronterizos, su seguridad interna, la expulsión de migrantes, los misiles, los aviones de combate, las armadas, las unidades mecanizadas, los drones, los mercenarios, la inteligencia artificial, la vigilancia masiva ni los satélites.

Sin embargo, antes de que se produzca esta extinción final, enormes sectores de la especie humana, junto con otras especies, serán consumidos en una orgía de fuego y sangre. Gaza, a menos que haya un cambio radical en la configuración y el gobierno de nuestras sociedades, es una ventana al futuro. No es una anomalía aislada. La guerra será el denominador común de la existencia humana. Los fuertes se aprovecharán de los débiles.



La destrucción de la sociedad civil en Gaza es el modelo a seguir. El caos es el objetivo. Las poblaciones sometidas son controladas mediante el armamento de milicias paramilitares y bandas criminales, como Israel ha hecho en Gaza, además de armar a milicias judías disidentes en Cisjordania. Se les controla —como lo ha hecho Israel— prohibiendo la labor del Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNRWA) para bloquear la ayuda humanitaria. Se les controla —como también lo ha hecho Israel— destruyendo , hospitales, clínicas, panaderías, viviendas, plantas de tratamiento de aguas residuales, centros de distribución de alimentos, escuelas, centros culturales y universidades, además de asesinar a su élite intelectual, incluyendo a más de 278 periodistas palestinos. Cuando la vida se reduce a la mera subsistencia, cuando la enfermedad y la malnutrición son endémicas, la resistencia puede quebrarse.


FUENTE The Guardian


El lenguaje en esta distopía emergente no guarda relación con la realidad. Es absurdo. Israel, por ejemplo, ha violado el actual acuerdo de alto el fuego desde su inicio, pero se mantiene la ficción de un “alto el fuego”. Israel aparentemente “tiene derecho a defenderse”, aunque es el ocupante y perpetrador de apartheid y genocidio, y la resistencia palestina no representa ninguna amenaza existencial.




El “Plan Trump”, supuestamente formulado para poner fin al genocidio, no ofrece ninguna vía hacia la autodeterminación palestina, ningún mecanismo para exigir responsabilidades a Israel y propone entregar Gaza a versiones actualizadas de virreyes imperiales, con Israel controlando las fronteras.

La lucha por Palestina es nuestra lucha. La negación de la libertad a los palestinos es el primer paso hacia la pérdida de nuestra libertad. El terror que define la vida en Gaza se convertirá en nuestro terror. El genocidio se convertirá en nuestro genocidio.

Debemos librar estas batallas mientras aún tengamos oportunidad. Las vías de resistencia se cierran a una velocidad alarmante. Debemos, mediante la desobediencia civil, detener el sistema. Debemos reconstruir el mundo. Esto implica derrocar a la clase dominante global. Significa demoler una sociedad construida en torno a la manía de la expansión capitalista. Significa poner fin a nuestra dependencia de los combustibles fósiles. Significa hacer cumplir el derecho internacional y desmantelar el dominio colonial y genocida de Israel. Si no lo logramos, los palestinos serán las primeras víctimas. Pero no serán las últimas.


  • Primer párrafo, capítulo IX "Genocidio" de Raphael Lemkin, 
    quien acuñara el término.




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