viernes, 24 de julio de 2026

Cine: La Odisea (2026) de Christopher Nolan

  


La Odisea
Christopher Nolan
Basada en La Odisea de Homero
Reino Unido-Estados Unidos, 2026


Atravesamos los encinares como ordenaste, ilustre Odiseo, 
y encontramos en un valle una hermosa mansión edificada 
con piedras talladas, en lugar abierto. Allí cantaba una diosa 
o mujer mientras se aplicaba a su enorme telar; los compañeros comenzaron a llamar a voces; salió ella, abrió las brillantes puertas y nos invitó a entrar. Y todos la siguieron en su ignorancia, pero 
yo no me quedé por barruntar que se trataba de una trampa. 
Así que desaparecieron todos juntos y no volvió a aparecer ninguno de ellos, y eso que los esperé largo tiempo sentado.
La Odisea [Fragmento]



I. Polifonías



"No somos de dónde venimos, sino hacia dónde vamos", suelo repetir en mis poemas. ¿Hacia dónde vamos? pregunta también Eurylochus, compañero de armas de Ulises en la Odisea de Nolan. Es muy posible que el director de cine británico-estadounidense se pregunte lo mismo con su película llamada Odisea, ¿hacia dónde va Occidente? La civilización reina de los últimos 500 años. La que sitió el mundo, lo colonizó y lo representó a su imagen y semejanza. La que nació en la Europa cristiana y se expandió a los EU y a la anglosfera protestante que suele ganar los oscares.



arriba (izquierda) casco corintio siglos V y IV a. C 
(derecha)  barco vikingo de tipo drakkar, Draken Harald Hårfagre
abajo Edad de bronce 
3300 y el 1200 a. C. (izquierda) pintura (derecha) casco micénico de colmillo de jabalí. Se necesitaban entre 40 y 50 jabalíes para hacer un casco


            
Más allá de las polémicas, que son muchas: que si fue filmada en el desierto Sarahui que lucha por su soberanía; que si los cascos no son micénicos, que si el yelmo de Agamenón parece al de Batman, que si Helena no se parece a siglos de iconofrafía occidental, que si la nave era vikinga, que si la escena de Polifemo no integra el juego de palabras e identidades que implica llamarse NADIE, que si los Lestrigones están fuera de lugar.... La Odisea de Nolan es un poema fílmico muy bello con una música extraordinaria. No es un retrato fiel del canto homérico. No pretende serlo. Como muchas creaciones contemporáneas la película es algo nuevo que dialoga con un poema antiguo.

         Podríamos decir también que la película anclada en la geopolítica actual dialoga con las odas de Homero, que a su vez son un diálogo 800 años después con la geopolítica de la era de bronce cuando cayó Troya y los pueblos del mar amenazaban las ciudades-Estado. Y es que la memoria humana no archiva los hechos, archiva la forma de contar los hechos y al contarlos los transforma e interpreta. Así sucede con el Ulises de Joyce; con Penélope y las doce criadas de Margartet Atwood; con la Iliada (sin dioses) de Alessandro Baricco; con el poema Itaca de Kavafis; con la canción "Penélope" del cantautor español Juan Manuel Serrat. Podríamos incluso decir que la Odisea de Nolan es la reelaboración simbólica de un mito moderno. Me refiero al mito que habla del soldado que sobrevive a la guerra lleno de culpa, a ese hombre que lucha contra monstruos externos e internos que no le permiten regresar al hogar mental y físico como el coronel Walter E. Kurtz de la película Apocalipsis Now (1979).

            La película también puede leerse como los entretelones de una cultura obsesionada con la épica militar, el individuo heroico, la inteligencia racional y el ardid que engaña a los otros para lograr algún intento. Por ello, los actores —algunos recurrentes en la filmografía de Nolan como Himesh Patel (Tenet 2020)— no parecen gente de Anatolia, sino un melting pot de la cultura anglosajona pop de los últimos 30 años. No es casual que el aedo que cuenta las hazañas de Ulises en el salón real de Itaca sea el rapero Travis Scott.

            Por eso me atrevo a decir que el protagonista Matt Damon (Interstellar 2014, Oppenheimer 2023) es un Ulises contemporáneo, más cercano al soldado Ryan (1998); al usurpador de identidad Sr. Ripley (1999); al atlético agente Jason Bourne (2002-2016) y al carterista Linus Caldwell (Ocean's Eleven 2001-2007) que a un griego de Homero. Un Ulises WASP. Es decir un marido fiel que prefiere las hojas de loto a la ninfa, un padre protector y un guerrero con culpas y remordimientos. En fin, un héroe promedio de la cultura anglosajona.

