A dos años de un genocidio anunciado
1009 días de tecnogenocidio en Gaza
y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada
Día 135: Ataque ilegal a Irán
Día 133: Invasión de Líbano
Holocaustos
Publicado originalmente
en PUBLICO ES
(periódico digital español fundado en 2007)
el 15/06/2026
| Hernán Zin, cineasta y periodista, en una foto de archivo. |
"Netanyahu sigue el plan de Hitler en Polonia
de matar a toda la clase media ilustrada"
El
director de cine y reportero de guerra forma parte del 'Ciclo de Cine
por Refugio' organizado por CEAR, que proyectará este martes su
documental 'Todos somos Gaza'.
Laura Anido
Hay lugares que se convierten en una obsesión. Para Hernán Zin (Buenos Aires, 1971), cineasta y reportero de guerra, Gaza es uno de ellos. La pisó por primera vez en 2006 y desde entonces ha regresado las veces que se lo han permitido, movido por la necesidad de contar la realidad de quienes habitan un territorio bajo asedio. De aquel primer viaje nació Llueve sobre Gaza, un libro en el que denunciaba unas injusticias que, lejos de desaparecer, no han hecho más que agravarse con el paso de los años.
En 2014, durante otra ofensiva israelí sobre la Franja, rodó Nacido en Gaza, un documental que seguía la vida de varios niños palestinos marcados por la guerra, la ocupación y la pérdida. La película se convirtió en uno de los trabajos más reconocidos de su trayectoria porque ponía rostro a una realidad que a menudo se cuenta en cifras. Diez años después, en pleno genocidio en Gaza, Zin vuelve a encontrarse con tres de aquellos niños -Mohamed, Bisan y Udai- para saber qué ha sido de sus vidas. El resultado es Todos somos Gaza, documental nominado a los Premios Goya y a los Premios Forqué, que recupera las historias de quienes crecieron bajo las bombas y han tenido que enfrentarse de nuevo a la violencia.
Este martes, Todos somos Gaza se proyectará en el Ciclo de Cine por Refugio organizado por CEAR, que acerca al público historias de desplazamiento forzado y refugio a través del cine documental.
P. Ha cubierto guerras durante años. ¿Alguna vez había visto algo comparable a lo que está ocurriendo ahora mismo en Gaza?
R. No.
En 25 años cubriendo conflictos armados he visto las peores atrocidades
de la humanidad, nos han secuestrado, me han disparado... Siempre
pagamos un precio muy alto por estar ahí, pero lo de Gaza supera
cualquier otra cosa que haya visto. No hay comparación a nivel de
crueldad y de falta de respeto por los derechos más elementales. Creo
que, para toda la humanidad, es el mayor horror que hemos visto desde la
Segunda Guerra Mundial. Es terrible, no hay nada que se compare.
Yo
fui a Gaza en 2006, después de diez años cubriendo conflictos armados y
lo que me sorprendió allí es que tanto los periodistas como los niños,
las mujeres y los ancianos éramos objetivos prioritarios, algo que no
pasa en ningún otro lugar. No pasa en Irán, en Afganistán ni siquiera en
Somalia. Y en Gaza son el objetivo, pero no es algo de ahora, lo
denuncié en un libro que se llama Lluvia sobre Gaza y después, en 2014, en mi película Nacido en Gaza.
Se
ha anunciado muchísimas veces que el objetivo era la desaparición de
Gaza y que se utilizarían todos los medios para lograrlo. Por eso he
vuelto tantas veces, he hecho tantos trabajos, libros y documentales. No
había visto otra guerra o conflicto de esta magnitud que estuviera tan
claramente predestinado a convertirse en un exterminio y en lo que
estamos viendo hoy.
P. En el documental Todos Somos Gaza, algunos miembros del equipo fueron atacados durante el rodaje. ¿Cómo se continúa trabajando después de una experiencia así?
R. Hirieron
a cuatro miembros del equipo después de que presentáramos el proyecto
en Madrid. El documental estaba prácticamente terminado y habíamos
encontrado a los niños protagonistas. A la semana siguiente, fueron
heridos en diferentes ataques. Nuestro director de fotografía recibió
siete disparos en un hospital durante una operación israelí y nuestro
productor sufrió un bombardeo mientras trasladaba material, fueran
heridos de gravedad, hasta el punto de que tuvimos que evacuarlos de
Gaza.
