A dos años de un genocidio anunciado
847 días de tecnogenocidio en Gaza
y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada
Publicado originalmente
en SPANISH REVOLUTION
(Medio
audiovisual y periódico digital creado durante las protestas de
2011-2015 en España, denominadas inicialmente Movimiento 15-M e
Indignados. El movimiento creció y derivó en un periódico digital
fundado en marzo del 2019)
el 20/01/2026
Hebrón bajo asedio permanente: la ocupación convierte la represión en rutina
La ofensiva militar israelí en el sur de Cisjordania confirma que la violencia estructural ya no necesita pretextos ni plazos.
Xan Pereira
El 18 de enero, las Fuerzas de Ocupación Israelíes anunciaron el inicio de una operación militar a gran escala en la zona de Jabal Johar, en la gobernación de Hebrón, al sur de la Cisjordania. Un nuevo despliegue masivo de tropas, registros casa por casa y control armado del territorio, presentado con el lenguaje habitual de la seguridad, pero ejecutado con la lógica intacta de la ocupación.
Según el comunicado oficial, la operación tiene como objetivo “desmantelar infraestructuras terroristas, erradicar la posesión ilegal de armas y reforzar la seguridad”. El guion es conocido. Las palabras cambian poco, las consecuencias tampoco. La campaña, añadieron, se prolongará durante varios días, lo que en el terreno significa noches de incursiones, detenciones arbitrarias y una población civil sometida a un estado de excepción permanente.
En Hebrón no se trata de una acción aislada ni de una respuesta puntual. La ofensiva se interpreta como un intento preventivo de abortar cualquier forma de resistencia palestina antes de que exista, una estrategia de anticipación represiva que convierte a toda una ciudad en sospechosa colectiva. No hay hechos concretos que justificar, solo la voluntad de controlar, fragmentar y castigar.
El nuevo asalto llega menos de dos meses después de que las fuerzas israelíes lanzaran su segundo gran ataque arrasador en el norte de Cisjordania en el plazo de un año. La secuencia no responde a una escalada coyuntural, sino a una política sostenida. La ocupación se gestiona como un proceso continuo de desgaste, donde cada operación allana el terreno para la siguiente.
Así se borra un pueblo del mapa - Ras Ein al-Auja no fue abandonada: fue expulsada, paso a paso, con violencia organizada y complicidad política. Durante más de 50 años, 135 familias beduinas vivieron en Ras Ein al-Auja, en el valle del Jordán. A finales de enero de 2026, esa comunidad dejó de existir. No por una catástrofe natural. Por una operación de limpieza étnica ejecutada con método. La escena es elocuente. Mientras las familias palestinas desmontaban sus casas entre lágrimas, colonos israelíes celebraban escoltados por soldados. Incendios, robos, palizas, sabotajes nocturnos, cortes de agua y electricidad. La vida convertida en un infierno para forzar la huida. Así cayeron una aldea tras otra. Ras Ein al-Auja era la última que quedaba en pie en la zona. Ya no está. Desde octubre de 2023, con la atención internacional puesta en Gaza, la violencia colona se disparó. Un 25% más en 2025, según Haaretz. Más de 1.000 palestinos asesinados en Cisjordania desde entonces. Uno de cada cinco, niños y niñas. Cero condenas. Cero responsables. No hablamos de extremistas aislados. Hablamos de un proyecto político respaldado por ministros, financiado con recursos públicos y protegido por el ejército. Puestos ganaderos gestionados incluso por menores sirven para ocupar territorio, intimidar y expulsar. No es improvisación. Es estrategia. Ras Ein al-Auja es una Nakba en tiempo real. Con fechas, cifras y mapas. Un pueblo borrado mientras el mundo mira hacia otro lado. SPANISH REVOLUTION |
UNA OPERACIÓN MILITAR QUE NO ES EXCEPCIÓN, SINO MÉTODO
Hablar de “operación” implica temporalidad. Hablar de Hebrón obliga a hablar de permanencia. La ciudad es uno de los enclaves más militarizados de Cisjordania, con presencia constante de colonos armados, checkpoints internos y un despliegue de seguridad que atraviesa la vida cotidiana. Cada incursión no inaugura nada nuevo, solo profundiza un modelo ya existente.
La ofensiva en Jabal Johar se inscribe en una estrategia integral de represión que combina operaciones militares formales con ataques sistemáticos de colonos, a menudo tolerados o directamente protegidos por el ejército. La frontera entre violencia estatal y violencia paraestatal se diluye hasta desaparecer. El resultado es el mismo: expulsión, miedo y control.
La retórica israelí insiste en la “seguridad”, pero la seguridad nunca es simétrica. Se protege al ocupante y se criminaliza a la población ocupada. Se normaliza el uso de la fuerza en zonas residenciales mientras se niega a la población palestina cualquier mecanismo real de protección. La seguridad se convierte en un privilegio étnico, no en un derecho universal.
Las y los habitantes de Hebrón conocen bien este patrón. Las redadas nocturnas, los cierres de barrios enteros y las detenciones sin cargos forman parte de una pedagogía del miedo diseñada para desactivar cualquier forma de organización social o política. No se persigue solo a quienes resisten, sino a quienes podrían llegar a hacerlo.
| Middle East Eye |
CIFRAS QUE DESMIENTEN EL RELATO DE “SEGURIDAD”
El contexto numérico desmonta cualquier intento de justificar la operación como una medida defensiva. **Según un informe de las Naciones Unidas publicado el 7 de enero de 2026, al menos 240 palestinos han sido asesinados en Cisjordania como resultado de las campañas militares israelíes y los ataques de colonos en el último periodo analizado. Entre las víctimas hay 55 niños y niñas.
No son daños colaterales. Son consecuencias directas de una política de ocupación armada que actúa con un nivel de impunidad sostenido en el tiempo. Las cifras no hablan de enfrentamientos equilibrados, sino de una violencia estructural que se ejerce desde una posición de poder absoluto.
Cada nueva operación, como la lanzada en Hebrón el 18 de enero de 2026, se suma a una estadística que no genera sanciones ni consecuencias políticas reales. La repetición de las incursiones normaliza la muerte, la convierte en un efecto asumido del orden establecido. La legalidad internacional queda reducida a comunicados, mientras el terreno se rige por la ley del fusil.
El lenguaje oficial insiste en “erradicar amenazas”, pero la amenaza real es la ocupación misma. Una ocupación que no busca estabilizar, sino administrar la inestabilidad como forma de dominio. Hebrón no es un frente de guerra, es una ciudad habitada, y tratarla como un objetivo militar es una decisión política consciente.
La operación en Jabal Johar no anuncia el final de nada. Anuncia la continuidad de un sistema que necesita la fuerza para sostenerse, y que solo puede ofrecer más control, más muertos y más silencio internacional como horizonte inmediato.
Esperanza de liberación y de independencia.
Esperanza de una vida normal donde no seremos héroes ni víctimas.
Esperanza de ver a nuestros hijos ir a la escuela sin peligro.
Esperanza de que una mujer embarazada dé a luz a un bebé vivo, en un hospital, y no a un niño muerto frente a un puesto de control militar.
Esperanza de que nuestros poetas vean la belleza del color rojo en las rosas y no en la sangre.
Esperanza de que esta tierra recupere su nombre original: tierra de amor y de paz.
Gracias por compartir con nosotros la carga de esta esperanza.
: Mahmoud Darwish,
poeta palestino, en Ramallah, el 25 de marzo de 2003.
Versión del francés ZM

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