A casi tres años de un genocidio anunciado
1059 días de tecnogenocidio en Gaza
y anexión de Cisjordania, Palestina ocupada
Día 185: Ataque ilegal a Irán
Día 183: Invasión de Líbano
Holocaustos
Publicado originalmente
en la revista JACOBIN
(revista trimestral socialista estadounidense con sede en Nueva York.
el 16/08/2026
Traducción: Diego Picotto y Emilio Sadier
| Fragmento de tapa de La gran violencia ¿Por qué la guerra y no la revlución, de Mauricio Lazzarato, publicado por Tinta Limón. |
¿Por qué la guerra y no la revolución?
Para Maurizio Lazzarato, la guerra no es una
anomalía del capitalismo sino una dimensión constitutiva de su
estrategia de poder. Frente a la crisis del orden global, la pregunta es
por qué la revolución parece hoy imposible.
Carl Schmitt, a quien Paolo Virno definía como «el Lenin de la burguesía», describe en un breve escrito el fundamento y el desarrollo de todo orden político, económico y social mediante tres verbos: tomar/dividir/producir. Su presupuesto es la apropiación violenta de recursos materiales y de seres humanos. El modelo es, sin duda, la acumulación originaria de Marx, ampliamente citada, que explica el origen «oculto» del capitalismo: depredación, rapiña, saqueo de tierras, de materias primas, de riquezas acumuladas por otras civilizaciones, apropiación de los cuerpos de campesinos y mujeres en Europa, y de los cuerpos «indígenas» en el resto del mundo.
En esta apropiación/expropiación, el rol del Estado, en su doble forma de poder político-militar y poder económico (función de la deuda pública, dice Marx), es determinante. Estos dos conceptos son inseparables, razón por la cual hay que hablar de la máquina Estado-Capital. Es necesario recordar siempre que el Estado moderno nace de las guerras civiles, para terminarlas o para impedirlas, función a la que nunca ha renunciado.
Con una violencia inaudita se lleva a cabo luego la división sobre aquello que ha sido apropiado/expropiado, depredado, separando propietarios y no propietarios que la producción presupone, pero no explica.
El tomar y el dividir instauran procesos de constitución de las clases de los explotados y de las clases dirigentes (la burguesía, que sustituye a la aristocracia feudal, y el proletariado, que sustituye a los campesinos) y, por lo tanto, de imposición de la relación de capital. Esto último prevé una multiplicidad de relaciones de poder que son en su totalidad dualismos, jerarquías entre quienes mandan y quienes obedecen: capitalistas/obreros, hombres/mujeres, blancos/racializados.
Solo tras el éxito de la guerra civil y de conquista la producción
puede ser puesta en marcha. Es por esto que no hay que comenzar el
análisis del capitalismo por la producción de mercancías, sino por las
clases y por la división entre propietarios y no propietarios.
| Malak Mattar (Gaza 1999), es pintora y escritora palestina contemporánea de la Franja de Gaza. Comenzó a pintar de forma autodidacta a los catorce años durante la guerra de Gaza de 2014, utilizando acuarelas económicas sobre papel como una vía de escape vital para su trauma. Dignidad y resistencia palestina |
Ahora bien, lo «sorprendente» es que esto que estamos diciendo no es la descripción de un pasado remoto comprendido entre los siglos XV y XVIII, sino lo que está haciendo desde hace algunos años la administración estadounidense. Como siempre en la acumulación originaria que se repite, tomar es el primer paso de la estrategia: apropiarse de los recursos monetarios y materiales de los Estados vasallos mediante la amenaza, la intimidación y el chantaje, como hacen todas las buenas mafias: miles de millones de dólares arrancados mediante extorsión a Europa, Japón, Corea del Sur, Arabia Saudita, India, con aranceles, promesas de adquisición de materias primas estadounidenses (energía) o inversiones futuras a realizar en Estados Unidos.
El orden jurídico y económico que los propios estadounidenses habían impuesto en los años setenta del siglo pasado (estado de excepción planetario fundado sobre las leyes especiales de aquella década, otra gran fase de acumulación originaria y de guerra civil occidental completamente borrada de la memoria) es suspendido; lo que cuenta es solo la fuerza económica, política, pero sobre todo la fuerza armada. El derecho y las normas sociales serán instituidas después, cuando se establezca una nueva «normalidad» y el vencedor los imponga a los vencidos.