No tengo claro si alguien informó de ello, pero siempre me
ha quedado la sospecha porque todo ocurrió a la semana de anunciar el
proyecto en una rueda de prensa muy grande y después de haber estado en
todos los medios.
Fue el arranque más duro de mi vida. Esta
gente en Gaza, los cineastas, hombres y mujeres que hicieron el
proyecto, son héroes, porque estaban grabando su propio genocidio y eso
es muy complicado, son un ejemplo de pasión y compromiso con la verdad.
Tal y como está estructurado el mundo hoy en día, una vida del sur vale mucho menos que una del norte y cuando matan a periodistas europeos, la gente sale a la calle -como pasó en Irak con Couso-. Por eso, yo siempre he interpretado que fue una decisión estratégica. Israel sabía que, si estábamos ahí, iban a matar a algunos de nosotros involuntariamente y buscaban evitar que la opinión pública en Occidente se levantase.
| SpanishRevolution |
Terror
P. Han pasado más de diez años desde Nacido en Gaza. ¿Cómo fue el reencuentro con aquellos niños para el segundo documental?
R. Fue
un reencuentro muy emotivo. Estuvimos dos años siguiéndolos para esta
nueva película y mantuve el contacto con ellos durante todo ese tiempo y
lo que más me sorprendió fue su capacidad de resistencia. A pesar de
vivir encerrados, sin poder salir, con cortes de electricidad constantes
y bajo las bombas, seguían intentando construir una vida normal con
dignidad y resiliencia. Querían estudiar, enamorarse, formar una
familia...
Udai, por ejemplo, ha perdido tres hermanos en
distintas ofensivas israelíes. ¿Qué infancia es esa? Vivir bajo drones y
bombardeos constantes es una forma de tortura psicológica.
No
digo que la salud mental allí esté bien, porque están devastados física
y emocionalmente, pero son un ejemplo de dignidad. Encontré mucha
dignidad en Mohammed, en Bisan y en Udai. Verlos convertidos en jóvenes
adultos, con ganas de seguir adelante y sin quejas constantes, fue
profundamente inspirador.
P. En
el documental se aborda el uso de inteligencia artificial por parte del
Ejército israelí. ¿Qué impacto está teniendo esta tecnología en la
ofensiva en Gaza?
R. Usaban
sistemas de inteligencia artificial para seleccionar objetivos, uno de
los programas más conocidos es Lavender, una herramienta utilizada para
analizar grandes cantidades de datos y señalar posibles objetivos
militares.
Antes se tardaban semanas o un mes en
identificar unos 50 objetivos. Ahora, Lavender permite acelerar ese
proceso, incorporando incluso reconocimiento facial y generando
objetivos a diario. En algunos casos, esos objetivos se atacan de forma
automática a través de otro sistema, es la IA al servicio de matar
gente.
Utilizan datos del teléfono móvil, voz, texto y
reconocimiento facial para localizar a una persona. A partir de ahí se
determina su ubicación y se procede al bombardeo, sin tener en cuenta
los daños colaterales que pueda haber.
El plan de Israel
ha sido utilizar esta IA para acabar primero con la población formada
para dificultar la reconstrucción futura del territorio. Sigue el plan
que utilizó Hitler en Polonia de matar a toda la clase media ilustrada.
Gaza era uno de los lugares con más doctorados del mundo por metro
cuadrado y en cinco o seis meses ya se habían cargado a buena parte de
los arquitectos o ingenieros. Los localizaban mediante este sistema,
porque Gaza es muy pequeño e Israel tiene todo controlado desde hace
años.
P. ¿Son tecnologías que acabarán trasladándose a Occidente?
R. Sin
duda. Israel hace negocios con esto y seguramente muchas de estas
tecnologías terminarán exportándose después a otros países y a otros
ámbitos. Ya ocurrió con los drones, que fueron utilizados en
determinados conflictos antes de extenderse a nivel global.
Europa
debería avanzar mucho más en la protección de la privacidad y de los
datos biométricos. Quien controla esos datos tiene un enorme poder sobre
la vida de las personas. Por eso el documental se llama Todos somos Gaza: lo que pasa en Gaza va a pasar en el resto de la humanidad, a otros niveles, con otros matices, pero pasará.
