Christopher Nolan
Basada en La Odisea de Homero
Reino Unido-Estados Unidos, 2026
y encontramos en un valle una hermosa mansión edificada
con piedras talladas, en lugar abierto. Allí cantaba una diosa
o mujer mientras se aplicaba a su enorme telar; los compañeros comenzaron a llamar a voces; salió ella, abrió las brillantes puertas y nos invitó a entrar. Y todos la siguieron en su ignorancia, pero
yo no me quedé por barruntar que se trataba de una trampa.
Así que desaparecieron todos juntos y no volvió a aparecer ninguno de ellos, y eso que los esperé largo tiempo sentado.
La Odisea [Fragmento]
I. Polifonías
"No
somos de dónde venimos, sino hacia dónde vamos", suelo repetir en mis
poemas. ¿Hacia dónde vamos? pregunta también Eurylochus, compañero de armas de Ulises
en la Odisea de Nolan. Es muy posible que el director de cine
británico-estadounidense se pregunte lo mismo con su película llamada Odisea,
¿hacia dónde va Occidente? La civilización reina de los últimos 500 años. La
que sitió el mundo, lo colonizó y lo representó a su imagen y semejanza. La que
nació en la Europa cristiana y se expandió a los EU y a la anglosfera
protestante que suele ganar los oscares.
arriba (izquierda) casco corintio siglos V y IV a. C (derecha) barco vikingo de tipo drakkar, Draken Harald Hårfagre abajo Edad de bronce 3300 y el 1200 a. C. (izquierda) pintura (derecha) casco micénico de colmillo de jabalí. Se necesitaban entre 40 y 50 jabalíes para hacer un casco |
Más allá de las polémicas, que
son muchas: que si fue filmada en el desierto Sarahui que lucha por su soberanía;
que si los cascos no son micénicos, que si el yelmo de Agamenón parece al de Batman, que si Helena no
se parece a siglos de iconofrafía occidental, que si la nave era vikinga, que si la
escena de Polifemo no integra el juego de palabras e identidades que implica
llamarse NADIE, que si los Lestrigones están fuera de lugar.... La Odisea de Nolan es un poema fílmico muy bello con una música extraordinaria. No es
un retrato fiel del canto homérico. No pretende serlo. Como muchas creaciones
contemporáneas la película es algo nuevo que dialoga con un poema antiguo.
Podríamos decir también que la película anclada en la geopolítica actual dialoga
con las odas de Homero, que a su vez son un diálogo 800 años después con la geopolítica
de la era de bronce cuando cayó Troya y los pueblos del mar amenazaban las
ciudades-Estado. Y es que la memoria humana no archiva los hechos, archiva la
forma de contar los hechos y al contarlos los transforma e interpreta. Así
sucede con el Ulises de Joyce; con Penélope y las doce criadas de
Margartet Atwood; con la Iliada (sin dioses) de Alessandro Baricco; con
el poema Itaca de Kavafis; con la canción "Penélope"
del cantautor español Juan Manuel Serrat. Podríamos incluso decir que la Odisea
de Nolan es la reelaboración simbólica de un mito moderno. Me refiero al mito
que habla del soldado que sobrevive a la guerra lleno de culpa, a ese hombre que
lucha contra monstruos externos e internos que no le permiten regresar al hogar
mental y físico como el coronel Walter E. Kurtz de la película Apocalipsis
Now (1979).
La película también puede
leerse como los entretelones de una cultura obsesionada con la épica militar, el
individuo heroico, la inteligencia racional y el ardid que engaña a los otros
para lograr algún intento. Por ello, los actores —algunos recurrentes en la
filmografía de Nolan como Himesh Patel (Tenet 2020)— no parecen
gente de Anatolia, sino un melting pot de la cultura anglosajona pop de
los últimos 30 años. No es casual que el aedo que cuenta las hazañas de Ulises
en el salón real de Itaca sea el rapero Travis Scott.
Por eso me atrevo a decir que el
protagonista Matt Damon (Interstellar 2014, Oppenheimer
2023) es un Ulises contemporáneo, más cercano al soldado Ryan (1998);
al usurpador de identidad Sr. Ripley (1999); al atlético agente
Jason Bourne (2002-2016) y al carterista Linus Caldwell (Ocean's
Eleven 2001-2007) que a un griego de Homero. Un Ulises WASP. Es decir un marido
fiel que prefiere las hojas de loto a la ninfa, un padre protector y un guerrero
con culpas y remordimientos. En fin, un héroe promedio de la cultura
anglosajona.