Mientras se toma, se expropia, se roba, se debe dividir; mientras se combate a los Estados no sometidos, a los BRICS, la estrategia de la administración estadounidense debe destruir las viejas clases y producir otras nuevas (neutralizar, dividir, dominar al proletariado y generar un enfrentamiento sin cuartel dentro de las élites estadounidenses, entre globalistas, neoconservadores, aislacionistas, etc.). Cuando Trump convocó a ochocientos de los oficiales más importantes del ejército estadounidense, dijo claramente que debían prepararse para la lucha contra el enemigo interno. Algo que se puso en práctica de inmediato en Minneapolis. Y aquí volvemos a encontrar las tres guerras de conquista y de apropiación de los cuerpos propias de la acumulación originaria: guerras raciales (contra los inmigrantes y los no blancos), de género (contra el «wokismo») y de clase (pese a la retórica filobrerista de Trump, se favorece por todos los medios a los superricos, a los monopolios y a las finanzas).
Entonces el Estado juega un rol fundamental como centro de coordinación y composición de los distintos centros de poder, con el objetivo de salvar al capitalismo (el dólar), agobiado por la acumulación de deudas insostenibles (públicas, privadas, financieras) y por la emergencia de los BRICS y de sus economías que pretenden liberarse del dólar.
El resultado de esta estrategia política debe ser la
reindustrialización, lo que confirma una vez más que «la producción»
llega después de que hayan sido establecidas, por la fuerza, relaciones
de poder entre Estados y relaciones de poder con el proletariado (tanto
interno como internacional).
La depredación de la guerra comercial (aranceles, imposición de inversiones en Estados Unidos, etc.) es insuficiente aun para apenas estabilizar las diversas deudas estadounidenses, dado que el mayor peso (90 por ciento) lo soportan las empresas y los consumidores estadounidenses. El secretario de Estado, Marco Rubio, en la conferencia de Múnich sobre seguridad llevada a cabo a comienzos de 2026, afirmó con claridad que la solución está en un imperialismo y un colonialismo renovados. Estados Unidos está condenado a la hegemonía mundial porque su existencia depende del dólar en cuanto moneda de intercambio y reserva internacional y, por lo tanto, no puede replegarse solo en Occidente. Dólar es sinónimo de imperialismo y colonialismo global.
La consecuencia directa de esta situación es la guerra contra Irán. La energía fósil y el problema de la desdolarización del mercado de la energía (que se compre y se venda sin pasar por el dólar) son los objetivos principales. Tomar el control (siempre se trata de «tomar» por la fuerza) de la extracción y de la circulación mundial del petróleo y el gas (Venezuela, Nigeria, Irán, etc.) para debilitar a China, alimentar las siempre inestables burbujas financieras, servir de base a la montaña de dinero especulativo, intentar detener la huida del dólar como moneda de intercambio (incluso las monarquías del Golfo prefieren el oro, y las bombas también sirven para «invitarlas» a volver a los petrodólares).
El objetivo monetario y financiero fijado a principios de mayo no se
ha alcanzado; por el contrario, las monarquías del Golfo no son capaces
de mantener en funcionamiento el circuito del petrodólar porque
necesitan dólares para reparar los daños causados por los misiles
iraníes y, por lo tanto, ya no pueden invertirlos en Estados Unidos.
Para impedir que las petromonarquías vendan títulos estadounidenses, con
el riesgo de derrumbar el esquema Ponzi sobre el que se sustenta el
sistema financiero, el Tesoro estadounidense está utilizando swaps,
proporcionando dólares a cambio de monedas locales. La Reserva Federal
se ve obligada a recurrir a algo que parece asemejarse a una nueva quantitative easing,
flexibilización cuantitativa que corre el riesgo de extenderse más allá
del Golfo. La cantidad de dinero necesaria para la operación volverá
aún más frágil e impredecible al capitalismo financiero, sin haber
resuelto ninguno de los problemas del declive del dólar.
