A dos años de un genocidio anunciado
826 días de tecnogenocidio en Gaza
y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada
Publicado originalmente
en El País
(periódico español fundado en 1976)
el 03/01/2026
Cuando un bebé muere de frío en Gaza:
(periódico español fundado en 1976)
el 03/01/2026
Cuando un bebé muere de frío en Gaza:
“Mi hijo estaba en mis brazos respirando
y de repente se convirtió en un cadáver”
Al menos otros cinco menores han perdido la vida en la Franja como consecuencia de las condiciones climáticas extremas
Jan Yunis (Franja de Gaza). Iman
Adnan Abu al Khair besa la ropa de su hijo Mohammed, que murió el
pasado 14 de diciembre, tan solo 13 días después de nacer, por
complicaciones derivadas del frío extremo
en un campamento de desplazados en Al Mawasi, en Gaza. Saca cada prenda
de la bolsa en la que las guarda, las acerca a su rostro y las besa.
También las acerca a la carita de Mona, su hija mayor, que tiene dos
años. Es una especie de ritual diario desde que perdió a su bebé.
Esta
madre de 34 años se niega a regalar la ropa a vecinas que están a punto
de dar a luz, rompiendo con la costumbre de las madres palestinas de
distribuir lo que sus hijos ya no van a usar. Dice que su dolor es
demasiado fuerte y que no puede desprenderse de esas prendas, que
guardan el olor de su recién nacido. La mujer cuida con especial mimo
esa bolsa, que ha decorado con tela azul, el mismo color que adorna la
parte superior de su tienda y que compró cuando supo, en el cuarto mes
de embarazo, que estaba esperando un niño.
Pero
esa tienda, construida con trozos de nailon sostenidos por cuatro
tablones de madera, se convirtió en la tumba de su hijo. “Se inundó varias veces con la lluvia”,
cuenta a EL PAÍS la madre, licenciada en Filología Árabe por la
Universidad Islámica. “Dentro, incluso al mediodía, las lonas están
frías al tacto. Es un congelador que ningún ser humano puede soportar”.

Su tienda se encuentra junto a otras tres que albergan a las familias de los hermanos de su marido. Todos están desplazados en este campamento en el que hay cientos de tiendas, dispuestas tan juntas las unas contra las otras que la luz solar rara vez llega al interior, lo que las deja permanentemente húmedas y extremadamente frías. Junto a ellas, los niños juegan con ropa raída y sin zapatos, con la nariz goteando por el frío intenso. Según un comunicado de Unicef, al menos otros cinco menores han perdido la vida en diciembre en la Franja como consecuencia de las condiciones meteorológicas extremas.
Su tienda se encuentra junto a otras tres que albergan a las familias de los hermanos de su marido. Todos están desplazados en este campamento en el que hay cientos de tiendas, dispuestas tan juntas las unas contra las otras que la luz solar rara vez llega al interior, lo que las deja permanentemente húmedas y extremadamente frías. Junto a ellas, los niños juegan con ropa raída y sin zapatos, con la nariz goteando por el frío intenso. Según un comunicado de Unicef, al menos otros cinco menores han perdido la vida en diciembre en la Franja como consecuencia de las condiciones meteorológicas extremas.
Las
agencias de la ONU informan de que las fuertes lluvias registradas en
diciembre han inundado miles de tiendas y han obligado a las familias a
vivir en medio de una humedad y un frío intensos, sin manera de secar la
ropa de vestir o la de cama. Las infecciones respiratorias, la neumonía
y los casos de hipotermia se han disparado, especialmente entre los
bebés y los niños pequeños, cuyos sistemas inmunitarios no pueden
resistir las condiciones extremas, según ONG como Médicos Sin Fronteras (MSF).
Naciones
Unidas calcula que 1,3 millones de personas —de una población de algo
más de dos millones— siguen necesitando apoyo urgente en materia de
refugio.
“De repente se convirtió en un cadáver”
Abu
al Khair se derrumba cada vez que oye llorar en una tienda vecina a un
bebé que nació dos días antes que Mohammed. El sonido reabre su herida,
lo que ella llama “los días más tristes y dolorosos” de su vida: “Mi
hijo estaba en mis brazos respirando y de repente se convirtió en un
cadáver”.
La
mujer relata los últimos momentos, cuando el frío y las lluvias se
intensificaron. “Durante las horas de esa última noche, le di el pecho y
le cambié la ropa; las cosas parecían más o menos normales, pero mi
hijo gemía continuamente sin demasiada fuerza”, explica. Su voz se
quiebra al continuar: “De repente sentí que el color de su cuerpo se
volvía azul, que sus extremidades se congelaban y que los signos de vida
disminuían de forma significativa. Pero no tenemos centros médicos
cercanos ni hay transporte durante la noche, así que me quedé despierta
con él y esperé hasta que salió el sol”.
Este reportaje se publicó en colaboración con Egab, una plataforma que trabaja con periodistas de Oriente Próximo y África.