P. Además,
vivimos expuestos cada día a imágenes de destrucción y muerte. ¿Le
preocupa que estemos desarrollando una capacidad para acostumbrarnos a
ver este tipo de atrocidades?
R. No lo veo exactamente así. Las imágenes han sido tan terribles -niños quemados, despedazados, escenas de una violencia extrema- que han generado un impacto enorme. Pero creo que lo que han provocado es un trauma colectivo. Llevamos dos años viendo imágenes extremadamente duras de manera constante. Eso deja una huella, aunque muchas veces no seamos plenamente conscientes de ello.
P. ¿Cree que Gaza puede acabar desapareciendo?
R. Existe
una posibilidad muy grande de que Gaza desaparezca como la hemos
conocido. Hoy gran parte del territorio ha quedado destruido y reducido a
una mínima expresión. Estamos ante un proceso histórico de enorme
gravedad y en un momento decisivo para el futuro de la región, lo que
ocurra dependerá de la reacción internacional y de la capacidad de la
comunidad internacional para poner límites.
No ha habido ni
una sola sanción significativa contra Israel mientras se contabilizan
decenas de miles de muertos. Eso demuestra cómo funciona el mundo: quien
tiene capital financiero, político y mediático tiene una enorme
capacidad para influir y silenciar a su voluntad para sostener
situaciones que deberían ser inaceptables.
P. ¿Ha sufrido presiones o amenazas por sus posiciones sobre Palestina?
R. Sí, todo el tiempo recibo muchísimas amenazas de muerte. Antes de los Goya fue cuando más recibí y la Policía estuvo al tanto. Lo bueno es que, con el tiempo, la gente va abriendo los ojos. En 2006 era más difícil convencer a la gente, pero ahora creo que el 98% de la humanidad ha visto con claridad qué es Israel.
Es una cuestión de igualdad. ¿Somos todos seres humanos iguales? ¿Tenemos los mismos derechos o no? Israel está diciendo que no. Entonces la pregunta es si vamos a aceptarlo o si vamos a poner todos los medios posibles, incluso cascos azules, para parar el genocidio.
La gente tiene muy claro cuál es el lado correcto de la historia, pero son los políticos y los poderes financieros y mediáticos los que, por interés, no se atreven a decirlo. Lo importante es entender que defender a Palestina no es una cuestión de izquierdas o derechas, es una cuestión de humanidad. El debate no debería ser ideológico, sino centrarse en cómo detener una tragedia de estas dimensiones y cómo garantizar que se respeten los derechos fundamentales de todas las personas.
P. España es de los países que se ha pronunciado con más claridad en contra del genocidio
R. Me he sentido muy orgulloso de vivir en España todos estos años, porque la posición que ha adoptado el presidente creo que ha sido un acierto. Ante una de las mayores atrocidades de nuestro tiempo, tanto los líderes políticos como, sobre todo, la opinión pública han estado a la altura. Creo que debemos sentirnos orgullosos de vivir en un país con esa sensibilidad y con ese compromiso con la justicia.
P. Conflictos como el de Gaza obligan a miles de personas a huir de sus hogares. Sin embargo, cada vez son más frecuentes los discursos extremistas que presentan a migrantes y refugiados como una amenaza. ¿Cómo valora este auge de la ultraderecha?
R. El discurso de la ultraderecha es lamentable. Además, es tan burdo que ni siquiera merece mucho esfuerzo desmontarlo. Las cifras hablan por sí solas, la aportación de la migración a España es enorme a nivel económico y el coste que supone para los servicios públicos es mucho menor de lo que se dice.
Llevo veinte años escuchando los mismos discursos islamófobos, como que los musulmanes van a tomar Europa y cosas por el estilo. Al final siempre es la misma estrategia, hacer que los pobres se enfrenten entre ellos para beneficiar a una minoría muy poderosa. El fascismo funciona así, necesita crear un enemigo y, en este caso, el enemigo son los migrantes.
Tenemos que decir claramente que los migrantes vienen a trabajar, a buscar oportunidades y a construir una vida mejor. Yo mismo soy migrante y llevo muchos años aquí generando empleo, riqueza y pagando impuestos.

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