| Ha fallecido el gran artista palestino Sliman Mansour, (Sin Título) Dignidad y resistencia palestina |
| Sliman Mansour, 1947 Birzeit, Ramallah, (Mandato Británico de Palestina)- 2026 Jerusalén (Palestina ocupada) |
Los mercados bursátiles estadounidenses han batido todos los récords durante esta guerra, pero las crisis provienen del mercado de deuda (de las deudas) y los intereses que se deben a los acreedores no hacen sino aumentar. De lo que se habla menos es de que el producto más exportado por los yanquis es el oro (casi el doble de las exportaciones de energía y de productos farmacéuticos y dos veces y media más que las de motores aeronáuticos), que se dirige a China pasando por Suiza. La venta masiva de este activo refugio y la dirección que toma dicen mucho de las relaciones de fuerza actuales.
Desde el inicio de la guerra en Irán, los pagos comerciales internacionales que transitan por el sistema chino han aumentado vertiginosamente, lo que agrava aún más la futura crisis del dólar. Trump parece no preocuparse por la grave recesión que provocará su bloqueo del estrecho de Ormuz (el aumento de los precios se suma a la escasez de combustibles fósiles), convencido de que a Estados Unidos le irá mejor que al resto del mundo. Pero Estados Unidos se derrumba sin el flujo regular de capitales (y mercancías) del extranjero.
Como en toda talasocracia, el control de los estrechos, paso
obligatorio para los buques que transportan el 80 por ciento de las
mercancías mundiales, es fundamental. También desde este punto de vista,
el poder estadounidense está disminuyendo. No es capaz de abrir el
estrecho de Ormuz y no controla Bab el-Mandeb. Preocupada, la
administración está acelerando la firma de nuevos acuerdos con los
países ribereños de los estrechos de Gibraltar y Malaca.
| Sliman Mansour, Sin Título, 1988 Dignidad y resistencia palestina |
La apropiación del petróleo iraní debería haber dado lugar a una nueva «división» del poder mundial. Las relaciones de fuerza están cambiando en términos reales, pero no necesariamente a favor de Estados Unidos e Israel. Los Emiratos Árabes Unidos se han retirado de la OPEP, mientras que Arabia Saudita está llegando a acuerdos con Irán y los hutíes. La guerra ha convertido a Irán en una potencia política en Asia occidental, lo que es exactamente lo contrario del objetivo perseguido al comenzar la guerra. Así como la guerra en Ucrania ha consolidado las relaciones entre China y Rusia, la guerra contra Irán parece haber fortalecido a los BRICS (la alianza entre China, Irán y Rusia).
La multipolaridad se está afianzando, reforzada por la guerra, pero no se manifiesta como una simple competencia entre potencias; es probable, en cambio, que se haya superado otro umbral, lo que podría conducir a una aceleración de la guerra mundial por partes. China está empezando a ponerse nerviosa, respondiendo con firmeza a la estrategia estadounidense (Venezuela, Irán, Guatemala, sanciones contra sus refinerías, la voluntad de reafirmar a América Latina como el «patrio trasero», etc.). El Partido Comunista Chino se verá obligado a reconocer que el lema de Mao «uno se divide en dos» vuelve a ser más actual que el de Confucio, «dos se recomponen en uno» («todos vivimos bajo el mismo cielo»). ¿Es posible un declive pacífico y controlado del imperio estadounidense?
Europa es la gran perdedora de la estrategia estadounidense. La guerra en Ucrania ya la obliga a pagar cuatro veces más por el gas natural licuado estadounidense que por el ruso, y el conflicto en curso no hará más que aumentar los costos para empresas y familias (hipócritamente, este año, las importaciones de gas licuado ruso han aumentado un 20 por ciento). Las clases dominantes europeas están completamente sometidas a la voluntad política de Estados Unidos, pero también es preciso admitir que los pueblos europeos tienen los «patrones» que se merecen. Sin un despertar y una ruptura radical con el presente del proletariado europeo, el declive del viejo continente será definitivo.