Por su parte, Anne Hathaway
(The Dark Knight Rises 2012, Interstellar) no sólo representa
una nueva versión de Penélope, sino que carga en su personaje a la
independiente princesa de Disney (El diario de la Princesa 2001) y
a la voluntariosa periodista de modas de la revista Runway (El diablo viste
a la moda 2006). Lo mismo sucede con Tom Holland, Zendaya y Lupita
Nyong'o quienes encarnan a Telémaco, a la diosa Atenea y a Helena, la mujer
más bella y única héroa de la mitología griega, pero también son los rostros
jóvenes, incluyentes y progresistas de la era WOKE y de la franquicia Marvel.
Una oposición semejante se da entre Robert Pattinson (Tenet) y Elliot
Page (Inception 2010). Al vampiro de Twilight le va muy
bien el personaje de pretendiente rico y corrompido que no va a la
guerra, pero manda en su lugar a Sinon, hijo de un pobre labriego, que
considera inferior. Como si la película utilizara al personaje Sinon de la Eneida
para recordarnos que existen en nuestro entorno seres como Jared Kushner y
Chelsea Maning.
En cuanto a las personajas de Calipso y Circe, debo decir que están muy lejos de La Odisea de Homero, pero muy cerca de los imaginarios modernos: las bellas son rubias y delgadas, las brujas son viejas y rubicundas. Así, Charlize Theron es una Calipso sajona que recuerda más a una terapeuta que a una ninfa griega, mientras que la representación de Circe interpretada por Samantha Morton tiene las características de una alewife: mujeres que hacían cerveza en la Edad Media, pero que por su autonomía e independencia la Iglesia cristiana las convirtió en brujas. Eran representadas como mujeres solitarias y entradas en años que vivían en una casa gris y chica, pero con una gran cocina donde siempre había fuego, un caldero, escobas, hierbas y animales.
A diferencia de la Circe de Homero, una diosa hija de Helios y de la ninfa oceánida, la Circe de Nolan no es seductora, pero es capaz de desenmascarar lo oculto. Así, le revela a Ulises, y al público que vemos la escena, que sus compañeros de armas son en realidad cerdos disfrazados de hombres: "Regresen a su disfraz", conjura, ustedes que sólo saben de comer, arrasar y violar. Poco antes, mientras los moldeaba en forma de cerdos, la metamorfosis recordaba al enano, "Apasmara". Ese personaje deforme que representa la ignorancia, el deseo terrenal y el ciclo de renacimiento que encarcela a los humanos en la religión de la India.
| Durante la Edad Media, las
mujeres en Europa que elaboraban cerveza fueron llamados alewives (ale wife). La cerveza se hizo muy popular durante la peste
negra, pues se convirtió en la única bebida que no mataba porque se
hervía el agua para su proceso de fermentación. Cuando una casa tenía cerveza extra
para vender, las alewife ponían una escoba frente a la puerta para señalar la
venta. Si en los mercados, usaban un sombrero alto negro, para diferenciarse de
la multitud. Por eso el caldero, los gatos para mantener a los ratones alejados de los almacenes de grano y la escoba se convirtieron en las características de la bruja imaginaria. |
| Retrato de Elynour Rumming, como se muestra en la cuarta
impresión del poema de Skelton. Derecha: Brujas, como se muestra en los
panfletos de caza de brujas producidos en masa en el siglo XVII. FUENTE |
II Intertextualidad
| Biombo Las Cuatro Partes del Mundo, Juan Correa, (Siglo XVII), Museo Soumaya |
Más aún, el caballo semi enterrado donde rompen las olas, recuerda la escena
que concluye la película de 1968 El planeta de los simios. El guiño de
Nolan a la guerra, a lo nuclear y a la crisis de los misisles de los años 60
que atraviesan la película, no es casual. Tanto taylor como Ulises son héroes que
añoran el regreso al hogar, a la casa pasada y sagrada que ya no existe. George
Taylor, interpretado por Charles Heston, se arrodilla frente a la Estatua de la
Libertad y exclama:
"Dios mío. He vuelto… he vuelto a mi hogar. ¡Todo el tiempo
estuve en él! ¡Así que al fin lograron hacerlo! ¡Malditos! ¡Volaron todo!
¡Malditos! ¡Vayanse al diablo! ¡Malditos! ¡Vayanse al diablo!"
El gesto de Taylor en la última escena indica el fin civilizatorio: antes de lo
nuclear hubo una civilización humana que ya no existe. Para Ulises, en cambio,
el caballo es sólo el principio de la destrucción. Después del caballo entrará Agamenón
a la ciudad de Troya legitimando el caos.