            Por su parte, Anne Hathaway (The Dark Knight Rises 2012, Interstellar) no sólo representa una nueva versión de Penélope, sino que carga en su personaje a la independiente princesa de Disney (El diario de la Princesa 2001) y a la voluntariosa periodista de modas de la revista Runway (El diablo viste a la moda 2006). Lo mismo sucede con Tom Holland, Zendaya y Lupita Nyong'o quienes encarnan a Telémaco, a la diosa Atenea y a Helena, la mujer más bella y única héroa de la mitología griega, pero también son los rostros jóvenes, incluyentes y progresistas de la era WOKE y de la franquicia Marvel. Una oposición semejante se da entre Robert Pattinson (Tenet) y Elliot Page (Inception 2010). Al vampiro de Twilight le va muy bien el personaje de pretendiente rico y corrompido que no va a la guerra, pero manda en su lugar a Sinon, hijo de un pobre labriego, que considera inferior. Como si la película utilizara al personaje Sinon de la Eneida para recordarnos que existen en nuestro entorno seres como Jared Kushner y Chelsea Maning.

En cuanto a las personajas de Calipso y Circe, debo decir que están muy lejos de La Odisea de Homero, pero muy cerca de los imaginarios modernos: las bellas son rubias y delgadas, las brujas son viejas y rubicundas. Así, Charlize Theron es una Calipso sajona que recuerda más a una terapeuta que a una ninfa griega, mientras que la representación de Circe interpretada por Samantha Morton tiene las características de una alewife: mujeres que hacían cerveza en la Edad Media, pero que por su autonomía e independencia la Iglesia cristiana las convirtió en brujas. Eran representadas como mujeres solitarias y entradas en años que vivían en una casa gris y chica, pero con una gran cocina donde siempre había fuego, un caldero, escobas, hierbas y animales.  

            A diferencia de la Circe de Homero, una diosa hija de Helios y de la ninfa oceánida, la Circe de Nolan no es seductora, pero es capaz de desenmascarar lo oculto. Así, le revela a Ulises, y al público que vemos la escena, que sus compañeros de armas son en realidad cerdos disfrazados de hombres: "Regresen a su disfraz", conjura, ustedes que sólo saben de comer, arrasar y violar. Poco antes, mientras los moldeaba en forma de cerdos, la metamorfosis recordaba al enano, "Apasmara". Ese personaje deforme que representa la ignorancia, el deseo terrenal y el ciclo de renacimiento que encarcela a los humanos en la religión de la India.



Durante la Edad Media, las mujeres en Europa que elaboraban cerveza fueron llamados alewives (ale wife). La cerveza se hizo muy popular durante la peste negra, pues se convirtió en la única bebida que no mataba porque se hervía el agua para su proceso de fermentación. Cuando una casa tenía cerveza extra para vender, las alewife ponían una escoba frente a la puerta para señalar la venta. Si en los mercados, usaban un sombrero alto negro, para diferenciarse de la multitud. Por eso el caldero, 
los gatos para mantener a los ratones alejados de los almacenes de grano y  la escoba 
se convirtieron en las características de la bruja imaginaria.

 
Retrato de Elynour Rumming, como se muestra en la cuarta impresión del poema de Skelton. Derecha: Brujas, como se muestra en los panfletos de caza de brujas 
producidos en masa en el siglo XVII.
FUENTE



II Intertextualidad

Esta carga imaginaria que envuelve a los actores elegidos no es azarosa, forma parte de los muchos símbolos que atraviesan la Odisea de Nolan. Pienso en el caballo, estatua y ardid con el que inicia la película. La anécdota, no aparece en La Odisea de Homero, sino en La Eneida de Virgilio, pero sirve como alegoría del continente europeo moderno. Si en la mitología griega Europa era una mujer que sobre el lomo de un toro blanco se dirigía al oeste, después del siglo XVI, Europa continente cabalga sobre un caballo.


Biombo Las Cuatro Partes del Mundo, Juan Correa, (Siglo XVII), Museo Soumaya



Más aún, el caballo semi enterrado donde rompen las olas, recuerda la escena que concluye la película de 1968 El planeta de los simios. El guiño de Nolan a la guerra, a lo nuclear y a la crisis de los misisles de los años 60 que atraviesan la película, no es casual. Tanto taylor como Ulises son héroes que añoran el regreso al hogar, a la casa pasada y sagrada que ya no existe. George Taylor, interpretado por Charles Heston, se arrodilla frente a la Estatua de la Libertad y exclama:

 

"Dios mío. He vuelto… he vuelto a mi hogar. ¡Todo el tiempo estuve en él! ¡Así que al fin lograron hacerlo! ¡Malditos! ¡Volaron todo! ¡Malditos! ¡Vayanse al diablo! ¡Malditos! ¡Vayanse al diablo!"





El gesto de Taylor en la última escena indica el fin civilizatorio: antes de lo nuclear hubo una civilización humana que ya no existe. Para Ulises, en cambio, el caballo es sólo el principio de la destrucción. Después del caballo entrará Agamenón a la ciudad de Troya legitimando el caos. 

        Su personaje, sin rostro y sin diálogo pero con
 casco y atuendo, es un recurso fílmico para otorgarle un aura de poder sin límites: Ese hombre es capaz de cualquier cosa, incluso de sacrificar a su hija, lo sabe Clitemnestra.  En muchos sentidos nos recuerda al primer Darth Vader de la Guerra de las Galaxias (1977) que escondía detrás de su atuendo un poder secreto, no observable. Con la entrada del jefe aqueo, las huestes inician el ritual de quema, saqueo y destrucción de la ciudad: degüellan mujeres, violan, matan y decapitan a la diosa Atenea. Odiseo lo ve todo extrañado. Ya no estamos en la épica guerra de Troya que canta la Iliada —la Iliada del inmortal Aquiles, la Iliada que cargaba Alejandro Magno en sus campañas por Asia, la Iliada que canta a la ira—  sino en el sin sentido de la guerra.