Guerra, finanzas y combustibles fósiles (y desde luego la inteligencia artificial) constituyen el último intento de preservar la hegemonía global estadounidense e imponer el proyecto israelí en una región estratégica. La guerra infinita de Estados Unidos, ya no contra el terrorismo sino contra los BRICS, está transformando a Europa en una Gran Ucrania que, por orden estadounidense, debe armarse a expensas de su propio estado social para continuar la guerra contra las «autocracias». La administración ha militarizado todo (el dólar, el acceso a su mercado, los medios de pago, las comunicaciones, etc.), transformando la economía en un régimen de guerra.
Si Occidente, bajo la égida de Estados Unidos, pierde esta batalla,
tras la de Ucrania, su declive será acelerado. Pase lo que pase, esta
guerra ha marcado definitivamente el fin de la financierización basada
en el dólar, ha condenado al capitalismo de renta (hipócritamente
etiquetado como neoliberalismo y, por lo tanto, como campeón de la
libertad) y ha puesto fin a la globalización liderada por Estados
Unidos.
"Del río al mar" de Sliman Mansour, Dignidad y resistencia palestina |
El proyecto de convertir a Estados Unidos en el cerebro (estratégico y especulativo) y a Asia en el brazo (productivo y subordinado), una variante del colonialismo clásico, ha fracasado. Estos procesos son irreversibles y las guerras occidentales solo pueden retrasarlos o acelerarlos.
Las modalidades de depredación, conquista y afirmación política a través de la fuerza armada se encarnan en Gaza, donde el acto de «tomar», es decir, el genocidio, el colonialismo, la supremacía blanca y la violencia armada, es llevado al extremo. Gaza es ahora el modelo táctico de guerra adoptado por Estados Unidos e Israel en todos los conflictos que libran en el mundo. La operación «Board for Peace» para la «división inmobiliaria» en Gaza debería ser el núcleo de un nuevo orden mundial, cuya primera acción significativa por la paz es una nueva guerra. El aislacionismo de Trump, en solo un año, ha llevado al bombardeo de ocho países, confirmando así la imposibilidad de que Estados Unidos se retire a su propia esfera de influencia (el «gran espacio»), aunque esta abarque el mundo occidental por completo.
La Tercera Guerra Mundial en curso está poniendo fin al orden mundial surgido de la Segunda. Ya no tiene la forma que tuvo en la primera mitad del siglo XX, sino que se extiende en el tiempo y en el espacio (una discontinuidad espacio-temporal, una «guerra mundial fragmentada» según la definición papal). Si se centraliza en el tiempo y en el espacio, corre el riesgo de degenerar en un conflicto nuclear. La guerra civil global, incluso en su nueva forma, sigue siendo la matriz de la acción política.
Lo que se desprende como fundamental de este análisis de la situación
actual es lo siguiente: el capitalismo es un enfrentamiento entre
fuerzas, un campo de oposiciones y hostilidades radicales. Antes de ser
una economía, un modo de producción, el capitalismo es una estrategia.
Encontramos confirmación de esta concepción nuestra en Fernand Braudel.
El capitalismo tiene la capacidad de «monitorear incesantemente la
situación para poder intervenir en ella», sabiendo «conocer y poder
elegir el campo de acción (…) es precisamente la capacidad de crear una
estrategia y manejar los tiempos en cambiarla lo que define la
superioridad capitalista».
| "El último verano en Palestina"de Sliman Mansour. Dignidad y resistencia palestina |
El capitalismo no se desarrolla por fases (mercancías-intercambio, industria, finanzas), como creía Marx, porque ha «nacido financiero», y su fuerza reside justamente en la capacidad estratégica «de pasar casi instantáneamente de una forma a otra, de un sector a otro, en caso de crisis grave o de fuerte disminución de las tasas de ganancia».
En el último siglo y medio, el capitalismo ha pasado del capitalismo industrial a la hegemonía del capital financiero a caballo de los siglos XIX y XX; entre 1945 y 1970 ha vuelto a ser dominantemente industrial, para volver, luego de 1970, a las finanzas. Hoy en día, las decisiones estratégicas ya no pueden ser tomadas con tanta facilidad, porque no existe una hegemonía unilateral; los BRICS lo impiden, mientras el capitalismo financiero estadounidense se encuentra en una situación de sobreperformatividad de la especulación, presagio de una nueva crisis sistémica.