Su personaje, sin rostro y sin
diálogo pero con casco y atuendo, es un recurso fílmico para otorgarle un aura de poder sin límites: Ese hombre es capaz de cualquier cosa, incluso de sacrificar a su hija, lo sabe Clitemnestra. En muchos sentidos
nos recuerda al primer Darth Vader de la Guerra de las Galaxias (1977) que
escondía detrás de su atuendo un poder secreto, no observable. Con la entrada del
jefe aqueo, las huestes inician el ritual de quema, saqueo y destrucción de la ciudad: degüellan
mujeres, violan, matan y decapitan a la diosa Atenea. Odiseo lo ve todo
extrañado. Ya no estamos en la épica guerra de Troya que canta la Iliada —la
Iliada del inmortal Aquiles, la Iliada que cargaba Alejandro Magno
en sus campañas por Asia, la Iliada que canta a la ira— sino en el sin sentido de la guerra.
A diferencia de Taylor, Ulises
tiene la posibilidad de un viaje para aplacar la ira y el regreso a Itaca como una posibilidad de
recuperar el orden violado. Él es el rey de Itaca, no está obligado a decir la verdad, pero si a mantener el orden social. En efecto, Nolan hace hincapie en la xenía
(ξενία / xenía) la Ley de la hospitalidad que recorre toda la película y
que Ulises y sus hombres quebraron al entrar a Troya. La quebraron después de
isla en isla, de monstruo en monstruo. Se quebró entonces en casa de Agamenón y la
quebraron en Itaca los pretendientes. Esa ley rota los iguala a los hombres
del mar que amenazan el orden y las ciudades. "Somos los hombres del mar", confiesa finalmente Ulises detrás
de una celosía —cual sacramento cristiano, cual mea culpa psicoanalítica— antes del ritual para exterminar a los pretendientes. Antes del exilio.
III. Las mujeres de Nolan, las mujeres de hoy
Pareciera como si Nolan hubiera leído Las heroidas de Ovidio, "una serie de cartas imaginarias que las heroínas de la mitología griega dirigen a sus amados", explica el traductor Antonio Alatorre en la introducción de ese libro que publicó en la UNAM en 1950. En un fragmento de la carta de Penélope a Ulises leemos:
"Pero ¿qué gano yo con que Ilión haya sido destrozada por vuestros brazos, que hayan sido arrasadas sus murallas, si he de seguir tan ansiosa como cuando la ciudad resistía, si he de continuar interminablemente separada de ti? Sólo para las demás ha sido destruído Pérgamo; para mí aún existe.
En donde fue la ciudad de Troya trabaja ahora el vencedor, arando la tierra con los bueyes del vencido; ya ha brotado la mies de un suelo fecundado con sangre frigia, y una exuberante cosecha se entrega al filo de las hoces; tropiezan los curvos arados con los huesos semisepultos de los guerreros; la hierba va invadiendo las ruinas de las casas... Pero tú, el vencedor, sigues lejos.
Ni siquiera puedo saber ¡oh cruel! el porqué de tu ausencia, ni el rincón de la tierra en que te ocultas. Cuando alguien endereza su nave errabunda a estas playas, no se aleja de ellas sin haber sido acosado por mis preguntas y sin llevar una carta escrita por mis manos, para ponerla en las tuyas... si es que llega a encontrarte.
IV Las odiseas
Las Odiseas, la de Homero, la de Nolan, la de Serrat, la maternidad cuando la pensamos como un viaje... son recreaciones que hablan de lo que tuvo sentido y ya no lo tiene; de la fragilidad de la existencia humana y de las materialidades que ambicionamos. Todo se quiebra con el tiempo, decía Nezahualcoyotl. De ahí la belleza del 'ahorita mexicano', de la copa de vino alegre de Omar Jayam, del instante arrebatado a la naturaleza en la poesía china. A las Odiseas les llamo los libros de los adioses porque hablan de luchar contra monstruos, cuando lo único que desean los personajes es regresar a casa. La casa mental, la casa civilizatoria, la casa interna, la casa sagrada, la casa del exilio, la muerte diría Kavafis en su poema Itaca, pero la casa propia.
Quizás por ello cuando daba clases
en la universidad y di la materia de investigación —muy árida—decidí que mis
alumnos harían una 'Historia de vida' —entrevistar semanalmente a un familiar y
escuchar su vida— y que leerían paralelamente la Odisea. A los 20 años, todos somos un Odiseo lleno de ira tras 10 años de batallas. En un semestre
que en realidad dura cuatro meses y una semana, es imposible leer y analizar la
Odisea completa, así que les daba una versión para niños. Estaba
obsesionada porque leyeran la Odisea aunque fuera para niños y se
preguntaran junto al entrevistado, muchas veces alguien querido, hacia dónde iban. ¿Hacia dónde vamos?
Torres de Mixcoac, julio 2026
ZM
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