            A diferencia de Taylor, Ulises tiene la posibilidad de un viaje para aplacar la ira y el regreso a Itaca como una posibilidad de recuperar el orden violado. Él es el rey de Itaca, no está obligado a decir la verdad, pero si a mantener el orden social. En efecto, Nolan hace hincapie en la xenía (ξενία / xenía) la Ley de la hospitalidad que recorre toda la película y que Ulises y sus hombres quebraron al entrar a Troya. La quebraron después de isla en isla, de monstruo en monstruo. Se quebró entonces en casa de Agamenón y la quebraron en Itaca los pretendientes. Esa ley rota los iguala a los hombres del mar que amenazan el orden y las ciudades. "Somos los hombres del mar", confiesa finalmente Ulises detrás de una celosía —cual sacramento cristiano, cual mea culpa psicoanalítica— antes del ritual para exterminar a los pretendientes. Antes del exilio.



III. Las mujeres de Nolan, las mujeres de hoy      

A diferencia de las películas épicas donde las mujeres no existen (Lawrence de Arabia 1962) o son pretexto para un romance heroico y servil (Troya 2004), las mujeres en la Odisea de Nolan actúan. No son princesas modositas, son seres humanos que alzan la voz, ejercen el poder y se equivocan. Como Circe que transforma y ve el disfraz que portan los señores de la guerra, como Calipso que sana el cuerpo y la memoria, como Clitemnestra que se venga de la muerte de su hija y como Helena que aparece desfigurada, porque engañó a su esposo o como Penélope que se enfrenta a los pretendientes y le pone límites a su hijo Telémaco. Todas son mujeres que conjuran, que curan, que paren, que se vengan y hablan, que aman con pasión y cuestionan la guerra... no están esperando que un hombre venga a salvarlas.




           

Pareciera como si Nolan hubiera leído Las heroidas de Ovidio, "una serie de cartas imaginarias que las heroínas de la mitología griega dirigen a sus amados", explica el traductor Antonio Alatorre en la introducción de ese libro que publicó en la UNAM en 1950. En un fragmento de la carta de Penélope a Ulises leemos:

 

"Pero ¿qué gano yo con que Ilión haya sido destrozada por vuestros brazos, que hayan sido arrasadas sus murallas, si he de seguir tan ansiosa como cuando la ciudad resistía, si he de continuar interminablemente separada de ti? Sólo para las demás ha sido destruído Pérgamo; para mí aún existe.

En donde fue la ciudad de Troya trabaja ahora el vencedor, arando la tierra con los bueyes del vencido; ya ha brotado la mies de un suelo fecundado con sangre frigia, y una exuberante cosecha se entrega al filo de las hoces; tropiezan los curvos arados con los huesos semisepultos de los guerreros; la hierba va invadiendo las ruinas de las casas... Pero tú, el vencedor, sigues lejos.

 

Ni siquiera puedo saber ¡oh cruel! el porqué de tu ausencia, ni el rincón de la tierra en que te ocultas. Cuando alguien endereza su nave errabunda a estas playas, no se aleja de ellas sin haber sido acosado por mis preguntas y sin llevar una carta escrita por mis manos, para ponerla en las tuyas... si es que llega a encontrarte. 

 

IV Las odiseas 

Las Odiseas, la de Homero, la de Nolan, la de Serrat, la maternidad cuando la pensamos como un viaje...  son recreaciones que hablan de lo que tuvo sentido y ya no lo tiene; de la fragilidad de la existencia humana y de las materialidades que ambicionamos. Todo se quiebra con el tiempo, decía Nezahualcoyotl. De ahí la belleza del 'ahorita mexicano', de la copa de vino alegre de Omar Jayam, del instante arrebatado a la naturaleza en la poesía china. A las Odiseas les llamo los libros de los adioses porque hablan de luchar contra monstruos, cuando lo único que desean los personajes es regresar a casa. La casa mental, la casa civilizatoria, la casa interna, la casa sagrada, la casa del exilio, la muerte diría Kavafis en su poema Itaca, pero la casa propia.


            Quizás por ello cuando daba clases en la universidad y di la materia de investigación —muy árida—decidí que mis alumnos harían una 'Historia de vida' —entrevistar semanalmente a un familiar y escuchar su vida— y que leerían paralelamente la Odisea. A los 20 años, todos somos un Odiseo lleno de ira tras 10 años de batallas. En un semestre que en realidad dura cuatro meses y una semana, es imposible leer y analizar la Odisea completa, así que les daba una versión para niños. Estaba obsesionada porque leyeran la Odisea aunque fuera para niños y se preguntaran junto al entrevistado, muchas veces alguien querido, hacia dónde iban. ¿Hacia dónde vamos?


Torres de Mixcoac, julio 2026 
ZM

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