La teoría de Braudel nos ofrece la posibilidad de comprender un gran problema estratégico, que está en el origen de la derrota histórica del movimiento obrero y de la revolución. Marx dice que es necesario abandonar la esfera del mercado para adentrarse en los secretos de la producción, en cuyo umbral está escrito: «No admittance except on business» (Prohibida la entrada salvo por negocios). Braudel, por su parte, aconseja abandonar el mercado para penetrar en los arcanos de las finanzas, donde la producción no es más que una ocasión para mandar y especular. El problema: en el primer caso, dentro de la producción están los obreros que pueden bloquearla; en el segundo caso, solo están los capitalistas y el Estado, lo que les permite romper el «compromiso» con el movimiento obrero, cuya fuerza depende de la industria, y organizar la secesión de los ricos. Es imprescindible elaborar una estrategia para esta nueva situación, pero aún no hemos conseguido hacerlo.
En la segunda parte del libro nos preguntamos precisamente por este
problema estratégico: ¿por qué no se ve ninguna revolución en el
horizonte a pesar de que existen condiciones objetivamente favorables?
En el centro de la respuesta, difícil de formular, hay, tal vez, tres
problemas principales: la cuestión del poder, la cuestión de la
multiplicidad del proletariado y la cuestión del saber estratégico.
Estos tres problemas convergen en el problema: la naturaleza del
conflicto revolucionario y su organización.
"Azoteas de Jerusalén" de Sliman Mansour.
|
La teoría crítica y los nuevos movimientos posteriores a 1968 tienden
a concentrarse en el ciclo de acumulación del capital, ampliando la
perspectiva marxista, ya que, al lado de la explotación de la clase
obrera, abordan la explotación y el dominio sobre las mujeres, sobre los
colonizados racializados, sobre la «tierra», aunque dejando de lado el
ciclo estratégico de la revolución y del poder. Este último se da como
fuerza que, al mismo tiempo, alimenta y supera estas formas de dominio y
de explotación porque funciona como poder global, como «totalidad
dividida» o «imposible». Dividida, porque el conflicto la atraviesa constantemente; imposible,
porque busca continuamente la totalización sin llegar nunca a
realizarla, siempre impedida por las oposiciones entre Estados o por los
diversos componentes del proletariado. El ejercicio de este poder
global es doble: interno, contra el proletariado, y externo, contra
otros Estados. Los que se disputan la hegemonía son ya solo los grandes Estados cuya soberanía es ejercida sobre grandes espacios.
Al separar poder y violencia (Arendt, Weil, Foucault, etc.), el pensamiento crítico reduce el primero a «gobernanza», a «poder blando». Por el contrario, sea cual sea la modalidad que adopte, el poder siempre es inseparable del uso de la fuerza, de la acción militar dirigida hacia el interior del Estado (monopolio legítimo de la fuerza, policía) o hacia el exterior (enfrentamiento imperialista). La máquina Capital-Estado es, desde el siglo XV, imperialista porque, desde entonces, se caracteriza por la exportación de capitales. Samir Amin añade que siempre ha sido imperialista por ser desde siempre colonialista.
Segundo problema: la multiplicidad del proletariado y de sus formas
de lucha siempre queda atrapada en estos dualismos. Es capturada por las
diversas jerarquías de explotación y de dominio y por los dualismos del
ejercicio global del poder. Pensar en «hacer la multiplicidad» sin
destruir no solo los dualismos hombre/mujer, blancos/racializados,
patrón/trabajador, sino también los dualismos globales (internos y
externos) es la gran ingenuidad del pensamiento crítico y de los
movimientos surgidos después del 68. Y aquí volvemos al inicio del
texto. Aún hoy es imposible producir un cambio significativo, fundar un
nuevo orden político-económico, sin «expropiar a los expropiadores». No
se trata de repetir ritualmente la fórmula marxiana, sino de la
conciencia de que no es creíble proponer, como se ha hecho en los
últimos cincuenta años, instalar lo común, hacer proliferar las
diferencias, producir formas de vida, practicar el éxodo, inventar
líneas de fuga sin pasar por el «tomar». Ciertamente, se pueden crear
libertades parciales, y han sido efectivamente conquistas fundamentales,
pero que conviven con los poderes globales, siempre a merced de las
relaciones de fuerza que transforman, como lo han estado haciendo desde
hace décadas, la producción de nuevas subjetividades en un devenir
fascista, en una subjetividad reaccionaria/conservadora. En el
capitalismo siempre se llega a la guerra acompañada de su hermano
demoníaco, el fascismo. El fascismo y la guerra apuntan a cancelar las
libertades parciales y a destruir los espacios políticos previamente
conquistados.
