892 días de tenogenocidio en Gaza
y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada
Día 17: Ataque ilegal a Irán
Publicado originalmente
en La Jornada
(periódico mexicano fundado el 19 de septiembre de 1984)
el 16/03/2026
| El palacio de Golestán, localizado en el corazón de Teherán, inició su construcción hace más de 400 años durante la dinastía de los safávidas. Foto Ap |
Bombardear la historia
Diego Gómez Pickering
“Un rico y extraordinario testimonio de lenguaje arquitectónico y arte decorativo que constituye una las primeras representaciones simbióticas entre los estilos europeo y persa”. Con estas palabras describe la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) el valor artístico y la importancia histórica del palacio de Golestán, patrimonio de la humanidad.
Localizado en el corazón
de Teherán, la construcción de este conjunto palaciego inició hace más
de 400 años durante la dinastía de los safávidas. El vasto complejo de
jardines y salones decorados con piedras preciosas, tapices de seda e
intricados azulejos, fue residencia oficial de la familia real Qajar y
se convirtió en el epicentro de creación cultural del llamado imperio de
la rosa durante el siglo XIX. El pasado 2 de marzo fue bombardeado y
parcialmente destruido por la incursión militar israelí-estadunidense en
Irán.
Los daños infligidos al palacio de
Golestán, considerado baluarte del patrimonio artístico e histórico de
la capital iraní y una de sus edificaciones más antiguas todavía en pie,
fueron inmediatamente condenados por la Unesco, máximo órgano
internacional a cargo de la protección del patrimonio cultural, material
e inmaterial, del mundo. La destrucción parcial del palacio de Golestán
como resultado de los bombardeos contraviene la Convención para la
Protección de los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado de 1954,
conocida como Convención de La Haya, en donde se estipula que “...todo
daño a los bienes culturales, independientemente de a quién pertenezcan,
es un daño al patrimonio cultural de toda la humanidad, porque cada
pueblo contribuye a la cultura del mundo...”. Convención de la cual son
signatarios tanto Israel como Estados Unidos, además de Irán y, claro
está, México.
cubriendo con una densa capa de polvo los campamentos donde miles de familias viven en tiendas de campaña.
La población, entre ellos niños, ancianos y enfermos, enfrenta dificultades para respirar
en medio de la tormenta, que agrava aún más las ya críticas condiciones humanitarias en el enclave.
FUENTE
Desafortunadamente, el bombardeo al palacio de Golestán no es un incidente aislado, sino todo lo contrario, forma parte de una creciente tendencia en la que, como parte de campañas militares auspiciadas por intereses económicos y militares, se ataca y destruye el patrimonio cultural, artístico e histórico del mundo. Lo anterior, en un contexto de creciente polarización, desconfianza en la diplomacia y el multilateralismo y lacerante incumplimiento del derecho internacional.
Los
bombardeos de esta semana a la histórica ciudad persa de Kashan por
parte de israelíes y estadounidenses son prueba clara de ello.
Así
lo son también los ataques rusos de los pasados cuatro años contra el
patrimonio arquitectónico de las ciudades ucranias de Leópolis y Odesa;
la destrucción del milenario monasterio de San Hilarión, en Gaza,
perpetrada por las Fuerzas de Defensa de Israel o el daño estructural
causado por los bombardeos de estas últimas al complejo arqueológico de
Baalbek en el Líbano, de incalculable riqueza por su historia fenicia,
griega, romana y otomana. Todos esos sitios son considerados por la
Unesco como patrimonio mundial.
El desprecio
que las guerras del siglo XXI muestran por la historia es sintomático
de un mundo que ha perdido la brújula, de una sociedad que enfrenta un
severo dilema moral, para la que la muerte masiva de niños y niñas
inocentes carece de toda misericordia, y de un liderazgo político
corroído por la avaricia de poder y control, para el que no basta
bombardear, derruir y arrasar, sino que es necesario borrar la historia y
el patrimonio que da cuenta de ella para imponer su propia narrativa
mesiánica. Imaginemos por un instante que una lluvia de bombas es
lanzada sobre el Zócalo, destruyendo la fachada barroca de la Catedral
Metropolitana y decapitando uno de sus campanarios, dañando el Museo del
Templo Mayor y derribando uno de los murales de Diego Rivera que
resguarda el Palacio Nacional.
Como herederos de una cultura milenaria, defensores de nuestro patrimonio, que también es el de la humanidad, desde México no podemos cerrar los ojos ante lo que sucede.
*Investigador
sénior del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi) y
miembro del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos).
| Doc Land Films |
ÍNDICE:
PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN
TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA
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