Entonces,
caminó más de un kilómetro para llegar a una parada de vehículos y
luego esperó unos 15 minutos hasta que el taxi se llenó de pasajeros
antes de llegar al hospital Nasser, en la ciudad cercana de Jan Yunis.
Los médicos dijeron que Mohammed estaba muy grave y que estaba
agonizando. “Juro por Dios que intenté calentarlo, pero un cuerpo tan
pequeño no puede soportar ese frío, por mucha ropa que le pongas”,
afirma. “La tienda es una nevera de día y de noche, y ni siquiera
nosotros, los adultos, podemos soportarlo”.
Abu al Khair había temido por la seguridad de su hijo durante todo el embarazo, bajo los bombardeos y en medio de una falta casi total de alimentos,
pero cuando el parto natural transcurrió sin problemas y el niño nació
sano durante el alto el fuego, pensó que estaba a salvo y no imaginó un
destino tan devastador.
“¿Por
qué mi hijo ha muerto de frío?”, se pregunta a menudo Abu al Khair.
“¿Aceptarían quienes defienden los derechos humanos perder a sus hijos
porque no pueden calentarlos? ¿Y si este incidente le hubiera ocurrido a
un bebé de otro país?”, prosigue, antes de responderse a sí misma:
“Nuestras vidas y las de nuestros hijos no tienen valor”. Su cuñada,
Mawada Abu al Khair, también de 34 años, interviene, con rabia: “Lo que
está pasando es un crimen: que nuestros hijos mueran en nuestros brazos
sin que podamos hacer nada por ellos”.
Los
ministros de Exteriores de 10 países —entre ellos Canadá, Francia, el
Reino Unido y Japón— acaban de describir en una declaración conjunta el
31 de diciembre que las condiciones en Gaza son “espantosas, con fuertes
lluvias y temperaturas en descenso”. Pese al alto el fuego del 10 de octubre,
Israel continúa imponiendo lo que los ministros calificaron de
“restricciones irrazonables” a la importación de material médico y de
refugio urgentemente necesario, por lo que instaron a Israel a “abrir
los pasos fronterizos y aumentar los flujos de ayuda humanitaria hacia
Gaza”. Según el Ministerio de Salud de Gaza, territorio controlado por
el movimiento islamista Hamás, al menos 416 personas han muerto en la
Franja como consecuencia de ataques israelíes desde la entrada en vigor
del alto el fuego en octubre.
| FUENTE |
Esta semana, Israel ha anunciado que impedirá que 37 ONG operen en Gaza y Cisjordania,
entre ellas Médicos Sin Fronteras y Oxfam, por no haber superado los
requisitos de un controvertido registro o porque las acusa de que
algunos de sus empleados “estuvieron involucrados en actividades
terroristas”.
Una muerte evitable
Pese
al alto el fuego, las condiciones de la población desplazada de Gaza
apenas han mejorado e Israel no ha permitido la entrada de casas
prefabricadas ni de suficientes tiendas de campaña y lonas para
garantizar mejores refugios frente al frío y la lluvia.
ONG presentes en Gaza calculan que se necesitan unas 300.000 tiendas de campaña en la Franja. Pero las cifras de la ONU
de diciembre hablan por sí solas: en total, Naciones Unidas y otras
organizaciones humanitarias pudieron entregar más de 37.000 tiendas de
campaña, 127.000 lonas y 95.000 mantas en Gaza. Pero hay 65.000 hogares
adicionales que se han visto afectados por las recientes tormentas en la
Franja.
| FUENTE |
Además,
el hambre sigue castigando con fuerza a la población, aunque haya
menguado desde la entrada en vigor del alto el fuego. Según el último informe de la Clasificación integrada de la seguridad alimentaria por fases
(IPC, por sus siglas en inglés), apoyado por agencias de la ONU,
aproximadamente 1,6 millones de personas en Gaza afrontan niveles altos
de inseguridad alimentaria y unas 100.000 siguen en una situación
catastrófica, es decir, experimentando hambruna.
La
cuñada de Abu al Khair, que sostiene en brazos a su propia hija
pequeña, Muna, dice que también teme el mismo destino para su hija.
“Nadie en el campo de desplazados siente calor, especialmente en estos
días. A menudo encontramos a los niños casi congelados. Intentamos
quitarles el frío calentando agua en botellas y colocándolas sobre sus
cuerpos”. La muerte de Mohammed conmocionó a todas las madres, cuenta.
“Aquí todo el mundo está aterrorizado ante la posibilidad de que se
repita el mismo escenario”.
“Estamos
perdiendo a nuestros hijos por el frío. Quienes guardan silencio deben
moverse y decir basta de tortura para el pueblo de Gaza”, clama Khalil,
de 33 años, padre del bebé muerto, mientras acaricia el hombro de su
esposa: “Ella intenta mantenerse fuerte, pero la oigo llorar día y
noche. Nuestro mensaje al mundo es que no permitáis que otro Mohammed
muera en Gaza.”
Este reportaje se publicó en colaboración con Egab, una plataforma que trabaja con periodistas de Oriente Próximo y África.

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