| Debemos “rehumanizarnos” de Sliman Mansour. Dignidad y resistencia palestina |
No se distribuye sin tomar (ilusión de los socialistas que luchan por una distribución más justa), como tampoco se debe confiar en el desarrollo de la producción (ilusión de los economicistas, entre los que se cuenta los marxismos occidentales), solución inadecuada porque el aumento de las fuerzas productivas se da aceptando las relaciones de poder establecidas por la sucesión de las acumulaciones originarias, que imponen, una y otra vez, quién manda (ellos) y quién obedece (nosotros).
La expropiación de la «apropiación financiera» que ha acumulado
riquezas astronómicas, concentradas en poquísimas manos, conducida por
depredadores cuyo modelo es la camarilla montada por Epstein (depredador
a la vez financiero, sexual y profundamente racista, expresión
paradigmática de los patrones del capitalismo de la renta) es la
condición indispensable para cualquier cambio. Así nos encontramos con
los individuos celebrados por el liberalismo, pero al frente de inmensas
concentraciones monopolistas de riqueza y poder, favorecidas y
construidas por instituciones como el mercado y la competencia, que
funcionan exactamente al revés de lo que nos cuenta la ideología
neoliberal y ordoliberal. La depredación financiera, si es dejada a su
suerte, es tan masiva e invasiva que no puede sino desembocar en la
destrucción económica, moral, social y ambiental, y en la
autodestrucción del propio capitalismo.
| «El patrimonio de Jerusalén», de Sliman Mansour. Dignidad y resistencia palestina |
La expropiación producida por las diversas revoluciones del siglo XX es el resultado de una estrategia, tercer problema, capaz de organizar y gestionar la fuerza, ya que se trata de un acto que no puede ser negociado, sino solo impuesto. Tener una estrategia significa, principalmente, dos cosas. En primer lugar, comenzar a distinguir entre ciclo de acumulación y ciclo estratégico. El primero comprende las relaciones de poder capitalista/obrero, hombre/mujer, blanco/racializado. El segundo, las luchas y la organización para la destrucción del poder global interno (guerra civil abierta o subterránea) y externo (imperialista). Entre ambos existe una relación de continuidad, pero también de ruptura, de discontinuidad. El paso del ciclo de acumulación al ciclo de la revolución constituye precisamente el objeto del saber estratégico, hoy completamente anulado porque la tradición revolucionaria del siglo XX, que marcó el inicio del fin del colonialismo y de Occidente, en lugar de ser objeto de un balance crítico (las revoluciones las han hecho los campesinos y no los obreros, ya que las fuerzas productivas eran las menos desarrolladas, etc.), ha sido, a pesar de constituir la única experiencia de grandes estrategias del bando proletario, simplemente rechazada.
En segundo lugar, estrategia significa también gestión de la relación entre acontecimiento y proceso, capacidad de concatenar la ruptura instantánea (revuelta, tumulto, insurrección) y el tiempo más largo de la acumulación de la fuerza y de la desestabilización y desestructuración del poder. Desde hace cincuenta años, hemos vuelto a caer en la época de las meras revueltas, en el tiempo de las derrotas sin futuro, de los proletarios sin revolución. Los únicos que han conservado y transmitido con celo su pensamiento estratégico y su odio de clase han sido nuestros enemigos y por ello vencen y seguirán venciendo (o autodestruyéndose). Sin la invención de un nuevo ciclo estratégico de la revolución, nuestro destino es la servidumbre.
El pensamiento crítico, pero también los movimientos feministas, decoloniales, ecológicos y lo que queda del movimiento obrero, actúan como si el nuevo orden deseado no tuviera como premisa el tomar y el dividir y, por lo tanto, la organización para imponerlos. El poder sexual, racial y económico del hombre blanco es inseparable del ciclo estratégico del capital y de su uso de la fuerza. Es más, la continuidad de estas formas de poder sobre los cuerpos encuentra su pleno ejercicio en las clases que gestionan el poder global.
La subjetivación no puede limitarse a ser ética (cuidado de
sí, diferenciación de las subjetividades, prácticas de libertad,
relación consigo mismo, etc.), porque debe moverse entre el ciclo de la
acumulación y el ciclo estratégico, entre la continuidad y la
discontinuidad de las dos modalidades de subjetivación: subjetivación
contra el poder económico, sexual y racial, y subjetivación estratégica
contra los poderes globales.
«Esperanza», de Sliman Mansour.
|
La realidad del enfrentamiento de clases imperialista nos impone esta verdad: el capitalismo no es aprehensible ni a través del «uno» de la trascendencia hobbesiana, ni a través de la «multiplicidad» spinozista de la inmanencia. Su primera realidad es el dos: la división, la polaridad, la oposición, la hostilidad. La condición para retomar un discurso y una práctica de ruptura es pensar y organizar las relaciones entre el dos y la multiplicidad en lugar de oponerlos, con el propósito, objetivamente «irrealista», por el momento, de construir una estrategia política que tenga en cuenta los tres verbos con los que hemos comenzado, tomar, dividir, producir, y el hecho de que estos constituyen la política del capitalismo financiero.
Una última consideración sobre la mortal potencia autodestructiva del capitalismo. La crítica psicológica o psicoanalítica a Trump, a Milei y a los masoquistas dirigentes europeos erra el blanco: son el capitalismo y el Estado, acoplados en la máquina Estado-Capital, los que son movidos por una racionalidad irracional. «Todo es racional en el capitalismo, excepto el capital», en el sentido de que lleva a la exasperación la racionalidad con respecto a su objetivo, pero con fines absolutamente irracionales. Los dispositivos del genocidio de los judíos siguieron al pie de la letra la racionalidad logística y productiva del capitalismo.
Con una regularidad escalofriante, la producción se revierte en destrucción y en autodestrucción. Cuando la crisis no se resuelve, la máquina Estado-Capital recurre a la carrera armamentista, a la guerra, al fascismo, a la destrucción de lo que ha producido en la fase de desarrollo. La humanidad y sus condiciones de vida son el objeto de este proceso catastrófico inaugurado ya hace un siglo por la «guerra total». La absurdidad del dinero que produce dinero (punto de demencia que es el equivalente en psiquiatría al estado terminal) encuentra su realización plena en las finanzas.
La racionalidad irracional del capitalismo implica formas de subjetivación que en los períodos de «acumulación originaria» se llaman Hitler, Mussolini, Trump, Milei y la clase dirigente de Epstein. En el capitalismo, la locura es, como la guerra, estructural.
El único límite real de esta voluntad de potencia destructiva y
autodestructiva ha sido la revolución. Una vez derrotada, la lógica racional irracional
se ha desplegado sin ningún obstáculo. La revolución imposible es una
necesidad vital que incluso los ecologistas deberían poder comprender.
![]() |
| La primera parte del libro está constituida por artículos escritos
entre 2024 y 2026 acerca del porqué de la guerra. Los últimos textos, más extensos, son inéditos y buscan responder el por qué de la imposibilidad de la revolución. Hay conceptos que se repiten, pero he mantenido las repeticiones, ya que, en cada caso, desarrollan un nuevo aspecto. |
La Morena Palestina
(Vibra Muchá + Amigos por Palestina)
Todos somos Gaza
Marwan, Rozalén, El Chojin, Ambkor, Porta -Todos somos Gaza (Videoclip oficial, muy bello)
ÍNDICE:
PENSAR, REPENSAR Y DISENTIR EN
TIEMPOS DE GAZA BOMBARDEADA
![]() |
| Primer párrafo, capítulo IX "Genocidio" de Raphael Lemkin, quien acuñara el término. |


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